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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-06-2016

La nueva rebelda estadounidense
Bernie [Sanders], Donald [Trump] y los pecados del liberalismo

Steve Fraser
TomDispatch

Traduccin del ingls para Rebelin de Carlos Riba Garca


Cmo lleg a su fin la era de la conformidad

Introduccin de Tom Engelhardt

Algn da, esa era quiz sea vista como las dcadas en las que Estados Unidos empez a vaciarse. Primero, desaparecieron los buenos empleos para la clase trabajadora; mientras la herrumbre se extenda en los cinturones de produccin industrial, los pueblos perdan habitantes y los buenos tiempos se marchaban quin sabe adnde. Despus, la infraestructura desde los puentes y las carreteras hasta el metro y las presas empezaron a deteriorarse. Ms recientemente, algo ms empez tambin a vaciarse: la poltica estadounidense. En una temporada en la que el proceso poltico que lleva a las prximas elecciones se ha convertido en una obsesin meditica que no cesa un instante, esto parecera que no es as. Pero pensmoslo otra vez. Uno de los dos partidos de este pas se las ha arreglado para aupar a 17 de los candidatos ms inslitos vistos alguna vez en un escenario, poniendo en evidencia a una organizacin que est trastabillando al borde del precipicio, incluso mientras sus votantes otorgan estatus presidencial al personaje ms estrafalario del siglo XXI. El otro partido estaba tan en las ltimas que solo fue capaz de aupar como su principal candidato a la presidencia a una ex primera dama y ex secretaria de Estado que ya haba perdido ignominiosamente su anterior carrera por la presidencia y estaba arrastrando tras de s un carromato lleno de un corrompido bagaje... ah, s... y a un olvidable gobernador y a un senador que se declara demcrata socialista, pero no con la D mayscula de Demcrata (al menos hasta tarde la otra noche). Si eso no es la definicin de una organizacin poltica que parece est corroyndose desde dentro, qu es?

 

Cuando la cuestin es el vaco, no olvidemos las noticias de las elecciones, que han sido infladas en proporciones monstruosas aunque estn vacas de contenido. Donald Trump, el hombre que invent el ciclo interminable de noticias a partir de una maraa de insultos y pensamientos primarios, ha sido el vehculo perfecto para un proceso de este tipo, que es una mina de oro para el equivalente meditico del 1 por ciento. Tomad el gran debate que no fue pero cop los titulares durante el ciclo noticioso de un solo da, aquel que el presentador del programa de entrevistas Jimmy Kimmel propuso a Donald Trump. l acept inmediatamente y su eventual oponente, Bernie Sanders, le sigui con presteza; la posibilidad muri despus de otra explosin de titulares, noticias, informes y comentarios apenas un da despus o algo as. Al hacerlo, Trump utiliz la palabra inapropiado para declarar que la propuesta no era razonable. El hombre para quien no hay nada inapropiado hizo pblica una elocuente declaracin vocacional que podra haber sido dicha en cualquier aula de sexto grado. Empezaba: A partir del hecho de que el proceso de nominacin del Partido Demcrata est totalmente amaado, que Hillary Clinton y Deborah Wasserman Schultz no permitirn que gane Bernie Sanders y que en este momento soy el ms probable nominado republicano, parece inapropiado que debata con quien terminar segundo.

 

Y... ah, s... entre las indudables vctimas del proceso de vaciamiento est la versin que el Partido Demcrata tiene del liberalismo, que en los ltimos aos se ha convertido en el credo del otro partido, el del 1 por ciento. Hoy, Steve Fraser, colaborador habitual de TomDispatch, que ha cubierto el auge de la nueva Era Dorada de Estados Unidos (y la cada de casi todo lo dems) desde Wall Street a la calle, reflexiona sobre el destino del liberalismo en una posible nueva era de populismos, de derecha y de izquierda. Piense el lector de esta nota como si fuese tambin una plataforma de lanzamiento de su nuevo libro, The Limousine Liberal: How an Incendiary Image United the Right and Fractured America (la limusina liberal, cmo una imagen incendiaria uni a la derecha y fractur a Estados Unidos), una sorprendente historia del 1 por ciento y nosotros, los dems, todo extractado en una nica imagen poltica.

* * *

La versin estadounidense de la lucha de clases

Apareciendo desde las sombras del Estados Unidos reprimido, Bernie Sanders y Donal Trump han estado enviando escalofros por los corredores del poder establecido. Quin los recibira? Dos hombres, ambos pese a ser de muy distinta forma ajenos al sistema, parecen estar a la cabeza de sendas rebeliones contra los amos de nuestro destino en ambos partidos; esto, despus de dcadas en las que solo imaginar esa posibilidad habra sido visto, en el mejor de los casos, como una ingenuidad y, en el peor, como un engao. Su prolongada presencia en el escenario nacional puede ser el desarrollo poltico ms inalcanzable de los ltimos 50 aos de Estados Unidos. Y sugiere que estaramos entrando en una nueva etapa de nuestra vida pblica.

Hace un ao, en mi libro The Age of Acquiescence (La era de la conformidad), intent resolver un misterio insinuado en su subttulo: Ascenso y cada de la resistencia estadounidense a la riqueza y el poder organizados. Formulado llanamente, este misterio era: Por qu la gente se rebela algunas veces y se conforma en otras?

Resistir a todos los dolores, los insultos, las amenazas al bienestar material, la exclusin, la degradacin, la desigualdad sistemtica, el culto exagerado a los personajes del poder, la indignidad y la impotencia que estn en la esencia de la vida cotidiana de millones de personas perecera algo bastante natural, incluso ineludible, si no inevitable. Por qu soportar todo eso?

Sin embargo, si miramos la historia, la tentacin de ceder, de rendirse, parece ser no menos natural. Despus de todo, frecuentemente, resistir es arriesgar el pellejo, los medios de vida, la manera de vivir. Cmo acallar esas intimidantes voces interiores que nos advierten de que las autoridades tienen el derecho de gobernar en virtud de su sabidura, riqueza y todo aquello que las costumbres inmemoriales prescriben? El miedo, naturalmente, se cierne sobre nosotros.

En nuestro contexto, entonces, en qu momentos histricos los estadounidenses han mostrado una sorprendente capacidad para alzarse y en qu otros han agachado la cabeza?

Para responder a esta pregunta, examin aquellos aos de la primara edad dorada en el siglo XIX, cuando millones de estadounidenses se lanzaron a la calle para manifestarse, enfrentndose a menudo al brazo armado del Estado, y el periodo de la ltima parte del siglo XX y los primeros aos del XXI, cuando el rtulo de la era de la conformidad pareca sumamente razonable; hasta que, de pronto, en 2016, dej de serlo.

Por lo tanto, considere el lector este escrito como un eplogo de aquel trabajo, mi tal vez tarda comprensin de que, ciertamente, la era de la conformidad haba llegado a su fin. En estos momentos, por supuesto, hay millones de personas que se emocionan con Bernie o que ovacionan a Donald. Es posible que cuando estaba terminando de escribir mi libro debera haber prestado ms atencin a las primeras seales de lo que estaba por venir: el Tea Party, en la derecha, y Ocupa Wall Street, en la izquierda; las huelgas por aumento de los salarios, los movimientos por un salario mnimo decente, las victorias electorales de los progresistas urbanos, el surgimiento del activismo medioambiental y la irrupcin del movimiento La vida de los negros importa justo unos das antes de su publicacin.

Pero cuando has vivido tanto tiempo a la sombra de la conformidad, en la que la esperanza est cerca de morir, o al menos cada da ms enfermiza, echas de menos esas cosas. Despus de todo, si la historia tiene una lgica, quizs est tan escondida en lo ms hondo que puede llegar a ser indescifrable... hasta que te muerde. As, por ejemplo, si se hubiese hecho una radiografa de la sociedad estadounidense de 1932, en el peor momento de la Gran Depresin, la placa habra revelado un cuerpo poltico invadido por la desesperacin, el cinismo, el fatalismo y el miedo. En resumen: resignacin, una actitud que haba ensombrecido el territorio desde el martes negro y el derrumbe del mercado de valores en 1929.

Aun as, la misma radiografa vuelta a hacer en 1934, solo dos aos ms tarde, habra mostrado una profunda agitacin social: grandes paros, huelgas generales, huelgas de brazos cados, huelgas de inquilinos, tomas de minas de carbn y empresas de servicio cerradas por parte de tenan fro y no tenan luz, marchas de desempleados y un impulso generalizado por desmontar el ancient rgime; en una palabra, rebelin. De este modo, el equilibrio de una sociedad puede quemar etapas en un abrir y cerrar de ojos y sin que sea posible advertirlo (a pesar de que, aos despus, los historiadores y otros colegas analizarn las razones que todo el mundo debera haber visto mientras llegaban).

Liberalismo versus liberalismo

Esperada o no, ha empezado una nueva era de rebelin, una era que amenaza al statu quo desde la izquierda y desde la derecha. Tal vez su aspecto ms impactante sea que la gente est alzndose contra el liberalismo.

Eso es insensato, no es cierto? Como puede ser que, cuando llegue noviembre, la reina del liberalismo se enfrente con el multimillonario portador del estandarte del republicanismo? Al final, lo viejo y lo viejo, no es as? Un liberal contra un conservador.

Bueno, no es tan as. Si usted ve a Hillary como la limusina liberal de esta temporada electoral y a Donald como al populista mejor vestido de la derecha, y piensa en cmo se ha movido cada uno en su camino a lo ms alto y a quin han tenido que dejar a un lado para conseguirlo, aparece una imagen diferente. Clinton hereda la responsabilidad de un liberalismo que ha vaciado la economa estadounidense y ha metastatizado el estado de la seguridad nacional. Ha puesto en el tico del Partido Demcrata lo que quedaba de cualquier igualitarismo para proteger los intereses creados de la oligarqua que administra las cosas. Esa elite no tiene problemas con la igualdad racial y de gnero en tanto no haga dao a lo esencial que, despus de todo, es lo que define los rasgos de la limusina liberal que Hillary defiende. Trump canaliza la hostilidad creada por la indiferencia neoliberal respecto del bienestar de los trabajadores y su escasamente disimulado desprecio cultural por la gente del interior de Estados Unidos mediante un movimiento anti-establishment con sesgo racista. Mientras tanto, desde la otra costa, Bernie Sanders le apunta al liberalismo de Clinton. En otras palabras, el liberalismo est asediado.

Los sesenta adoptan el liberalismo

Qu extrao! Los progresistas han descubierto que durante dcadas han estado defendiendo los logros de la reforma liberal desde el despiadado asalto de un conservadurismo en ascenso. Es difcil recordar que la ecuacin progresistas vs. conservadores no siempre es aplicable (y lo mismo podra estar pasando ahora).

Sin embargo, si retrocedemos 50 aos hasta los sesenta del siglo XX, vemos que el campo de batalla no era tan diferente al de hoy en da. Aquel era un tiempo en el que el movimiento contra la guerra de Vietnam condenaba al liberalismo por su actitud imperial en nombre de la democracia, mientras los movimientos por los derechos civiles y el poder negro les reprochaban su alianza poltica con los segregacionistas del Sur.

En aquellos aos, la Nueva Izquierda se haca presente en las zonas urbanas ms deprimidas, donde el liberalismo se jactaba de que Estados Unidos era una sociedad de la abundancia; lo cual pareca un cruel sarcasmo. Los estudiantes ocupaban los campus universitarios para rechazar la burocratizacin de la educacin superior y la servidumbre universitaria al otro retoo liberal: el complejo industrial-militar. Las mujeres cortaron el nudo gordiano que ataba el ideal liberal de la familia nuclear a la jerarqua de gnero, es decir, el patriarcado. La contracultura mostr de mil maneras distintas su desprecio por el principio de propiedad inherente al liberalismo. No a las convenciones en el peinado, al contrato matrimonial, a las inhibiciones sexuales, a las carreras profesionales, a las ortodoxias religiosas, a los protocolos en la vestimenta, a los tabes raciales o a las prohibiciones qumicas; nada qued indemne.

Sin embargo, el liberalismo se adapt. Desde entonces, se ha hecho presente en la mayor parte de las reformas asociadas con ese tiempo. Las leyes de derechos civiles, la guerra contra la pobreza (incluyendo Medicare y Medicaid*), los derechos de las mujeres, la discriminacin positiva y la eliminacin de la separacin cultural forman parte ahora del currculum vitae de los presidentes demcratas y de los principales polticos del partido, de quienes administran los medios de la corriente dominante, de los presidentes de las principales fundaciones liberales, de los presidentes de las universidades Ivy League**, de los ms importantes telogos y clrigos protestantes y tantos otros que alzan con orgullo el pendn del liberalismo. Sin duda, merecen parte de ese crdito. Ellos pueden haberse sentido de verdad junto al Bern del ao pasado, el que gritaba a viva voz por la igualdad de derechos ante la ley.

Aun ms importante, las elites liberales fueron lo bastante sensatas o lo bastante maleables o ambas cosas a la vez como para montarse sobre la ola de la rebelin de ese tiempo. Sabidura y flexibilidad, sin embargo, son apenas una parte de la respuesta de este misterio: cmo se las arregl el liberalismo de la mitad del siglo XX para reformarse en lugar de resquebrajarse bajo la presin de los sesenta? La explicacin ms profunda podra ser que los levantamientos de aquellos aos atacaron al liberalismo, pero en buena medida en beneficio del liberalismo. A veces explcitamente, como en la Declaracin de Port Huron, aquel documento fundacional del grupo estudiantil de la Nueva Izquierda llamado Estudiantes por una Sociedad Democrtica; otras veces implcitamente: las rebeliones de ese momento exigan que el orden liberal viviera segn su propio credo de libertad, igualdad y bsqueda de la felicidad.

La exigencia de abrir el sistema se convirti en el corazn y el alma de la etapa siguiente del liberalismo, del impulso por dotar de poder al individuo libre. Hoy da, podramos reconocer esto en el tpico deseo de los seguidores de Clinton de permitir que todos se unan en la carrera a lo ms alto.

Mirando hacia atrs, es habitual considerar los aos sesenta como una poca de rebelin juvenil. Hay ms que eso; ciertamente, en parte pueden ser entendidos como una versin estadounidense de padres e hijos (ni hablar de madres e hijas). Un generacin mayor haba creado el orden del New Deal***, en s mismo un histrico acto de rebelin. Tal como sucedi, esa creacin no casaba bien con un Partido Demcrata cuya ala surea, incrustada en la antigua Confederacin segregacionista, descansaba sobre las leyes y creencias de Jim Crow. Tampoco casaban las reformas del bienestar social del New Deal, que presuponan que el hombre era el responsable del sustento en una casa, al mismo tiempo que exclua de su proteccin a las clases inferiores, especialmente (pero no solo) las de tez equivocada, en contradiccin con un anhelo de igualdad.

Por otra parte, el New Deal rescat a una economa capitalista postrada durante la Gran Depresin mediante la instalacin de una nueva poltica econmica de consumo masivo. Mientras aseguraba maravillosos logros materiales que al mismo tiempo impedan el desarrollo social se alentaba una cultura de individualismo y bsqueda de estatus, debilitando as la nocin de solidaridad social que haba hecho posible el New Deal. Finalmente, en los aos de la Guerra Fra qued en claro que la prosperidad y la democracia en casa dependan de una relacin imperial con el resto del mundo y de la instalacin de soldados estadounidenses en todos los rincones del planeta. Haba comenzado el Siglo estadounidense, segn el la famoso rtulo acuado por Henry Luce, editor de la revista Life.

Los levantamientos contra la versin anquilosada del liberalismo New Deal convirtieron los aos sesenta en un icono. La emotividad poltica subi tanto que los rebeldes se enfrentaron con el establishment liberal. Los asuntos se recalentaron tanto que amenazaron con derretir la vida pblica. Aun as, aqu apareci una pregunta que, con tanta temperatura, era muy difcil plantearse en ese momento: Y si el problema no fuera el liberalismo? Admitmoslo, ese pensamiento ya estaba en el aire entonces, planteado no solo por las nuevas y las viejas izquierdas, sino tambin por Martin Luther King, quien repens el capitalismo, la pobreza, el racismo y la guerra en famosos discursos como el Ms all de Vietnam: es hora de romper el silencio.

Sin embargo, la mayora de los rebeldes de ese momento, se aferraron a la fe ancestral. Al fin, estaban convencidos de que una vez que se restableciera el equilibrio, un liberalismo ms moderno despojado de sus imperfecciones podra convertirse en un refugio seguro en el que nadie estara excluido. Acusado en esos aos de hipcrita y de actuar con mala fe, sera limpiado.

Gracias a aquellas rebeliones populares y a las persistentes si bien menos exaltadas acciones que se prolongaron durante dcadas, la hipocresa de la exclusin, ya fuera de los negros, las mujeres, los homosexuales u otros, en buena medida acabara. O as pareca. El liberalismo heredado del New Deal haba sido limpiado, no por completo y tampoco sin una feroz resistencia... aunque, una vez ms, nada es perfecto, no es as? Fin de la hipocresa. Fin de la historia.

El eslabn perdido

Aunque una nueva paradoja empez a emerger en el alba del nuevo milenio. La sociedad liberal haba demostrado que era compatible con la justicia para todos y la igualdad de oportunidades. Sin embargo, por extrao que parezca, en el glorioso nuevo mundo que sigui aquel presidido por Bill Clinton, la libertad, la justicia y la igualdad parecan estar muy racionadas.

Si no era el orden liberal, entonces haba algo que estaba fastidiando las cosas. Despus de todo, la vida cotidiana de tantos estadounidenses de a pie estaba cada vez ms constreida por la angustia econmica y una vertiginosa sensacin de cada libre en lo social. Esa gente senta que estaba excluida y era menospreciada, sufra algo difcil de definir que tena que ver con no verse polticamente representada, sentirse vigilada en su trabajo (si lo tena) o si no en cualquier otro sitio, y cierto temor al futuro en lugar de esperanza por lo que poda venir.

Valientes y audaces como eran, los legendarios movimientos de rebelda o aquellos que les siguieron raramente desafiaron explcitamente la distribucin de la propiedad y el poder sobre la que estaba basada la sociedad estadounidense. Y si bien el liberalismo ha demostrado que es bastante compatible con la libertad, la igualdad y la democracia, el capitalismo era otra cuestin muy distinta.

La elite liberal que se hizo cargo de comenzar la carrera hacia lo ms alto a veces tambin fue responsable del capitalismo neoliberal que, durante dcadas, hizo tanto dao en la vida de los trabajadores de todos lo colores (ciertamente, hoy en da, Hillary hace un gran esfuerzo para distanciarse del legado de encarcelaciones masivas que le dej su marido). Pero los republicanos no solo han cumplido su cuota parte en esto; de hecho, frecuentemente han tomado el mando para implantar un sistema econmico manejado por los mercados y las finanzas, un sistema que ha producido unos pocos ganadores y legiones de perdedores. Ambos partidos han sido los precursores de un mercado desregulado, del libre comercio global, de la subcontratacin en la industria manufacturera y otras, de la privatizacin de los servicios pblicos y del achicamiento de las redes de seguridad social. La suma de todo esto ha destruido desde dentro pueblos y ciudades, lo mismo que regiones enteras y estilos de vida.

En el proceso, la tradicin del Partido Demcrata del New Deal, que era de resistencia a la explotacin econmica y la desigualdad, se evapor. Mientras tanto, los nuevos demcratas de la era Clinton y despus, as como muchas de las salas de juntas nombradas en las listas Fortune 500 y de las empresas de inversiones de riesgo estadounidenses continuaron abogando por la igualdad de derechos para todos. Vilipendiaron los intentos conservadores de reducir la proteccin contra la discriminacin racial, de gnero y sexual, pero lo nico que no hicieron ni unos ni otros fue perturbar la tranquilidad del 1 por ciento.

Y, frente a esto, qu han significado la libertad y la igualdad? Para quienes pudieron gracias a los avances participar en la carrera para llegar a lo ms alto, han significado mucho. Para muchos otros millones, sin embargo, que o bien estaban en la escalera mecnica descendente o bien ya estaban en lo ms bajo de la sociedad, fue una burla, una promesa sin contenido, algo a lo que todava llamamos el Sueo Estadounidense, porque como observ George Carlin una vez debes estar dormido para creer en l.

Dada la ayuda brindada para inducir este doloroso dilema, los nuevos demcratas parecan encajar perfectamente en un sobrenombre ya existente de limusina liberal una especie de maldicin inventada por la derecha populista. Emblema de hipocresa, fue pensado y utilizado por primera vez en 1969, no por la izquierda sino por algunas figuras del por entonces naciente movimiento de derecha. Desde entonces y para siempre, la imagen de una gente aristocrtica nacida, criada y formada para gobernar, interconectada en los centros de poder y riqueza, que manifiesta una preocupacin por los oprimidos pero de ninguna manera est dispuesta a renunciar a ninguno de sus privilegios para aliviar esa difcil situacin (aun as siempre est alerta para exigir que todos los dems paguen lo que deben) se ha grabado en lo ms profundo de la poltica de Estados Unidos. En los tiempos que corren, ha sido el Norte magntico del populismo de izquierda.

Lucha de clases al estilo estadounidense

En 1969, el presidente Richard Nixon conjur a la mayora silenciosa para que se batiera con quienes pronto seran conocidos como los liberales de la limusina. l esperaba movilizar a un amplio sector de la clase trabajadora blanca y la clase media alta para que se uniera al Partido Republicano. Este grupo estaba formado por los partidarios del New Deal del Partido Demcrata, que despus se haban sentido cada vez ms abandonados por l y perturbados por la rebelda de esa poca.

En las dcadas siguientes, la limusina liberal se mostrara como una perfecta piata**** a la que iran a parar todo el resentimiento suscitado por los levantamientos raciales, el deterioro industrial y la decadencia, y tambin la congoja producida por la desaparicin de la familia tradicional y sus supuestas certezas morales. De este modo, el Partido Republicano consigui un importante caudal de votos proveniente de los trabajadores blancos. Retrospectivamente, est suficientemente claro que esta confrontacin entre la mayora silenciosa y el liberalismo de la limusina ha sido siempre una forma de la lucha de clases en Estados Unidos.

Richard Nixon mostr su genio poltico; su gambito funcion pasmosamente bien... hasta que, por supuesto en este momento ya no funciona. A partir de su liderazgo, el comando supremo de los republicanos entendi pronto que agitar la bandera roja del liberalismo de la limusina despertaba pasiones y sumaba votos. Sin embargo, nunca tuvo la menor intencin de hacer nada que pudiese resolver de verdad las deterioradas circunstancias de esa mayora silenciosa. Las figuras que lideraban el partido estaban demasiado comprometidas en la defensa de los intereses del Estados Unidos corporativo y las clases dominantes.

Sus gestos, la agresividad que estos provocaban en sus seguidores en las guerras culturales, solo aumentaron las pasiones de la poca hasta que, en el periodo que sigui al descalabro econmico-financiero de 2007 y la Gran Recesin, estallaron en una forma que la elite republicana no pudo manejar. Lo que empez siendo su criatura, educada en el cinismo y alimentada por la enconada envidia y los oscuros sentimientos del propio Nixon, que su trnsito por el establishment liberal haban sostenido su desprecio, acab volvindose contra quienes la haban inventado.

La mayora silenciosa ya no se mantendra en su conveniente silencio. El Tea Party bram contra cualquier tipo de establishment poltico, y lo hicieron junto con Wall Street, los compinches capitalistas, los desviados culturales y sexuales, los partidarios del libre comercio que rara vez se haban preocupado por los empleos que destruan, los evasores de impuestos que amaban cualquier refugio para su dinero y los que condenaban a los gobiernos hiperdesarrollados pero vivan de los subsidios del Estado. En un cdigo postal muy, muy, lejano un privilegiado sector de estadounidenses haba manipulado el sistema dentro del sistema, mirando por encima del hombro a una masa que antes haba sido crdula pero, ultrajada ahora, ya no lo era.

En ese proceso, el Partido Republicano se parti y, mgicamente, ha sido Donald quien se ha montado en la escalera mecnica que va a la planta baja de la Torre Trump para recoger los pedazos. Su irreverencia por la autoridad establecida ha funcionado. Sus fobias racistas y misginas han funcionado. Sus miles de millones de dlares han funcionado con los millones de personas que han crecido deslumbrados por los conquistadores de la segunda Era Dorada celebrados por Wall Street. Su manera de andar cuidadosamente de puntillas alrededor de la Seguridad Social funcion con aquellos cuyos desamparo y lgica emocional fueron aprehendidos por la persona que le dijo a un congresista republicano: Gurdese su gobierno de poner sus manos en mi Medicare. Sobre todo, su musculosa ampulosidad funcion con millones de personas hartas de desmoralizacin, parlisis e impotencia. Sienten a Donald.

Hoy en da, en la confrontacin entre populismo de derecha y neoliberalismo, legiones de simpatizantes del Tea Party y de trumpistas encuentran que los CEO de Fortune 500 son moralmente detestables y una amenaza econmica, se sienten cada vez ms furiosos con los rescates de la Reserva Federal y se entusiasman por las numerosas crisis globales que se suceden gracias al libre comercio mundial y los tratados que les acompaan. Y debajo de esas posiciones est la fantasa de un capitalismo antiguo, uno ms cercano a lo que ellos piensan que fue alguna vez Estados Unidos. Se les podra llamar anti-capitalistas pro-capitalismo.

Otros muy a menudo sus vecinos en comunidades vaciadas de buenos empleos y virtualmente agredidas se sienten identificados con Bern. Esto viene a ser un ataque ms al neoliberalismo de la variedad limusina. Prudentemente, Bernie Sanders se presenta como un socialista, aunque sus ideas programticas se acercan a una versin ligeramente a la izquierda del New Deal. Aun as, incluso decir en pblico la palabra prohibida socialismo y excitar con ella el ferviente compromiso de millones de personas es algo asombroso; de hecho, ms all de lo imaginable en cualquier Estados Unidos de los ltimos aos.

La campaa de Sanders ha hecho que se enfrente con el liberalismo de la elite de Clinton. Ha resonado tan profundamente debido a que el candidato, con todo su carisma e integridad de hombre mayor, insiste una y otra vez que los estadounidenses deberan mirar bajo la superficie de un capitalismo liberal que tanto econmica como ticamente est en quiebra y es un fraude poltico, aunque trate con condescendencia al hombre olvidado.

Entonces, hasta cierto punto, Trump y Sanders estn compitiendo por los mismos votantes; esto no debera sorprender a nadie si se tiene en cuenta hasta dnde se han extendido los daos colaterales producidos por el capitalismo neoliberal. No debemos olvidar que en la poca de la Gran Depresin, mientras los nazis se hacan cada vez ms fuertes, su partido el Nacional Socialista no solo incorpor la palabra socialismo sino que compiti con los partidos Socialista y Comunista entre los desesperados trabajadores alemanes para conseguir afiliados y votantes. Incluso hubo momentos (cuando no estaban matndose unos a otros en la calle) en que se manifestaron juntos.

Por supuesto, Trump es un demagogo sin conciencia alguna, un mentiroso compulsivo y un nihilista que no cree en nada aparte de l mismo. En el otro lado, Sanders cree en lo que dice. En el tema de la justicia econmica, l ha roto records durante ms de un cuarto de siglo, aunque nadie ms all de los lmites de Vermont le prestara mucha atencin hasta hace poco tiempo. En este momento goza de mucho crdito y es aplaudido por sus puntos de vista.

Hillary Clinton despierta una enorme desconfianza. Sanders le ha ganado una y otra vez en las encuestas contra potenciales oponentes republicanos porque ciertamente ella es una liberal de limusina cuya carrera ha acabado a un ritmo sorprendente con la confianza que en ella se tena. Y, ms importante que eso, la rebelin que Sanders ha puesto en marcha no tiene miedo de cuestionar al capitalismo. Difcilmente Trump pueda hacer algo parecido, pero el estado de enfermedad en que se encuentra el estatus neoliberal ha hecho de l tambin una fuerza que debe ser reconocida. No obstante, desde donde se la mire, la era de la conformidad ha quedado atrs.

* Medicare y Medicaid; dos instituciones publicas financiadas por el Tesoro de Estados Unidos destinadas a la atencin sanitaria de los ms necesitados. (N. del T.)

** Ivy League se refiere a ocho universidades privadas del noreste de Estados Unidos. (N. del T.)

*** New Deal (Nuevo trato), nombre que recibi la poltica econmica y social aplicada en Estados Unidos por el presidente Franklin Delano Roosevelt a partir de 1933. (N. del T.)

**** Piata, en castellano en el original. (N. del T.)

Steve Fraser , colabotrador habitual de TomDispatch, es autor de, entre otras obras, The Age of Acquiescence. Su nuevo libro se llama The Limousine Liberal: How an Incendiary Image United the Right and Fractured America (Basic Books). Es cofundador y coeditor de American Empire Project.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/176148/tomgram%3A_steve_fraser%2C_how_the_age_of_acquiescence_came_to_an_end/#more

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelin como fuente de la misma.



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