http://www.rebelion.org
E S P A Ñ A 

14 de septiembre del 2003

Aznar o el neofranquismo

Xabier Arzalluz
Deia

Aznar se va. Deja tras de sí no un Gobierno sino un "régimen" instaurado por él y su Partido a imagen y semejanza de su modelo Franco. Decía el General Sáenz de Santamaría en la emisión póstuma de Canal + que Aznar tenía tics franquistas, cosa que hace unos años oía a dos hombres de alta banca que expresaban el sentir general de la Corte económica española que observaba atónita cómo Aznar tomaba a Franco como modelo para su acción política.

Consiguió la mayoría absoluta en sus segundas elecciones, más por el caos socialista que por la atracción que pudiera inspirar a su electorado. Una mayoría absoluta anómala, por cierto, en cualquier país de sistema electoral proporcional. Anomalía indicativa de algún profundo desasosiego social, como cuando las mayorías absolutas del PSOE, envueltas en los temores de "golpe" desde el de Tejero.

Desde que tuvo en sus manos el control del Parlamento, no solo dominó la vida política, lo que hubiera sido normal, sino que a partir de las privatizaciones de las grandes empresas públicas (Telefónica, Endesa, Repsol, Argentaria, Tabacalera...), que fueron privatizaciones formales controladas férreamente desde la Moncloa y manejadas omnímodamente en su línea de interés, dominó la vida económica. Hemos repetido una y otra vez lo que Felipe González acaba de decir públicamente: que Aznar «no ha tenido el propósito de liberalizar la economía española sino de controlar el poder económico, financiero, político y mediático». «Nunca ha habido más intervencionismo».

Nosotros tenemos bien cerca lo que sucedió con lo que se llamaba banco vasco o BBV.

Desde la obsesión de Aznar (y de sus Ratos y Pizarros) de anclar en España las grandes empresas, sobre todo energéticas y financieras, de forma que no pudieran ser "opadas" de un manotazo desde cualquier entidad americana o alemana, se empeñó en dotarlas de una mayor dimensión. Aznar en persona organizó un ágape en Roma al que sentó al Primer Ministro italiano de la época (no recuerdo si D'Amato o D'Alema) con Romitti, junto con el Presidente de la Banca Nazionale del Lavoro, para presionar a éste último a una fusión-absorción por parte del todavía BBV. Lo único que consiguió fue el enfado del banquero italiano por la encerrona a la que Aznar le había sometido.

No paró ahí la cosa. Poseían en La Moncloa el control de un banquillo, llamado Argentaria, fruto de la fusión de todas las entidades crediticias públicas que el ministro Solchaga encargó sanear y unificar a Francisco Luzón. Éste llevó a cabo concienzudamente su labor, que fue bruscamente interrumpida por la irrupción del PP en el poder. Fue sustituido por Francisco González, hombre de la confianza monclovita, que no era de banca sino de bolsa, y que poseía su "chiringo", que liquidó, por cierto, con sustanciosos beneficios.

El siguiente movimiento de ficha de La Moncloa fue fusionar el BBV con Argentaria, un banquillo de control gubernamental con el Banco más antiguo y prestigioso de la piel de toro. No cabe reproducir aquí las condiciones de la fusión, pero lo cierto es que, aun los legos en banca, nos quedamos estupefactos al ver cómo un gran Banco se entregaba, atado de pies y manos, a un banquillo, o mejor, al poder político. Poco después conoceríamos, en parte, la trama de una operación política desde el poder que consagró aquello de que "el pez chico se ha comido al grande". El chantaje del poder fue patente. Y no sólo, ni principalmente, por la historia de los dineros del paraíso fiscal sino por una cuestión delictiva de la participación del BBVA en la fuga de ingentes capitales de Fujimori desde el Perú y que la Fiscalía General de aquel país sigue reclamando a la Audiencia Nacional de Madrid con el silencio como respuesta.

Los consejeros del Bilbao y del Vizcaya no han sido precisamente nacionalistas vascos.

Fueron siempre asiento de la más recia españolidad y del antiaranismo más ferviente. Si los hubiéramos liquidado nosotros la operación hubiera tenido su lógica histórica. Pero no, los liquidaron los suyos, aquella derechona española de la que siempre fueron puntales en Euzkadi. Porque en la Moncloa no se trata ya de si son "nuestros" o no. ¡Se trata de si los "controlamos" o no! Recientemente, un importante empresario español contaba lo que acababa de oír al presidente de General Motors: «nosotros ya sabíamos que en Sudamérica, en mucho tiempo, no hay nada que hacer». Pero en La Moncloa no lo sabían. Y en una operación de claras reminiscencias falangistas, por aquello del "imperio hacia Dios", deciden un desembarco masivo de las grandes empresas españolas, especialmente las presuntamente privatizadas, en Su-damérica y, más concretamente, en el Cono Sur.

El resultado ha sido catastrófico; pérdidas enormes, acciones que se derrumban, empresas, aparentemente sólidas, en serios apuros... Sólo una muestra más de la "liberalización económica" de la que alardea Aznar.

Esto no sucede en ningún país democrático. Pero no es esto lo peor. Lo realmente perverso de este régimen es lo que sucede en al ámbito mediático y en el judicial.

Cuando Aznar puso al frente de la mayor empresa española, Telefónica, a su amiguete más íntimo,Villalonga, le impuso una tarea: comprar medios de comunicación. Villalonga se puso en marcha. Empezó con Antena 3, Onda Cero (220 emisoras), Intercontinental, Cadena Voz, el 40% de El Mundo, a través de Pearson, etc.

Fue típico el caso de Onda Cero. Como es sabido, la Organización de ciegos obtiene la mayor parte de sus recursos del sistema de loterías que tiene en marcha por concesión del Ministerio de Hacienda. Como estas concesiones son temporales, cada cierto tiempo la ONCE debe renovarlas. También porque los gustos de los que acuden a los juegos de azar son cambiantes y hoy está en auge el bingo y mañana el "raspe y gane" o el "cuponazo". El hecho es que, con ocasión de la última negociación de renovación de loterías con el Ministerio de Hacienda, la ONCE recibió del Ministerio la "insinuación" de que el Gobierno estaba interesado en la venta de Onda Cero a Telefónica. Los responsables de la Organización de Ciegos entendieron el alcance de tal "insinuación" y accedieron a la venta. Por cierto que nuestros "amigos" del grupo Correo Español, hoy Vocento, los otros pretendientes a la compra de la cadena, quedaron con un palmo de narices.

Conclusión: el Sr. Aznar, con dinero que dice que es privado, se compra un imperio mediático a su sola disposición, con lo que apaga el rencor que le atenaza desde que atribuía su frustrada mayoría absoluta en sus primeras elecciones y el relativo éxito de las últimas elecciones de Felipe González a la intervención electoral de Prisa. Aznar no para hasta tener su propia Prisa por las vías descritas.

La situación mediática en España rompe los mínimos de equilibrio informativo esencial de una democracia y coloca a la oposición, especialmente a la nacionalista vasca, en una situación democráticamente intolerable y, además, delictiva.

Queda por exponer el control que el Gobierno Aznar ha instaurado no sólo sobre el Ministerio Fiscal y sobre los estamentos superiores de la Justicia sino sobre todo el sistema judicial a través de la constitución y el funcionamiento del Consejo General del Poder Judicial. Es el capítulo más grave de todos. El que rotundiza la afirmación de que en la España de Aznar no se pueda hablar ya de poderes, sino del "poder", que ha causado ya, en frase reciente de Felipe González, «una recesión democrática sin precedentes». Pero no tengo más remedio que dejarlo para otro artículo.

Mis citas de Felipe González son intencionadas. Sé cómo piensa de lo que está sucediendo y tampoco le exculpo totalmente de responsabilidad en lo que estamos viviendo. Pero lo que me resulta duro es que para mostrar de vez en vez su pensamiento tenga que aprovechar la presentación de un libro, como en esta ocasión.

Y mucho más duro todavía el que los dirigentes de su Partido hayan callado tanto tiempo y no tengan la valentía de distinguir lo que es la lucha contra la violencia o el terrorismo con los atropellos a la democracia. Vamos a terminar como en el mundo de ideas de Bush: todos los Guantánamos son lícitos siempre que sean contra el terrorismo.

Envia esta noticia