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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-02-2017

Argumentos antidependentistas

Claudio Katz
Rebelin


Las teoras de la dependencia afrontaron numerosas crticas de tericos marxistas, que contrapusieron esa concepcin con el pensamiento socialista.

El autor ingls que inaugur esas objeciones en los aos 70 seal que el capitalismo tenda a eliminar el subdesarrollo, mediante la industrializacin de la periferia. Destac que el dependentismo ignoraba ese proceso motorizado por el capital extranjero (Warren, 1980: 111-116, 139-143, 247-249).

En la dcada del 80 otro pensador britnico estim que el despegue del Sudeste Asitico refutaba la principal caracterizacin de la teora de la dependencia (Harris, 1987: 31-69). Posteriormente varios intelectuales latinoamericanos expusieron ideas semejantes.

Algunos revisaron sus escritos anteriores, para realzar la expansin de la periferia bajo el timn de las empresas transnacionales (Cardoso, 2012: 31). Otros sustituyeron viejos cuestionamientos a la insuficiencia marxista de la teora de la dependencia, por nuevas crticas a la ceguera frente el mpetu del capitalismo (Castaeda, Morales: 33; Sebreli, 1992: 320-321).

Todos adscribieron al neoliberalismo y se distanciaron de la izquierda. Pero sus ideas influyeron en la nueva generacin antidependentista.

REPLANTEO DEL MISMO ENFOQUE

Algunos crticos ms recientes estiman que la dependencia es un trmino apropiado para designar situaciones de predominio tecnolgico, comercial o financiero de los pases ms desarrollados. Pero consideran que la concepcin en debate omiti el carcter contradictorio de la acumulacin, pas por alto la industrializacin parcial del Tercer Mundo y expuso errneas caracterizaciones estancacionistas (Astarita, 2010a: 37-41, 65-93).

De esas objeciones deducen la inconveniencia de indagar las leyes de la dependencia, con supuestos de capitalismo diferenciado para el centro y la periferia. Consideran ms apropiado profundizar el estudio de la ley del valor, que elaborar una teora especfica de las economas atrasadas (Astarita, 2010a: 11, 74-75; 2010b).

Otros autores objetan el abandono de Marx por parte de Marini. Entienden que asign una arbitraria capacidad al capital monopolista para manejar variables econmicas y obstruir el desenvolvimiento latinoamericano (Kornblihtt, 2012). Algunos consideran, adems, que el dependentismo desconoci la primaca del capitalismo mundial sobre los procesos nacionales (Iigo Carrera, 2008: 1-4).

Estos cuestionamientos han aparecido en un marco poltico muy distinto al prevaleciente en los aos 70 y 80. Los dardos ya no apuntan contra los defensores de la revolucin cubana, sino contra los simpatizantes del curso radical liderado por el chavismo.

En este contexto reaparece el debate sobre el status internacional de los pases latinoamericanos. Especialmente Argentina es vista por varios antidependentistas como una economa desarrollada.

Los crticos tambin retoman viejos rechazos al reemplazo de los antagonismos de clases por registros de explotacin entre pases. Acusan al dependentismo de promover modalidades de capitalismo benigno para la periferia (Dore; Weeks, 1979), impulsar procesos locales de acumulacin (Harman, 2003) y favorecer alianzas con la burguesa nacional (Iigo Carrera, 2008: 34-36).

Algunos subrayan que esa orientacin conduce a un nacionalismo radicalizado que recrea falsas expectativas en la liberacin nacional. Proponen adoptar planteos internacionalistas focalizados en la contradiccin entre el capital y el trabajo (Astarita, 2010a: 99-100).

Estas visiones estiman que el dependentismo abandon el rol prominente del proletariado a favor de otros agentes populares (Harris, 1987: 183-184, 200-202). Objetan la negacin o desconsideracin de la funcin histrica de la clase obrera (Iigo Carrera, 2009: 19-20). Consideran que se diluye el carcter internacional del proyecto anticapitalista, retomando planteos autrquicos de construccin del socialismo en un slo pas (Astarita, 2010b).

Estos balances negativos de la teora de la dependencia contrastan con las miradas convergentes que expusieron varios autores endogenistas y sistmicos. Los argumentos antidependentistas son contundentes: pero tienen consistencia, validez y coherencia?

INTERDEPENDENCIA?

Las crticas iniciales apuntaron a minimizar los efectos del subdesarrollo que denunciaban los dependentistas. Sealaban que el capital forneo remita utilidades luego de generar una gran expansin y estimaban que el drenaje de recursos padecido por la periferia no era tan severo (Warren, 1980:111-116, 3-143).

Pero evitaban indagar por qu razn ese beneficio era considerablemente superior al vigente en las economas centrales. La teora de la dependencia nunca neg la existencia de cursos de acumulacin. Slo resalt las obstrucciones que introducan las inversiones extranjeras a los procesos integrados de industrializacin.

Los objetores sealaron que las desigualdades sociales eran el costo requerido para movilizar la iniciativa empresarial en el debut del desarrollo. Consideraban que esa inequidad tenda a corregirse con la expansin de las clases medias (Warren, 1980:199, 211).

Pero esa presentacin de capitales desembarcando en la periferia para favorecer a toda la poblacin contrastaba con los hechos. El esperado derrame nunca traspas el imaginario de los manuales neoclsicos.

El critic ingls realz, adems, el incentivo aportado por la diferenciacin social al despegue del sector primario, omitiendo la dramtica expoliacin campesina que impuso el agro-negocio. Justific incluso la informalidad laboral repitiendo absurdos elogios a las potencialidades empresarias de los desamparados (Warren, 1980: 236-238, 211-224).

Esas afirmaciones sintonizaron con las teoras liberales, que ensalzaban un futuro de bienestar como resultado de la convergencia entre economas atrasadas y avanzadas. Con esa idealizacin del capitalismo repitieron todos los argumentos del mainstream contra el dependentismo.

Destacaron especialmente que esa corriente desconoca la influencia mutua generada por las nuevas relaciones de interdependencia, entre el centro y la periferia. (Warren, 1980: 156-170). Pero no aportaron ningn dato de mayor equidad en esas conexiones. Era evidente que la influencia ejercida por Hait sobre Estados Unidos, no tena ningn reverso equivalente.

Una presentacin reciente del mismo argumento afirma que la teora de la dependencia slo registra el status subordinado de los exportadores de insumos bsicos, sin considerar las ataduras simtricas que padecen los productores de mercancas elaboradas (Iigo Carrera, 2008: 29).

Pero un exportador de bananas juega en la misma divisin que su contraparte especializada en computadoras? La obsesin por realzar slo las desigualdades que imperan entre el capital y el trabajo, conduce a imaginar que en cualquier otro mbito rigen relaciones de reciprocidad.

COMPARACIONES SIMPLIFICADAS

Los crticos de la teora de la dependencia afirmaron que la fuerte expansin de las economas subdesarrolladas del Sudeste Asitico, desmenta los pilares de esa concepcin.

Pero Marini, Dos Santos o Bambirra nunca afirmaron que era imposible el acelerado crecimiento de ciertos pases retrasados. Slo destacaron que ese proceso introduca mayores desequilibrios que los afrontados por las economas avanzadas.

Con ese enfoque analizaron el debut manufacturero de Argentina, el despunte posterior de Brasil y la implantacin ulterior de maquilas en Mxico.

En esos tres casos remarcaron las contradicciones del desenvolvimiento fabril en la periferia. Lejos de descartar cualquier expansin, indagaron los anticipos latinoamericanos de lo ocurrido posteriormente en Oriente. El desenvolvimiento asitico no refut los diagnsticos del dependentismo.

En abordajes ms detallados, los crticos estimaron que Corea, Taiwn y Singapur demostraron la inviabilidad de modelos proteccionistas que generan despilfarro y encarecimiento de costos (Harris, 1987: 28, 190-192).

Pero tampoco este ltimo resultado afect a la teora marxista de la dependencia. Al contrario, confirm sus objeciones al desarrollismo de posguerra y al modelo de la CEPAL.

Esos cuestionamientos fueron expuestos subrayando impugnaciones de mayor envergadura al liberalismo, que varios antidependentistas omiten. Los partidarios de esta ltima vertiente ponderan las oleadas de liberalizacin, elogiando su impacto en Asia y cuestionando su desaprovechamiento por parte de las economas ms cerradas (Harris, 1987: 192-194).

Olvidan que las posibilidades de mayor industrializacin nunca estuvieron abiertas a todos los pases, ni siguieron patrones de apertura comercial. El dependentismo intuy ese escenario, al observar cmo la mundializacin afectaba a las naciones perifricas con los mercados internos de cierta envergadura (Amrica Latina) y apuntalaba a las localidades con mayor abundancia y baratura de la fuerza de trabajo (Asia).

Mientras que la visin dependentista explic los cambios de las corrientes de inversin por la lgica objetiva de la acumulacin, los crticos realzaron la apertura comercial, con mensajes muy afines al neoliberalismo.

El mismo razonamiento fue utilizado para ensalzar la prosperidad de ciertas economas tradicionalmente asentadas en la agro-minera. Afirmaron que Australia y Canad demostraban cmo los exportadores de productos primarios podan ubicarse en espacios ms prximos al centro que a la periferia (Warren, 1980: 143-152).

Pero nunca aclararon si esos pases constituan la norma o la excepcin de las economas especializadas en insumos bsicos. La teora marxista de la dependencia no intent encajar la gran variedad de situaciones internacionales, en un simplificado envase de centro-periferia. Ofreci un esquema para explicar la perdurabilidad del subdesarrollo en el grueso de la superficie mundial, frente a enfoques pro-liberales que negaban esa fractura.

Si se reconoce esa brecha resulta posible avanzar en el anlisis ms especfico de las estructuras semiperifricas y los procesos polticos subimperiales, que explican el lugar de Canad o Australia en el orden global.

Una visin dependentista actualizada permitira clarificar esos posicionamientos, precisando los distintos planos de anlisis del capitalismo global. Este sistema incluye desniveles econmicos (desarrollo-subdesarrollo), jerarquas mundiales (centro-periferia) y polaridades polticas (dominacin-dependencia). Con esa mirada se puede comprender el lugar ocupado por los pases localizados en cinturones complementarios del centro.

A diferencia de crticos muy emparentados con el pensamiento neoclsico, los tericos marxistas de la dependencia subrayaron que el capitalismo mundial recrea las desigualdades. No postularon el carcter invariable de esas asimetras, ni concibieron un esquema de puros actores polares. Sugirieron la existencia de un complejo espectro de situaciones intermedias. Con esa mirada evitaron presentar cualquier ejemplo de desarrollo como un curso imitable con recetas de libre mercado.

ESTANCACIONISMO?

Algunos crticos ms recientes coinciden con sus antecesores en estimar que la expansin del Sudeste Asitico propin un severo golpe al dependentismo (Astarita, 2010a: 93-98). Pero olvidan que ese desenvolvimiento no afect ms a esa corriente, que a cualquier otra teora de la poca. El crecimiento de Corea y Taiwn gener la misma sorpresa que la posterior implosin de la URSS o la reciente irrupcin de China.

Los objetores tampoco evalan si la industrializacin de las economas orientales inaugur un proceso que podra copiar el resto de la periferia. Slo reafirman que el despunte oriental demostr el incumplimiento de los pronsticos dependentistas de estancamiento (Astarita, 2010b). Retoman una afirmacin que ha sido frecuentemente expuesta como explicacin del declive de ese enfoque (Blomstrom; Hettne, 1990: 204-205).

Pero la falla en cierta previsin no descalifica un razonamiento. A lo sumo indica insuficiencias en la evaluacin de un contexto. Marx, Engels, Lenin, Trotsky o Luxemburg formularon muchos pronsticos fallidos.

El marxismo ofrece mtodos de anlisis y no recetas para develar el futuro. Permite diagnosticar escenarios con mayor consistencia que otras concepciones, pero no ilumina los sucesos del porvenir.

Los pronsticos permiten corregir observaciones a la luz de lo ocurrido y deben ser valorados en funcin de la consistencia general de un enfoque. Constituyen tan slo un elemento de evaluacin de cierta teora.

El estancacionismo atribuido al dependentismo es un defecto de otro tipo. Implica caracterizaciones que desconocen la dinmica competitiva de un sistema gobernado por ciclos de expansin y contraccin. Un congelamiento estructural de las fuerzas productivas es incompatible con las reglas del capitalismo.

Esa lgica fue desconocida por varios tericos de la heterodoxia (Furtado) y por algunos pensadores influidos por las tesis del capital monopolista (el primer Gunder Frank). Ambas vertientes sostuvieron la existencia de un bloqueo permanente al crecimiento.

En cambio el marxismo dependentista estudi los lmites y las contradicciones de la periferia en comparacin al centro, sin identificar el subdesarrollo con la parlisis de la economa. Resalt que Brasil o Argentina padecan desajustes diferentes y superiores a los vigentes en Francia o Estados Unidos.

La falsa acusacin de estancacionismo contra Marini fue inicialmente difundida por Cardoso. Destac la familiaridad de su contrincante con los economistas que Lenin criticaba por negar la posibilidad de un desenvolvimiento capitalista de Rusia (narodnikis).

Pero el propio objeto de estudio de Marini desmenta esa acusacin, puesto que indagaba desequilibrios generados por la industrializacin de Brasil. No evaluaba recesiones permanentes, sino tensiones derivadas de un significativo proceso de crecimiento.

La desacertada crtica al estancacionismo es a veces atemperada, con objeciones a la omisin del carcter contradictorio de la acumulacin. En este caso se cuestiona el desconocimiento de mercados ampliados o productividades ascendentes ( Astarita, 2010a: 296).

Pero si Marini hubiera ignorado esa dinmica no habra podido estudiar los desajustes peculiares de las economas subdesarrolladas. Su aporte justamente radic en sustituir genricas evaluaciones del capitalismo por investigaciones especficas de los desequilibrios en esas regiones. Analiz en detalle el universo que sus crticos descalifican.

MONOPOLIOS Y LEY DEL VALOR

La caracterizacin de los monopolios es vista por los crticos como otro desacierto del dependentismo. Estiman que exager la capacidad de las grandes firmas para afectar a las economas perifricas, manipulando la formacin de los precios (Kornblihtt, 2012).

Pero Marini se mantuvo muy alejado de las influyentes teoras del capital monopolista de los aos 60 y 70. Al igual que Dos Santos, indag con mayor atencin desequilibrios de la esfera productiva que desajustes en el mbito financiero. Sus investigaciones estuvieron ms centradas en las contradicciones de la acumulacin, que en el manejo de los precios por parte de las grandes empresas.

Ciertamente tom en cuenta cmo esas firmas acaparan plus-ganancias a escala global. Pero adopt un enfoque emparentado con autores marxistas distanciados de las tesis monopolistas (como Mandel). A diferencia de muchos keynesianos de su poca, no le asign a las grandes compaas un poder discrecional para fijar los precios.

Marini mantuvo gran distancia con las visiones rudimentarias del monopolio y rechaz tambin la m istificacin opuesta de la competencia. Esa fascinacin salta a la vista en Warren o Harris, que ponderaron los mritos de la concurrencia con caracterizaciones muy prximas al abordaje neoclsico . Por esa idealizacin del capitalismo competitivo desconocieron la relevancia de la estratificacin centro-periferia.

Otros crticos consideran que Marini se alej de Marx al perder de vista la centralidad de la ley del valor. Proponen retomar ese concepto para clarificar las relaciones de dependencia (Astarita, 2010b).

Pero la problemtica del subdesarrollo no se esclarece con ese tipo de investigaciones. Varios autores han destacado que los estudios a ese nivel de abstraccin no facilitan la comprensin de la fractura global (Johnson, 1981).

Se necesitan mediaciones adicionales a las utilizadas en El Capital. En ese texto se analiza la explotacin (tomo 1), la reproduccin (tomo 2) o la crisis (tomo 3) del sistema. Marx esperaba abordar la estructura internacional (y probablemente las brechas en el desarrollo), en un trabajo que no lleg a elaborar (Chinchilla; Dietz, 1981).

Seguramente esa investigacin habra ampliado el conocimiento de los desniveles mundiales en el periodo de formacin del capitalismo. Pero conviene igualmente recordar que la dinmica centro-periferia presentaba en el siglo XIX caractersticas muy diferentes a las predominantes a fines de siglo XX.

Ms que el retorno a Marx postulado por algunos analistas (Radice, 2009), la clarificacin de ese problema exige retomar las reflexiones de los tericos marxistas de la centuria pasada (Katz, 2016b, 2016c).

La ley del valor aporta un principio general de explicacin de los precios y una teora genrica del funcionamiento y la crisis del capitalismo. Ninguna de esas dimensiones alcanza para esclarecer la dinmica del subdesarrollo. Esa comprensin exige razonar en niveles ms concretos (y a la vez consistentes), con los utilizados para capturar la lgica del valor.

EL SUBDESARROLLO COMO UN SIMPLE DATO

Algunos autores cuestionan las explicaciones del atraso centradas en la subordinacin de la periferia. Sostienen que rige una causalidad inversa de situaciones de dependencia derivadas del subdesarrollo de esas economas (Figueroa, 1986:11-19, 55-56).

Esta interpretacin presenta semejanzas con el razonamiento endogenista, que atribua las desigualdades internacionales a contradicciones internas de cada pas. Ese enfoque objetaba la primaca de causas externas en la explicacin del retraso econmico, resaltando el mayor impacto de los resabios oligrquicos o semifeudales. Entenda que las exacciones generadas por la dominacin imperial eran menos determinantes que la persistencia de rmoras precapitalistas.

El planteo antidependentista es diferente. Rechaza la subsistencia de esos rasgos y subraya la vigencia de escenarios totalmente capitalistas. Por eso objeta tanto a los tericos de la dependencia como del endogenismo tradicional.

Con esa mirada un exponente de esas crticas resalta los determinantes capitalistas internos del perfil que presenta cada pas. Tambin afirma que la insercin internacional de cualquier nacin es un resultado de la forma en que accedi al mercado mundial (Astarita, 2010a: 296).

Pero cmo explica ese enfoque la fractura entre economas avanzadas y retrasadas? Por qu razn esa brecha ha persistido en los ltimos dos siglos?

Una respuesta destaca que en la divisin internacional del trabajo, las modalidades ms productivas se concentran en las economas centrales y las ms rudimentarias en la periferia (Figueroa, 1986:11-19, 55-56, 61).

Otra manera de exponer el mismo diagnstico es la conocida descripcin de especializaciones diferenciadas, en la provisin de alimentos o manufacturas por ambos tipos de pases (Iigo Carrera, 2008: 1-2,6-9).

Pero la constatacin de ese contrapunto no clarifica el problema. Mientras que la interpretacin dependentista atribuye el subdesarrollo a la transferencia de recursos y el endogenismo a la subsistencia de estructuras precapitalistas, la interpretacin de los crticos brilla por su ausencia.

Esa visin parece aceptar que la fractura inicial fue causada por diversas peculiaridades histricas (feudalismo europeo, singularidades del agro ingls, transformaciones manufactureras europeas, atributos del estado absolutista, precocidad de ciertas revoluciones burguesas), pero no explica la persistencia contempornea del atraso. Lo ocurrido en los siglos XVI-XIX no alcanza para esclarecer la realidad actual.

El antidependentismo carece incluso de las respuestas bsicas que proponen los enfoques neoclsicos (obstruccin a los emprendedores) o heterodoxos (impericia de los estados). Slo se limita a registrar que las economas avanzadas y relegadas difieren por su grado de desarrollo.

Esa obviedad no aclara las brechas cualitativas que rigen en el orden mundial. El contraste entre Estados Unidos y Japn no se equipara con el abismo que separa a ambos pases de Honduras. El subdesarrollo distingue ambas situaciones.

Los crticos rechazan el papel jugado por los drenajes de valor de la periferia hacia el centro en la reproduccin de ese atraso. Pero sin reconocer las variadas modalidades e intensidades de esas transferencias, no hay forma de explicar la estabilidad de las polarizaciones, bifurcaciones y jerarquas mundiales. La negacin de esos flujos imposibilita cualquier interpretacin.

CLASIFICACIONES Y EJEMPLOS

La mayora de los crticos presenta al dependentismo como un bloque indistinto, omitiendo las enormes diferencias que separan a las vertientes marxistas y convencionales de ese enfoque.

Mientras que Cardoso observaba el subdesarrollo como una anomala del capitalismo, Marini, Dos Santos y Bambirra caracterizaron el mismo rasgo como una caracterstica de ese sistema.

Algunos objetores reconocen esas divergencias y registran la inexistencia de una escuela comn. Pero luego de sealar esas diferencias unifican a los autores distinguidos, cmo si conformaran un grupo de exponentes ms o menos radicales de la misma tesis (Astarita, 2010a: 37-41, 17-63).

La mayor confusin es introducida en la evaluacin de Cardoso y Marini. El ex presidente es presentado como un terico ms abierto que el autor de Dialctica de la dependencia. Se pondera su metodologa, cuestionando slo los pilares weberianos de ese abordaje o la jerarquizacin de las relaciones polticas, en desmedro del anlisis econmico (Astarita, 2010a: 65-82).

Pero no se aclara cul fue el aporte de Cardoso antes de su viraje neoliberal. Tampoco se reconoce la contribucin de Marini al entendimiento de la relacin centro periferia. Especialmente se olvida que la hostilidad y afinidad de ambos pensadores hacia el socialismo revolucionario no fue ajena a esos contrapuestos resultados. El desconocimiento de ese contraste por parte de los crticos obstruye su balance de ambos tericos.

Marini aport conceptos (como el ciclo dependiente) para comprender la continuada reproduccin de las brechas mundiales. Ese logro fue acertadamente percibido en los aos 80 por un importante analista (Edelstein, 1981). Resalt el mrito de captar las razones que impidieron a Amrica Latina repetir el desenvolvimiento de Europa o Estados Unidos. Subray tambin que la lgica de la dependencia ofrece una respuesta coherente de esa limitacin.

Ese enfoque brind, adems, un gran soporte a numerosos estudios nacionales y regionales de subdesarrollo. La desvalorizacin de esa contribucin conduce a muchas caracterizaciones fallidas de los crticos.

Al indagar, por ejemplo, el recurrente fracaso de los intentos de industrializacin de las economas petroleras (Arabia Saudita, Irn, Argelia, Venezuela) un autor antidependentista remarca la gravitacin nociva del rentismo. Seala tambin el afianzamiento de burocracias ineficientes, la incapacidad para utilizar productivamente las divisas y la repeticin de un patrn histrico de dilapidacin (Astarita, 2013:1-11).

Pero ninguna de estas explicaciones endgenas alcanza para comprender la continuidad del subdesarrollo. La tesis dependentista destaca otro aspecto clave: la fragilidad estructural de las economas retrasadas por su insercin subordinada en la divisin internacional del trabajo. Ese sometimiento genera salidas de capitales superiores a los ingresos obtenidos con la exportacin de crudo.

Las economas petroleras han padecido intercambios comerciales deficitarios, descapitalizaciones financieras y transferencias de fondos por remisin de utilidades o pagos de patentes. La fuga de capital y el endeudamiento agravaron esos desequilibrios propios de la dependencia. Lo que salta a la vista en cualquier estudio de esos pases, no es registrado por los objetores de Marini.

ARGENTINA PAIS DESARROLLADO?

Un importante corolario del antidependentismo es la presentacin de varios pases latinoamericanos como naciones desarrolladas. Esa interpretacin rige particularmente para el caso de Argentina.

Un exponente de esa visin cuestiona duramente a quines se aferran dogmticamente a la ideologa de un pas atrasado, para no reconocer que ese pas alcanz el nivel de acumulacin requerido por el capitalismo mundial (Iigo Carrera, 2008: 32).

Pero el problema a resolver es el significado de esa expansin y esa ubicacin internacional. Es una obviedad recordar que Argentina es un gran exportador de alimentos. Lo que se debe aclarar son las implicancias de ese rol.

Los crticos afirman que la elevada dimensin de la renta ganadera, cerealera o sojera determin la incorporacin del pas al capitalismo mundial con un status de economa avanzada.

Pero la magnitud de una renta no es sinnimo de desenvolvimiento. Puede indicar situaciones opuestas de obstruccin al crecimiento sostenido. El desarrollo no se mide por la cuanta de un excedente exportable, sino por el grado de industrializacin o los parmetros de desarrollo humano. Ninguno de estos guarismos ubica a la Argentina en el primer estamento de la jerarqua global.

La renta no define esa clasificacin. Es un ingrediente econmico clave de Canad, Argentina y Bolivia, que convalida el nivel desarrollado del primero, intermedio del segundo y retrasado del tercero.

En toda la historia argentina se verificaron intensas pujas por la distribucin de la renta, entre sus receptores del agronegocio y sus captores de la industria. Ese recurso oper como sostn indirecto de actividades industriales, que nunca lograron niveles de competitividad internacional o productividad auto-sustentable.

Ese resultado ilustra el funcionamiento de una economa retrasada, dependiente y afectada por crisis peridicas de gran alcance. Por eso los capitalistas eluden la inversin, resguardan sus fondos en el exterior y facilitan la apropiacin financiera de la renta, en desmedro de su canalizacin productiva. Ese mecanismo retrata el carcter subdesarrollado de Argentina.

Los crticos observan este problema en forma invertida. Priorizan el anlisis del sector ms rentable y registran que la competitividad del agro es comparable al promedio vigente en Europa o Estados Unidos. Con esa evaluacin concluyen situando a la Argentina en el pelotn de economas desarrolladas.

Pero el grado de desenvolvimiento de un pas no se define por su rama ms rentable. Utilizando ese criterio, Arabia Saudita y Chile quedaran ubicados en el top del ranking mundial por sus acervos de petrleo y cobre. El elevado lucro de un sector primario es habitualmente un indicador de atraso productivo. 

El status relegado de Argentina se verifica en el propio segmento agrario. Ms all de la controversia sobre la continuidad o reversin de los modelos extensivos con limitada utilizacin de capital por hectrea, es evidente la total dependencia de ese esquema de los insumos importados.

Esos componentes son provistos por empresas extranjeras, que refuerzan el predominio de un cultivo potenciado con siembra directa, transgnicos y agro-txicos. Esa atadura es un claro indicio de subdesarrollo (Anino; Mercatante: 2010: 1-7).

Algunos autores estiman que la economa argentina absorbe el grueso de su renta y genera afluencias de fondos del centro hacia la periferia, que desmienten la teora de la dependencia (Kornblihtt, 2012).

Esta caracterizacin recrea las miradas que aparecieron en los aos 70 con la irrupcin de la OPEP. La captura de la renta petrolera por parte de las economas generadoras de ese excedente indujo a diagnosticar la extincin de la vieja subordinacin de los exportadores primarios al centro.

Pero la experiencia demostr el carcter pasajero de esa coyuntura. A travs de acreencias financieras y supervits comerciales, las economas avanzadas recuperaron esos ingresos.

Argentina tambin atraves por transitorios periodos de gran absorcin de su renta agroganadera, pero el status poltico dependiente acentu la disipacin de esa captura. Un pas con mayores perodos de sometimiento que de autonoma en su accin internacional, tiene escasa capacidad para manejar sus excedentes.

Argentina se ubica muy lejos del retrato antidependentista. No es una economa desarrollada, no ocupa un lugar central en la divisin del trabajo y no desenvuelve estrategias de potencia dominante.

CUESTIONAMIENTOS POLTICOS

Los crticos cuestionan el alineamiento antiimperialista de los tericos de la dependencia, identificando ese posicionamiento con el abandono de posturas anticapitalistas (Kornblihtt, 2012).

Pero no indican cundo y cmo se produjo esa desercin. Ningn exponente marxista de esa tradicin divorci la resistencia a los avasallamientos imperiales de sus cimientos capitalistas. Siempre aunaron ambos pilares.

Se acusa al dependentismo de sustituir el anlisis de clase por enfoques centrados en la nacin (Dore; Weeks, 1979). Esta actitud es asociada con errneos postulados de explotacin entre pases (Iigo Carrera, 2009: 27).

Pero ningn debate puede desenvolverse en esos trminos. La explotacin es ejercida por las clases dominantes sobre los asalariados de cualquier nacin. Esa relacin, no se extiende a los beneficios obtenidos por un pas a costa de otro, en el mercado mundial. Cmo los tericos marxistas de la dependencia nunca confundieron ambas dimensiones la objecin carece de sentido.

Es cierto que en la propaganda poltica antiimperialista, los adherentes de esa corriente utilizaron (a veces) trminos confusos para denunciar saqueos de recursos naturales o hemorragias financieras. En estos casos recurrieron a denominaciones incorrectas para formular denuncias pertinentes. Pero el antidependentismo padece un inconveniente mayor. Sus desaciertos se ubican en el plano de los conceptos y no en la terminologa.

Marini, Dos Santos y Bambirra siempre sealaron a los capitalistas como responsables de todas las modalidades de dominacin. Nunca sostuvieron que las clases oprimidas de la periferia eran explotadas por sus pares del centro.

Esta caracterizacin slo fue sugerida por autores prximos al tercermundismo (como Emmanuel), que retomaron viejas interpretaciones sobre el comportamiento complaciente de la aristocracia obrera frente a las acciones imperiales.

Los crticos tambin sealan que el dependentismo promovi el capitalismo nacional en la periferia, para apuntalar al capital privado nacional frente a las empresas extranjeras (Harris, 1987: 170-182). Consideran que observ a la burguesa nacional como un aliado natural en la batalla por el desarrollo (Iigo Carrera, 2008: 34-36).

Pero esas metas eran auspiciadas por el nacionalismo conservador o los promotores del desarrollismo y no por el dependentismo. Bajo el impacto de la revolucin cubana, esa corriente adopt una ntida actitud de compromiso con el proyecto socialista.

Lo nico cierto es que los tericos marxistas de la dependencia reconocan la diferencia entre las clases dominantes de la periferia y sus equivalentes del centro. Rechazaban la identidad entre ambos segmentos que postul un crtico de esa concepcin (Figueroa, 1986: 80, 91, 203).

Marini, Dos Santos y Bambirra recordaban el lugar subordinado que ocupa la burguesa local en la divisin internacional del trabajo, sealando la consiguiente existencia de contradicciones y desequilibrios ms acentuados. De esa caracterizacin deducan la vigencia de problemas nacionales irresueltos en Amrica Latina y la consiguiente presencia de conflictos significativos con el imperialismo.

El dependentismo formul crticas a la burguesa nacional desde posturas de izquierda contrapuestas al planteo de Cardoso o Warren. En esos exponentes liberales del antidependentismo, la verborragia contra el capitalismo nacional siempre tuvo una connotacin reaccionaria.

Los crticos despotrican contra cualquier demanda de liberacin nacional ignorando lo ocurrido en los ltimos 100 aos. Todas las revoluciones socialistas estuvieron conectadas en la periferia con reivindicaciones de soberana. A partir de esa exigencia se proces una dialctica de radicalizacin, que desemboc en los cursos anticapitalistas que adoptaron las revoluciones de Yugoslavia, China o Vietnam. La victoria socialista en Cuba emergi tambin de la resistencia contra un dictador ttere de Estados Unidos.

Los objetores olvidan que esas experiencias siguieron una ruta muy diferente a la prevista por el marxismo clsico. En lugar de asimilar las enseanzas de esa mutacin, proclaman su enojo con lo ocurrido y borran esas epopeyas de su diagnstico del mundo.

Se podra pensar que la restauracin del capitalismo en la URSS (o la mayor internacionalizacin de la economa) han alterado la estrecha conexin entre lucha nacional y social, que predomin en el siglo XX. Los antidependentistas no aclaran ese eventual basamento de sus opiniones.

Pero incluso en ese caso sera evidente que el Pentgono y la OTAN persisten como custodios del orden opresivo mundial. Basta observar la demolicin de varios estados del Medio Oriente o la desintegracin de frica, para notar la centralidad de la accin imperial. Ningn proceso socialista puede concebirse desconociendo la prioridad de ese enemigo.

En lugar de reconocer esa amenaza, los crticos acusan al dependentismo de sustituir el anlisis econmico materialista por razonamientos superficiales, inspirados en conceptos imperiales de dominacin (Iigo Carrera, 2008: 29).

Desmerecen el registro de la realidad para enaltecer la reflexin abstracta, olvidando que la reproduccin del capitalismo se sostiene en el uso de la fuerza. La simple acumulacin de capital no alcanza para asegurar la continuada recreacin del sistema. Se necesitan el soporte adicional de una estructura imperial.

El rechazo a reconocer la dimensin nacional de la lucha por transformaciones socialistas en la periferia, conduce al desconocimiento de las demandas populares. El ejemplo ms reciente de esa ceguera es la impugnacin de las movilizaciones contra la deuda externa.

Un objetor del dependentismo rechaza esa bandera denunciando la participacin de las clases dominantes locales en la conformacin de esa hipoteca. Seala que las campaas contra el endeudamiento diluyen la centralidad del antagonismo entre el capital y el trabajo (Astarita, 2010a: 110-111).

Pero no explican cul es la contraposicin entre ambos planos. El pago de la deuda afecta a trabajadores, que soportan recortes de sus salarios para saldar esos pasivos. Como se demostr en Argentina Venezuela Bolivia y Ecuador en los aos 2000-2005, la resistencia a ese atropello desafa al propio sistema capitalista

Es cierto que las burguesas locales han sido cmplices del endeudamiento, pero las crisis desencadenadas por esa carga financiera corroen el funcionamiento del estado y socavan el ejercicio de su dominacin. En ese contexto la deuda irrumpe como un eje de la resistencia antiimperialista.

Lo ocurrido en Grecia en 2015 ejemplifica ese conflicto. Los acreedores forzaron brutales sacrificios para cumplir con el pago de un pasivo, que ilustr las relaciones de dependencia con la Unin Europea. Los crticos ignoran los efectos explosivos de esa subordinacin.

MARX, LENIN, LUXEMBURG

Para las vertientes liberales del antidependentismo, el retorno a Marx presupone reivindicar a un cultor del individualismo y de la disolucin forzada de las sociedades no occidentales. El autor de El Capital es presentado como un defensor del imperio, que ensalz la contribucin inglesa a la superacin del atraso de frica y la India (Warren, 1980: 39-44, 27-30).

Pero Marx siempre se ubic en un campo opuesto de denuncias del despojo colonial. Intua el enorme contraste entre lo sustrado y lo aportado por los ocupantes de los pases subdesarrollados. La sangra generada por la esclavitud en frica o la masacre demogrfica sufrida por los pueblos originarios de Amrica, aportaban contundentes pruebas de ese balance.

En su anlisis maduro sobre Irlanda, el terico germano retrat la obstruccin britnica a la industrializacin de la periferia y reivindic la resistencia popular a la corona (Katz, 2006a).

Esa postura es desconocida por quienes afirman que Marx ponder el desarrollo introducido por los ferrocarriles ingleses en la India (Astarita 2010a: 83-90). Olvidan que esas inversiones afianzaron la subordinacin primarizada del pas y suscitaron un movimiento anticolonial, que fue apoyado por el revolucionario alemn.

La crtica antidependentista a cualquier modalidad de lucha contra esa opresin incluye severos cuestionamientos al empalme de las batallas por la emancipacin nacional y social, que auspiciaba Lenin (Warren, 1980: 83-84, 98-109).

El lder bolchevique propiciaba ese ensamble en polmica con Luxemburg, que rechazaba toda forma de separatismo nacional, argumentando que afectaba el internacionalismo proletario y la primaca de los reclamos de clase (Luxemburg, 1977; 27-187) .

Lenin responda ilustrando cmo el derecho a la autodeterminacin reduca las tensiones entre los grupos oprimidos de distintas nacionalidades. Tomaba en cuenta la fraternidad lograda entre los trabajadores de Suecia y Noruega, luego de la separacin pacfica de este ltimo pas.

El impulsor de los soviets defenda ese derecho sin aprobar necesariamente la secesin de los distintos pases. El aval a cada propuesta dependa del carcter genuino, mayoritario o progresivo de esa reivindicacin (Lenin 1974b: 26-90).

Es la misma distincin que en la actualidad puede establecerse entre los reclamos ficticios (kelpers de Malvinas), las balcanizaciones pro-imperiales (ex Yugoslavia) o los divorcios territoriales elitistas (norte de Italia, Flandes), con las exigencias nacionales legtimas (kurdos, palestinos, vascos).

El antidependentismo repite los errores de Luxemburg, al contraponer demandas nacionales y sociales como si fueran anhelos antagnicos. Slo registra la centralidad de la explotacin de los asalariados, sin notar que existen innumerables formas de opresin racial, religiosa, sexual o tnica. Todas inducen a resistencias que Lenin buscaba empalmar con la lucha proletaria.

Algunos autores afirman que el dirigente ruso promovi slo la autodeterminacin en el plano poltico, sin extenderla a la esfera econmica. Reivindican esa aplicacin limitada del concepto y rechazan cualquier parentesco con la batalla por la segunda independencia de Amrica Latina. Consideran que esa propuesta contiene reclamos econmicos inapropiados y nacionalistas (Astarita 2010a: 118, 293-296).

Pero Lenin nunca acept ese tipo de distinciones abstractas. Por eso objetaba cualquier razonamiento de la autodeterminacin centrado en su viabilidad econmica. En lugar de especular en torno a ese grado de factibilidad, convocaba a evaluar quin y cmo impulsaba el reclamo de soberana, para distinguir exigencias vlidas de usos pro imperiales de los sentimientos nacionales (Lenin 1974a: 99-120;1974b: 15-25).

La batalla por la segunda independencia encaja con esa postura del lder bolchevique. Retoma un objetivo regional de emancipacin plena, que se frustr en el siglo XIX con la balcanizacin de Amrica Latina.

Al registrar slo el antagonismo entre el capital y el trabajo, el antidependentismo navega en un ocano de internacionalismo abstracto. Por esa razn no logra percibir las diferencias bsicas que oponen al nacionalismo progresivo y regresivo.

Lo que en el pasado contrapona a Mussolini o Teodoro Roosevelt con Sandino o Lumumba, en la actualidad separa a la derecha de Occidente (Trump, Le Pen, Farage) del antiimperialismo latinoamericano (Chvez-Maduro, Evo Morales). Lenin resaltaba esa distincin para delinear estrategias polticas, que son ignoradas por los crticos de la teora de la dependencia.

PROLETARIADO MTICO

La principal acusacin poltica del antidependentismo contra sus adversarios era el desconocimiento del rol protagnico de la clase obrera. Atribuan esa omisin a las influencias del tercermundismo o del lumpen-proletariado (Sender, 1980).

Pero esa caracterizacin no apuntaba a precisar los sujetos dirigentes de un proceso revolucionario, sino a definir caminos de modernizacin del capitalismo. La proximidad del socialismo era avizorada en estricta relacin con el peso creciente de la clase obrera bajo el sistema actual. Por eso resaltaban la preeminencia del proletariado sobre otros actores populares (Harris, 1987:183-184, 200-202).

Con ese razonamiento suponan que la emancipacin de los trabajadores emergera de un proceso opuesto de afianzamiento de la opresin burguesa. Cmo podran liberarse los explotados de un sistema que consolida su sujecin era un misterio irresuelto.

Esa tesis remarcaba tambin el protagonismo de las economas desarrolladas -con mayores contingentes de asalariados- en la gestacin del socialismo. De esa forma ignoraron que en el siglo XX las revoluciones se localizaron en las regiones afectadas por desequilibrios capitalistas ms agudos.

En ese enfoque antidependentista el liderazgo proletario no implicaba promover cambios radicales. Al contrario, intentaba apuntalar un modelo de socialismo humanitario configurado a travs de la accin parlamentaria. Estimaba que por esa va Occidente volvera a ilustrar al resto del mundo el sendero de la civilizacin (Warren, 1980: 7, 24-27).

Esa visin repeta la mitologa euro-cntrica forjada por la socialdemocracia alemana y los fabianos ingleses. Olvidaba hasta qu punto esa utopa fue desmentida por las virulentas guerras y depresiones del siglo XX. Con alusiones al comando del proletariado anticiparon el libreto socio-liberal de Felipe Gonzlez y Tony Blair.

La preeminencia de la clase obrera fue particularmente enaltecida como antdoto a cualquier contaminacin de antiimperialismo. Con ese fanatismo antinacionalista Warren se opuso a la lucha de los irlandeses del norte (catlicos) contra la ocupacin inglesa . Rechaz la unificacin nacional de la isla y aprob la postura de las corrientes protestantes leales a la monarqua britnica (Proyect, 2008; Ferguson, 1999; Munck, 1981).

Esa actitud pro-imperialista coron un imaginario de pureza proletaria, que otorgaba a los trabajadores localizados en las principales economas de Occidente, una funcin tutora del socialismo internacional.

Las tesis del invariable protagonismo obrero presentaron en los aos 70 un cariz diferente en Amrica Latina. Fueron promovidas por pensadores identificados en los ambientes militantes con la denominacin de socialistas puros. Se oponan a cualquier estrategia que incluyera programas u organizaciones antiimperialistas y promovan procesos revolucionarios con dinmicas exclusivamente socialistas.

Ese enfoque bregaba por la recreacin exacta del bolchevismo, en polmica con la estrategia por etapas del comunismo oficial y la extensin del modelo cubano, que propiciaba el marxismo dependentista.

El socialismo puro reivindicaba un esquema de soviets obreros contra las deformaciones introducidas por las revoluciones con preeminencia de campesinos (China, Vietnam) o clases medias radicalizadas (Cuba). Estimaba que esa sustitucin del liderazgo proletario generaba los principales desaciertos contemporneos del proyecto socialista.

Ese enfoque combinaba dogmatismo, miopa poltica y gran irritacin con el curso de la historia. En lugar de registrar el papel revolucionario jugado por una amplia variedad de sujetos oprimidos, descalificaba las grandes transformaciones anticapitalistas por su desvo de una trayectoria sociolgico-clasista presupuesta.

Supona que una revolucin careca de atributos socialistas, si el lugar del proletariado era ocupado por otro segmento popular. Esta visin polemizaba con los defensores de la revolucin cubana, en las tcticas y estrategias a seguir en los distintos pases.

Esas caracterizaciones del proletariado latinoamericano -concebidas para afinar caminos de captura del poder- han desaparecido del debate actual. Persisten las crticas a las teoras que rebajan el papel del proletariado (Iigo Carrera, 2009: 19-20), pero son expuestas en trminos abstractos y sin ningn parentesco con experiencias reales.

Ya no aluden a acontecimientos polticos prximos. Navegan en universos fantasmagricos carentes de anclaje en la accin de los trabajadores. Exponen ideas ms conectadas con la deduccin filosfica que con el razonamiento poltico.

Las crticas actuales estn desligadas de los fundamentos postulados por el socialismo puro. No apuntan a demostrar la superioridad del proletariado frente a otros sectores oprimidos.

Al despegarse de ese pilar, los cuestionamientos carecen de relevancia para cualquier batalla por el socialismo. Esa prdida de brjula vaca los argumentos de su vieja pretensin de apuntalar a las corrientes revolucionarias, en la disputa con el reformismo.

Un proceso anlogo de evaporacin del sentido de la crtica se verifica en las discusiones de la economa marxista, entre los intrpretes de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia y los tericos del subconsumo. En los aos 70 esa controversia suscitaba pasiones, entre quines perciban el debate como una expresin de la batalla entre revolucionarios y reformistas. Se supona que la primera tesis conceptualizaba la incapacidad del capitalismo para otorgar mejoras y la segunda aportaba fundamentos para esa posibilidad.

En la actualidad ambas tesis brindan elementos para comprender la crisis, pero no expresan los contrastes polticos del pasado. Cualquier revisin de esa polmica debe ser situada en el nuevo contexto.

Lo mismo ocurre con las crticas a las omisiones de clase por parte de la teora marxista de la dependencia. Esas objeciones ya no son formuladas en funcin de los viejos debates sobre el rol dirigente del proletariado en la revolucin socialista. Por eso muchas controversias aletean en el vaco, sin ninguna direccin.

SOCIALISMO GLOBALISTA

La valoracin de los intentos de socialismo del siglo XX es otro terreno de cuestionamiento al dependentismo marxista. Algunos piensan que ese proyecto estuvo condenado al fracaso desde su nacimiento. No sitan la falla en el totalitarismo burocrtico de la URSS, sino en la mera existencia de un modelo que intent saltear etapas de maduracin capitalista (Warren, 1980:116-117).

Otros pensadores atribuyen el mismo resultado a la preeminencia de objetivos de liberacin nacional, en desmedro de las metas socialistas. Estiman que esas carencias quedarn superadas en un futuro socialista precedido por la expansin global del capitalismo. Observan la globalizacin neoliberal como un promisorio anticipo de ese porvenir y ponderan el entrelazamiento internacional de las clases dominantes (Harris, 1987: 185-200).

Esa mirada identifica el curso actual con procesos crecientemente homogneos. Suponen que las jerarquas globales se disolvern, facilitando la introduccin internacional directa del socialismo.

Este diagnstico explica la hostilidad hacia la teora marxista de la dependencia, que subrayaba la preeminencia de tendencias opuestas hacia la polarizacin mundial del capitalismo.

La presentacin de la globalizacin como un prlogo del socialismo universal asombra por su grado de fantasa. Es evidente que la mundializacin neoliberal es el intento ms reaccionario de preservacin del capitalismo de las ltimas dcadas. Es ridculo suponer que las inequidades tendern a desaparecer, bajo un modelo que genera monumentales fracturas sociales a escala mundial.

Warren y Harris invirtieron el sentido bsico del marxismo. Transformaron una concepcin crtica del capitalismo en su opuesto. Convocaron a la mesura en las denuncias del capitalismo, olvidando que ese cuestionamiento es el cimiento bsico de cualquier proyecto socialista.

Su inslito modelo de socialismo globalista ha desaparecido del mapa poltico. Pero los principios de su enfoque perviven en el antidependentismo actual. Al descartar el componente nacional de la lucha en la periferia, ignorar la progresividad de las conquistas soberanas y desconocer las mediaciones antiimperialistas, esa vertiente supone trayectorias anticapitalistas equivalentes en todos los pases.

Mientras que el marxismo dependentista conceba distintos eslabones intermedios para la estrategia socialista, sus crticos slo ofrecen esperanzas de irrupcin repentina de ese sistema a escala mundial.

Ese supuesto de mgica simultaneidad est implcito en la ausencia de programas especficos para una transicin al socialismo en Amrica Latina. Desechan estos caminos estimando que la desconexin del mercado mundial, recrea ilusorias variantes del socialismo en un solo pas (Astarita, 2010b).

No perciben que esa estrategia fue elaborada para promover una secuencia combinada de superacin del subdesarrollo y avances hacia la igualdad social.

Esa expectativa se apoy durante varias dcadas en experiencias reales. No fantase con mgicas irrupciones del socialismo en todos los pases, a travs de contagios inmediatos o apariciones simultneas. Tampoco esperaba padrinazgos occidentales o desenlaces planetarios dirimidos en un slo round.

Es cierto que el socialismo no puede construirse en un slo pas. Pero esa limitacin no implica renunciar al inicio de ese proceso, en el marco imperante en cada circunstancia. Si se desconoce ese basamento nacional y se concibe al socialismo como un ultimtum (en todas partes y ahora o nada), no hay espacio para desenvolver estrategias polticas factibles.

Los exticos modelos de socialismo global se inspiraron tambin en vertientes objetivistas del marxismo. Razonaban en trminos positivistas, idolatrando un patrn de evolucin identificado con el avance de las fuerzas productivas. Ese criterio indujo a los crticos iniciales del dependentismo a reivindicar la expansin del capitalismo y a objetar cualquier freno de esa pujanza.

Imaginaban un proceso ascendente de maduracin bajo el liderazgo de segmentos civilizados de la clase obrera. Con ese razonamiento actualizaban el positivismo gradualista de Kautsky-Plejanov, en una novedosa variante del menchevismo global.

Tambin los socialistas puros concibieron un esquema de cursos progresivos, en funcin de la incidencia de cada proceso sobre el desarrollo de las fuerzas productivas. Aprobaron lo que apuntalaba y criticaron lo que obstrua ese desenvolvimiento, jerarquizando la esfera abstracta de la economa en desmedro de la lucha popular.

Los continuadores de esa mirada no logran formular reflexiones constructivas sobre el proyecto socialista. Se limitan a exponer crticas sin plantear respuestas positivas a los problemas en debate. Por eso eluden cualquier sugerencia de alternativas a las teoras cuestionadas.

Con esa sucesin de rechazos obstruyen la continuidad de los fructferos caminos abiertos por el dependentismo de los aos 70. Ese curso contiene muchas reas de estimulante investigacin. En nuestro prximo texto estudiaremos uno de esos senderos: el subimperialismo.

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RESUMEN

La contraposicin de la teora de la dependencia con el pensamiento socialista desconoce la continuada brecha entre economas subdesarrolladas y avanzadas. Supone inexistentes relaciones de interdependencia e ignora los estudios crticos de la industrializacin latinoamericana que anticiparon la expansin asitica.

El estancacionismo fue un defecto de la heterodoxia y no de los tericos marxistas de la dependencia. Evitaron tanto la fascinacin con la competencia, como el anlisis de los precios con criterios de manipulacin monoplica.

La ley del valor y el registro de distintos grados de acumulacin no alcanzan para esclarecer el subdesarrollo. Las transferencias de recursos explican la estabilidad de las fracturas mundiales. Esos drenajes bloquearon la canalizacin industrial de la renta agraria de Argentina.

Negar la convergencia de batallas antiimperialistas y anticapitalistas impide comprender la dinmica socialista. Ese empalme reapareci en rebeliones latinoamericanas e impugnaciones del endeudamiento externo, objetadas por el internacionalismo abstracto. Esa postura olvida el enfoque anticolonialista que madur Marx y la distincin entre nacionalismo progresivo y regresivo que postul Lenin.

Con mistificaciones del proletariado e idealizaciones del modelo bolchevique resulta inentendible lo ocurrido en el ltimo siglo. Conviene superar los razonamientos positivistas en torno a las fuerzas productivas, que conducen a fantasas de globalismo igualitario y repentino. El socialismo es un proyecto con transiciones y mediaciones antiimperialistas.

Claudio Katz. Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI. Su pgina web es: www.lahaine.org/katz

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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