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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-03-2017

La simplificacin del conflicto Catalua - Espaa

Jordi Crdoba
Rebelin


La simplificacin del conflicto histrico entre Catalua y Espaa es un hecho bastante habitual. Un ejemplo puede ser la interpretacin de la guerra de sucesin (1701-1715) como si fuera estrictamente un enfrentamiento blico entre catalanes y espaoles. Una lectura rigurosa de la historia nos cuenta una versin mucho ms compleja: Partidarios de Felipe V, mayoritarios en la Corona de Castilla y minoritarios en la Corona de Aragn, con la ayuda del Reino de Francia y otros reinos y ducados menores, se enfrentaron con los seguidores del archiduque Carlos de Austria, mayoritarios en la Corona de Aragn y minoritarios en la Corona de Castilla, con la ayuda del Imperio Germnico, el Reino de Inglaterra (Gran Bretaa desde 1707) y otros reinos y ducados menores, defendiendo dos lneas sucesorias a la Monarqua Hispnica. Ciertamente el 11 de septiembre de 1714 y la cada de Barcelona en manos de las tropas borbnicas son un hecho histrico muy importante, aunque la guerra se prolong hasta el mes de julio de 1715 con la ocupacin de Mallorca, pero el Decreto de Nueva Planta y la perdida de los derechos forales o las constituciones de Aragn, Catalua, Valencia, o Mallorca fueron slo un aspecto destacado de aquella larga y sangrienta guerra, de gran repercusin en buena parte de Europa, que algunos independentistas quieren reducir simplemente a una guerra entre catalanes y castellanos.

Otro ejemplo es la guerra civil espaola propiamente dicha (1936-1939). Hay quien defiende la poco rigurosa idea que fue un supuesto "Ejrcito Espaol" el que ocup Catalua entre 1938 y 1939. No hay duda de que hubo territorios, entre ellos Catalua, Valencia, Euskadi, Asturias o Madrid, que frenaron el avance de fascismo durante buena parte de la contienda, pero no se puede olvidar que las fuerzas republicanas resistieron en Madrid hasta finales de marzo de 1939, dos meses despus de la cada de Barcelona en manos de las tropas franquistas, y apenas unos das antes del final de la guerra, lo que pone claramente en entredicho cualquier versin interesada de un conflicto Catalua-Espaa.

A menudo se simplifica tambin la realidad, hablando de Espaa como si fuera el nico y anti-democrtico estado donde se niega el derecho de autodeterminacin. Es cierto que Quebec en Canad en los aos 1980 y 1995 y Escocia en el Reino Unido en 2014, pudieron realizar referndums para decidir una posible separacin que no tuvo xito. Pero no parece probable a corto ni medio plazo que otros territorios con gran sentimiento nacionalista como Crcega, Irlanda del Norte o Puerto Rico, por poner algunos ejemplos, tengan posibilidades de hacer una consulta de este tipo. Otra cosa bien diferente es la secesin de cerca de veinte nuevos estados de las antiguas Unin Sovitica, Yugoslavia o Checoslovaquia, con un amplsimo apoyo de los pases occidentales, en realidad una apuesta inequvoca para favorecer el hundimiento del llamado bloque socialista.

Tambin es una simplificacin extrema afirmar que "Espaa nos roba", en referencia a Catalua, a pesar de tener su parte de "verdad" si nos referimos al estado estrictamente, y no evidentemente a los andaluces, castellanos o extremeos, como demasiado a menudo se hace. Pero la frase, adems de injusta, se parece demasiado a la "Unin Europea nos roba", que cada da tiene ms xito entre los sectores nacionalistas xenfobos de algunos de los pases ms ricos de la UE (Alemania, Pases Bajos, Suecia...), sobre todo cuando cuestionan o rechazan las importantes ayudas a los estados menos desarrollados, entre ellos Bulgaria, Rumana o Croacia.

Tampoco es demasiado riguroso plantear que la lengua catalana slo podr sobrevivir en una Catalua independiente. Irlanda se separ del Reino Unido en 1922 y, despus de casi un siglo de independencia, apenas un 5 % de sus habitantes habla su lengua tradicional, el galico o irlands. Y no parece demasiado razonable afirmar que la oficialidad exclusiva del cataln sea la nica garanta para el futuro del idioma, si observamos la situacin de la lengua en el Principado de Andorra, donde es el nico idioma oficial, ni podemos ignorar que el castellano es hoy en da la lengua habitual de buena parte de la poblacin. Todo ello sin perjuicio de priorizar el cataln como primera lengua oficial, y de fomentar su uso en todos los mbitos donde todava es claramente minoritario (Administracin de Justicia, cine y video, aplicaciones informticas y de telefona, entre otras).

Finalmente, y ms all de la simplificacin fcil y cmoda, no podemos olvidar que hay muchas "Cataluas" diferentes. Por un lado, la de tantos pueblos llenos de esteladas en los balcones cualquier da del ao. Por otro, la de pueblos o barrios donde apenas se ven unas pocas seeras en das tan destacados como la diada nacional del 11 de septiembre. Pero todo ello no quita legitimidad a la hipottica celebracin de un referndum o consulta sobre la posible independencia de Catalua, con todas las garantas jurdicas, ya sea pactado con el estado, ya sea con un mnimo apoyo europeo e internacional, y donde los que no estamos por la separacin, ms all de la posible seduccin que pueda tener esa hipottica nueva repblica, nos podamos reconocer tambin en este imprescindible ejercicio de democracia.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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