Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-06-2016

Proyecto El Holocausto, estrategia sionista

Luis E. Sabini Fernndez
Rebelin


No deja de ser atrozmente penoso que desde una sociedad en que la polica, el ejrcito y hasta parte de la poblacin ejecuta en la calle a jvenes bajo sospecha; a quienes se demoran en cumplir una indicacin o a jvenes iracundas armadas de tijeras y en ropas talares que hace altamente improbable que resulten un peligro mortal; en que oficiales de seguridad sean capaces de rematar en el suelo a heridos (presuntos atacantes); en que allanan sistemticamente en la noche hogares en donde se detiene a nios de diez o doce aos sospechados de haber tirado piedras a los soldados ─nos referimos a la sociedad israel, al Estado de Israel─, que desde tal sociedad, abonando esas conductas se irradie el llamado Proyecto Sho o El Holocausto, que plantea contribuir a una sociedad ms justa y tolerante.

El hecho, atrozmente contradictorio, tiene su explicacin.

Dime de que te jactas y te dir de lo que careces. Es la vieja y archisabida exaltacin de lo que no se practica, y que por eso mismo, tanto se invoca. La mencin al holocausto es coartada precisamente para que no haya opcin para con los palestinos.

Es que Israel, basndose en criterios pretendidamente tnicos (del pueblo judo), procurando definirse como una sociedad forjada sobre la presunta cesin de tierras que un dios le habra provisto en exclusividad a un pueblo (a su pueblo) no se basa, ni le interesa en tipo alguno de universalidad. Las universalidades son violadas ms o menos sistemticamente en todos los estados que se pretenden tales; democrticos, socialistas, catlicos. Pero donde la raz, universalista, presenta la posibilidad siquiera remota de dilogo. Pero con una sociedad tribual, donde el fundamento est en el s mismo de la etnia, del pueblo, de la grey no hay dilogo, no hay necesidad de tal. No hay cmo com-binar, com-unicarse, tener com-paa. Un connotado judo, sionista, Avraham Burg, [1] en su momento jerarca en el Estado de Israel, ya veterano, reconoca con enorme tristeza que la sociedad israel careca de compasin, precisamente. Com-pasin, sufrir junto con el otro.

Es esa marca de nacimiento de la tesis sionista (proyecto Israel) lo que crea ms que una dificultad, un abismo infranqueable. Advertido por muchos judos y por muchos no judos (y aprovechado tambin por antisemitas para hacer fructificar sus odios, tambin tan particulares y como tales, tan injustos).

A medida que el proceso de la formacin y el ensanche del Estado de Israel ha ido acentuando sus rasgos desmantelamiento de un milenio de vida social en el territorio que definieran como el propio─ el atropello a los obstculos para El Gran Israel se ha ido acentuando. Podramos decir, tenemos que decir que el sionismo ha ido brutalizando lo que ya fuera su ominoso comportamiento (por momentos, escalofriante, como el asesinato fro de un judo partidario del dilogo con rabes) en la dcada del 20 y ms adelante. Si uno observa el tratamiento dispensado a la Franja de Gaza, una basurita en el ojo sionista, con las invasiones de 2006, 2009, 2012, 2014, puede uno verificar que esa brutalizacin es cada vez mayor.

Ha sido precisamente a causa de ese proceso, que la craneoteca sionista decide en 2010, iniciar una contraofensiva cultural, intelectual, mediante cuadernos de combate ideolgico como el Diccionario del Proyecto Global y varios otros emprendimientos por el mismo tenor.

Algunos de estos proyectos son de carcter general; otros son ms particularizados. Se pueden observar algunos dedicados a nuestra regin.

Marcelo Marchese acaba de hacer un punteo de las modificaciones sufridas en libros de textos curriculares para los alumnos de nuestro pas, que es al respecto claramente ilustrativa. [2]

En el 2000, el politlogo estadounidense judo Norman Finkelstein, con todos sus parientes masacrados por el nazismo (salvo sus progenitores) publica The Holocaust Industry, que est traducido al castellano desde 2008, La industria del holocausto (se lo puede bajar desde internet, La editorial virtual).

All Finkelstein procura responder por qu la persecucin que los nazis emprenden contra los judos a lo largo de la segunda mitad de la dcada del 30 y que rematan con la muerte industrializada de judos (y otras minoras) entre 1941 y 1945 es un episodio poco estudiado, prcticamente ignorado en los circuitos mediticos durante las dcadas siguientes, hasta que en 1967 aflora como elemento clave en la defensa no ya de los judos sino de Israel. [3]

Finkelstein define este giro y define lo que se presenta como El Holocausto (con mayscula) como representacin ideolgica del holocausto nazi [con] una conexin, si bien tenue, con la realidad [en] su mayor parte inservible; no constituye un tributo al sufrimiento judo sino al engreimiento judo.

Es este culto a s mismo el que se ha implantado primero en Israel, en sus escuelas primarias, [4] y luego ha sido extendido fuera de Israel, hacia sociedades donde existe muy poco conocimiento sobre la problemtica palestino-israel y sobre el trato que la poblacin juda israel le propina a los natives de Palestina.

Vale la pena precisar que esta nueva versin de El Holocausto tal como la define Finkelstein se presentar impregnada de espectacularidad hollywoodense.

Miembros del Proyecto Sho en Uruguay (que con mucha sagacidad han esquivado la denominacin madeinUSA de El Holocausto, aunque se refieren exactamente a lo mismo) se dedican a analizar los derechos humanos, la convivencia y el bullying tomando las enseanzas de El Holocausto.

El carcter ideolgico y estratgico de semejante abordaje es tan maysculo que en Argentina ─donde desde 2014 han encarado el mismo adoctrinamiento─ han implantado esta enseanza hasta entre tobas. Como si los tobas no tuvieran en su propia experiencia (y en la de todos los pueblos originarios del continente) una vivencia suficientemente significativa y dolorosa desde la cual plantearse los temas que se procuran abordar con El Holocausto.

Sera como tratar de explicarles a nios charras, si hubiesen sobrevivido a la sociedad uruguaya, cmo se extermina a un pueblo, como si ellos no lo hubieran vivido.

Examinar, crticamente, la matanza de judos a manos de nazis (y tambin de judos a manos de zaristas en los pogromos de finales del siglo XIX), y la de maores a manos de britnicos en Nueva Zelandia, y la de armenios en la Gran Turqua, y la de pieles rojas a todo lo ancho de la Amrica del Norte a manos de piadosos evanglicos y cuqueros, y la de guaranes, kollas, mapuches, charras, y la de bantes, hereros, zules y tantas otras etnias en frica, sera un buen abordaje para entender el significado de los genocidios, por ejemplo, en la historia humana. Y entre ellos, el fro y sistemtico etnocidio que se aproxima cada vez ms a un genocidio de palestinos dentro del Gran Israel.

Pero la poltica de tratar de manera exclusiva o principal lo acontecido con judos a manos de los nazis, y de reservarle a semejante momento de la historia de la humanidad un rango exclusivo, un papel especial, esencial, obedece a una poltica. Muy precisa: la defensa de cierta especificidad juda que hace que lo vivido por judos sea algo incomparable con lo vivido y vivible por otros humanos.

Defender una excepcionalidad juda. De la que afortunadamente muchos judos reniegan. Pienso en Gilad Atzmon, en Ilan Papp, en los argentinos judos que han renunciado a ser judos argentinos y se han desmarcado de la poltica de DAIA-AMIA en Argentina y de la tutela israel. Y en tantos otros.

Pienso en judos como el rabino Yeshayahu Leibovitz que rompiera totalmente con las alas terroristas y supremacistas del sionismo, calificando a sus integrantes de nazis judos.

Pero as como hay judos que se atreven a romper con el rebao, hay no-judos que, con miedo a ser tildados de antisemitas, por ejemplo, se hacen ms papistas que el papa, y aceptan las sugerencias de los diplomticos israeles para encarar este tipo de lavado de cerebro sobre nuestros nios. Que, ciertamente, no pueden defenderse solos.

Uruguay tuvo el dudoso valor de haber promovido la remocin de palestinos de su tierra para entregar esa tierra a un pueblo atrozmente perseguido en Europa, los judos.

Tras la pesadilla nazi, se poda entender cierta confusin y cierto estremecimiento que haca que algunos representantes de la ONU optaran por dar tierras ajenas a los judos. Que no eran, en rigor, los judos, sino los sionistas. Muchos judos rechazaron airadamente el invento sionista. En el mismo ao 1897 en que se rene el primer congreso mundial sionista, se renen judos internacionalistas y fundan el BUND.

Marek Edelman, uno de los sublevados del Gueto de Varsovia, bundista y sobreviviente, y otra vez sublevado en la misma Varsovia al ao siguiente, y otra vez sobreviviente, en 1945 se dedica a terminar sus estudios de medicina en su Polonia natal. A fines de los 40 es invitado a Israel. Podra haber ido como hroe y se niega rotundamente. Porque l era judo, no sionista. Y se neg a participar de esa empresa, carente de la universalidad de que hablamos un poco antes.

Edelman muri sin ser reconocido en el mundillo sionista, claro est. Ya veterano particip de Solidarinosc en Polonia, en los 80 contra la dictadura comunista y ya muy viejo, se ofreci para ayudar por su experiencia en lucha subterrnea (literalmente, en las cloacas) en Sarajevo, junto a quienes resistan los exclusivismos tnicos (y su racismo implcito) cuando la terrible lucha fratricida en Bosnia en los 90, que diezm, literalmente, a los bosnios musulmanes.

Edelman se senta perteneciendo a la humanidad, sin duda. Y con motivos.

Uruguay en 1948, igual que Guatemala, Per, Canad, Australia, fueron prcticamente digitados por EE.UU., el nuevo Hermano Mayor de la flamante ONU, para constituir el comit (UNSCOP, United Nations Special Committee for Palestine, Comit Especial de la ONU para Palestina).

Entonces dicho comit, nuestra representacin en ella y el propio organismo asambleario de la ONU, no supo discernir las voces discordantes (dentro de la misma UNSCOP) de Irn, que recientemente devenido estado soberano no estaba digitado por bloque alguno, de India donde el partido dirigido por el recin asesinado Mahatma Gandhi tena una clara posicin de defensa de los habitantes palestinos que estaban sufriendo una invasin (tanto cultural como militar) y de Yugoeslavia, una nacin que surgi de la segunda guerra mundial con peso propio, comunista pero no dependiente del eje sovitico.

Tampoco las del mundo rabe, significativamente sin representacin alguna en la UNSCOP.

Sera hora que la sociedad uruguaya reevaluara su participacin en los episodios fundacionales de Israel, en 1948.

Han pasado ya muchas dcadas, y con el empeoramiento de las condiciones de vida, cada vez ms cercana a la muerte, de los palestinos que sobreviven en las tierras ansiadas por el sionismo, entendemos que lo realmente democrtico y respetuoso es or las voces de los aplastados, no slo atender a la voz del amo aunque se proclame a s mismo la vctima.

El proyecto Sho, en cambio, es ms de lo mismo; defensa de Occidente, aceptacin gozosa del par EE.UU.-Israel y la geopoltica consiguiente, que es, precisamente la que est desmantelando cada vez ms pases y el planeta en general con su hybris tecnocrtica.

CODA

Desde hace muchos aos he pensado siempre que quienes no ramos ni palestinos ni sionistas, ni musulmanes ni judos, y nos inmiscuamos en la penosa y atroz cuestin palestina, ramos algo as como quienes brindbamos el mejor aporte, los mejor ubicados para juzgar la cuestin, sin intereses particulares ni presupuestos sesgados. Tal vez en esta conviccin juegue la tendencia ─al parecer tan propia de los humanos─ de sentirse siempre, inconscientemente, en el mejor lugar, en el ms importante, en el decisivo

Sin embargo, el reiterado contacto con judos me ha hecho repensar tal asignacin de papeles.

Entiendo que son los judos que no pueden tolerar el papel del Estado de Israel, su etnocidio militante, el creciente desprecio por la vida humana no juda, el supremacismo que ha ido destilando cada da ms claramente el panorama poltico de Palestina, a quienes les cabe el mayor mrito, o el mayor reconocimiento por su actitud y su amor a lo justo.

Podra corresponder similar reconocimiento a los palestinos que no aceptan un islamismo retrgrado ni el archiconocido antisemitismo vulgar. Pero con ser tal actitud tambin muy respetable, lo que engrandece a los judos que han aprendido a rechazar el esquema de poder vigente es que se trata del mximo poder planetario, el que se articula en los grandes centros de poder mundial.


Notas

[1] El sionismo est muerto, Le Monde, Pars, 11/9/2003. Hay traduccin al castellano, futuros, no 8, Ro de la Plata, invierno 2005.

[2] De cmo el sionismo transform un manual de enseanza secundaria en Uruguay, www.rebelion.org, 18/5/2016.

[3] Al respecto es ilustrativo registrar la cantidad de producciones documentarias que dcada a dcada se hicieron en todo el mundo sobre este atroz tema: 10 en los 40; 1 en los 50; 8 en los 60; 4 en los 70; 26 en los 80; 70 en los 90; 49 en la primera dcada del s XXI (fte.; wikipedia). 10, 1, 8, 4 y luego, 26, 70, 49 hay diferencia.

[4] Jonathan Cook ha analizado este proceso en su blog.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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