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V E N E Z U E L A 

14 de noviembre del 2003

La conspiración del Banco Central de Venezuela


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Las organizaciones civiles sin fines de lucro, ANTICORRUPCIÓN INTERPELACIÓN POPULAR ORGANIZADA (AIPO ) y ASOCIACION BOLIVARIANOS DE ABOGADOS (ABA), REPRESETADAS LEGALMENTE POR GRUPOS MULTIDICIPLINARIOS que luego de serias y profundas investigaciones sobre los problemas estructurales de la institucionalidad y la gobernabilidad de varias instituciones que conforman la cosa pública ( tales como el CNE, PDVSA, SUDEBAN, BANCA PRIVADA, BCV Y OTRAS), detectamos uno de los más difíciles e importantes actos conspirativos contra la Democracia, Venezuela y el Pueblo.

En primer lugar, hay que aclarar que al decir Banco Central de Venezuela, NO SE QUIERE INCULPAR A LA INSTITUCIÓN COMO TAL, NI A LA GENERALIDAD DE SUS EMPLEADOS, sino a su Directiva, Vicepresidentes y Asesores de alto nivel, quienes fueron y son los que tomaron y toman las decisiones.

Antecedentes nefastos

En el presente trabajo, no nos referiremos en detalle a los malos manejos administrativos del Ente Emisor en las décadas pasadas, aunque entre sus grandes responsabilidades de pasadas épocas, estén aspectos tan graves como su complicidad y connivencia en el robo de los activos financieros del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (I.V.S.S.), fondos que no eran del Gobierno ni del B.C.V., sino de todos los trabajadores y que estuvieron depositados en el B.C.V.. El Instituto emisor estaba obligado por la Ley de Fideicomisos y por obligación moral a velar por el mejor provecho para su mandante, cosa que no hizo, ya que por el contrario, bajo directrices de personeros del Gobierno realizó con nuestro dinero "Inversiones" muy por debajo del rendimiento del mercado, prestó al Gobierno e inclusive permitió que ese dinero posibilitara el gran negocio para políticos corruptos y sus allegados que constituyó el Complejo Habitacional "Juan Pablo II".

Tampoco detallaremos lo referente a los 7.000 millones de Bs. (con dólar a 4.30) que en la década de los ochenta el B.C.V., registró como gastos y borró de sus registros, relativos a las divisas adeudadas por los Banco Comerciales Venezolanos por tramitación de operaciones a través del Convenio de Créditos Recíprocos Aladi. Tampoco ahondaremos en el lodazal de Recadi, en cuya época el B.C.V. no se opuso a la entrega de autorizaciones de retiro de divisas por montos excesivos con respecto a las disponibilidades de las reservas internacionales; no estableció controles para minimizar los dolos de los funcionarios de Recadi, o de los Bancos Comerciales en la emisión o falsificación de dichas autorizaciones, así como los negociados de sus propios empleados en la tramitación arbitraria y discrecional de las solicitudes de retiro de divisas; incumplió su obligación legal de exigir la devolución de casi mil millones de dólares de divisas no utilizadas por los importadores; entregó mo ntos importantes de divisas de manera ilegal por no corresponder con rubros autorizados por el Ministerio de Hacienda o por corresponder a solicitudes extemporáneas; permitió que algunos Bancos, principalmente el Banco Latino hiciera negocios con los dólares que el B.C.V. les otorgara y que esos Bancos retenían por meses sin entregárselo a sus clientes, beneficiarios de las respectivas solicitudes de entrega de divisas, bajo la falsa excusa de que todavía el B.C.V no había atendido dichas solicitudes, y finalmente, realizó bajo la dirección de Pedro Tinoco la estafa contra la Nación representada en el reconocimiento ilegal por parte del B.C.V., del tipo de cambio preferencial para las solicitudes, de por sí excesivas, que no habían sido atendidas al suprimirse el régimen de control de cambios en 1989.

De acuerdo con el Compromiso de Venta de Divisas (CVD) que firmaba el B.C.V., por cada solicitud, legalmente sólo se comprometía a vender en su momento los dólares, pero al tipo de cambio vigente para el momento de dicha entrega. Tinoco hizo lo contrario y el B.C.V. absorbió esa deuda al antiguo tipo de cambio preferencial para importaciones ya realizadas y vendidas en el mercado local al tipo de cambio libre.

No obstante tales muestras de las criminales maquinaciones que los personeros del B.C.V., han perpetrado contra la mayoría de los venezolanos, en esta oportunidad sólo queremos penetrar en la génesis de la más atroz de todas las tropelías por su magnitud y consecuencias, cual es la denominada CRISIS FINANCIERA DE 1994 y consiguiente QUIEBRA DEL 40% DEL SISTEMA BANCARIO VENEZOLANO, con su secuela de ruina económica para la mayoría de habitantes del País, no sólo de manera directa, sino también por los enormes efectos adversos sobre toda la economía.

La causa verdadera de la crisis financiera

Estas precisiones las estimamos necesarias porque hasta hoy no se ha ventilado apropiadamente ante la opinión pública el verdadero actor de dicha CRISIS FINANCIERA VENEZOLANA, el causante de la misma, ¿cómo y porqué se fraguó?. La sorpresa de la inmensa mayoría será saber por fin y, en contra de la millonaria inversión en la cobertura de los medios de información para vendernos el cuento de su absoluta inocencia, que el verdadero creador, promotor y sostenedor del proceso que culmina con la CRISIS FINANCIERA no es otro que EL BANCO CENTRAL DE VENEZUELA, bajo la Presidencia de Pedro Tinoco y con la complicidad de sus altos ejecutivos todavía muchos en funciones o jubilados en años recientes.

Para aclarar esta situación se hace necesario hacer un poco de historia y recordar ciertos hechos convenientemente ocultados y olvidados. Desde 1986 el Banco Latino, (el Banco de Pedro Tinoco), presentaba recurrentes déficit de compensación (saldos adversos no cubiertos) indicadores de la situación de iliquidez crónica ocasionada por los manejos dolosos de sus Administradores (Tinoco a la cabeza), hecho conocido y comentado por los Tesoreros de los Bancos.

Dicha situación por sí sola ameritaba que el B.C.V. lo excluyese de la Cámara de Compensación, condición que hubiera implicado su automática intervención, ahorrándole al País toda la futura CRISIS FINANCIERA que aún persiste en sus secuelas. Sin embargo, por medio, primero del nombramiento de J.V. Rodríguez Aznar como primer Vicepresidente del B.C.V. y luego de Pedro Tinoco como su Presidente (designado por CAP) dicha situación se agravó.

Es en ese contexto en el cual el propio Tinoco urde el pernicioso mecanismo de los "Bonos Cero-Cupón" emitidos por el B.C.V.. En el criterio ortodoxo, los Bancos Centrales pueden ejecutar su política monetaria utilizando, entre otros mecanismos, la compra y venta de Títulos-Valor para inyectar o drenar liquidez monetaria de una economía. Sin embargo, cuando se trata de la venta de tales títulos, para disminuir la oferta de dinero, vía esterilización de la suma recibida por el valor de los títulos vendidos, ello se realiza con una cartera preexistente, propiedad el Banco Central de títulos emitidos por entes distintos al propio Banco Central ya que, en caso contrario, el Banco Central al redimir sus propios títulos a su vencimiento tendrá que cancelar el Capital más lo intereses respectivos, con lo cual estará creando dinero base adicional, lo que a su vez en el mediano plazo es contrario al objetivo primario de disminuir el nivel de liquidez previo a dicha emisión. Para aclar ar esta situación se hace necesario hacer un poco de historia y recordar ciertos hechos convenientemente ocultados y olvidados. Desde 1986 el Banco Latino, (el Banco de Pedro Tinoco) presentaba recurrentes déficit de compensación (saldos adversos no cubiertos) indicadores de la situación de iliquidez crónica ocasionada por los manejos dolosos de sus Administradores (Tinoco a la cabeza), hecho conocido y comentado por los Tesoreros del resto de los Bancos.

El B.C.V., alegó no disponer de una cartera de títulos emitidos por otros Organismos y, por ende, estar "forzado" a emitir sus propios títulos (B.C.C.). Ahora bien, es muy discutible que en ese momento la liquidez fuera excesiva, cuando la intermediación financiera promediaba más del 70% y más discutible aún que no se pudiera apelar a otros instrumentos de política monetaria, si fuere en verdad necesaria, para drenar liquidez, incluido el encaje legal o la fijación de índices entre los créditos y el patrimonio de los Bancos, expedientes ambos que limitan la expansión secundaria (creación de dinero por vía crediticia, sin costos para el Banco Central y sin el efecto expansivo de los intereses que al ser pagados por el Banco Central significan dinero nuevo adicional. Lo que indica que la supuesta excesiva liquidez no era tal, está signado por el hecho de que los bonos Cero Cupón eran subastados al ente o entes que exigieran el interés más elevado, es decir a los que demandaran mayor rendimiento de su inversión.

Alguien podría alegar que el criterio oficial de asignación no era tal, pero ese es realmente el punto: No existía un lineamiento oficial declarado, mucho menos escrito (de hecho, todas las órdenes eran verbales), cualquier parámetro o criterio supuestamente fijado no era conocido ni siquiera por los propios técnicos que operaban en la "Subasta". Por otra parte, cualquier parámetro podría ser fijado artificial e intencionalmente alto con respecto al mercado, con lo cual se excluía de competencia a los entes con propuestas razonables. Por otra parte, Tinoco y sus cómplices siempre podían suministrar información privilegiada a sus propias Instituciones para siempre "acertar" con el criterio de escogencia, supuestamente desconocido por todos.

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