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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-10-2016

El No y La Visin de ultraderecha de raz Nazi

Manuel Humberto Restrepo Domnguez
Rebelin


Que ocurri para decirle No a lo que solo poda ser Si?. Haba una sola va y fue interrumpida, un acto masivo de sabotaje detuvo la caravana de la paz salida de la resistencia desarmada y de la voluntad de los armados para desarmarse. Qu queda entonces?: Sorpresa, incertidumbre, vergenza, tristeza, dolor. Quiz el concepto mas claro sea saudade en portugus, que no tiene traduccin precisa, pero en todo caso alude a un sentimiento de perdida, de vaco, de ausencia. Eso es lo que ocurre en esta pos-tragedia, que se le atraves al post-acuerdo (y para muchos mal llamado post-conflicto) que ya se venia venir como una verdad revelada, sin obstculos ni peligros. Se atraves el No, a los acuerdos que sus votantes jams leyeron, conocieron, ni debatieron, documentos que no fueron siquiera abiertos por quienes decidieron condenarlos, rechazarlos, enviarlos al vaco.

En todo post se revela el pasado y en el plebiscito hay huellas de otra trampa de las elites para reasegurar el poder que ya controlan, para corregir los desvaros de un presidente salido del seno mas puro de la derecha que sin embargo puso en juego su capital poltico para hacerse independiente, creyendo que su condicin de clase poda permitrselo, aunque sabia que era un camino pedregoso.

La tensin del antes y del post, est al interior de las estructuras de la clase en el poder, que trata de ajustar las medidas del pas poltico con un margen de oscilacin que va del centro derecha a la ultraderecha, lo que revela que no es un asunto de partidos, si no de rea de juego. La realidad enfrenta un enigma de visiones, que ponen en juego distintas mezclas de lo pre moderno, lo moderno y lo metafsico, si agregamos que un futbolista dijo que la paz solo la decide Jesucristo, pero que como este no quedo en el centro de los acuerdos esta no seria posible. La otra clase la de las victimas, los muertos, la que dispara balas de verdad por la patria y las instituciones, la que es atrapada por su tripas y comprometida a costa de sus carencias y necesidades o es seducida por promesas de futuro, es subdividida a la fuerza entre los que quedan en el pas atnito, perplejo y complejo, que lucha y resiste sin descanso y que cada vez que apuesta por transformar es silenciada y los que quedan en el pas manipulable, el que se niega a transformarse y muere sin detenerse a contar sus muertos.

Las elites, no tienen vergenza ni dolor, al contrario encuentran en la debilidad del saudade la mejor ocasin para arremeter y dejar claro que no estn dispuestas a permitir que se abran espacios para la democracia real, ni para que otros entren en la contienda por el poder y menos aun a abandonar su nica poltica seria y consistente que los une y los ampara: la guerra.

Las elites se hicieron al control de la maquina de guerra del estado hace doscientos aos -al mismo tiempo que entraba al pas traducida la declaracin de derechos del hombre y del ciudadano, que solo ellas entendan y de la que se reservaron la igualdad para los suyos, mientras probaban rifles de mayor potencia contra sus adversarios-, y han usado sin limite esta maquina en funcin de sus propios intereses y beneficios para acumular la riqueza y extender su poder poltico.

Con el plebiscito por la ratificacin de acuerdos hacia una paz estable y duradera, han demostrado su capacidad e inteligencia para poner un No donde ya estaba claramente definido que deba estar un S. Segn sus modos de actuar han puesto al descubierto que su igualdad no esta en juego, que es su ley natural que practican y han defendido desde la procuradura, el congreso, las cortes y el pulpito, manteniendo en retraso o retroceso los derechos conquistados. Nada puede ir contra natura, dice su lgica en la que basan sus principios. Con su No, le han notificado al pas nacional (llamado as por Jorge Eliecer Gaitn) que no estn dispuestas a ceder un solo milmetro de lo alcanzado y defendido con la guerra. Han demostrado que nadie es mas hbil para invertir la realidad de los hechos y para hacer creer que lo que ocurre no es real, (entre otros con el manual de la mentira y la manipulacin JJ Rendn, que sigue a Goebels). Le han hecho creer al mundo que Colombia es el pas de la democracia mas perfecta y solida de Amrica, pero adems que es el mas respetuoso de los derechos humanos, aunque la realidad material descubra que este es el estado que en democracia ha sido aun mas cruel que todas las dictaduras de Amrica juntas. Los poderes pblicos son presentados como independientes aunque estn entrelazados con lazos de sangre y a su interior ocurran los sntomas de una modo de monarqua silenciosa que se rota los cargos, se embolilla los presupuestos y decide por la vida de los otros

La derecha esta mezclada y a la vez en disputa con la ultraderecha, pero esta ultima ya no es solo una intencin, es una realidad concreta, tiene la capacidad suficiente para hacer su propia revolucin y aferrarse al poder hasta derrotar a esta generacin que busco la paz y seguir empeada en conquistarla. La visin de ultraderecha no estar dispuesta a dejar su victoria del No a mitad de camino, ni a conformarse solamente con haber obtenido el triunfo del No. El objetivo del No va mas all de bloquear la realizacin de los acuerdos porque en el No ya esta instalado el odio y su lenguaje y cultura son superficiales y vulgares. La victoria del No, no se completa para la ultraderecha con renegociar los acuerdos ya alcanzados, el propsito -a partir de leer su ultima dcada de actuaciones-es destruir esos acuerdos, meterlos al vaco, llevarlos a un agujero negro, despojarlos de su contenido vital, enredarlos, confundir para que la paz por esa va ya acordada no sea posible.

La ultraderecha no esta dispuesta a abandonar las armas con las que ha forjado su capital poltico y social y que sostienen su ideologa, en la que involucran todas las formas de manifestacin y lucha. No es mera coincidencia que el paramilitarismo haya reaparecido abiertamente al mismo tiempo que los jefes del bur poltico arengaban contra la restitucin de tierras o al mismo tiempo que marchaban sus civiles en desobediencia con camisas y banderas negras o cuando las calles se poblaron de homofbicos que gritaban abajos y vivas en defensa de la familia, la tradicin y la propiedad.

No esta en construccin un partido de ultraderecha, lo que hay es una visin de mundo, de valores que se mezclan para seguir a un lder, que sabe guiar a sus ejrcitos -armado y desarmado- con el nico fin de que en Colombia la guerra no desaparezca, sin ella, no puede tener existencia esa visin, ni encontrar tierra abonada para sembrar y hacer crecer los odios y mantener abiertas las heridas que sirven de manera permanente para convocar a la venganza y promover la divisin entre las victimas que han sido el centro de cuatro aos de negociacin, pero adems alentar la fragmentacin de los sectores sociales desarmados y aislar a los sectores de izquierda.

No hay nada que renegociar, ni con el gobierno, ni con las fuerzas de la ultraderecha, primero porque las conversaciones fueron publicas e informadas, segundo porque los acuerdos fueron aprobados en el marco de unas negociaciones estado-insurgencia, sumando que el presidente fue reelegido para alcanzar el acuerdo de paz. La tolerancia esta del lado de las victimas pero los vencedores del No carecen de propuesta. El plebiscito estaba ganado pero quiz el gobierno sufri la trampa del congreso en su afn de cerrar el paso a una constituyente y hacerse acreedor a un cheque en blanco cobrado anticipadamente, pero incumplido en sus compromisos porque al fin de cuentas para el pas sin guerra, los menos indicados para construir la paz serian ellos.

El episodio reciente del No, es uno mas de la larga historia de traiciones, Fals Borda, sostena que, si Colombia no resuelve el problema de la tierra la sangrienta conquista continuara y as parece ocurrir, si se observa que los primeros en levantar las banderas negras fueron los terratenientes acompaados con la voz del procurador, que seal una y mas veces al presidente como extorsionista y delincuente, sin que las otras voces del estado salieran a controvertir y lo que pareca un pacto ya logrado, de repente queda en vilo y sin interlocutor adicional.

Con el gobierno ya se pacto a la luz de la comunidad internacional y no hay nuevo interlocutor porque no hay un discurso publico del No que controvierta lo pactado y no puede haber dialogo cuando no hay discurso. El No, carece de propuesta, el propsito es empujar al pas al abismo, para que sin obstculo emerja del caos no un partido, si no una visin de mundo de ultraderecha, en la que quepan todos los que acepten aprender el lenguaje, los mtodos y las acciones que ejemplifica con su sabidura y capacidad el lder, el furher, y su bur producto de una mezcla liberal-conservadora, religiosa, homofbica, racista, machista, antiindegenista y anti izquierda. El miedo extendido se refuerza con odio frente a cualquier oposicin, y tambin frente a las victimas que sern presentadas como una anomala para el sistema, pero a pesar de la incertidumbre, el dolor y el saudade, los sectores populares, excluidos histricos y juventudes con sus luchas sociales son y seguirn siendo las abanderadas de la construccin de paz desarmada y su papel ahora ser fortalecer su capacidad de organizacin y resistencia y desplegar su inclaudicable llamado al gobierno y a la insurgencia para acabar la guerra, realizar lo pactado en los acuerdos y defender la vida sin vacilacin ni desesperanza.

Imgenes y semejanzas de raz nazi

La visin de ultraderecha a veces parece calcada del proyecto nazi que creo su propia ciudadana, con una simbologa claramente definida, la mano en alto y el saludo del heil furher. El fundamento de ciudadana fue la adhesin al furher, a quien nadie poda objetar, controvertir, ni sealar, hacerlo equivala a morir, no sin antes padecer el rigor de la degradacin. La ciudadana nazi no hacia parte de una multitud esquizofrnica, ni sus actuaciones estaban basabas en su inconsciencia o su locura, era creada para ser manipulada y educada para creer solo en aquello en lo que se le enseaba a creer.

En Napola ( Elite fr den Fhrer ) se representa a una escuela nacionalsocialista (film alemn, Dennis Gansel, 2004), all no hay lugar para ningn tipo de sentimiento, solidaridad, compasin, o debilidad, salvo el amor a la Patria y el odio a todo aquel que no es nazi, el objetivo es aprender a ser perfectos nazis, es decir a ser maquinas de crueldad y desprecio a los dems seres humanos. Buena parte de esa ciudadana actuaba con inocente ignorancia que impeda plantearse lo que estaba bien o mal, es decir lo que era humano o inhumano. Las tareas estaban impuestas y cada quien cumpla la suya, creyendo que estaba tomando su propia decisin.

El ciudadano nazi hacia parte de la visin nacionalsocialista entendida como una visin del mundo de naturaleza y esencia cristiana sostenida con un enfoque en la familia y la moral de la comunidad, que no aceptaba lo distinto, lo impuro, lo diferencial y que le sirvi para poner por encima de todo las necesidades que anunciaba el furher y que deban ser alcanzadas al alto precio de la guerra. Las excusas estaban a la orden: un tratado de Versalles presentado como una perdida de territorio, y una Repblica de Weimar de inspiracin democrtica-liberal-marxista-socialista, a la que se podan endosar todos los males polticos, econmicos, sociales y culturales presentes o futuros.

El proyecto nazi inicio por crear profundas divisiones polticas internas, producir caos social, desorden, decadencia cultural, empobrecimiento de las masas en beneficio de la minora y un estado general de impotencia en el pas, en trminos de ser capaz de influir en el cambio y la estabilidad, a lo que sumaba la impotencia internacional. Fue una revolucin que comenz como un partido poltico, un movimiento de base, iniciado con apenas 7 hombres, que echaron a andar la desesperanza y la desconfianza y a concentrar el descontento hasta ganar las elecciones democrticas en noviembre de 1932 y legitimar al lder legal y debidamente nombrado como Canciller por mandato del pueblo. En la base estaba un plan integral bien publicitado para rectificar los problemas polticos, econmicos y sociales, con la promesa de pan y trabajo en busca de una llamada solucin y revisin justa del Tratado de Versalles, que rpidamente se convirti en un programa de exterminio y solucin final, que puso en ejercicio la maquina de muerte mas cruel y eficaz del planeta.

El furher siempre hizo ver que sus actuaciones estaban alejadas del poder o de metas o ambiciones personales y el sistema criminal se encargo de hacer creer que sus actos correspondan sencillamente a necesidad de representar y hacer la voluntad del pueblo alemn, como deba ocurrir en una en la verdadera democracia. Hitler era el lder del Partido y el Lder Nacional, no se puso a s mismo por encima del pueblo, logr hacer entender que realmente representaba al pueblo y sus intereses y no hizo promesas que no poda cumplir, su formula fue ser efectivo. A la ciudadana nazi se le enseo a amar al furher y este desbordo su amor a ellos como un mesas, como un padre que protege a su familia, a su tradicin, a su propiedad, a su manera de ser valientes, a ser hombres de honor y de guerra y a tener una sociedad de mujeres educadas para ser buenas esposas, buenas madres de hijos puros no contaminados, ni negros, ni homosexuales, ni comunistas, ni judos, ni enfermos y saber ser sumisas y obedientes. Si todo esto lo enseaba la patria y lo guiaba el lder para que buscar otras explicaciones, otras maneras de pensar o hacer poltica?. Que podra ser mas democrtico que eso?, Si todo estaba ah y adems contena la mezcla de cristianismo, moral y preservacin ante los males que otros pudieran provocar para romper ese orden fijado para que enfrentar lo existente?. Enfrentar ese orden implicaba hacerse responsable del castigo que vendra producto de aplicar la regla sin reglas de la guerra y la barbarie sin limites. Nadie podra ser victima porque no haba conflicto, y el estado solo deba garantizar que nada se contaminara.... y as se hizo hasta destruir el concepto mismo de ser humano construido hasta entonces. Esta vez y aqu eso no pasara, no podr volver a pasar.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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