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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-11-2016

Tpac Amaru II
Revolucin y religin

Julio Yovera
Rebelin


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La presencia de la cultura y la civilizacin hispana, ajena a la cosmovisin de los pueblos ancestrales de nuestro continente, fue percibida de distintas formas. Si las etnias, a los inicios de la llegada de los brbaros colonialistas eran vistos como amigos y aliados para golpear a los quechuas, que en el proceso de expansin y de configuracin de su imperio, haban actuado con violencia, bien pronto se dieron cuenta que los invasores no eran sus liberadores sino sus verdugos.

El extermino fue atroz. Segn Bartolom de las Casas, desde que los colonialistas entraron a los dominios del Tahuantinsuyo, hasta 1542, cuatro millones de nativos haban muerto, bien porque fueron asesinados o por epidemias y enfermedades.

La reaccin de los pueblos nativos frente a los agresores no fue uniforme, ni siquiera al interior de las propias etnias. En efecto, mientras unos devinieron en colaboracionistas, otros los enfrentaron. Quiz el caso ms didctico del prototipo de traidor sea el de Felipillo, quien representa la imagen del inescrupuloso (independientemente que haya muerto por apoyar la rebelin de los nativos mapuches del sur). Otro, muy distinto, es el ejemplo de los caciques Marca Huilka o Poechos, que fueron los primeros que se enfrentaron a la invasin hispana y por ese delito murieron en la hoguera, asistidos por sacerdotes cmplices.

De hecho, hubo resistencia por sta no calificada de accin revolucionaria. Hagamos la siguiente reflexin: Desde que se impuso la dominacin, tomando como referencia la ejecucin de Atahualpa, noviembre de 1532, hasta la primera gran rebelin de Juan Santos Atahualpa, 1742, haban pasado 210 aos. Qu explicacin podemos dar a esto? Por qu se reaccion tan tarde?

La respuesta es una sola: la dominacin fue no solo fsica, sino tambin mental. La religin, el opio de los pueblos que llamara Marx casi un siglo despus, convirti a la poblacin en rebao, sino conforme por lo menos soportando su destino y temerosa de un dios supremo.

Herida en su autoestima, satanizada por haber practicado la adoracin de idolatras, la religin catlica fue utilizada no como arma auxiliar sino fundamental en la mente de los nativos, que soportaron con estoicismo la explotacin esclavista en las minas y la servidumbre feudal en el campo.

La superioridad tcnica, el uso de la plvora, el caballo, la lanza, el arcabuz no son suficientes para explicar la penetracin profunda en la conciencia de los indgenas del temor, ms que al castigo, a la irremediable condena al infierno. Los ministros de la fe les haca creer que por el hecho de ser indios no eran seres humanos.

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Aflora entones una pregunta: 10 mil aos como mnimo- de cosmovisin ancestral, de adoracin a las fuerzas de la naturaleza, a los apus, al sol, al dios Wiracocha, pudieron ser erradicadas fcilmente por el sacerdote, la Biblia y la cruz? Y no es ste un argumento para sostener que el religin catlica con su dios barbado es una demostracin que se estaba frente a la religin verdadera?

No perdamos de vista que la evangelizacin fue un acto de imposicin violenta, y traumtica. Sobre todo, fue un asunto de vida o muerte para los espaoles. Y por eso, torturaban y evangelizaban a los indios. Al respecto, el padre Bartolom de las Casas nos da el siguiente testimonio de lo que fue la cristiana forma de tratar a los nativos:

yo afirmo que yo mismo vi antes mis ojos a los espaoles cortar manos, narices y orejas a indios e indias, sin propsito, sino porque se les antojaba hacerlo, y en tanto lugares y partes que sera largo de contar. E yo vi que los espaoles les echaban perros a los indios para que los hicieran pedazos, y los vi as aperrear a muy muchos. Asimesmo es verdad que tomaban nios de teta por los brazos y los echaban arrojadizos cuanto podan, e otros desafueros y crueldades sin propsito, que me ponan espanto, con otros innumerables que vi que seran largas de contar (De las Casas: 176)

 

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Toda revolucin es producto de un estallido de contradicciones acumuladas. La teora cientfico social seala: cuando los de arriba ya no pueden gobernar como antes y los de abajo ya no estn dispuestos a seguir dominados, las confrontaciones empiezan a manifestarse.

Pero, hay un factor ms. Las revoluciones no solo requieren de condiciones objetivas, requieren tambin de condiciones subjetivas.

En los tiempos de la rebelin de Tpac Amaru, noviembre de 1780 (252 aos de la muerte de Atahualpa), las condiciones objetivas maduraban a favor de la revolucin. La vida de las masas indgenas se pauperizaron. Las minas eran tumbas; el orden colonial era un reino de exterminio y hambruna para las masas nativas; los tributos, verdadera estafas; las reparticiones y obrajes, actos de genocidio. En la costa, los esclavos negros vivan atados a las cadenas de la hacienda. Las condiciones objetivas eran follaje seco.

Tambin se daban las condiciones subjetivas que operan o se manifiestan en el estado de nimo, en la conciencia, en la voluntad de quienes estn dispuestos a liderar las acciones que impulsen a las masas tambin identificadas con la urgencia del cambio- a tomar el cielo por asalto. Este fenmeno apareci en toda su expresin con el liderazgo de Tpac Amaru II, descendiente directo del ltima inca Tpac Amaru, quien consider que estaban dadas las condiciones para organizar y levantar a las masas para incendiar la pradera.

Fue mesinico Tpac Amaru II? Nosotros preferimos decir que fue consciente de su destino. No era un fantico. Era un hombre preparado. Su formacin intelectual era resultado de las dos culturas que estaban en permanente choque pero que a la vez, paulatinamente, se imbricaban en un complejo proceso de sincretismo.

Los jesuitas se haban hecho cargo de su formacin occidental, ley a los pensadores franceses; pero tambin se educ en la tradicin oral de sus ancestros. Lea al cronista Garcilaso Inca de la Vega. No era un hombre ms dentro de la sociedad colonial. Tena cultura, economa y era cacique (jefe) de poblados importantes: Surimana, Pampamarca y Tungasuca. Por eso logr proyectar su liderazgo.

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Hbil y perspicaz. Se propuso unir alrededor de la revolucin a las amplias masas. Que no lo haya logrado no descalifica su grandeza. No perdamos de vista su proyeccin estratgica, que la muestra cuando da su famoso bando antiesclavista de liberacin de los negros. Muchos con ingenuidad y algunos con cierta sorna (recordemos que Tpac Amaru todava sigue dando batallas), se han preguntado pero, por qu la libertad de los negros si en el Cusco no los haba en nmero significativo? La respuesta es la siguiente: con esa bandera programtica buscaba que la rebelin prendiera tambin en los valles de la Costa, donde estaba concentrada una enorme masa de poblacin negra. Eso era o no una muestra de pensamiento estratgico?

Cuando se declara inca logr atraer a una masa importante. Era identificable y reconocido como un lder de coraje y buen entendimiento. Su ritualidad catlica la sigui practicando. La contraofensiva hispana no solo fue militar, tambin fue religiosa. En la ciudad del Cusco en los aos de revolucin tena 30 mil habitantes. En ella se concentraban nueve conventos, tres monasterios, ocho beateros y siete colegios manejados por la Iglesia (WALKER: 93), que hicieron su guerra santa para derrotar a Tpac Amaru.

Al iniciarse la revolucin, despus de darle muerte al corregidor Arriaga y cuando obtiene su primera victoria en Sangarar, Tupac Amaru se convierte en el jefe de una revolucin que es una lucha de clases, la primera que remece los cimientos del orden colonial. Espaa apela a todo su poder, a todas sus malas artes para derrotar el movimiento. Y pese a todo, la revolucin se mantuvo, cierto, cada vez en las condiciones ms difciles.

El clero en esta lucha de clases estuvo dividido. El sector privilegiado al lado de los jerarcas coloniales y el bajo clero, los sacerdotes, no todos pero s un cierto nmero, al lado de las fuerzas insurrectas. Cuando la autoridad eclesistica en su afn de romper el cordn que una al lder con la masa creyente, lo excomulga lo hace porque sabe que esta accin a los ojos de la gente era una maldicin que alcanzaba no solo al jefe y su familia sino tambin a sus seguidores.

La revolucin se bati por dos aos. Y cierra su primer captulo con la captura y ejecucin de un lder que muri para vivir. Desde la perspectiva de estos tiempos podemos decir que Tpac Amaru encarn un Proyecto Revolucionario Andino. En efecto, aun cuando con la derrota de Tpac Amaru II se pierde la posibilidad que los sectores nativos lideraran y hegemonizaran el proyecto emancipador y se frustra la posibilidad de reconstruir en las mejores condiciones, la identidad de las culturas ancestrales y la construccin de la nacin peruana de todas las sangres, como dira el escritor Jos Mara Arguedas, este ideal permanece.

El gran encuentro entre las culturas originarias y la cultura occidental est pendiente. Esa ser una tarea que tendr que asumir el pueblo y sus organizaciones polticas, cvicas y culturales.


Notas:

De Las Casas, Bartolom. Brevssima relacin de la destrycin de las indias, Biblioteca EDAF, Espaa, 2005.

Walker, Charles. La Rebelin de Tpac Amaru, Instituto de Estudios Peruanos, Lima, 2015.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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