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E S P A Ñ A 

2 de marzo del 2004

Marruecos, una monarquía tan constitucional como la española

La cuestión rifeña, algo más que un movimiento sísmico

Jesús Prieto
Rebelión

El reciente terremoto que ha causado tanta desolación en Al Hoceima y sus inmediaciones, ha hecho que la opinión pública internacional, especialmente la de este país de las maravillas, se entere de pronto de que en el norte de Marruecos vive el pueblo rifeño y de que, por algún motivo, no ha sido socorrido como debiera por su Gobierno, que ha tomado la decisión política de retrasar la entrega de la ayuda internacional destinada a los afectados por la catástrofe causándoles un sufrimiento añadido gratuito. La pregunta es: ¿por qué? Pero para comprender la respuesta, es necesario conocer algunos aspectos de la historia y de la realidad actual del reino vecino.

Marruecos, una monarquía tan constitucional como la española

Según reza la vigente Constitución del Reino de Marruecos -aprobada en referéndum el 13 de septiembre de 1.996, promulgada el 7 de octubre y publicada en el Boletín Oficial del Estado el 10 de octubre del mismo año- nuestro país vecino es una monarquía constitucional, democrática y social. Tiene un sistema parlamentario bicameral y los diputados de la Cámara de Representantes son elegidos por sufragio universal, directo y secreto. La Carta Magna asegura que la soberanía pertenece a la nación y es ejercida directamente por medio del referéndum e indirectamente por las instituciones constitucionales. Continúa afirmando que todas las personas nacionalizadas marroquíes son iguales ante la ley y todos los mayores de edad gozan de igualdad de derechos políticos, incluyendo el de sufragio. Asimismo están garantizadas las libertades de movimiento, opinión, discurso y el derecho de reunión. La Corona de Marruecos y sus correspondientes derechos constitucionales son hereditarios en los sucesores del Rey y son transmitidos al hijo mayor. El monarca es el símbolo de la unidad, garantiza la continuidad del Estado y salvaguarda el respeto a la Constitución. Además, es el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas.

El contenido del párrafo anterior podría, perfectamente, estar refiriéndose a la Constitución española de 1.978. No hay, salvo el nombre del país y las fechas citadas, mayor diferencia. Sin embargo, todo el mundo intuye que la realidad de Marruecos es muy distinta de la reflejada en esas letras. Yo, que la conozco bien, lo afirmo rotundamente y sin ambages: Marruecos no es un país democrático y su Jefe de Estado es un criminal congénito que administra a discreción la opresión sobre la población. ¿El mero hecho de que exista una constitución en un país es, pues, señal inequívoca de que hay democracia? La respuesta es evidente.

Como siempre, la religión trabaja al servicio de la clase dominante

Mohammed VI heredó de su padre, además del trono y de ciertos tics psicopatológicos a los que luego haré referencia, el título de "Comendador de los Creyentes". Ni más, ni menos, que por algo es el 36º heredero directo del Profeta. Modesta que es la familia alauí. La cosa no pasaría de ser un anecdótico ejemplo de soberana megalomanía si no fuese porque Marruecos es un Estado confesional, el islamismo es la religión oficial y la práctica totalidad de sus habitantes (ya sean árabes o bereberes) es creyente y la profesa. Es decir, los crédulos súbditos del hijo de Hassan II se encuentran en un laberinto sin salida: si no acatan la voluntad de su jefe político, pecan gravemente al desobedecer a su jefe religioso. Como en los mejores tiempos del nacional-catolicismo español, los imanes (el equivalente a los párrocos católicos) se encargan de apaciguar desde sus mezquitas cualquier atisbo de disidencia. Todo está atado y bien atado que diría el padrino político de otro conocido monarca.

Atención especial merece la situación de desventaja social a la que la Sharia (ley islámica) y la Mudawana (código del estatuto personal vigente en Marruecos que incluye el código de familia) condenan a la población femenina desde su nacimiento. Se genera así una doble opresión sobre la mujer, como individuo y como género, en cuanto a que, por una parte sufren junto a los hombres la explotación propia de la clase trabajadora a la que pertenecen y, por otra, son sujetos totalmente dependientes del varón, creados por Alá para su uso y disfrute. Estas leyes profundamente machistas y discriminatorias colisionan claramente con la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

De casta le viene al galgo

El escritor francés Gilles Perrault publicó en 1.992 un libro demoledor sobre la figura de Hassan II, padre del actual monarca, titulado Nuestro amigo el rey. Es un documento de indispensable lectura para cualquiera que pretenda conocer un poco mejor la historia reciente del país vecino. En él se desenmascara, argumentando cada afirmación, al canalla que dirigió las vidas y haciendas de sus súbditos durante treinta y ocho años, desde 1.961 hasta su muerte en 1.999 y al que su colega español llamaba familiarmente "primo". Un asesino coronado que no dudó en detener, torturar o eliminar a cualquiera que cuestionase su voluntad. Un vulgar tirano que, amparándose en primera instancia en la coartada religiosa, y si ésta no resultaba suficiente, en las Fuerzas Armadas bajo su mando, gobernó con mano de hierro a un pueblo atemorizado y confundido.

Y como los muertos no están en condiciones de proporcionarnos testimonios directos, pregunten ustedes a los miles de prisioneros políticos que pasaron por las distintas prisiones marroquíes, especialmente por la cárcel de exterminio de Tazmamart.

A éstas, entre otras cosas, me refería cuando mencionaba más arriba los tics psicopatológicos heredados por Mohammed VI. Porque el joven Sayyidi Mohammed ibn al-Hassan -que tal es el nombre completo del monarca- creció entre algodones y se educó en los mejores colegios, sí, pero también en la violencia, en el autoritarismo y en el desprecio por los demás que caracterizó a su padre.

Breve descripción del pueblo rifeño

El Rif es una región natural, situada al norte de Marruecos, que abarca aproximadamente desde Chaouen (en la provincia de Chefchaouen) hasta Midar (en la provincia de Nador). Aunque es eminentemente montañosa, la capital Al Hoceima se encuentra al borde del mar, en uno de los parajes más bellos que conozco. La inmensa mayoría de su población, prácticamente toda ella, pertenece a la nación amazigh (bereber) y no tiene absolutamente nada que ver, desde un punto de vista étnico, con la árabe. Ellos son los habitantes originarios de ese territorio y, pese a la ocupación que sufrieron a manos de los orientales, mantienen vivas su lengua y sus ancestrales costumbres. Hablan el amazigh (o tamazight) en su dialecto rifeño (también llamado chelja), pero no está reconocido oficialmente por el Gobierno, por lo que en las escuelas se imparten las clases en árabe. Este inconveniente idiomático, provocado por la intransigencia de Palacio, es una de las causas de la altísima proporción de analfabetos que hay entre su población, especialmente en el medio rural.

El abandono que ha sufrido históricamente por parte de las instituciones ha convertido el Rif en una de las zonas más pobres de Marruecos. Con todo, sus principales fuentes de riqueza son la agricultura, la ganadería y el comercio, aunque en la capital hay un importante puerto pesquero y algo de turismo. Como curiosidad de interés público, les recuerdo que en la zona montañosa más elevada se encuentra Ketama, el lugar donde se concentran las mayores plantaciones de hachís.

La pelota rifeña (la piel contra la piedra)

Si Julio Medem fuera bereber y hubiese realizado una película basada en el conflicto rifeño, habría recibido los mismos insultos de los lame coronas y constitucionalistas marroquíes. Lo mismo le habría sucedido si la hubiese realizado sobre el Sahara. Es norma entre los gran nacionalistas negar la evidencia, y si algo resulta palmario en el Rif, es que muy poco tiene que ver con el resto de Marruecos. Pero he escrito la palabra "conflicto", y lo he hecho porque, aunque latente, eso es exactamente lo que existe entre el pueblo rifeño y el Estado marroquí. Y Mohammed VI lo sabe perfectamente. Lo conoce muy bien porque, además de haberlo estudiado, es de suponer que su abuelo le contaría en primera persona cómo terminó con el levantamiento popular de 1.958, prácticamente desconocido en España. Porque en aquella fecha, sólo dos años después de la independencia de Marruecos de sus "protectores" franceses y españoles, los rifeños se alzaron en armas exigiendo su independencia como nación libre. El rey Mohammed V y su hijo Hassan (por entonces vicepresidente del Gobierno), sofocaron la revolución por el expeditivo método de disparar contra la población civil desde una escuadrilla de helicópteros de las Reales Fuerzas Armadas. Se contabilizaron más de mil muertos. Tantas personas fueron asesinadas que hoy es difícil encontrar una familia rifeña que no perdiese a alguno de sus miembros en aquel crimen de Estado.

Sin embargo, la reivindicación no era nueva. No olvidemos la prolongada guerra que mantuvo el Estado español con los rifeños capitaneados por Abd el-Krim en los años 20 del pasado siglo y que tantos quebraderos de cabeza dio al dictador Primo de Rivera y al mismísimo monarca Alfonso XIII, abuelo del actual. Ya en aquella ocasión, los bereberes del Rif luchaban por su independencia.

Las rifeñas son unas personas especialmente hospitalarias, con un enraizado sentido de la amistad. Yo tengo buenos amigos en Al Hoceima, en Ketama y en Imzourem y ellos me han hablado muchas veces de cómo, protegidos tras la puerta cerrada de sus casas, conversan en familia sobre el sueño independentista, transmitiéndose la idea de generación en generación.

Pero, si los rifeños son bravos luchadores, las rifeñas no se quedan atrás. Así, unas pocas jóvenes de izquierda que han tenido la suerte de poder cursar estudios universitarios, comenzaron hace cinco años a desarrollar una estrategia para, poco a poco, ayudar al mayor número de mujeres posible a combatir la discriminación y a salir del agujero intelectual en el que viven. Se organizaron y fundaron en Al Hoceima la asociación Forum de Femmes, haciéndose con un local con teléfono, fax y ordenador. Hoy, un lustro después, han conseguido dinamizar una plataforma de asociaciones (Chabaka) que trabaja en todo el norte de Marruecos creando focos de movimiento ciudadano centrados en la liberación nacional y social, especialmente de la mujer. Reivindican, entre otras básicas mejoras, el aumento de la edad de matrimonio a los 18 años (ahora está en 15), el derecho de las mujeres mayores de edad a contraer matrimonio sin la mediación de un tutor, la abolición de la poligamia, la instauración de una pensión para las mujeres divorciadas, y muchas más.

La ayuda a los afectados del terremoto estuvo retenida cuatro días

Mohammed VI, ya lo hemos dicho, sabe que, por todo lo anteriormente expuesto, en el Rif tiene un polvorín esperando que alguien lo haga explotar. La escuela familiar alauí, la de la dinastía a la que pertenece, le ha enseñado a castigar duramente cualquier atisbo de disidencia. Con todo, a su abuelo no le quedó más remedio que permitir muchas de las costumbres rifeñas que colisionaban con la Sharia, incorporándolas a la ley como "Derecho Consuetudinario".

La estrategia palaciega, desde aquella insurrección de 1.958, ha sido la del más absoluto abandono de la zona. Cuarenta y seis años llevan los rifeños castigados por su osadía. Ni siquiera las carreteras han sido reparadas. De hecho, la infraestructura viaria que existe es la que dejaron los españoles y, como ustedes imaginarán, está más que deteriorada.

Ahora, los rifeños han tenido la desgracia de sufrir un fuerte terremoto. Las víctimas mortales rondan el millar. Varios miles de familias han perdido los pocos bienes que poseían, incluidas sus casas. La maquinaria de la solidaridad internacional se puso en marcha inmediatamente, como suele suceder en estos casos. Toneladas de material de ayuda (tiendas de campaña, mantas, plástico, medicamentos, material quirúrgico, víveres y agua), además de equipos humanos especializados en rescate llegaron a las pocas horas a la zona. Todo quedó retenido y paralizado. Mientras, hombres y mujeres, ancianos y niños, tuvieron que soportar a la intemperie el frío y la lluvia propias del invierno. Cuatro largas noches tras cuatro largos días hasta que, por fin, el sábado 28 de febrero, el Comendador de los Creyentes se dignó visitar Al Hoceima en medio de la indignación general y alguna muestra aislada de miedo y sumisión. Entonces, como si de Santa Claus se tratara, Mohammed VI ordenó que se repartiera el material acumulado.

Se ve que la estrategia de abandono sigue vigente. También continúa el polvorín. A ver si hay suerte y es el propio monarca el que con tanta soberbia, ceguera y estupidez, prende la mecha.

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