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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-03-2017

Entrevista a Jos Herrera Plaza sobre Palomares
La imagen del bao [de Fraga y el embajador de USA] ha pasado a ser el fetiche del suceso que descontextualiza y anega de olvido lo acontecido"

Salvador Lpez Arnal
El Viejo Topo


Jos Herrera Plaza (Almera, 1955) curs estudios de Economa en la Universidad de Valencia. Tcnico Superior en Imagen y sonido, trabaja actualmente, como cmara operador, en Canal Sur TV. Desde 1985 ha seguido de cerca todo lo relacionado con el accidente nuclear de Palomares. En 2003 fue coautor y coorganizador del libro y exposicin en el Centro Andaluz de Fotografa Operacin Flecha Rota. Accidente nuclear en Palomares. Posteriormente dirigi el largometraje documental homnimo (2007). Es autor de un libro imprescindible sobre el tema: Accidente nuclear en Palomares. Consecuencias (1966-2016)

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Se lo habrn preguntado cientos de veces pero no me queda otra: qu pas en Palomares hace cincuenta aos?

JH.- A inicios de los 60 se utilizaba la zona, por su fcil reconocimiento en vuelo visual, para recargar combustible los aviones que regresaban de patrullar las fronteras con la URSS. Ese lunes, 17 de enero de 1966, d os bombarderos norteamericanos con armamento nuclear, que regresaban del Mar Adritico, repostaron encima de la barriada de Palomares con sendas aeronaves nodrizas. En las maniobras de aproximacin uno de los B-52 colision con su avin cisterna. Este ltimo explot mientras el bombardero de desintegr al caer. Fallecieron 7 aviadores y sobreviven 4, todos del B-52. En la cada se desprendieron las 4 bombas termonucleares MK-28FI de 1,1 megatones. Tres cayeron en tierra y una en el mar. Dos de las de tierra liberaron entre 9-12 kg. de plutonio al medio ambiente, en un da ventoso, que disemin la contaminacin. Este es el inicio de una historia interminable que, en principio, va a prolongarse medio siglo.

De dnde su inters por el tema? Naci en alguno de los pueblos afectados?

JH.- Nac en Almera capital. Tena 11 aos cuando el accidente y recuerdo mucho de lo que escuch y observ de los mayores. Al igual que otras pequeas capitales perifricas, Almera no exista en los medios. De pronto apareca en las portadas de los diarios, en nuestro nico canal de televisin. Mi hermano mayor me hizo escuchar un programa sobre Palomares en Radio Espaa Independiente. Estacin Pirenaica, en un aparato de galena conectada a una tubera de plomo, con unos vetustos auriculares y entre un fuerte zumbido. Recuerdo sus palabras, cual eco de los mayores: mira lo que dicen los comunistas; seguro que exageran!. Dos aos ms tarde mi abuelo, aficionado a la Historia, me pas el primer libro que le sobre el tema: "Las Bombas de Palomares", de Tad Szulc. El accidente pas a formar parte de mi imaginario personal. 

Cmo reaccion el rgimen franquista ante lo sucedido? Lleg a intervenir de algn modo el general golpista?

JH.- La primera reaccin fue de aparente tranquilidad, pero ni en ese momento, ni posteriormente, hubo un solo reproche a los norteamericanos. Eran conscientes que el rgimen se mantena a flote gracias a ellos. Cuando entrevieron las posibles consecuencias, especialmente de cara a los 16 millones de turistas estimados, entonces llegaron los nervios.

Respecto a Franco, sabemos que deleg como interlocutores en el capitn general Agustn Muoz Grandes, Vicepresidente del Gobierno y en el general de brigada Arturo Montel Touzet para la zona de Palomares. La actitud de estas personas fue 1) la de no adoptar medida alguna que pudiese llamar la atencin de la prensa internacional, incluida una posible evacuacin de la pedana, dadas las magnficas perspectivas tursticas y 2) la de evitar contrariar seriamente a los norteamericanos. La situacin y riesgos de los vecinos, totalmente excluida. Paradjicamente, la nica medida que adopt de manera tajante, soberana, como excepcin de la regla y sin que sirviera de precedente, es la prohibicin de repostar aviones con armamento nuclear en territorio espaol a partir del 5 da tras el accidente.

Foto realizada en el ocaso del da del accidente, donde se ve la cola del cisterna KC-135 y parte de la multitud de curiosos que acudi en masa y que el diplomtico Rafael Lorente llam la Romera nuclear. (Foto: Gimnez Morata)

 

Hubo alguna disidencia entre los mandamases del rgimen?

JH.- Desconocemos si las hubo, aunque dudo que fueran relevantes. El tema lo llev directamente el Dictador y el vicepresidente Agustn Muoz Grandes. Poco margen haba para el disenso. S conocemos por distintas fuentes que hubo controversia en algunos ministerios con el desigual reparto de las indemnizaciones a los afectados, cuya vindicacin fue liderada por la Duquesa de Medina Sidonia. 

Cul fue la actitud de la Administracin americana?

JH.- La actitud norteamericana tuvo distintas fases, aunque siempre condicionadas por los dispares roles de pas hegemnico-satlite. En un primer momento ambicionaban ocultar al Gobierno anfitrin y a la opinin pblica la implicacin de armamento nuclear. Como hubo contaminacin de las tierras y las personas, no fue posible. Entonces la estrategia fue de prometer la restitucin de los campos limpios y cualquier dao ocasionado. Al evaluar la magnitud de la contaminacin, comienza el juego sucio, la deslealtad y el poco respeto que realmente sentan por el pas y su lder. Como se haba perdido en el mar una bomba termonuclear en plena Guerra Fra, EEUU despleg sin miserias todos los recursos materiales y tecnolgicos para su recuperacin. Al mismo tiempo, a poca distancia de all, se realizaba un simulacro de descontaminacin, con prcticas vergonzantes de deslealtad al pas que le haba ayudado en todo. Incluyeron enterramientos secretos, incumplimiento sistemtico de los criterios radiolgicos de descontaminacin firmados, ocultacin de zonas contaminadas y as hasta un declogo de actuaciones que ocasionaron la no retirada de unos cuantos kilos de xido de plutonio sin recoger , tal como le recordaba el entonces director de la Junta de Energa Nuclear al ministro del Opus Dei, Lpez Bravo, en una carta del 13/08/1968.

Qu nos puede decir del famoso bao de Fraga y del embajador estadounidense?

JH.- Ms all del sainete, fue realmente efectiva para contrarrestar la propaganda negativa que estaban realizando algunos medios medios sensacionalistas, con especial reiteracin de los tabloides ingleses, como Daily Telegraph, The Sun o The Mirror, hasta el punto que la paranoia generada lleg a la Cmara de los Comunes britnica. Con la perspectiva del tiempo y los relevos generacionales, la imagen del bao ha pasado a ser el fetiche del suceso; un icono hueco, que descontextualiza, anega de olvido lo acontecido y lo asla de contenido y significancia, al ser lo nico que ha pervivido en la raqutica memoria colectiva.