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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-08-2014

El nacionalismo del siglo XXI y el futuro de la humanidad

Jos A. Tapia
Rebelin


Los sucesos de Ucrania en los ltimos dos meses y las recientes tensiones por zonas de soberana martima disputada entre Vietnam y China han puesto las tensiones internacionales en su punto ms alto desde que la Guerra Fra se hizo tibia en el periodo de deshielo de la perestroika y tuvo su punto final en la desaparicin de la URSS, hace ahora un cuarto de siglo. Desde aquel entonces la supremaca militar estadounidense ha estado ms o menos indiscutida, aunque el poder econmico de EEUU estaba en claro declive ya desde los aos setenta y el resultado de las guerras externas en las que continuamente se ha implicado EEUU solo sirvi para poner de manifiesto la precariedad de su hegemona, ms y ms cuestionada por su declive econmico y por el ascenso de China como potencia mundial. Pero el caso de Rusia desde la desaparicin de la URSS tiene muchas especificidades. Durante los aos noventa la Federacin Rusa pas por una crisis poltica, econmica, social y demogrfica sin precedentes, de la que todava no ha acabado de salir. El dato ms reciente reportado de esperanza de vida al nacer en Rusia son 69 aos en 2010, 13 aos menos que la esperanza de vida al nacer de Espaa en 2010 y un ao menos que la esperanza de vida al nacer que se registraba en Rusia cuando todava era parte de la URSS. Y desde el mximo de 148,3 millones alcanzado en 1992, la poblacin de Rusia se ha contrado a 142,7 millones en 2012. Todo ello es fruto de una importante cada de la tasa de fertilidad y un aumento notable de la tasa de mortalidad en el ltimo cuarto de siglo. Es cierto que despus del desastre en todos los terrenos de los aos noventa, la Federacin Rusa de Putin parece haber conseguido reinsertarse en la economa mundial como proveedora de petrleo, gas, madera y otros productos primarios. De hecho, la reciente separacin de Crimea de Ucrania y su incorporacin a Rusia en contra de la comunidad internacional y en abierto desafo contra un gobierno ucraniano que independientemente de su composicin ms o menos derechista surgi en gran medida de un movimiento popular insurreccional ha puesto de manifiesto la voluntad rusa de recuperar su papel de potencia mundial desde su hegemona regional euroasitica. La incorporacin durante los ltimos veinte aos de los pases del antiguo Pacto de Varsovia a la Organizacin del Tratado del Atlntico Norte (OTAN) haba supuesto un fuerte cuestionamiento de ese rol.

El rol del nacionalismo ruso en los eventos de Crimea es indudable. La poblacin de Crimea es rusohablante y todo parece indicar que a pesar de las condiciones del referndum que no eran ni mucho menos ideales, fue masivo el apoyo a la anexin a Rusia y extremadamente marginal el rechazo a esa anexin. Pero, por supuesto, eso no justifica la anexin rusa, que rompe acuerdos adoptados en los aos noventa, cuando Ucrania se convirti en pas independiente y acept transferir a Rusia el armamento nuclear estacionado en su territorio. La anexin rusa de Crimea rompe adems el status quo que pareca haberse alcanzado en Europa oriental tras el desmembramiento de la URSS. Ciertamente puede tambin acusarse a la OTAN en su expansin hacia Mosc de estar acosando a Rusia. Pero la incorporacin ms o menos democrtica a la OTAN de los pases antes miembros del Pacto de Varsovia refleja sin duda actitudes antirrusas que son fruto de varios siglos en los que Polonia, los pases blticos, Rumana, las antiguas naciones orientales del imperio zarista (la actual Belars, antes llamada Bielorrusia o Rusia Blanca y Ucrania, la antigua Pequea Rusia) y en general toda Europa del Este tuvieron que sufrir a menudo las injerencias cuando no las invasiones dirigidas desde San Petersburgo o desde Mosc. La incorporacin democrtica de los pases blticos a la URSS durante el periodo estalinista, la rusificacin de Belars y Ucrania y la posterior ruptura de la URSS han creado importantes minoras rusohablantes en muchas partes de Europa oriental y esas minoras pueden convertirse en elemento clave para desencadenar situaciones descontroladas como las que estn ocurriendo en las zonas orientales de Ucrania y justificar movimientos ms o menos agresivos. Si la historia sirve para ensearnos algo, hay que recordar que la incorporacin de los Sudetes checoslovacos, de Austria y de la ciudad libre de Dnzig (hoy Gdansk, en Polonia) al Tercer Reich alemn tuvo en gran medida justificacin para los habitantes de esas regiones cuya lengua materna era el alemn y que en una gran mayora se sentan alemanes. Pero eso no obsta para que un examen aunque sea superficial de los hechos indique que esas incorporaciones fueron un paso clave en el desencadenamiento de la segunda guerra mundial, que formalmente comenz cuando Alemania atac Polonia, que se negaba a ceder a las reivindicaciones del Gobierno nazi de establecer comunicaciones ms fluidas entre la ciudad de Dnzig y el territorio del Tercer Reich. Un da despus del comienzo de las hostilidades el gobierno de Dnzig pidi su anexin a Alemania bajo el lema Dnzig es una ciudad alemana y quiere pertenecer a Alemania.

El nacionalismo tiende a cuestionar las fronteras establecidas en base a criterios lingsticos o de identidad cultural de algn tipo. En el mejor de los casos el nacionalismo afirma su voluntad de cultivar lo particular como manera de aceptar lo general, sin exclusivismos, pero a menudo la afirmacin de lo nacional va ntimamente ligada al rechazo de forneo, de los otros. Elemento fundamental de todo nacionalismo es la definicin de nacin, que implica la distincin entre quienes pertenecen a ella y quienes son extranjeros, la separacin clara de ellos y de nosotros en base a criterios de lengua, raza, o algn otro elemento ms o menos vagamente definido. Frente a la creciente mezcla de gentes de diverso origen provocada por la facilidad de las comunicaciones y los flujos migratorios masivos de las dcadas recientes, el nacionalismo busca la separacin y la clarificacin de quienes son nacionales si es un nacionalismo sin Estado, o de quienes son ciudadanos con derechos o extranjeros sin derecho alguno de ciudadana si es un nacionalismo correspondiente a un Estado nacin.

Un ejemplo que puede citarse es el de Hungra, cuyo gobierno nacionalista de Viktor Orban permiti votar en elecciones recientes a unos 200.000 individuos de origen hngaro residentes fuera del pas, sobre todo en Serbia y en Rumania. Estos son pases que a su vez hacen lo mismo con los individuos de origen serbio y rumano en el exterior, a los que se les anima a solicitar la ciudadana y votar por correo.

Tras el hundimiento de las variantes china y rusa de marxismo-leninismo como ideologas sostenedoras del Estado en China y Rusia, el nacionalismo es la ideologa principal que cohesiona a ambos pases. Pero ambos son Estados en los que existen importantes minoras nacionales, que a menudo sufren la opresin nacional. En el caso de China existe tambin un pasado de opresin nacional por parte de los pases de occidente, incluido Japn. Y el hundimiento de la URSS indudablemente debi generar importantes sentimientos de orgullo nacional herido. Todo ello crea condiciones claras para estimular los elementos de agresividad antioccidental en el nacionalismo de esos pases.

Mientras los movimientos de capital son cada vez ms libres a travs de las fronteras (esos son los inversores y los mercados a los que tanto se alude en las pginas de economa de los peridicos) y quienes poseen capital tienen escasos o nulos obstculos para establecer su residencia all donde lo desean por ejemplo, en EEUU se da la residencia prcticamente de forma inmediata a quien invierte en el pas un milln de dlares, y en Malta se tramita una ley que permite adquirir la ciudadana por un milln de euros, los emigrantes que huyen de la miseria, de la represin poltica o de la guerra continan sufriendo el castigo de las deportaciones y a menudo la muerte accidental o intencional en su intento de alcanzar aunque sean las migajas y los flecos de una vida digna. En EEUU las deportaciones han alcanzado la cifra escalofriante de dos millones y medio solo durante el mandato de Obama. Las estadsticas son sin embargo mucho menos precisas, aunque se estima que pueden ser miles cada ao, respecto al nmero de quienes mueren perdidos en los desiertos del sur de EEUU mientras intentan eludir la vigilancia fronteriza. No se sabe cuntos pueden ser los emigrantes que desde Mxico o pases latinoamericanos ms al sur intentan llegar a EEUU y son asesinados por mafias que en alguna parte de su recorrido hasta Mxico y EEUU los asaltan para apoderarse del poco dinero que puedan llevar, pero por datos circunstanciales, la cifra puede ser escalofriante. Si se supiera el total de vidas humanas que se pierden cada ao por ahogamiento en el intento de cruzar el Mediterrneo, de sed y deshidratacin en los desiertos que separan a Mxico de EEUU o por accidentes o asesinato directo en el intento de atravesar alguno de los obstculos naturales que separan la vida moderna de la vida miserable en la que vive hoy una buena parte de la humanidad, el nmero de muertes causado por la criminalizacin de la emigracin sera mucho mayor que el causado por muchas guerras recientes que llenan las primeras pginas de los peridicos. Pero el nacionalismo se esfuerza en afirmar lo local y en negar o ignorar lo que no nos incumbe.

Los grandes retos de la humanidad en este siglo son de mbito mundial. La polarizacin creciente entre minoras privilegiadas y grandes masas sometidas a condiciones de trabajo precarias, cuando no al desempleo y el empobrecimiento, es un fenmeno que en mayor o menor medida se da en todos los pases. Y todos los pases comienzan ya a sentir los efectos del cambio climtico, de cuyos efectos catastrficos potenciales probablemente ninguno podra escapar. Evitar una tercera guerra mundial que enviara la civilizacin al cementarlo, prevenir que los trastornos ambientales alcancen dimensiones catastrficas y avanzar en la mejora de las condiciones de vida de quienes ms lo necesitan son asuntos que conciernen a todos los pueblos y todas las naciones. Los nacionalismos en general echan la culpa a otro y bloquean la bsqueda de soluciones que han de ser comunes. Pero lo cierto es que los nacionalismos estn en auge y que las tensiones regionales alentadas por nacionalismos diversos, que en algunos casos apenas esconden el intento de hacerse con recursos naturales valiosos o beneficiarse de mejores circunstancias econmicas, se estn acercando al nivel militar no solo en Ucrania sino tambin en varias partes de Asia. Y siguen las guerras larvadas o abiertas entre Israel y los palestinos, entre India y Pakistn, y en varias partes de frica y Oriente Medio.

Ser optimista acerca del futuro de la humanidad no parece fcil. Pero lo que s parece fcil es concluir que el nacionalismo es una lacra del gnero humano y que si la humanidad consigue llegar al siglo XXII ser pese a esa y otras cargas de las que sera mejor deshacerse. Quiz aquello de trabajadores de todos los pases, unos, sea un mensaje rancio que no est de moda. Pero eso no quiere decir que no sea de rabiosa actualidad.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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