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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-04-2016

Poder de excepcin, normalizndose, normalizndonos
Nuestro insensible camino hacia un totalitarismo

Luis E. Sabini Fernndez
Rebelin


Quien decide el estado de excepcin es quien tiene el poder. Carl Schmitt

Si echamos una rana a una olla con agua hirviendo, sta escapa inmediatamente; salta hacia afuera. En cambio, si ponemos en la olla agua a temperatura ambiente y echamos una rana, sta se queda tranquila dentro de la olla. Y cuando comenzamos a calentar el agua poco a poco, la rana no reacciona sino que se va acomodando a la nueva temperatura del agua hasta perder el sentido y, finalmente, morir literalmente cocinada.

Somos todos homo sacer?1 Giorgio Agamben consideraba que el estado de excepcin, que se supone provisorio, se est convirtiendo en la forma paradigmtica del gobierno del s. XX. (wikipedia). Y entonces, del s. XXI?

Los fascistas del futuro se llamarn a s mismos antifascistas. Winston Churchill

Primero, algunas precisiones y algunos datos. El estado de excepcin borra la diferencia entre la sociedad civil y la militar. Es decir, instaura el terror. Diferencia sustancial en todo tejido democrtico. Cualquier conosureo que haya pasado por una (o varias) dictaduras lo sabe con su piel, su memoria, su psiquis. Y hasta con el humor, ste montevideano:

En el bus, repleto, alguien en tiempos de dictadura, pregunta a quien tiene a su lado, con mucha amabilidad: ─Es usted militar? ─No. ─Y polica? ─Tampoco ─Pero tiene usted un hermano militar? ─Nnnooo ─Y un hijo cadete, algn familiar? ─No!, Mire seor, ni tengo en la familia ni conozco algn militar o polica! Entonces, el preguntn cambia el tono: ─Bueno, sacme el zapato de encima, que me ests pisando!

Qu elementos vemos en la sociedad contempornea? Algunos que nos lleven a pensar que el concepto de excepcin planteado por Schmitt o por Agamben tiene andadura?

En Uruguay, tambin en Argentina, ha prosperado un debate sobre si, a la vista de la creciente inseguridad no hay que poner a los milicos en la calle. Periodistas y referentes que en otras cuestiones expresan cierta conciencia crtica, en este punto, acuciados por la expansin del delito, auspician esa insercin, ignorando que la policial, al menos tericamente, es una profesin civil, entre civiles, y que al militarizar el cuidado de la calle, nos militarizan a todos, que pasamos de ser ciudadanos (con derechos) a ser objetos (de control).

La polica, con sus fueros, con sus privilegios, con sus armas, excepcionalizan a menudo las funciones a su cargo y nos excepcionalizan a menudo de las nuestras, aunque tericamente no deberan, pero la accin militar arranca de un plumazo todo vestigio de civilidad y de solucin civil a cuestiones de la sociedad, borra toda nocin de prjimo y nos introduce en su opuesto, la de enemigo. En nuestra propia tierra, en nuestro propio hbitat.

Es lo que han vivido tanto tiempo los pueblos aborgenes en sus propios territorios, despojados. Es lo que viven hoy los palestinos, los libios, los sirios y tantos otros.

Recurrir a los militares para solucionar la seguridad, por ejemplo aqu, en el Ro de la Plata, se ha visto como intentos de corrientes de derecha o de crticos que tan poca experiencia han cosechado de nuestra historia reciente. Pero antes ha sido el abc de regmenes como el fascismo y el nazismo; recordemos a Mussolini proclamando al soldado por encima del maestro.

Pero no tenemos que remontarnos a la dcada del 30 porque la idea de que todos estamos en libertad condicional, que todos vivimos bajo estado de excepcin, que todos somos homo sacer, se est consolidando en nuestro presente mundial. En algunas sociedades esa idea y su funcionamiento se presenta de una manera ms radical y abarcativa, como puede ser en EE.UU. donde podramos tener como mojn la promulgacin de la Patriot Act. Por el peso geopoltico mundial de EE.UU. es objeto primordial de anlisis. Otro ejemplo, tambin a su modo excepcional, es el Estado de Israel. El carcter paradigmtico de este ltimo ejemplo pasa por la constitucin expresamente racista (aunque no asumida) de ese estado.

Aunque estos dos abordajes merecen prelacin, la gravedad de la cuestin estriba en su generalizacin. Prcticamente todos los estados con pena de muerte legal se valen de excepciones. Pero lo hacen de modo mucho ms devastador las sociedades donde la pena de muerte se ejerce ilegalmente, fuera de todo marco terico. Pensemos en el caso argentino, cuando el 24 de marzo de 1976 una junta militar toma el gobierno ignorando la institucionalidad entonces maltrecha pero vigente. La primera medida de la entente militar, autobautizada como Proceso de Reorganizacin Nacional es establecer la pena de muerte. En su primer da de gobierno. Jams fue aplicada la pena de muerte aprobada. Pero la pena de muerte de facto se convirti en el pan nuestro de cada da para una sociedad crecientemente aterrorizada.

A modo de ejemplo, rozaremos siquiera algunos otros casos.

EE.UU.

Este estado, o mejor dicho, macro-mltiple estado ya no es solamente el constituido por los 48 o 50 estados de la bandera estrellada; muy especialmente luego del colapso sovitico, ha quedado como el superestado planetario.

En rigor, esto se remonta a 1945, cuando EE.UU. se queda con los principales ncleos industriales de todo el planeta, entre los propios y los ocupados como vencedores de la 2.GM; la costa atlntica de EE.UU., la cuenca del Ruhr y el archipilago japons. Al margen de su control directo queda el incipiente eje industrial sovitico, comparativamente pequeo pero ya mayor que el de potencias occidentales medianas como Francia o Italia.

URSS: Irrumpe un nuevo actor

Sin embargo, ese monopolio del poder result efmero por cuanto la URSS con sus bombas atmicas y de hidrgeno de principios de los 50 equilibr la partida. Y hubo durante cuatro dcadas una situacin de poder inevitablemente dividido.

Por eso el colapso sovitico es tan importante. Irreversible. Sin embargo, el dominio ideolgico y cultural de los 90, aun con todos los destrozos ideolgicos, polticos y econmicos de la competencia, aun con el auge neoliberal, no llegaba a ser completo.

La izquierda oficial, marxo-leninista, no poda constituir un polo alternativo, pero la diversidad y multitud de movimientos refractarios, globalifbicos y protestatarios, no cedi. Baste pensar en los altermundialistas, en las movidas de los Foros Sociales con asiento inicial en Porto Alegre; en el afianzamiento de los reclamos de los pueblos originarios que venan al menos desde 1992 pero que con el nuevo siglo se expandan y fortalecan; Seattle, Gnova

Un estado como el argentino, por ejemplo, europeizado como pocos, forjado con la educacin sarmientina (Sarmiento encarg a maestras estadounidenses la tarea educacional del pas en el s. XIX), con el cambio de siglo, a fines de 2001, tena en sus plazas pblicas a militantes haciendo sus planteos y reivindicaciones en quechua, lengua hasta entonces oficialmente desconocida en todo el territorio nacional Eso hablaba de una insurgencia cultural, un desafo al dominio eurocentrista.

Pero EE.UU. retorna al podio

Con el comienzo del nuevo siglo, la craneoteca estadounidense ms conservadora, conocida como neocon, emite un trabajo premonitorio: Rebuilding Americas Defenses. Incluido en el Project for the New American Century. Es el producto ms connotado del Establishment. En dicho paper, se le enrostra a Bill Clinton, presidente a pocos meses del momento en que iba a abandonar necesariamente el cargo, el haber descuidado el poder militar de la nacin.2 Y en ese material de evaluacin y prospectiva, publicado en setiembre de 2000 ─obsrvese la fecha─ , suscrito por los intelectuales orgnicos de mayor renombre, p. ej., William Kristol y Robert Kagan, se considera que el siglo XXI ser un siglo american, ahora s, exclusivamente propio. Para compensar el debilitamiento militar que creen ver, se preguntan por la aparicin de un nuevo Pearl Harbor que dinamice y d tonicidad al esfuerzo militar. Ya se sabe que el ataque japons fue conocido de antemano y la direccin estadounidense dej hacer, para lubricar el patriotismo que le permitiera al gobierno ingresar en la guerra en diciembre de 1941. Esto signific que la direccin poltico-militar estadounidense dej morir a ms de dos mil miembros de la Armada con el ataque sorpresa japons.

Exactamente un ao despus, setiembre 2001, se produce una extraa invasin al territorio de EE.UU.: en un solo da los controles areos y antiareos habran tenido cuatro fallos u omisiones; los dos aviones estrellados contra las dos torres principales del World Trade Center en Nueva York, el avin estrellado contra el Pentgono del que prcticamente no quedaron huellas y un cuarto avin que tambin burl todos los controles estrellndose en Kentucky al parecer por la lucha trabada a bordo entre asaltantes y pasajeros y probablemente tripulantes.

Si EE.UU. hubiera tenido tal nivel de control areo durante su ltimo medio siglo, nos tememos que no habra seguido en pie tanto tiempo. Cuatro omisiones de ese calibre ─por sus consecuencias, tres─ en un da es un poco mucho. Aunque tambin sabemos que EE.UU. hasta ese momento se haba perfeccionado en desatar conflictos o combatir enemigos, en prcticamente los cuatro puntos cardinales del planeta pero siempre fuera de fronteras. Tal vez esto ltimo explique la oportunidad que pueda haber tenido Al-Qaeda, el responsable oficial del desastre en cadena del 11/9.

Lo cierto es que luego de las atrocidades de setiembre de 2001, con ayuda o sin ella, sobreviene una seguidilla de medidas restrictivas a las libertades polticas y personales, tanto en la vida cotidiana como en las disposiciones de los derechos civiles, como la ya mencionada Patriot Act. Ms grave an fue el avance de polticas de justicia por mano propia que el elenco de poder que domina los resortes de la mal llamada democracia estadounidense descarg sobre sociedades ya victimadas, como Afganistn primero e Irak despus.

Las disposiciones que acompaaron estas invocadas vindictas dejan ver otros asuntos. As por ejemplo, cuando EE.UU. ocupa militarmente todo Irak se emite una orden, obligatoria para sus campesinos (entre parntesis, pertenecientes a la agricultura ms antigua de la humanidad): deben adquirir todas sus semillas con Monsanto. Mataban dos o tres pjaros de un tiro: luego de quebrar al estado y a la sociedad iraqu, EE.UU. quebraba una agricultura tradicional y refractaria a los avances de los emporios tecnolgicos impulsados sobre todo desde EE.UU. A la vez, la invasin le daba una mano a la patritica Monsanto para hacer obligatoria la adquisicin de sus semillas (en gran medida transgnicas, y por lo tanto vendibles a travs de un paquete tecnolgico que incluye por lo menos biocidas que permiten (exclusivamente) la sobrevida del cultivo transgnico.

Otro buen ejemplo de que la devastacin primero y la ocupacin despus de Irak tenan otras motivaciones lo expresa claramente la disolucin de casi todos los ministerios del Irak laico y dictatorial del Baas, como por ejemplo los relacionados con la educacin o con la cultura del pas. Casi todos, porque la intervencin de EE.UU. preserva dos ministerios que consideran claves: el de Seguridad y el del petrleo. Obviamente, no para Irak, despedazado, sino para EE.UU.

Algunas de estas medidas del ocupante resultaron, como bien explica Naomi Klein,3 contraproducentes para los mismos invasores. El jefe de la ocupacin, el encargado de implantar la utopa empresaria segn la definicin de Klein, Paul Bremer, despidi con asco, sin preaviso ni indemnizacin, a los 400 000 soldados del ejrcito iraqu. Fue de entre ellos que brot con fuerza la resistencia militar. Porque los despedidos abandonaron los cuarteles pero se llevaron las armas, pequeo detalle.

Resistencia creciente que demostr que el paseo militar inicial, devastador y todo, no borr el pas, el viejo Irak para rehacer uno al gusto de los mandos estadounidenses; Klein nos recuerda que tras 900 empresarios matados y 12 000 heridos, EE.UU. cedi en sus pretensiones de renacimiento iraqu la american (ibd.).

La invasin a Irak no fue algo aislado ni nico sino apenas un eslabn en la virtual militarizacin de enormes zonas, que vemos en constante ampliacin. Tenemos el despliegue cada vez ms planetario de las fuerzas militares de EE.UU.

Nick Turse,4 investigador y periodista estadounidense, ha hecho un relevamiento de las bases militares yanquis en los cinco continentes verificando que en 2015 han llegado a estar en 135 estados (en 2010 estaban en unos 75, claro aumento respecto de principios de siglo, en que tenan tropas en unos 60 estados). Los fondos para tales despliegues ─poltica de nenfares incluida (bases pequeas, mltiples y mviles)─, son cuantiosos (en miles de millones de dlares anuales).

Turse revela el pensamiento de Joseph Votel, comandante del SOCOM (Comando de Operaciones Especiales, por su sigla en ingls); transcribimos a Turse citando a Votel: Lo que queda claro es que SOCOM prefiere operar en las sombras en tanto sus misiones y su personal se expanden por todo el planeta pero sin que se le preste mucha atencin. La cuestin principal es que SOCOM resulta ser una fuerza global. Apoyamos a los comandos de combate donde quiera que estn, no estamos atados a las fronteras artificiales que habitualmente definen las reas regionales en que actuar. As que lo que tratamos de hacer es operar a travs de tales fronteras. (Votel en el Aspen Security Forum). Como se desprende de la cita, las fronteras ajenas los tienen sin cuidado.

La cantidad de estados transitados e inspeccionados por las fuerzas especiales de EE.UU., el monto multimillonario en dlares de tales movimientos, tienen que ver con un desarrollo cuantitativo. Veamos algo, si cabe, ms grave; el desarrollo cualitativo de la militarizacin planetaria.

En junio de 2015 el Ministerio de Defensa de EE.UU. sac a luz un Manual de Leyes de Guerra en el cual el Pentgono establece la ominosa categora de beligerantes no privilegiados.

La terminologa de beligerantes no privilegiados alude a la presencia en los teatros de conflicto de periodistas que no vienen acreditados por el ejrcito de EE.UU. Una forma de afirmar que slo la historia oficial es la valiosa o, al menos, la posible, la aceptable para quienes trazan las pautas de dominacin. Con lo cual se combate toda actividad periodstica independiente. Es el adis a los free-lance (para ni hablar de los periodistas que pertenezcan a otro bando).

Las atribuciones que los militares estadounidenses se otorgan son imperiales: Esto significa que periodistas pueden ser matados como cualquier soldado enemigo en tiempo de guerra. (ibd.).

Las eventualidades que despliega el parte militar son llamativas. Se califica a periodistas no llevados al teatro de operaciones por ellos mismos como sujetos a detencin. Al parecer ni falta hace tipificarle un delito, como sera espionaje. Una vez calificado como beligerante no privilegiado puede ser detenido, si se lo captura. Y si la captura no es posible, podr matrsele con drones, tal vez, en otro estado. (ibd.)

Estamos todava esperando que la SIP o alguna de esas corporaciones que dicen defender la libertad de expresin, comenten algo

Antes de este sinceramiento ya haban pasado hechos sumamente anormales, como cuando los militares estadounidenses balearon y/o caonearon el hotel Palestina en Bagdad, en el cual, en abril de 2003, residan decenas de periodistas extranjeros. El fuego graneado y lgicamente no contestado acab con las vidas de Jos Couso y Taras Protsyuk, camar-grafos espaol y ucraniano que nicamente filmaban. Pareci ya entonces que se haba tratado de una accin deliberada, una suerte de pena de muerte por no estar embedded.

se es un aspecto. El otro es plantearse si la nocin de beligerante no privilegiado, como vimos en relacin con periodistas, no se puede hacer extensiva a otros participantes en una guerra, como por ejemplo al cuerpo mdico y de enfermera o, en zonas de combate, aunque no se trate de el campo de batalla a, por ejemplo, maestros y personal asistencial atendiendo a civiles afectados.

Sobran antecedentes que hacen pensar que las fuerzas estadounidenses eliminan, por ejemplo, la asistencia mdica que no est previamente aceptada o acreditada por ellos. Baste pensar en el ltimo episodio trgico a este respecto; el bombardeo areo del hospital de Kundus, tambin en Afganistn, a cargo de Mdicos sin Fronteras. El ataque areo reiterado en varias pasadas sobre un hospital, que no arroj terroristas muertos, ni siquiera combatientes muertos, pero s ms de una decena de mdicos de dicha asociacin voluntaria asesinados, y otros tantos pacientes. Todo ello pese a que Mdicos sin Fronteras informa cada pocas semanas de la ubicacin de sus emplazamientos asistenciales a todas las fuerzas beligerantes, incluso al Ejrcito de EE.UU.

Hasta aqu hemos reseado sucintamente algunos despliegues militares desde EE.UU. Pero la elite planetaria que articula buena parte de las relaciones de nuestro presente se apoya en lo policiaco-militar como lo ha hecho siempre el poder; como ultima ratio. Hay otros mecanismos de poder que se ejercen antes y ms regularmente que el recurso de la fuerza. Como explica Naomi Klein5 el neoliberalismo fue entrando en las sociedades perifricas de la mano de los ms fuertes despliegues de lo que llama poltica de shock; en los casos menos traumticos, se trata de la privatizacin y extranjerizacin de servicios sociales esenciales y cotidianos como el agua, la electricidad, las jubilaciones; medidas puramente econmicas, que se han descargado sobre los pases menos empobrecidos de Europa oriental, de la Amrica mal llamada Latina. En algunos casos, esas mismas medidas han sido enfrentadas en la calle y han debido retroceder, como fue con el intento de privatizar el agua en Bolivia.

En el mundo rabe y en frica as como en algunos estados sud- y centroamerica-nos y de la Europa Oriental ms devastados, la implantacin de tales recetas ha sido manu militari, como se ha visto en Egipto, Libia, Siria, Nigeria, Mal, Hait, Honduras, Ucrania y tantos otros sitios. Y la receta aqu viene con asesinatos, a menudo colectivos, implantacin del terror sobre toda una sociedad, saqueo a precio vil y otras lindezas de la globocolonizacin. En todos los casos, con una financierizacin de las economas.

El seoro del dlar, con su expansin teniendo a los marines como brokers, resulta lgicamente fortalecido. En realidad, ms que fortalecimiento del dlar, que es una moneda sin respaldo (perdi el anclaje oro hace casi medio siglo), lo que vemos es un debilitamiento generalizado de otras monedas o el curso forzoso de la moneda de facto sin fronteras.

Hay un aspecto digno de tomar en cuenta con el curso, la omnivalencia del dlar. En tanto todas las restantes monedas nacionales son emitidas por sus respectivos estados (con solvencia o sin ella, es otra historia), el dlar, la moneda nacional de EE.UU., es acuada y puesta en circulacin por un organismo pblico-privado. Como si fuera el ltimo grito en materia econmica (pe-p). Pero dicho organismo, la Reserva Federal, fue fundada, o mejor dicho refundada, en 1913, hace ms de un siglo, bastante antes de esta ltima moda pblico-privado.

La Reserva Federal es una suerte de ONG con representantes del estado pero fundamentalmente de bancos privados. Los doce bancos principales de EE.UU.

En un tiempo, esa direccin banquera corresponda al dominio poltico que las capas wasp ejercan en EE.UU. Pero desde mediados del s. XX y durante estos primeros aos del s. XXI se han ido produciendo diversos desplazamientos. De acuerdo con Wolfgang Freisleben,6 que nos aclara que corre el rumor pero no est comprobado oficialmente, unos dos tercios de las acciones de la Reserva Federal pertenecen a lo que podramos llamar genricamente la banca juda (Rotschild, p. ej.). La UE detenta, segn esta estimacin, una sexta parte de dichas acciones, la banca nacional japonesa la mitad que la europea (8%) y queda un 13 % aproximadamente de las acciones a las cuales Freisleben no le ubica titularidad. Al menos expresamente, en la R.F. no se le reconoce titularidad accionaria a capitales africanos, asiticos (salvo Japn), latinos o hispanos (en la acepcin estadounidense, los habitantes de la Amrica al sur del Ro Bravo, como por ejemplo Evo Morales).

La presencia juda en la cspide econmica del estado ms poderoso del orbe es significativa, y como todo el mundo la reconoce y nunca se la menciona, es, propiamente, un secreto a voces. Que, por ejemplo, le da un sentido especial al hecho de que en el ya citado Rebuilding Americas Defenses, aproximadamente la mitad de las 27 firmas de los intelectuales sean judos (La poblacin de origen judo de EE.UU. se estima en un 2%...)

La condicin de judo en este caso merece otra precisin: se trata de miembros de la lite estadounidense muy vinculados a Israel; son o funcionan como sionistas.7

Todos estos datos, cuantitativos estn ntimamente relacionados con la enorme influencia del Estado de Israel en el gobierno de EE.UU. y la fortsima correspondencia entre decisiones polticas estadounidenses y la voluntad poltica israel. Ariel Sharon8 sola decir que tena al gobierno de EE.UU. en un puo y no era una baladronada.

Veamos entonces este otro ejemplo de estado de excepcin permanentizado, que consideramos caracterstico de nuestro tiempo, junto al sheriff mundial que acabamos de resear: Israel constituye todo un modelo de neomilitarizacin generalizada. Con enorme incidencia planetaria. Su diminuto territorio y escasa poblacin hace su relevancia mucho ms significativa.

Israel

Si examinamos el desarrollo de su industria militar y de los servicios policiales, todos englobados en un nico rubro; la seguridad (que ha dado lugar a que Jeff Halper9 califique al EdI como una sociedad segurocrtica), resulta muy significativo que un estado comparativamente tan pequeo ocupe semejante protagonismo en la produccin legal y reconocida de armas en el mundo (aparte del trfico ilegal, que en muchos casos puede ser aun mayor). Respecto del trfico legal, SIPRI,10 de Estocolmo, revela: El nmero de estados que informan al instrumento normalizado de la ONU para la presentacin de informes sobre gastos militares ha cado de la cifra rcord de 81 en 2002 a 49 en 2012. Y que si bien los informes desde Europa tienen una tasa algo ms alta de presentacin de tales informes, no existen los de Oriente Prximo (0 de 14 estados). En este ltimo listado brilla Israel por su ausencia.

Las precisiones de SIPRI nos hacen pensar que sus propias tablas sobre participacin de los diversos estados en el trfico de armas son inseguras. De todos modos, aun con el faltante de las operaciones encubiertas, el Estado de Israel figura como dcimo productor mundial de armas detrs de nueve estados muchsimo mayores y ms poblados que el Estado de Israel con sus 6 millones de judos (no tenemos en cuenta a la poblacin rabe porque en este rubro, precisamente, Israel no la tiene en cuenta ─impedida de hacer hasta el servicio militar, tan obligatorio en el pas─). En rigor, la poblacin rabe que vive o sobrevive en el Estado de Israel es ms bien considerada blanco de las prcticas militares y segurocrticas israeles; cobayos.

Pero adems del comercio legal de armas que estima SIPRI, y del inestimable trfico ilegal de armas, Israel ha desarrollado una industria de la seguridad; prisiones a cielo abierto, una suerte de industria de la poblacin concentracionaria que suele promocionar, como en el caso de las armas, con certificados de probado experimentalmente. Una ingeniera de muros, empalizadas, bloqueos de ruta, alambres de pas, embretamiento de poblacin enlenteciendo sus desplazamientos cotidianos, retenes, pasos bajo control, disuasivos qumicos y mecnicos para aherrojar y humillar poblaciones. Los sistemas de control y seguridad as ofrecidos se valorizan a los ojos de ciertos dirigentes y poderosos del mundo entero (no es ninguna casualidad que un estado teocrtico islmico, como Arabia Saud, con la cimitarra degolladora de su escudo e intolerancia acorde, mantenga tan buenas relaciones con Israel).

Al respecto es revelador el lenguaje. Volvamos a Halper: observa que los palestinos estn depositados en los territorios que habitan. Es decir, bajo el control absoluto de las fuerzas de ocupacin israeles. No disponen por s ni del territorio, ni de sus edificaciones, ni de sus medios de subsistencia, ni siquiera del agua. Hasta el minigobierno que los rige cotidianamente, la Autoridad Nacional Palestina, es una red tejida por el Estado de Israel para reprimir la resistencia palestina con personal palestino (la ANP recibe fondos de la UE y de Israel, e instruccin policiaco-militar del ejrcito de EE.UU.). No es una casualidad semntica que el calificativo de que estn depositados sea exactamente el mismo que usaban las fuerzas militares y policiales en las dictaduras del Cono Sur para con sus secuestrados. Como pas durante la pesadilla argentina desde mediados de 1975

Israel ha confundido total y deliberadamente las funciones policiales y militares aunque conserve formalmente reparticiones pblicas diferenciadas.11 Por eso la polica allana de noche, de madrugada, de manera habitual hogares palestinos, para llevarse, por ejemplo, detenidos-secuestrados a nios (que no estaban in fraganti que es el nico momento en que la polica civil en sociedades civiles podra detener).

Esa modalidad acerca los procederes de la seguridad israel a los que caracterizaran el rgimen sovitico con su pretendida omnipresencia.

El aire militarista de la sociedad israel ha llevado a algunos analistas a considerar su semejanza con la sociedad espartana. Sin embargo, si adems del perfil militarista y castrense atendemos tambin a los rasgos segurocrticos, entendemos que hay un parentesco mucho ms actual con el nazismo (tiene tambin marcadas diferencias adems del obvio rechazo por la persecucin nazi y los asesinatos a los judos). Un rasgo comn, empero, es la consideracin de los otros como enemigos; una desconfianza radical hacia lo ajeno. Y el desprecio consiguiente.12

Israel ha convertido su proyecto de asentarse en las bblicas tierras de Sion en una enorme ventaja comparativa al comercializar su know how sobre cmo dominar, aplastar y/o administrar poblaciones consideradas ajenas (en la vieja terminologa nazi se distingua los herrenvolk ─sociedades de amos─ del resto, esclavizable).

Este diseo social se ha ido profundizando con el tiempo, aunque algunos de sus rasgos eran visibles desde la ms tierna infancia, como algunos kibutzianos llegaron a darse cuenta al descubrir, en tiempos pioneros, que la ayuda que reciban de los natives no era por simpata ni por apoyo mutuo sino por temor

Una de las vas de profundizacin de este racismo programado pasa por la educacin imperante en la sociedad israel.

Volvemos a Jonathan Cook, periodista britnico asentado en Nazareth (Cisjordania) que acaba de publicar un anlisis de la penetracin militar en el estado sionista: En Israel el ejrcito y las escuelas trabajan mano a mano, dicen los maestros.

Los militares son parte integrante del sistema educativo, afirma. Y cita a Amit Shilo, activista de New Profile: "El militarismo est en todos los aspectos de nuestra sociedad, por lo que no es sorprendente que sea predominante en las escuelas tambin" () "Nos ensean que la violencia es la primera y la mejor solucin para cada problema y que es la manera de resolver nuestro conflicto con nuestros vecinos". 13

Respecto de los vecinos (es decir, los habitantes de esa tierra, Palestina, en los ltimos mil aos que incluye todo el actual Estado de Israel), resulta altamente significativa la relacin del estado sionista con el idioma rabe.

Dentro de lo que los israeles llaman Israel, el idioma rabe es la segunda lengua, cuantitativamente hablando. Cook explicita que unas 300 escuelas estn siendo utilizadas como experiencia piloto para la presencia militar en la educacin primaria. Con ejercicios como: tarea para los alumnos israeles: frustrar un ataque terrorista inminente en su escuela. Pero si quieren tener xito primero deben encontrar las pistas que utilizan palabras claves que han aprendido en rabe. Un investigador, Yonatan Mendel, citado por Cook, aclara: la enseanza de la lengua rabe en las escuelas judas de Israel est determinada casi exclusivamente por las necesidades del ejrcito israel.

Por eso mismo, la inteligencia militar (Telem) disea gran parte del plan de estudios en rabe.

Porque el objetivo de la enseanza de rabe es educar a los nios para que sean tiles en el sistema militar, capacitarlos para convertirlos en oficiales de inteligencia". sa es la razn por la cual el mbito de los estudios rabes se hizo libre de rabes, nos aclara Mendel.

Libre de rabes es una traduccin literal, equivalente a la alemana judenrein; libre de judos, consigna nazi por excelencia, tristemente famosa. Una traduccin al castellano semnticamente ms neutra sera sin rabes, sin judos. Pero libre de rabes es la expresin cotidiana en Israel, que revela el perfil ideolgico de la sociedad israel, que va ciertamente ms all de lo apartheid hacia una presunta pureza. 14 Anlogamente, el proyecto nazi exclua de la sociedad a los judos pero contaba con eslavos y latinos como razas al servicio del herrenfolk . 15

En los planes de estudio de rabe, nos aclara Cook, citando a Mendel, son tareas habituales hurgar en la vida sexual, problemas de dinero y enfermedades de los palestinos.

Afortunadamente fueron cartas de algunos militares judos, las que denunciaron tales contenidos y sus motivos, lo cual revela que hasta los sistemas de dominacin ms sofisticados cuentan con la objecin de conciencia de sus integrantes ms sensibles e ntegros: La informacin ayudaba a la persecucin poltica, reclutamiento de colaboradores y empujar a partes de la sociedad palestina contra s misma.

Pocas veces podemos registrar sistemas de poder ms distorsionadores, humillantes y exactistas; con pretensiones poltico-ideolgicas, que dejaran verdes de envidia a Calvino, por ejemplo, o en tiempos modernos a cualquier Stroessner, Suharto, Mussolini, Massera, Pinochet o Franco.

Vale la pena acotar que desde 2014 se han llevado los estudios obligatorios del Holocausto a los jardines preescolares. 16 Dado el devenir de la cuestin nos consta que cuando las autoridades mencionan al Holocausto no se refieren al conocimiento de las atrocidades cometidas por los nazis contra judos (y otras minoras tnicas, sexuales, biolgicas), sino a la definicin de Holocausto, con mayscula, que con enorme conocimiento de causa establece Norman Finkelstein, como representacin ideolgica del holo-causto nazi [con] una conexin, si bien tenue, con la realidad [en] su mayor parte inservible; no constituye un tributo al sufrimiento judo sino al engreimiento judo. 17   Vale la pena precisar que esta nueva versin de El Holocausto arranca en EE.UU. en 1967, impregnada de espectacularidad hollywoodense y es eje nodal de la poltica israel.

Otra pequea perversin semntica acerca del plan escolar que citramos, con el ejrcito en las escuelas es su nombre: Ruta de Valores.

El anlisis de Cook da pie a la interrogante, que se ha formulado ms de una vez, sobre si Israel es una sociedad que tiene un ejrcito o un ejrcito (de Defensa, sic) que tiene una sociedad.

Analizando los rasgos del dao que las fuerzas de EE.UU. ejercen con sus nuevas leyes de guerra (pos 2001), vimos el tratamiento que dispensan a periodistas no embedded, a maestros y elencos sanitarios. Israel tiene exactamente el mismo comportamiento que EE.UU.

Con respecto a maestros y personal que atiende nios en situacin de peligro blico, baste recordar las veces que el ejrcito sionista ha descargado sus bombas sobre escuelas de la ONU en la Franja de Gaza, por ejemplo, matando alumnos y maestros (y refugiados en el edificio). Tanto en las escuelas como en los hospitales la excusa ha sido: tiraban tiros desde all.

Y la pregunta que uno se hace es si aquellos humanos que vivan en la tierra que Yahv les habra entregado en exclusividad a quienes tendran los ttulos de propiedad de una inmobiliaria celestial, que se aferran a seguir viviendo en esa tierra porque han vivido en ella apenas unos mil aos, no han devenido homo sacer de nuestro tiempo. Junto con los periodistas que se han dedicado a informar del despojo de tales humanos, y con los maestros (algunos designados por la ONU) que han asumido su profesin entre los condenados de la tierra, y con aquellos mdicos que han decidido que es ms importante aliviar el dolor que acomodarse a prescripciones del poder. Gracias a la prescindencia de la ONU, la indiferencia meditica y los mediadores deshonestos.18

Brasil, Mxico, Colombia, Honduras todo el mundo

Que hayamos abordado con cierto detenimiento la situacin y el destino de seres humanos bajo las banderas de EE.UU. e Israel, expresa nicamente el peso aplastante, transnacional, que consideramos tienen las elites de poder de tales estados; la discrecionalidad del poder en todo el mundo convierte los estados de derecho en estados de excepcin con demasiada frecuencia y prontitud.

Estadsticas que grupos de derechos humanos se han tomado el triste trabajo de llevar nos revelan que en Brasil, por ejemplo, racismo policial mediante, mientras que los llamados negros y pardos (es decir, no blancos) constituyen menos de la mitad de la poblacin y los varones a su vez constituyen tambin algo menos de la mitad de la poblacin del pas, los jvenes varones negros son el 77% de las vctimas de las balas policiales (de la polica militar en primer lugar; un cuerpo represivo compuesto mayoritaria-mente por blancos). Tendramos as identificado una suerte de homo sacer brasiliensis.

Esa condicin est vigente en Honduras para activistas ambientales, referentes de pueblos originarios y periodistas, por ejemplo.

Los asesinatos masivos de campesinos refractarios a los paramilitares, los falsos positivos y toda la gama represiva de la Israel de Amrica Latina ─segn la definicin de Colombia del extinto Hugo Chvez─ explica que alrededor de un octavo de toda la poblacin haya abandonado sus lugares de residencia, huyendo tras los devastadores ataques de los asistidos tcnicamente por los ejrcitos de EE.UU. e Israel.

Mxico tiene el triste privilegio de tener 27000 (veintisiete mil!) seres humanos sin paradero. 19 Brasil, Mxico, Colombia, Honduras, son apenas exponentes de esa impunidad que nos convierte a todos en vctimas potenciales, a todos porque el poder de nuestro tiempo deviene sin transicin en estado de excepcin aun invocando su carcter democrtico. Por eso, la mencin de ejemplos es apenas eso, porque no nos referimos a estados en particular, ni a sus habitantes, sino a todos en cualesquiera estados en que vivamos slo que en algunos casos y situaciones, la excepcionalidad se da con mayor frecuencia.

Por eso, extraemos apenas algn otro pasaje del informe anual de Amnista Internacional (23/2/2016): En Nigeria y Camern, las operaciones militares y de seguridad se caracterizaron por detenciones arbitrarias masivas, reclusiones en rgimen de incomunicacin, ejecuciones extrajudiciales y tortura [].

Entendemos que un rasgo de nuestro presente es que la excepcin es la norma, como lo ejemplifica un pasaje del mismo informe apenas ms abajo, aunque lo haga referido al frica (por cuyo motivo suprimimos el listado particular): La rendicin de cuentas por los crmenes de derecho internacional cometidos por las fuerzas de seguridad y los grupos armados fue escasa o inexistente en pases tan dispares [].

En resumen

La discrecionalidad con que cuentan los poderosos del planeta traduce lo que formulramos inicialmente, de que todos estamos siendo llamados a la condicin de homo sacer, porque el poder en otro tiempo limitado por la geografa, la escasez de recursos y las limitaciones tecnolgicas, hoy nos alcanza a todos, en todo el planeta.

Y la globocolonizacin en curso nos enfrenta a una brutalizacin, de la cual sus responsables no estn eximidos mediante el ardid de considerar al nazismo como el non plus ultra del mal y el maniqueo recurso de que si no es nazi no es malo. Winston. Churchill, conservador, colonialista y racista, fue lcido al respecto.

Sin anteojeras tendramos que ver lo que realmente est en juego. E ir haciendo lo que podamos para enfrentar este futuro pesadillesco.


Notas

1 Figura del derecho romano segn la cual alguien era condenado y poda ser matado por cualquiera sin constituir delito, pero a la vez, no era pasible de ser sacrificado en rituales religiosos.

2 Bill Clinton habra descuidado muchos flancos, al parecer hasta de su cuerpo. El affaire Monica Lewinski result para algunos una celada.

3 The Shock Doctrine, 2007.

4 US Special Ops Forces have deployed in 135 nations, Tom Dispatch. Hay traduccin al castellano, ma, Las Fuerzas Operativas Especiales de EE.UU. desplegadas en 135 naciones, <www.rebelion.org>, set. 2015.

5 Ob. cit.

6 Los secretos del sistema de Reserva Federal de EE.UU., Horizons et Dbats, no 12, Zurich, 14/1/2008.

7 La condicin de judo como la de cristiano, protestante, musulmn, chita, no califica a toda una comunidad humana. Porque hay toda una gama dentro de la poblacin juda, p. ej., que va desde cierta prescindencia respecto del poder financiero hasta la ajenidad y el rechazo radical. Hay judos que han decidido desmarcarse por entero del sionismo, de Israel, de la religin juda, como tantos nos hemos desmarcado de lo cristiano que nos alberga tradicionalmente (y que muchos confunden con naturalmente).

8 Con su sobrenombre o nombre de guerra, el carnicero de Sabra y Shatila.

9 War Against the People (Guerra contra la gente) cit. p. Jonathan Cook: En la guerra sin fin contra el terrorismo, todas las personas estamos condenadas a volvernos palestinas , 6 set. 2015. Halper, judo norteamericano residente en Israel, es, desde fines del s XX, director del Israeli Committee Against House Demolitions, una organizacin de resistencia a la poltica de atropello y abuso del rgimen sionista contra la poblacin palestina.

10 Instituto Internacional de Estudios para la paz de Estocolmo (por su sigla en ingls).

11 En todo caso, la diferencia se conserva para judos, pero no para palestinos, la mitad de la poblacin que gobierna el Estado de Israel.

12 Slo el desprecio explica comportamientos que han sido reiteradamente denunciados de cmo, por ejemplo, cuando los militares israeles ocupan viviendas por razones de seguridad, viviendas que si retornan a sus moradores, stos suelen recibirlas totalmente desvencijadas, con roturas varias, con estropicios en el equipamiento y con una firma, altamente significativa: dejar excrementos en alfombras o cajones de la cocina o el dormitorio.

13 Observe el lector si esto no es una clase magistral de nazismo.

14 Como toda sociedad capitalista y de clase, Israel necesita subalternos, asalariados y siervos, pero no quiere los de entrecasa; en todo caso, como cualquier sociedad central, prefiere proveerse de la periferia planetaria; all estn filipinos, camboyanos, vietnamitas para complementar las necesidades del mercado de mano de obra de Israel.

15 Otro rasgo en comn perceptible en los ceremoniales nazi y sionista: un cierto culto a la belleza, a la pureza, identificada con la blancura.

16 J. Cook, Inside Israel, 1/10/2015.

17 The Holocaust Industry [La industria del Holocausto], Verso, N.Y., 2000. El autor tuvo a casi todos sus parientes vivos durante el 3er. Reich, asesinados en guetos y campos de trabajo devenidos de exterminio.

18 El calificativo para EE.UU. y sus sucesivos gobiernos matrizado por Naseer Aruri definiendo El rol de EE.UU. en[tre] Israel y Palestina, Editorial Canan, Buenos Aires, 2003.

19 Amnista Internacional, Informe anual 2016. Sabemos que entre ellos se incluye, p. ej., los 43 asesinados de Ayotzinapa y que existen muchsimas fosas comunes, es decir de N.N.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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