Portada :: Amrica Latina y Caribe
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-02-2016

Uruguay
Agua y sentido comn

Luis E. Sabini Fernndez
Rebelin


Abya Yala o Amrica del Sur ─designacin de originarios o de europeos─ es el continente, la porcin de tierra planetaria ms hmeda, ms rica en agua. Al menos en estado lquido, de superficie o subterrnea. Son tales sus dimensiones territoriales, cerca de 20 millones de km2, que alberga en su seno tambin vastas regiones secas e incluso desrticas.

En esa nave inmensa, parte apenas de la nuestra planetaria, nos encontramos en Uruguay. Un territorio fsica y polticamente pequeo. Comparado con el abanico mundial de estados, estamos precisamente en la media de superficie (alrededor de unos cien estados ms extensos y otros cien ms pequeos); en trminos poblacionales, en cambio, vivimos en un territorio ms bien despoblado respecto de la media mundial (hay dos tercios de estados mayores y slo un tercio de menos poblados).1

Tenemos una de las tierras mejor irrigadas del mundo entero, lo cual habilita su uso para ganadera y agricultura. La calidad ganadera del pas ─rebautizado en algn momento vaquera─ la comprob hace ya cuatro largos siglos Hernando Arias de Saavedra, nuestro Hernandarias, gobernador espaol del Paraguay.

Pas minero?

Por sus dimensiones ms bien reducidas, por las caractersticas del suelo, todo verde, la propuesta, formulada por Jos Mujica Cordano, a la sazn presidente del Uruguay, de que as como el pas haba sido ganadero dos siglos [se refiere, infiero, a los de vida independiente], bien poda ser ahora minero merece ser elevada a los anales de la estulticia. Basta observar donde se emplazan las principales actividades mineras de la humanidad para darse cuenta: en tierras yermas, que el clima y el suelo hacen poco propicias para cultivos; en la cordillera de los Andes, por ejemplo.

Otro rasgo caracterstico: pases con fuerte desarrollo minero coinciden en general con enorme disposicin de tierras, como son los casos de Canad, Australia, EE.UU. o China que rondan los 10 millones de km2 cada uno (Australia, algo menos), es decir unas 60 veces la superficie del paisito. 600 km no es lo mismo que 10 km. Ni 600 km2, 10 km2. El pas alberga propiedades de 10.000 ha. Y tambin mucho mayores. Pero no de 600.000

Uruguay es un pas verde y goza, propiamente, uno de los porcentajes ms altos de cubierta verde de todos los pases del planeta, alrededor del 90% de su superficie.2 Como bien explica Vctor Bacchetta en su viviseccin del proyecto Aratir:3 En el caso de Uruguay, la minera no se practica en montaas o desiertos sin cobertura vegetal. El primer obstculo para llegar al mineral es la base de una pradera natural []. Este detalle que al parecer le pas inadvertido a Jos Mujica Cordano, tiene un doble costo: el de eliminar la pradera para ejercer la minera y el de perder la actividad econmica que con dicha pradera puede hacerse; como vimos, siglos de ganadera, que le otorg al Uruguay en el concierto de las naciones perifricas y ms o menos excoloniales una asombrosa calidad alimentaria.

Respecto de la pelcula verde que recubre casi todo el suelo oriental, hay una propuesta de la empresa Zamin Ferrous, titular del proyecto Aratir, que tambin nos presenta Bacchetta, y que es ilustrativa de la relacin centro-periferia, para el caso entre los consorcios industriales y los pases ms o menos perifricos, ms o menos coloniales, en que se asientan. Zamin Ferrous tiene la peculiaridad de su origen indio, pero su comportamiento es exactamente equiparable al de los consorcios primermundianos.

Cuando Zamin Ferrous-Aratir presenta su proyecto aclara que esa cubierta del suelo ser retirada para ser devuelta a su lugar original [sic!] al final de la explotacin. 4 Advierta el lector que estamos hablando de un perodo de al menos dcada y media Conservando el suelo verde? dnde?, cmo?

La ocurrencia tiene un penoso parentesco con la propuesta de la Barrick Gold en provincias andinas de la Argentina: cuando las asociaciones vecinales criticaron el proyecto minero que contaba con arrasar un glaciar, Barrick Gold entonces tranquiliz a los pobladores ofreciendo trasladar ese glaciar (y eventualmente dos ms) a otros sitios para que no se perdieran o fundieran

Slo una visin muy administrativa de la naturaleza, en este caso el clima de montaa y su biota, y una visin tambin administrativa de la biota en el caso de la cubierta vegetal compuesta por animales y plantas (microfauna y microflora), puede permitirse argumentar que se puede cambiar el lugar de un glaciar como si fuera un florero o que se puede retirar un suelo vivo y reponerlo dcadas despus

En rigor, ambos ejemplos, extrados de dos grandes consorcios mineros, remiten a los vidrios de colores con que algunos europeos avisados engaaban o seducan a nativoamericanos en sus primeros contactos

Pas agroindustrial?

Las dimensiones del pas tampoco hacen propicio el territorio para los cultivos agroindustriales. Ms all de toda consideracin ambiental que plantea una problematicidad gravsima que abordaremos a continuacin.

Por su tamao, Uruguay puede ofrecer a gatas una potencialidad marginal: basta ver los estados que han apostado a la agroindustria para darse cuenta cundo hablamos de explotacin plena y cundo de explotacin marginal. La agroindustria con su dotacin de cosechadoras gigantescas rinde en pases con llanuras inmensas, como las de EE.UU., Canad, Argentina, Brasil, Australia, o siquiera como las ucranianas.

La razn por la cual el gobierno populista argentino de la primera dcada del siglo actual, el gobierno K, se pudo dar el lujo de retener hasta un tercio del precio de la venta bruta de soja transgnica como regala para el estado, proviene de la extraordinaria rentabilidad, absolutamente excepcional, de tales cultivos, que permiti que los sojeros aceptaran esa expropiacin porque aun as, sus ganancias eran increblemente altas. En el territorio uruguayo, no pampeano sino ondeado, con subidas y bajadas tan visibles en nuestras carreteras y rutas, el rendimiento de tipo agroindustrial es menor.

La actividad agroindustrial, es decir la produccin de bienes rurales como cereales o carnes con los rasgos de una actividad industrial, presenta un aspecto ambiental que anunciamos y que a su vez es sustancial: se trata de una actividad humana altamente contaminante. De actividades que estn llevando a la humanidad a un callejn sin salida, fruto de una tecnobiologa (biotech) desbocada.

Es precisamente ese aspecto ms la menguada rentabilidad que lo agroindustrial puede desplegar en un territorio como el nuestro, lo que ha llevado a ms de un analista a desechar el cultivo de commodities como apuesta del pas al mercado mundial. Una psima solucin para la economa nacional, aunque muy promovida por las empresas transnacionales que tejen el dominio corporativo de la economa planetaria actual.

Tenemos una superficie demasiado pequea para lograr un ingreso significativo adaptndonos a las necesidades de esas megaempresas a menudo con presupuestos mucho mayores que los de los estados nacionales que las albergan.

Nuestra opcin, entendemos, teniendo en cuenta la ubicacin geogrfica (el hemisferio sur est mucho menos contaminado que el norte), la dimensin territorial, y la abundancia de agua, podran ser specialities, no commodities. En lugar de venta a granel de productos alimenticios del montn, optar por la produccin de alimentos orgnicos y naturales. Lo cual permitira darle sentido a la consigna Uruguay natural que ha sido puramente turstica y demaggica (basta ver como tratamos a los residuos), consigna que se sigue usando con creciente, penosa falsedad. La produccin orgnica, slow-food, comida sin ingredientes qumicos est siendo crecientemente demandada por la poblacin y particularmente por los sectores ms atentos a la problemtica ambiental, que se van separando cada vez ms notoriamente de la comida basura y la cancerizacin consiguiente.

Claro que semejante apuesta significara aprender a producir ingredientes sanos, con mucho menores cargas qumicas, y consiguientemente apostar a las pequeas unidades productivas, y tejer una red econmica de circulacin material y sostn de tal tipo de actividades. Esa potencialidad existe en nuestro territorio; un desafo para que exista tambin en nuestra sociedad.

Por las dimensiones del territorio nuestro, la actividad minera como actividad econmica principal no parece la mejor opcin, porque la irradiacin de cualquier actividad de ese tipo es de varios kilmetros a la redonda (y no hace falta que sea de minerales radiactivos para que haga dao y nos afecte). Lo acabamos de vivenciar con la cantera abierta al lado de Surez, donde el polvo y el ruido afectaba a sus tan cercanos vecinos.

La fabricacin de commodities rurales no slo nos condena a una subalternidad econmica permanente ante pases de grandes extensiones y por lo mismo con mejor competitividad como, precisamente, nuestros linderos, Argentina y Brasil, sino que adems crea las bases para una contaminacin generalizada que si es criminal en cualquier territorio, en cualquier estado, es adems propia de estpidos en un territorio pequeo, por la facilidad con que se nos hace patente.

Baste reparar en el percance del ro Dulce en Minas Geraes, Brasil, hace apenas algunas semanas: un dique de cola de esos que se construyen garantizados para que duren indefinidamente, aunque demasiado a menudo el tiempo indefinido se trunca sorpresivamente, como en este caso, cuando una de sus paredes cede. El enorme piletn de contencin de los desechos metlicos, qumicos, txicos de una extraccin minera de aos empez a escurrir ro abajo hacia su desembocadura, en el ocano Atlntico, a 650 km. Tard algunos das desplazndose esa masa de lodo txico a razn de unos 50 km. por da Dej decenas de muertos humanos, desolacin y contaminacin a lo largo del ro, totalmente inutilizado a partir de entonces como fuente de agua o de pesca Qu habra significado para Uruguay un desastre de similares proporciones? Basta mirar dos mapas, los de Uruguay y de Brasil, para darse cuenta de la diferencia de impacto a escala nacional.

Y sin embargo, si bien el plan de cambiar de matriz productiva de la ganadera a la minera no ha marchado, afortunadamente, la implantacin de la agroindustria, con titulares de primera como Monsanto y UPM, por ejemplo, s se ha llevado adelante.

Cmo no va a prosperar la agroindustria si los grandes consorcios no pagan casi impuestos, el gobierno les ofrece zonas francas y ni siquiera atienden al desgaste cada vez mayor de las rutas, deshechas por el peso de las grandes cargas de rolos y soja! No pagan siquiera por los muertos en ruta por ese motivo!

Y aqu llegamos al agua.

En rigor, podramos decir que lo que se llevan las empresas extractivas del Uruguay es humedad en forma de rollos de las plantaciones de eucaliptus y pinos y otra vez humedad en forma de granos de soja.

El negocio es penosamente asimtrico: se llevan agua procesada por organismos vivos (los rboles, las oleaginosas, por ejemplo) y nos dejan agua contaminada. Porque para hacer aquella extraccin y que la misma resulte rentable, se la incrementa de dos maneras: mediante fertilizantes que aumentan el tamao y el peso de las plantas, y mediante plaguicidas que evitan que las plantas de la actividad agroempresaria tengan competencia. Los fertilizantes y plaguicidas derramados en los campos de cultivo no son slo absorbidos por pinos, eucaliptos o porotos de soja van a parar, siguiendo la ley de la gravedad, a caadones, arroyos, ros y por esa va a las fuentes de agua potable de los uruguayos. Los venenos no son fcilmente separables puesto que suelen presentarse en partculas nfimas que seguramente superan muchos filtros; los fertilizantes favorecen el florecimiento de algas y otras organismos vivos elementales que tienden a suprimir el oxgeno de los espejos de agua que los albergan; eutrofizacin, que es prdida de toda fuerza vital en el agua; el agua pasa a estar muerta, privada de vida. Ese proceso suele iniciarse con una pltora de algas, de las que muchas son txicas para humanos (y para otras especies).

Y sa es la situacin del Uruguay actual: tenemos algas txicas en nuestras fuentes proveedoras de agua potable, que ya no es tal.

Algo que era un orgullo uruguayo, disponer desde agua corriente, se ha convertido en un problema.

Porque inicialmente, el agua corriente se sobreentenda que era agua potable. A ningn ingeniero del s XIX se le habra ocurrido hacer esa formidable obra, el tendido de redes, para proveer agua no potable o agua txica.

Pero tal es la situacin hoy. La cuenca del ro Santa Luca abastece a unos dos tercios del pas, de agua corriente que ya no es potable. Montevideo, Canelones, Florida La Laguna del Sauce provee de agua al departamento de Maldonado. Los departamentos litoraleos, Artigas, Salto, Paysand, Ro Negro, Soriano solan proveerse de agua del ro Uruguay, pero con la floracin abrumadora de algas y el reconocimiento de alteraciones del sabor y calidad en el agua, se ha encarado la extraccin de agua desde perforaciones. En estos parajes del Uruguay, la perforacin debera hacerse para alcanzar el Acufero Guaran, aunque por cmo ya ha sido afectado por la mano del hombre, esa agua tendra que ser controlada y eventualmente potabilizada

Cmo es posible que lo que fuera orgullo de modernizacin hace cien aos haya devenido en causa de pesar y vergenza, de desconfianza y enfermedad?

Los organismos oficiales de control nos aseguran la calidad y la potabilidad en remitidos que dan vergenza ajena.5 Conocedores, investigadores del rea, como Daniel Panario, terminan recomendando filtros hogareos, puesto que los pblicos y generales presentan tantas fallas.

En medio de esta vergenza nacional, las compaas embotelladoras de agua (mineral o mineralizada) proclaman, contentas, que han hecho pinges ganancias. Chocolate por la noticia. Quede para otra nota el examen de esa alegra.


Notas

1 Con un rasgo llamativo y no exento de problematicidad; hay toda una lista de estados nacionales que medio siglo atrs estaban menos poblados que Uruguay y ahora superan su poblacin, incluso la duplican o triplican: Paraguay, Nicaragua, Honduras, Panam, Nueva Zelandia, Liberia, Libia

2 Pases con generoso volumen de tierras cultivables son, por ejemplo, Bangla Desh u Holanda (alrededor de dos tercios de su superficie); se trata de pases con menor o mucho menor extensin que la del Uruguay.

3 Aratir y otras aventuras, Doble clic editoras, Montevideo, 2015, p. 27.

4 Ibd, p. 28.

5 La ministra Eneida de Len comunic que los ltimos resultados de las muestras obtenidas arrojaron un porcentaje de agua potable superior al 99 %, dato que consider ms que admisible al compararlo con Europa y Amrica Latina, donde el promedio se sita en el 93 % y el 76 %, respectivamente. (Ag. EFE, 11/5/2015). Una pena que la ministra no hubiera revelado las fuentes de semejantes afirmaciones. Y ni hablar de los olvidos de semejante fraseo


Blog del autor: http://revistafuturos.noblogs.org

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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