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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-06-2017

El Frum de Debats de la Universitat de Valncia presenta el libro Camino Oscoz y otras historias del 36, de Joseba Eceolaza
Camino Oscoz: maestra, comunista y asesinada por el franquismo

Enric Llopis
Rebelin


Hay que sembrar el terror... Hay que dar la sensacin de dominio eliminando sin escrpulos ni vacilacin a todos los que no piensan como nosotros. Nada de cobardas. Si vacilamos un momento, y no procedemos con la mxima energa, no ganaremos la partida. El general de brigada Emilio Mola hablaba de esta guisa en una reunin con alcaldes de Navarra, pocas fechas despus del 18 de julio de 1936. Todo aquel que ampare u oculte un sujeto comunista o del Frente Popular ser pasado por las armas, conclua la alocucin de uno de los promotores del golpe de estado.

Militante del PCE y de la UGT, Camino Oscoz Urriza fue asesinada el 10 de agosto de 1936, a los 26 aos. Los franquistas arrojaron el cuerpo de esta maestra la nica liquidada en Navarra- al vaco desde el balcn de Pilatos, actualmente en el Parque Natural de Urbasa-Anda. Fue trasladada en automvil por unos falangistas, pero antes haba permanecido en la prisin de Pamplona. Posiblemente fue torturada, aunque resisti hasta el final: nunca se arrepinti ni pidi perdn por sus ideas. La joven de izquierdas tambin particip en el Socorro Rojo Internacional, organizacin de apoyo a presos y refugiados constituida por la Internacional Comunista en 1922. El libro Camino Oscoz y otras historias del 36 (Cenlit), del escritor Joseba Eceolaza, toma la historia de esta mujer represaliada como punto de partida para abordar la represin franquista.

Prologado por la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, el autor ha presentado el texto de 194 pginas en las VII Jornades de Memria Democrtica organizadas por el Frum de Debats de la Universitat de Valncia entre el 25 y el 31 de mayo. El libro hace referencia a lugares especiales en la biografa de Camino Oscoz, como la Cuesta de Santo Domingo de Pamplona, donde residi; el colegio donde curs estudios, las Teresianas de la Calle Mayor; las Escuelas de San Francisco, en las que organizaba mtines la izquierda de Navarra; tambin la Casa del Pueblo, o la calle del Carmen, desde donde se la llevaron para darle el paseo final.

El bando faccioso arras en Navarra, donde no tuvo una sola baja y liquid a 3.452 personas, con urgencia y especial encarnizamiento, sobre todo en el verano de 1936. Eceolaza llama la atencin sobre la invisibilizacin a la que se ha sometido a las mujeres, incluso en ocasiones por quienes reivindican el derecho a la memoria. Muchas veces eran las viudas quienes tenan que afrontar las consecuencias de la represin. Ocurri, entre otros muchos, con Francisco Castro Berisa, herrero, socialista y alcalde del municipio navarro de Azagra. Tras un consejo de guerra, fue fusilado en Pamplona en febrero de 1937. Cuatro aos despus de la ejecucin, fue condenado a indemnizar al Estado con cinco pesetas por perjuicios, as como a una sancin a diez aos de destierro, por la que no poda residir a menos de 50 kilmetros de Azagra.

La batalla por la memoria ofrece un repertorio de episodios singulares. En Cintrunigo, municipio hoy con 7.800 habitantes, el tambor de Antonio Martnez Caracciolo avisaba a los vecinos de que las viudas de los fusilados iban a aparecer en pblico, y as podan salir a insultarlas, seala Joseba Eceolaza. Las mujeres lucan la cabeza rapada, y previamente se les haba forzado a ingerir aceite de ricino. Hasta el pasado cuatro de noviembre, cuando el pleno del Ayuntamiento decidi por unanimidad la revocacin, la Escuela de Msica de Cintrunigo llevaba el nombre de Antonio Martnez Caracciolo.

El autor pretende en el libro deshacer varios mitos. Uno entre otros, presente sobre todo en los pueblos ms pequeos, es el que asegura que las muertes por la guerra del 36 obedecen a envidias y rencillas. Se trata de un relato franquista para desideologizar los asesinatos. Pero en Navarra, el 70% de los fusilados tenan militancia poltica, en los diferentes partidos de izquierda; aqu no hubo dos bandos, ni trincheras, ni resistencia, asegura Eceolaza. Asesinatos como el de Camino Oscoz pretendan servir de ejemplo. Ya lo haba advertido el marqus y teniente general de caballera, Gonzalo Queipo de Llano, en una de sus arengas: Nuestros valientes legionarios y regulares han demostrado a los rojos cobardes lo que significa ser hombres de verdad y de paso tambin a sus mujeres; esto est totalmente justificado porque estas comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora por lo menos sabrn lo que son hombres de verdad y no milicianos maricones; no se van a librar por mucho que berreen y pataleen.

Mujer de coraje y gran vitalidad, el libro recoge algunas de las misivas de Camino Oscoz, como la que escribi con 25 aos al escritor Po Baroja y otra en la que peda materiales para la escuela. Su resistencia inquebrantable permite trazar un paralelismo con otra mujer, Matilde Landa (1904-1942), tambin militante del PCE y activista del Socorro Rojo Internacional. Sometida a consejo de guerra en diciembre de 1939 por adherirse a la rebelin, result condenada a muerte, aunque despus se le conmut la pena. En agosto de 1940 ingres en la crcel de mujeres de Palma de Mallorca. Matilde Landa termin suicidndose, pero rechazando hasta el final el arrepentimiento y el bautismo.

Otro lugar comn que quiere desmontar el escritor es el que dice que Navarra fue, casi en trminos absolutos, una regin carlista en los aos 30 del pasado siglo. Eceolaza no niega el notable peso de este movimiento ultraconservador, pero hay que desinflar su influencia. Para ello recuerda una conocida frase de la poca: O al fuerte (crcel), o al frente; es decir, haba republicanos que se alistaban en el ejrcito carlista nicamente para salvar el pellejo. Adems menciona la influencia de UGT, que en Pamplona organiz antes de la guerra una mutualidad mdica, una red de panaderas (para evitar los fraudes a los que se vean sometidos los obreros), una revista Trabajadores- y 69 viviendas sociales. Decan muchas de las cosas que hoy planteamos para rechazar los desahucios, ciertamente estas iniciativas resultan impensables sin una masa crtica detrs. Segn Joseba Eceolaza, los carlistas conspiraron contra la II Repblica, fueron a la Italia de Mussolini a aprender el manejo de las armas y los voluntarios requets contribuyeron a extender la causa de los golpistas, pero no tanto como se ha afirmado. En octubre de 2016, el Archivo de Navarra public en Internet 40.791 fichas de combatientes de esta regin -durante la guerra de 1936- en el bando faccioso; adems de 1.538 sentencias del Tribunal Regional de Responsabilidades Polticas de Navarra contra opositores al golpe militar.

En el libro Morir, matar, sobrevivir. La violencia en la dictadura de Franco (Crtica, 2002), el historiador Francisco Espinosa Maestre destaca la existencia de un plan previo de exterminio en el estado espaol, que pretenda finiquitar cualquier eco de la Repblica. As, el tambin autor de La Primavera del Frente Popular enumera el amplsimo espectro de vctimas que fueron cayendo desde primera hora: alcaldes, concejales, lderes polticos y sindicales, militantes de partidos, maestros y principalmente obreros de toda clase. En muchas ocasiones el franquismo tambin liquid a los familiares y amigos. Ya en 1940 y 1941, acota Espinosa Maestre, al franquismo no le urga matar a tanta gente. Adems en 1941 y 1942, el hambre y las enfermedades que reinaban fuera y dentro de las crceles se suman a la tarea exterminadora, escribe en el captulo titulado Julio de 1936. Golpe militar y plan de exterminio. Adems incluye un texto del diario ABC, del cuatro de abril de 1939, que propone no cejar en el empeo: Espaoles, alerta. Espaa sigue en pie de guerra contra todo enemigo del interior o del exterior, perpetuamente fiel a sus cados. Espaa, con el favor de Dios, sigue en marcha. Una, Grande y Libre, hacia su irrenunciable destino.

En el libro El holocausto espaol (Debate, 2011), el historiador Paul Preston se refiere a las circunstancias de Navarra. Explica episodios como el del 23 de agosto de 1936, cuando el obispo de Pamplona, Marcelino Olaechea, presida una procesin muy concurrida que renda honores a la virgen de Santa Mara la Real. Durante el acto, una partida de falangistas y requets sac de la prisin a 52 detenidos. Los historiadores tambin apuntan lo sucedido en las afueras del municipio de Caparroso: la mayora de los presos, entre ellos el dirigente socialista Miguel Antonio Escobar Prez, fueron asesinados. Las escabechinas se sucedieron en el ao del golpe fascista. El 21 de octubre fue en un pequeo pueblo, Monreal, al sudeste de Pamplona, cuenta Preston. Esos das, en el funeral por un teniente del requet (paramilitares carlistas) celebrado en el municipio de Tafalla, la turba se dirigi a la prisin con la idea de linchar a ms de un centenar de detenidos. La guardia civil impidi que se consumara la degollina. A los tres das, 65 de los reclusos fueron trasladados de madrugada a Monreal, donde una partida de requets procedi a ejecutarlos.

El historiador britnico resalta asimismo la importancia de la Federacin de Trabajadores de la Tierra de UGT antes de la conflagracin. Y remata con ejemplos de las prcticas represivas del franquismo en los pueblos menudos de Navarra. En Sagartuda, de 1.242 habitantes, se perpetraron 84 ejecuciones extrajudiciales; en Peralta resultaron asesinadas 98 personas, sobre una poblacin cercana a los 4.000 habitantes.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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