E S P A Ñ A 

11 de enero del 2004

Diez años despues de su redacción, el Plan Urban de Sevilla se ha traducido en desalojos, especulación y destrucción del patrimonio historico

El Plan Urban en Sevilla, 10 años después


La Haine

Hace ya diez años que fue aceptada la candidatura de Sevilla para entrar en el programa Urban I de la UE. Este consistió, básicamente, en la subvención de planes de renovación urbana en áreas degradadas de las ciudades medias y grandes de Europa.

El Urban Sevillano se desarrolló a lo largo de la segunda mitad de los 90s, en la sección norte de su casco histórico, un área que comprendía parte de San Julián, Feria y Macarena, estructurada entorno al eje de San Luis y la emblemática Alameda de Hércules, y que vino a popularizar el termino San Luis-Alameda (nombre que se le asigno a dicha zona en el Plan) para referirse a la zona.

San Luis-Alameda ha sido históricamente el principal enclave obrero de Sevilla, que acogía gran parte de la industria textil durante los siglos XIX y principios del XX. Durante la colonización obrera de la zona, estos barrios se plagaron de casas y patios de vecinos, propiedad de la burguesía y nobleza sevillana que en muchos casos remodelaba sus casas palacio, abandonados en favor de los nuevos barrios de clase alta en La Palmera, Los Remedios o El Prado, para crear pequeñas viviendas baratas para los obreros. Esta zona habría sufrido un proceso degenerativo a lo largo del siglo XX como consecuencia, principalmente, del abandono de las clases propietarias que empezaron a redirigir sus inversiones a especular con los ensanches del sur de la ciudad.

Cuando entramos en los años noventa, encontramos en la zona una población envejecida, con muchos de sus patios y casas de vecinos deteriorados, una gran proporción del parque de viviendas abandonado por sus propietarios y un alto componente de población marginal.

Durante casi un siglo la administración pública no se había acordado de la zona, sus dotaciones y equipamientos estaban anticuados y deteriorados y las obras públicas brillaban por su ausencia.

Hasta que, claro esta, una inversión millonaria vino dada por Bruselas y San Luis-Alameda volvió a ser el principal foco de atención de los propietarios y especuladores sevillanos.

Ya había habido intentos de revitalizar la zona, para el mercado inmobiliario, en los primerísimos años ochenta, con el fallido Plan Pilatos o la apertura de la famosa boca de un metro que nunca habría de construirse o al menos de pasar por la Alameda. Sin embargo la inversión necesaria para regenerar la zona era tan colosal que hubo de venir de la Política Regional de la UE.

Este interés de la administración no era sino el interés de los propietarios, inmobiliarias y constructores, que vislumbraban las posibilidades de esta zona céntrica, monumental y bien conectada dentro de una metrópolis turística y post-moderna.

La enorme inversión se dedicó en su mayor parte a obras públicas, un 62% del presupuesto frente al 29% que se llevaron los programas sociales(1). Así mismo, un 32% del presupuesto total se dedicó a la rehabilitación de tres edificios, los palacios de La Sirena, Los Marqueses de la Algaba y las Naves Singer, algo mas de 800 millones de pesetas que se han demostrado en gran medida inútiles para los barrios, pero que sirvieron en su momento para atraer la inversión privada, que desde el 94 hasta el 98 aumentó en más de un 50% (2). Por otra parte esto choca con el hecho de que muchos de los programas sociales proyectados no pudieran llegar a realizarse por falta de presupuestos.

En una zona de clases obreras y marginales, con claro predominio del alquiler sobre la propiedad, la consecuencia ha sido la expulsión de estas clases, con más de un centenar de desalojos en los últimos años. Desde que se inició la fiebre especuladora en la zona se ha sustituido un 63% de los edificios, mediante su demolición o su rehabilitación. Las razones son evidentes, desde 1999 hasta el 2003 el precio de la vivienda subió en esta zona un 66% (3). La mayor parte de los patios de vecinos han sido demolidos o rehabilitados para ser reconstruidos con nuevas condiciones de habitabilidad, dirigidos hacia capas de la población con mayor poder adquisitivo. Los nuevos pobladores son técnicos, universitarios y clases medias que desplazan a los menos favorecidos a los polígonos de la periferia.

Diez años después se ha conseguido romper comunidades arraigadas en la zona, despersonalizar en gran medida los barrios y dañar gravemente su patrimonio cultural (a través de las demoliciones de patios o las aperturas de viario en el trazado de origen almohade). Una autentica invasión que redundado en las fortunas de los propietarios e inmobiliarias.

(1)Gerencia de Urbanismo, (1998) Análisis del Plan Urban, Sevilla: Ayuntamiento. De Sevilla.

(2)Garcia Jaén, M. J.(1998) Aplicaciones de la iniciativa comunitaria Urban.

(3)Díaz, R. I. (2003) El Plan Urban en San Luis-Alameda. Intervención, especulación y gentrificación.