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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-08-2016

La dimensin poltica de la muerte de Federico Garca Lorca

Jess M Montero Barrado
Rebelin


All por los aos de los setenta se escuchaba con frecuencia aquello de que muchas de las muertes habidas en la Guerra Civil lo haban sido por rencillas personales o familiares. Fue uno de los argumentos, junto con el de "todos fueron iguales", que se lanzaron en los ltimos aos del rgimen franquista para esconder la realidad de lo ocurrido, una vez que el discurso fascista de la postguerra haba perdido su sentido.

Francisco Espinosa ha sealado entre uno de los rasgos del discurso histrico que se ha formado en los ltimos aos defiende que durante la guerra del 36-39 no hubo una guerra de clases, sino que la "cuestin represiva debe tratarse como (...) el desbordamiento sin limites de pasiones colectivas y miedos ancestrales" (1).

Miguel Caballero Prez es autor del libro Las trece ltimas horas en la vida de Garca Lorca (Madrid, La Esfera de los Libros, 2011) y unos aos antes escribi con M Pilar Gngora Ayala Historia de una familia. La verdad sobre el asesinato de Garca Lorca (Madrid, Ibersaf Editores, 2007). En los dos libros ha puesto de relieve que la muerte del poeta y dramaturgo granadino fue debida principalmente a rencillas familiares, dejando en un plano secundario los motivos polticos e incluso la condicin homosexual del escritor. Este verano, con motivo del ochenta aniversario de la muerte de Garca Lorca, ha vuelto a insistir en su interpretacin de lo ocurrido, como se refleja en varias entrevistas realizadas e incluso en el uso que distintos medios de comunicacin estn haciendo sobre el contenido de sus libros.

En el escrito en 2007 se abunda en los motivos familiares a travs de un largo recorrido en el tiempo, desde los antepasados de Garca Lorca en el siglo XVIII hasta el siglo XX, en el que se centran en la figuras del padre, Federico Garca Rodrguez. Para Caballero y Gngora los negocios diversos y los intereses en los que estaban involucrados los progenitores del poeta, donde se combinaban las herencias recibidas en las respectivas familias y la propia actuacin del padre, haban provocado desavenencias y rencillas entre las distintas ramas familiares que surgieron a lo largo de ms de un siglo.

Todo ello fue provocando que durante las ltimas dcadas aparecieran tales divisiones familiares, que en el inicio de la sublevacin militar de julio de 1936 acabaron aflorando y se busc resolverlas violentamente. A dos de las ramas familiares, la Roldn y la Alba, atribuye Caballero las mayores desavenencias con el padre del poeta y el que algunos de sus miembros participaran en los hechos que acabaron con su muerte. Menciona por ello a Juan Luis Trescastro, casado con una prima del padre, que estuvo entre los que le detuvieron en la casa de los Rosales y se cree que tambin en el fusilamiento; y Antonio Benavides, que estuvo entre los componentes del pelotn de fusilamiento.

En un artculo aparecido 2011 (2) aparecen estas declaraciones de Caballero: "Este tipo de rencillas personales le quita pica e idealismo a su muerte, y contradice la tesis simplista de que fue ejecutado por rojo y por maricn. Es verdad que las implicaciones republicanas de Lorca fueron otra causa ms de su muerte, pero no la principal. Adems, no les hizo gracia que su abuelo [Federico Garca Rodrguez, el padre de Lorca] apareciese como un tiburn econmico, un prestamista, que mantuvo unas intensas luchas de poder con los Roldn".

En el segundo libro Caballero ha seguido las pistas trazadas por el periodista Emilio Molina Fajardo, que haba indagado en los aos setenta acerca de las personas que estuvieron relacionadas con la muerte del poeta. Este periodista, de militancia falangista en la postguerra, buscaba exonerar a su partido sobre lo ocurrido con Garca Lorca, con el fin de poner el acento en las personas vinculadas a la CEDA, a la que perteneca Ramn Ruiz Alonso, el personaje en el que se ha centrado en mayor medida la responsabilidad de la muerte. Para ello realiz 48 entrevistas y aport 79 documentos, si bien en vida evit publicar el trabajo, en el que no se dan ms nombres de los necesarios. Fue su viuda quien en 1983 decidi hacerlo con el ttulo Los ltimos das de Garca Lorca (Crdoba, Almuzara, 2011).

En su investigacin Caballero ha calificado como fiables una decena de los testimonios aportados por Molina Fajardo y, dentro de ellos, slo cinco como fundamentales, el de "cinco personas [que] vivan en sitios distintos, no se conocan de nada y sus declaraciones, que fueron tomadas en pocas distintas, son coincidentes" (3). En su resultado final Caballero no ha dudado en mencionar los nombres relacionados con la muerte de Garca Lorca: Jos Valds Guzmn y Nicols Velasco Simarro, como principales autoridades militares de Granada; Ramn Ruiz Alonso, Federico Martn Lagos y Juan Luis Trescanto, como personas que fueron a detenerlo; los hermanos Rosales, falangistas, en cuya casa se refugi antes de ser detenido; los policas Julio Romero Funes, Jos Mingorance y Manuel Jimnez de Parga, que lo interrogaron durante su estancia en el Gobierno Civil; Rafael Martnez Fajardo y Antonio Gonzlez Villegas, los policas que lo trasladaron a Vznar; Jos M Nestares y Manuel Martnez Bueso, los jefes militares de la zona de Vznar; Pedro Cuesta Hernndez y Eduardo Gonzlez Aurioles, los vigilantes hasta el fusilamiento; y los miembros del pelotn de ejecucin, dirigido por Mariano Ajenjo Moreno y formado por Antonio Benavides Benavides, Salvador Baro Leyva, Juan Jimnez Cascales, Fernando Correa Carrasco, Antonio Hernndez Martin, Antonio Aylln Fernndez, Silvio Rodrguez Garca y Antonio Hernndez Jimnez.

Es cierto que Caballero ha ahondado en algunos aspectos que ya Agustn Penn y Ian Gibson haban investigado (4), concretamente los referidos al componente familiar de los odios de Garca Lorca y su familia, dentro, eso s, del microcosmos existente en la ciudad y el entorno de Granada. Sin embargo, ha hecho de esos componentes el centro de su explicacin del asesinato. E incluso ha ido ms all, como se desprende de sus declaraciones.

Recientemente, en una de ellas ha llegado a decir: "Hay que destacar que [Lorca] nunca estuvo metido en poltica, aunque s se encontraba muy vinculado con la Repblica. De hecho, fue funcionario en la Junta Nacional de Msica y Teatro Lrico. Federico era republicano, pero no era rojo ni socialista. No le interesaba mucho la poltica, ni estaba vinculado al Partido Comunista" (5). Aadiendo ms adelante que "Se han apropiado indebidamente de un personaje que para nada era de izquierdas (...). Tena amigos desde la derecha ms rancia, como Jos Antonio Primo de Rivera, hasta la izquierda ms radical, como era Alberti. Era un hombre muy sociable".

Resulta sorprendente, en primer lugar, decir que nunca estuvo metido en poltica cuando a continuacin lo relaciona con algn puesto en la administracin republicana, que califica, eso s, como de funcionario. No menciona su participacin directa en las campaas de difusin de la cultura a travs de la compaa de teatro La Barraca (6), que eran algo ms que una actividad profesional, y se olvida de su apoyo explcito a posturas progresistas, incluyendo la firma de manifiestos pblicos antifascistas o de apoyo al Frente Popular (7). Luis Garca Montero, que ha escrito bastante sobre Garca Lorca (8), ha declarado hace poco que fue un personaje "muy politizado", aadiendo que, no habiendo militado en ningn partido, "fue un activista de toda la poltica republicana. As es que esa leyenda que puso en marcha el franquismo de que su muerte fue fruto de una reyerta entre homosexuales, o una 'vendetta' de rencores familiares es falsa" (9).

Es cierto que Garca Lorca haba nacido en el seno de una familia burguesa e influyente en Granada. Un origen social que le permiti tener un ttulo universitario (al parecer, inmerecido) y poder vivir en la Residencia de Estudiantes madrilea o viajar por el mundo. Jos Antonio Fortes ha criticado furibundamente que se caracterice como popular el contenido de su obra, diciendo que se trata en realidad de un neopopulismo propio de la ideologa burguesa. En uno de sus artculos ha llegado a escribir: "de la mano del socialidealismo, queda impuesta la mediocridad intelectual de un alias Federico Garca Lorca, tal como si se tratara de 'la poesa popular', la poesa del pueblo y adems en armas" (10).

Una postura controvertida, muy distante y distinta, por ejemplo, de la que tienen Carlos Blanco Aguinaga, Julio Rodrguez Purtolas e Iris Zavala, para quienes el Romancero Gitano "responde a su profundo instinto de lo potico en cuanto popular-inconsciente, a su conocimiento certero de que nada es 'difcil' para el pueblo, ni nada demasiado fcil para el intelectual autntico" (11). Manuel Tun de Lara, a su vez, ha escrito: "Lo popular en Lorca no es, pues, gratuito ni 'estetizante'. Su creacin dramtica, sobre todo -truncada, pero tan importante-, responde a una temtica de sentimentalidad colectiva popular. Eso s, de lo popular-rural" (12).

Que Federico Garca Lorca naciera en un ambiente burgus, pero que en el trnsito por el mundo donde se puso en contacto con nuevas realidades fuera capaz de interpretarlas con la riqueza literaria y hasta artstica con que lo hizo, nos dice mucho. Que en sus vivencias personales hiciera de su orientacin sexual como algo propio, pese a la homofobia dominante, nos dice tambin mucho. Que en su opcin vital llegara a declarar cosas como que "En este momento dramtico del mundo, el artista debe llorar y rer con su pueblo. Hay que dejar el ramo de azucenas y untarse en el fango hasta la cintura para ayudar a los que buscan azucenas", nos permite calibrar mejor el alcance del trnsito que fue recorriendo (13).

Hijo de la burguesa granadina, no le perdonaron que en gran medida renegara de ella y tambin de lo que polticamente defendan. Tampoco le perdonaron que su grandeza literaria superara con creces la mediana cultural,cuando no ignorancia, de su clase y los dardos que lanz en su obra a esa clase y a las instituciones que la defendan. La homofobia que sufri, llena de eptetos maliciosos, eran las resonancias de la ideologa de patriarcado que tanto impregn al fascismo.

Quienes en julio de 1936 se sublevaron contra la Repblica actuaron conscientemente sin compasin contra cientos de de miles de personas, en su mayora gente del pueblo. Pero no slo, tambin contra quienes, habiendo nacido en otra cuna, haban apostado por la gente humilde. Como lo hizo Federico Garca Lorca:

"El mundo est detenido ante el hambre que asola a los pueblos. Mientras haya desequilibrio econmico, el mundo no piensa. Yo lo tengo visto. Van dos hombres por la orilla de un ro. Uno es rico, otro es pobre. Uno lleva la barriga llena, y el otro pone sucio el aire con sus bostezos. Y el rico dice: Oh, qu barca ms linda se ve por el agua! Mire, mire usted el lirio que florece en la orilla. Y el pobre reza: Tengo hambre, no veo nada. Tengo hambre, mucha hambre. Natural. El da que el hambre desaparezca va a producirse en el mundo la explosin espiritual ms grande que jams conoci la humanidad. Nunca jams se podrn figurar los hombres la alegra que estallar el da de la gran revolucin" (14).

Notas

(1) Lucha de historia, lucha de memorias. Espaa 2002-2015. Sevilla, Aconcagua Libros, 2015.

(2) Daz de Quijano, Fernando (2011): "Miguel Caballero. 'Lorca no fue asesinado ni por rojo ni por maricn'", en El Cultural, 16 de agosto, http://www.elcultural.com/noticias/letras/Miguel-Caballero-Lorca-no-fue-asesinado-ni-por-rojo-ni-por-maricon/1982

(3) Ibdem.

(4) De Penn, Miedo, olvido y fantasa. Crnica de la investigacin de Agustn Penn sobre Federico Garca Lorca (1955-1956), Alboroque (Granada), Comares, 2009. Y de Gibson, El asesinato de Federico Garca Lorca, Barcelona, Bruguera, 1981; Vida, pasin y muerte de Federico Garca Lorca. 1898-1936, Barcelona, Plaza&Jans, 1998; o Cuatro poetas en guerra. Antonio Machado, Juan Ramn Jimnez, Federico Garca Lorca, Miguel Hernndez, Barcelona, Planeta, 2007.

(5) Serrano, Mara (2016). "Se han apropiado indebidamente de Lorca, que para nada era de izquierdas", entrevista a Miguel Caballero en andaluces.es, 9 de junio, http://www.andalucesdiario.es/cultura/se-han-apropiado-indebidamente-de-un-personaje-que-para-nada-era-de-izquierdas/

(6) Bcarud, Jean y Lpez Campillo, Evelyne (1978), Los intelectuales espaoles durante la II Repblica, Madrid, Siglo XXI; y Tun de Lara, Manuel (1984), Medio siglo de cultura espaola (1885-1936), Madrid, Taurus.

(7) En la obra de Ian Gibson El asesinato de Federico Garca Lorca hay un apndice titulado "Documentos sobre el pretendido 'apoliticismo' de Garca Lorca" (p. 327 y ss.) que resulta altamente clarificador. Hilario Jimnez Gmez (Alberti y Garca Lorca. La difcil compaa, Sevilla, Renacimiento, 2009) ha incluido en su libro el apndice "Recopilacin de manifiestos polticos aparecidos entre 1933 y 1936", en los que coinciden las firmas de ambos poetas. Andrs Sorel, por su parte, ha dedicado a este asunto el captulo "Lo social y lo poltico en Lorca" en su libro Yo, Garca Lorca, Madrid, Zero/ZYX, 1977.

(8) Su ltimo libro se titula Un lector llamado Garca Lorca, Madrid, Taurus, 2016.

(9) Sigenza, Carmen (2016). "Garca Montero: de Lorca hay que recordar su obra, pero sin olvidar su muerte", en eldiario.es, http://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/libros/Garcia-Montero-Lorca-recordar-olvidar_0_547695401.html

(10) "Los lugares intelectuales en la Segunda Repblica" (2009), en Julio Rodrguez Purtolas (coord.), La Repblica y la cultura. Paz, guerra y exilio, Madrid, Akal (p. 235). De este profesor universitario pueden leerse varios escritos, como "Populismo y literatura" (2005), en La Jiribilla, enero, http://epoca2.lajiribilla.cu/2005/n194_01/194_20.html; De ngeles Pealver (2014), a su vez, hay una entrevista titulada "Fortes alimenta la polmica: 'Que yo sepa Lorca no tuvo sufrimiento ninguno'", en ideal.es, 22 de octubre,

http://www.ideal.es/granada/20090423/cultura/fortes-alimenta-polemica-sepa-20090423.html

(11) Historia Social de la Literatura espaola (en lengua castellana), v. 3, Madrid, Castalia, 1978, p. 313 y ss.).

(12) Tun de Lara (1984: 244).

(13) Sorel (1977: 153), tomado del diario El Sol, en la edicin del 10 de junio de 1936.

(14) Manuel Tun de Lara (1984: 244) cita el texto del La Voz del 7 de abril de 1936; Andrs Sorel (1977. 151) de El Heraldo de Madrid del 8 de abril de 1936.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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