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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-10-2017

Majfud invoca los 50 aos del asesinato del Che

Luis E. Sabini Fernndez
Rebelin


Jorge Majfud ha hecho una recordatoria del Ch a los 50 aos de su asesinato.

Viviendo en EE.UU. ha hecho una comprensible recordatoria comparando, como l dice el carcter radical y violento del Che aclarando con precisin y justicia que lo fue mil veces menos que la CIA, que el gobierno estadounidense de la poca.[1]

Majfud pasa revista, inevitablemente incompleta, de los atropellos, abusos, saqueos a los que EE.UU. ha sometido al resto del Nuevo Continente en nombre de Dios, la Patria, la Familia y la Libertad. Es tal vez una pizca demasiado optimista cuando se refiere al gobierno de Arbenz y antes Arvalo, como una de las pocas democracias en Amrica Latina en 1954. EE.UU. arrasa Guatemala con la CIA y una banda de mercenarios como grupo de tareas de la United Fruit ─una empresa transnacional de origen norteamericano─ porque el gobierno nacionalista guatemalteco se atrevi a cuestionar las ganancias ilimitadas de los esclavistas estadounidenses (Arbenz propuso expropiar, nos lo recuerda Majfud, a la compaa por su valor de aforo, ridculamente bajo para no pagar impuestos, y eso les colm la paciencia, no los pujos democrticos que cuando son dentro del establishment, bienvenidos).

Majfud nos recuerda cmo reaccion Guevara contra semejante estado de cosas.

Y repasa el bajsimo umbral de tolerancia de la American Democracy a cualquier atisbo de resistencia como el guatemalteco ya sealado o, ms tarde, el chileno, con Allende o incluso, recientemente, el hondureo con Zelaya.

Todo esto es entendible y constituye una verdadera leccin de historia poltica para el universo madeinUSA, para el lector medio estadounidense, con su nivel de ignorancia supina. Para la sociedad que habita y conoce Majfud.

Pero el universo al sur del ro Bravo necesita, necesitamos, otra cosa. Al cabo de 50 aos, ms reflexin y menos pleitesa.

Aqu nosotros vivimos, convivimos, con las tesis de Guevara, con su prdica y su accin. Los que vivimos al sur del Ro Bravo, incluso algunos al norte, y humanos en todos los continentes, no necesitamos este memorial para estadounidenses cuidadosamente infantilizados gozando sus privilegios eternos.

Aqu estuvieron las guerrillas guevaristas, los asesinados y los desaparecidos, las sociedades truncas y los sufrimientos.

Entre nosotros, necesitamos entender a Guevara no desde los atropellos yanquis sino desde las rebeliones y responsabilidades propias en nuestras sociedades. En ese sentido, Majfud se la hizo fcil con semejante biografa. Aparecida en info/alai, en comcosur (y no s en cuntas otras publicaciones del sur).

Ayud Guevara a forjar un nuevo mundo sin el capital como mando supremo?

Mi respuesta inicial es que no. Que al contrario. Contra su voluntad, claro. Con un herosmo y un idealismo que nadie discute, pag con su vida lo qu? la obtencin de una sociedad mejor? En todo caso, su sacrificio no permiti la liberacin, pero tras su asesinato, las redes imperiales represivas tendieron a consolidarse.

Con vaivenes histricos, como siempre. Ya entrado el siglo XXI, con Chvez al frente, la constelacin del poder transnacional con eje en EE.UU., pareci si no trastabillar, al menos retroceder; el ALCA no se concreta. Pero ya estbamos lejos de la estela guevarista.

De lo que se trata, a cincuenta aos de su muerte, es examinar qu pas con sus pasos polticos, con su programa y con la oleada guerrillera que lo tuvo como norte.

Entiendo que una ancdota que ha contado Osvaldo Bayer, un contemporneo del Che (incluso una pizca mayor), es muy ilustrativa: triunfante la Revolucin Cubana con su levantamiento y consiguiente guerrita ─como bien la denomina Jorge Masetti (hijo de un lugarteniente dilecto de Guevara)─ Guevara recibe una (de las tantas) delegacin de argentinos ms o menos deslumbrados (y deslumbradas, acota Bayer). Guevara entonces, ofrece una pequea clase magistral: de pie entre sentados pasa a explicar los pasos a dar para alcanzar la revolucin: que hay que disponerse, un par digamos, a desarmar un polica aqu, otro all, que en posesin de un puado de armas hay que decidir entre una media docena de bravos, el copamiento de una comisara y as, ir acumulando fuerzas, hasta sentirse en condiciones de copar un cuartel luego de elegir y sopesar cuidadosamente el ms vulnerable e cosi via.

Bayer recordaba que en una pequea pausa, le pregunt a Guevara, extraado por su monlogo armado, si acaso los contrarios no jugaban. Guevara se dio vuelta ante tan inoportuna pregunta y desde su altura, le contest con desdn: son todos mercenarios. 1960.

Bayer no lo dice, pero la contestacin revela una profunda ignorancia del alma humana. No eran todos mercenarios, o en todo caso, si lo eran, ni lo saban. Puesto que muchos militares, y hasta policas, se hicieron matar defendiendo las instituciones.

Dejando la ancdota con Bayer y los deslumbramientos de delegaciones con progresiva guerrillodependencia, lo cierto es que en Cuba fue relativamente fcil (se ganaron batallas incluso sobornando a jefes del corrupto rgimen de Batista), al menos en comparacin con el resto de Amrica Latina, con la trgica gesta de sacrificios heroicos que se llevaron decenas de miles de muertos, sobre todo jvenes, en Amrica Central y en el sur americano.

Toda, casi toda esa lucha cumpliendo cabalmente los preceptos guerrilleros termin, ya sabemos cmo termin. De eso tendramos que rendir cuentas.

Pero cuesta muchsimo hacerlo. Porque Guevara dio la vida por sus ideas. Y cada uno, comprometido, militante, se pregunta sobre dar su propia vida o que no la dio. Y eso menosca-ba. Hace incriticable al sacrificado. Aunque l haya contribuido con su intemperancia, con su dogmatismo fcil, con su pretensin de mando poltico y militar, con su consigna sencilla y segura (como la Ley de Murhpy que nos recuerda que los problemas complejos tienen solucio-nes falsas que son sencillas de aplicar) a la derrota que le costara su vida. Cuesta entonces reconocer que su camino era irreal, con dosis fuerte de delirio. Se mezcla ese juicio de reali-dad con el hecho indudable que no era nada fcil de seguir por la dosis de valor requerido. La imitacin a Cuba que Guevara y sus adlteres postularan fue finalmente abandonada luego de que miles, decenas de miles de militantes, guerrilleros, abnegados seres humanos, fueran destrozados por la represin en casi todos los estados de la mal llamada Amrica Latina.

Tuvo sentido? Me permito dudarlo. Y eso sin entrar al fin perseguido: el hipottico mundo socialista, celosamente construido por la vanguardia que a todos nos gua. Que en vida del Che conservaba su presencia fctica, que era una pesadilla en la mayora de los estados socialistas, aunque para muchos era todava un sueo.

Hoy estamos ms desnudos, ms en harapos. Pero tambin con menos velos.

Cunto tiempo necesitaremos para abordar esta problemtica? O el sistema cleptocorporocrtico globocolonizado se saldr con la suya construyendo zoolgicos humanos bioingenieriles? Felices en el centro planetario; adormecidos y hundidos en la periferia?

Nota:

[1] Jorge Majfud. "El demonio segn los demonios" https://www.pagina12.com.ar/67952-el-demonio-segun-los-demonios

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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