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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-10-2017

Duele Catalua, duele Espaa

Voces en Lucha
Rebelin


En algn lugar debe haber un basural donde estn amontonndose las explicaciones. Una sola cosa inquieta en este justo panorama: lo que pueda ocurrir el da en que alguien consiga explicar tambin el basural

Julio Cortzar, Un tal Lucas


Qu dolor cuando ya no sabes para quin escribes. Si para un grupo de fieles convencidos y conscientes situados a tu vereda o para la gran mayora de eso que vete t a saber si podemos llamar pueblo.

Hay palabras que brotan de la serenidad. Otras del entusiasmo. Las ms de las veces del compromiso consecuente de cambiar las cosas para un mejor colectivo. Estas palabras nacen del dolor explcito, de la desesperacin, de la matriz espiritual herida, de entender y no comprender el cmo es posible que hayamos llegado a esto. A la altura de estas incipientes lneas no sabemos con qu tono acabar este texto. Lo nico que sabemos es que comienza en llanto. Llanto que nace de la emocin desgarrada de creer que se pueden cambiar las cosas pero desde la impotencia inclume de no tener la ms mnima idea de cmo hacerlo.

Nos duele Catalua. Pero antes que todo nos duele Espaa. Nos duele Espaa porque lo que estamos viviendo en estas ltimas jornadas, tal y como hace unos das resalt el Rey Felipe VI, es de una enorme gravedad. El relato construido por el circo meditico que padecemos podramos calificarlo como de vergenza ajena. Pero no. La vergenza es propia. Toda esta actitud, todo este comportamiento que nos rodea y nos toca nace del corazn mismo de una tierra ultrajada y dirigida por las voluntades de unos poquitos pero lamentablemente aplaudida por la desorientacin irresponsable y manipulada de los nuestros. Porque son los nuestros aquellos que salen a vitorear a las fuerzas represivas al grito futbolstico y vergonzoso de a por ellos o. Porque, siguiendo con la cultura futbolstica (como tantos espacios secuestrada), son los nuestros aquellos que, protagonizando una autntica caza de brujas del siglo XXI, gritan a un jugador vete de la seleccin, viva Espaa por unas declaraciones convertidas por los medios corporativos en asunto de Estado. Porque son los nuestros aquellos que aplauden la violencia ejercida por un Estado que ha perdido hace tiempo la legitimidad ahogado en su propia corrupcin cultural, ideolgica y factual. Porque son los nuestros los periodistas que a golpe de salario firman textos que su conciencia nunca aprobara. Y porque son los nuestros los guardias civiles y policas nacionales que golpean sus porras cargadas de odio contra la piel de Catalunya, los que disparan balas de goma contra los ojos de Catalunya, los que avanzan retrocediendo frente al pueblo de Catalunya.

Nos duele la piel de Catalunya. Nos duelen los ojos de Catalunya. Pero sobre todo nos duele el alma de Espaa. Nos duele la vergenza de Espaa. Vergenza ajena no, vergenza nuestra. Vergenza de los nuestros. De nuestras voces hermanas, vecinas y compaeras de trabajo. Vergenza propia. De nosotros mismos por no haber logrado hacer algo para parar esto antes. Por eso ya no sabemos para quin escribimos. Si para los nuestros, para ellos, para los dems o para nosotros mismos.

Claro que nos encanta escribir que los nuestros, que las nuestras son las millones de voluntades del pueblo cataln que desafiando el poder irracional de un Estado autoritario acuden pacfica, organizada e histricamente a votar por el derecho a decidir su futuro. Como internacionalistas as lo sentimos. Para nosotros es fcil escribir esto. El sentido comn, el menos comn de los sentidos, que deca Galeano, y el compromiso con la justicia social nos lleva a identificarnos con esta postura, con el derecho a decidir, con el derecho a expresarse democrticamente, con el derecho a la autodeterminacin de cualquier pueblo. Pero escribir esto sin ms no dara cuenta ni del dolor que sentimos en estos momentos ni del problema Espaa. Porque nos duele Catalua. Porque celebramos Catalunya. Porque celebramos la leccin histrica que est dando el pueblo cataln. Pero sobre todo porque nos duele profundamente Espaa, esta Espaa que hemos construido y estamos construyendo. Esta Espaa que no se libera de su papel de maltratador, de sojuzgador, de fagocitador del otro, de la otra.

Qu dolor ms grande no saber cmo penetrar y revolver algo en esas conciencias atravesadas por tantas cosas, ese sustrato ideolgico que se ha construido y se sigue construyendo bajo la idea del concepto Espaa. De creer en la influencia de la herencia gentica sobre lo cultural, uno podra inclinarse a pensar con facilidad que el sello gentico de ese Imperio espaol donde nunca se pona el Sol est grabado a fuego en la epidermis de nuestra identidad. Resistindonos a tan descabellada interpretacin y dando sin embargo ms legitimidad a la susceptibilidad de los sujetos y los pueblos al aprendizaje, al papel de construccin hegemnica a travs de mecanismos educativos y formativos que producen marcos simblicos llenos de contenidos, nos decantamos por pensar que los patrones culturales se crean, se construyen, son moldeables. La educacin imperial y colonizadora impone constantemente los suyos. Un pas histricamente colonizador antes que a cualquier otro ha colonizado a su propio pueblo. Entendiendo esto y fijndose en el signo de aquellos que han manejado el poder en estas tierras, podemos ir entendiendo el motivo por el cual la maquinaria cultural del mal ha calado en lo ms hondo de las conciencias de la poblacin.

Planea sobre nosotros como la espada de Damocles la eterna pregunta de cmo es posible que los pobres, los trabajadores y eso que astutamente se ha llamado la clase media sean aquellos que alimenten y reproduzcan los imaginarios creados por el poder reaccionario y antidemocrtico. Cmo es posible que los nuestros alimenten bolsillos, lujos y sobre todo el modelo diseado por nuestros verdugos. Cmo es posible que nos identifiquemos tanto con aquellos que nos someten. Cul es la condicin que hace a la gente sentirse cmoda con la obediencia. Quizs el miedo a la marginacin? La obediencia nos sita en el redil, nos garantiza la posibilidad de la disputa de un trozo del pastel, aunque sean las migajas del pastel. En una sociedad que no ofrece demasiadas opciones, ser obediente se convierte casi en un mecanismo de supervivencia. La desobediencia en cambio nos seala. Pensar de manera disidente te convierte en una potencial amenaza. Actuar de manera disidente te convierte en subversivo, en peligroso. Es por eso que la desobediencia se criminaliza, se castiga.

No obstante, la desobediencia tambin gesta hroes y heronas, sin irse muy lejos, tenemos el ejemplo de los bomberos que en los ltimos tiempos nos han dado lecciones de dignidad. La desobediencia tambin pare revolucionarias y revolucionarios, impulsa cambios y revoluciones. Para que la desobediencia llegue a algn lado, hay que pensar bien. Organizarse bien. Actuar de manera inteligente. El pueblo de Catalunya lo est haciendo? Si nos ponemos a analizar hecho por hecho, seguramente encontraremos muchos ejemplos que demuestran que no. Pero si juzgamos a raz de los resultados y de la crisis que estn produciendo en las estructuras de poder del tinglado del 78, en el corazn corrupto del Estado espaol, convendremos que para sus propsitos de autodeterminacin algo deben estar haciendo bien. Y habramos de discutir si este podra ser el comienzo de un hecho revolucionario y popular.

Una grieta se ha abierto en el rgimen del 78, parapetado en la unidad de Espaa como si de una fortaleza orgnica inseparable se tratara. Fortaleza convertida en casino del modelo mercantilista. La unidad de Espaa. Por eso claman muchas voces. No faltan los argumentos para justificar las posturas unionistas. Estos das hemos sido testigos de las ms enrevesadas argumentaciones para justificar la represin. Desde poemas de Espronceda hasta barbaridades ms propias de una pelcula de Jos Luis Cuerda que de la realidad. Acusar al otro de las falencias propias suele ser un recurso muy manido. Sorprende el argumento de que los catalanes han sido durante aos manipulados y aleccionados en escuelas donde las chicas y chicos aprenden cataln como primera lengua! Tremendo sacrilegio mantener una lengua, reclamar una identidad popular, llevndonos a la locura de pensar que con ello nuestra gloriosa lengua espaola, cada vez menos castellana, est siendo ultrajada, debilitada, agredida, apartada. El extraordinario movimiento popular cataln se justifica porque los catalanes han sido manipulados. Nosotros en cambio en esta Espaa no sufrimos continuamente ningn tipo de manipulacin. Nuestras actitudes excluyentes y xenfobas no son producto de un aleccionamiento continuo que genera esa mirada de odio hacia el otro. El otro cataln. El otro vasco. El otro extranjero. El otro negro. El otro inmigrante. El otro musulmn. El otro extraterrestre.

Respecto a la lengua, el maestro Manuel Vzquez Montalbn se expres con aquel ingenio que lo caracterizaba: cuando en buena parte de las Espaas oyen hablar en cataln, gallego o euskera les suena a frotamiento de hojas de tijera podadera empeada en la castracin del pene lingstico de la patria, una unidad idiomtica absolutista y totalitaria que en la prctica jams existi y que slo la dictadura franquista estuvo a punto de conseguir.

Qu difcil es poner un poco de orden en medio de este basural, trayendo las palabras de Cortzar. Qu difcil encontrar las explicaciones. Qu difcil comprender. Solemos escuchar a nuestra gente hablar de corrupcin, desconfiar de los polticos. Ese desapego de la poltica que hace decir aquello de todos los polticos son iguales. Tremendo error que beneficia a los de siempre. Solemos reconocer muchos de los problemas actuales abordados de uno a uno. Los bancos nos roban. El gobierno nos roba. El sistema nos roba. Sin embargo, cerramos filas en esto de la unidad de Espaa y de Catalua, nuestra Catalua. En esta esquizofrenia, por un lado odiamos al cataln y por otro no queremos que se vaya. Es como si la mentalidad de terrateniente apegado a sus posesiones nos hubiera penetrado de tal forma que de manera casi inconsciente defendemos nuestros territorios como antao el seor feudal defenda su feudo o el Rey su reino. La pregunta es si seguimos siendo siervos con mentalidad de seores y sbditos con aspiraciones de Rey. Al menos reyes no faltan en el cuento.

Tampoco falta el argumento de tildar a los catalanes de egostas, secesionisas, insolidarios con el resto de autonomas. Pareciera con esta afirmacin que el Estado espaol es un ejemplo de solidaridad y hermandad entre pueblos, que vivimos en un pas socialista basado en relaciones de cooperacin de igual a igual. Se tilda de separatistas a los catalanes. Pero, no estamos nosotros separados desde hace tiempo? Los catalanes son unos separatistas, afirmamos. Pero no nos ponemos a pensar que este modelo, ratificado por la actual idea de Espaa, asla y excluye continuamente. Un modelo que separa a unas personas de otras, a unos pueblos de otros. Un modelo que califica y clasifica continuamente bajo rankings de calidad. Primero en trminos de clase. Ricos, pobres, medio ricos o medio pobres. Luego en trminos de raza. Blancos, negros, amarillos o azules. Y luego bajo cualquier tipo de categora de distinta calidad. Altos o bajos, delgados o gordos, guapos o feos, listos o tontos, machos o maricones, hombres o mujeres, dueos o empleados, jefes o subalternos, triunfadores o fracasados.

Si uno se fija en qu es lo ms sagrado para estos ladronzuelos ultraliberales de mucha monta quizs lleguemos al punto que verdaderamente le hace pupa a los dueos de este tinglado que han usurpado el concepto Espaa. Resulta muy esclarecedor en estos casos recurrir al pensamiento conservador de los intelectuales de la derecha ms reaccionaria. Les suena aquella repetida frase de Espaa antes roja que rota? Debemos hurgar en nuestra historia reciente e irnos hasta quien fuera Ministro de Hacienda durante la dictadura de Primo de Rivera, Jos Calvo Sotelo, pensador imprescindible de la derecha y uno de los principales conspiradores contra la Repblica espaola; su asesinato sirve de excusa para dar el golpe de Estado fascista que desencaden la Guerra Civil. Estas fueron sus palabras respecto a la unidad de Espaa: Entre una Espaa roja y una Espaa rota, prefiero la primera, que sera una fase pasajera, mientras que la segunda seguira rota a perpetuidad.

Segn el antroplogo Manuel Delgado, la actual crisis institucional nace de la herencia de los problemas no resueltos durante la Transicin, que a su juicio eterniza el rgimen franquista bajo otra forma pero con los mismos sectores de poder. El PP fue fundado por una persona que haba firmado penas de muerte, eso marca estilo. Lo que explica que buena parte de los partidarios de la independencia no sean independentistas, bsicamente quieren deshacerse de la monarqua y su implicacin con el franquismo. Hay sectores que entienden que la movilizacin del 1-O tiene mucho de anti-autoritario y bsicamente de descalificacin de la monarqua borbnica y el rgimen del 78.

Qu es eso que solemos llamar el rgimen del 78? Nos han contado bien nuestra historia? Acaso nos creemos el cuento de que en una Espaa donde todo lo que oliera a izquierda estaba marginado, extirpado, silenciado o en el exilio, tuviera condiciones propicias para negociar en condiciones de igualdad con el poder que gan una guerra infame en el 39 e impuso un rgimen dictatorial durante 40 aos? Hay otro relato al que nos han contado de la transicin, la constitucin del 78 y la democracia. Franco se fue al otro lado sabiendo que estaba todo atado y bien atado. No deberamos entonces centrarnos en plantear una regeneracin democrtica, una nueva gobernabilidad en este pas, una Asamblea Constituyente donde el pueblo pueda repensar, discutir y aprobar democrticamente su ley de leyes? Esto suena a utopa en este pas. Algunos parece que tienen mucho miedo con eso de consultar al pueblo, pero No deberamos desmontar el chiringuito mercantilista e infame del 78?

Ponindonos a rastrear los motivos del conflicto en Catalunya, cabe preguntarse por los causantes del mismo. Sin duda el gobierno corrupto del PP al cual hemos votado es uno de los mayores responsables de haber llegado a esta situacin. Su tratamiento del conflicto ha sido vergonzosa, lamentable, digna de un Estado que alberga en su seno la esencia franquista, la filosofa fascista. Y nosotros somos responsables de no haber logrado derribar la hegemona del PPSOE con una propuesta de Estado para todas y todos, con una nacin de naciones, con un estado plurinacional donde se respeten las diferentes sensibilidades nacionales y la soberana de los pueblos a decidir su futuro poltico.

No obstante, de todos los escenarios posibles, por qu el gobierno del PP elige este? A quin beneficia? Realmente juega a favor de los intereses que pretenden la unidad de Espaa? Son tan torpes que no se dan cuenta que sus posturas sitan al pueblo cataln y a sus actores polticos ms atrincherados en su idea de autodeterminacin? Parecera ms inteligente para los destinos de la Unidad de Espaa la estrategia seguida por Zapatero con la puesta en marcha de un Estatuto que fue aprobado por el parlamento cataln y espaol pero tumbado y recortado en aspectos clave en 2010 por un Tribunal Constitucional de mayora conservadora ante el recurso de inconstitucionalidad presentado por el PP, hecho que desencadena la radicalidad del conflicto. No ser acaso que este escenario de confrontacin le da rditos electorales a un PP ms descompuesto que nunca ante sus escndalos de corrupcin? No ser que hay momentos en la historia que conviene despertar los fantasmas del independentismo? Vzquez Montalbn de nuevo nos arroja algo de luz histrica para comprender el presente: Si la amenaza contra la unidad de Espaa considerada como una satisfactoria identidad de nacin y Estado nico haba sido una de las causas de la Guerra Civil y de la dictadura franquista, tambin lo fue para los golpes de Estado dados o ensayados a lo largo del primer lustro de la nueva democracia. Sin decantarse hacia la nostalgia golpista de los militares y el ultrafranquismo residual, al principio Alianza Popular y luego el PP, su hijo natural, utilizaron esa amenaza contra la unidad de la patria como argumento electoral primero y posteriormente para justificar su gestin de gobierno. En cualquier caso, puede que en esta ocasin su produccin constante de enemigos se les haya ido de las manos. Los pueblos no siempre son bueyes de carga al servicio de los intereses de sus amos. El poder popular a veces depara sorpresas.

Todas las cadenas de televisin retransmitan el pasado martes 3 de octubre a las 21:00 el mensaje del rey. Estamos viviendo momentos muy graves para nuestra vida democrtica, comenzaba, como si no fuera consciente que con su mensaje estaba poniendo en cuestin precisamente todo ese orden democrtico. Con un mensaje ms propio del portavoz del gobierno que del Jefe del Estado, se saltaba precisamente su carcter de mediador recogida en la venerada Constitucin de 1978, donde en el artculo 56 se afirma que el Rey arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones. En ningn momento llega a pronunciar la palabra dilogo. Slo al final, y despus de una absoluta toma de posicin, habla de entendimiento y concordia, pero subraya: entre espaoles, y a continuacin reitera su compromiso como Rey con la unidad y la permanencia de Espaa. El citado artculo 56 de la Constitucin efectivamente lo sita como smbolo de la unidad y permanencia de Espaa, pero para ello le asigna su papel de rbitro. Su funcin era pues el de la llamada al dilogo para reconducir la crisis institucional. En cambio, el jefe mximo de la Fuerzas Armadas, con su lenguaje militar da legitimad a las acciones represivas. Contrasta ese tono marcial de amenaza con la utilizacin de trminos tan hermosos como solidaridad, paz o libertad. Ya estamos acostumbrados al manoseo impdico de las palabras, pero llaman poderosamente la atencin la utilizacin de las palabras democracia y soberana. Democracia? Un rey que hereda su corona por derecho divino o herencia de sangre hablando de democracia. Un jefe de estado durante un mensaje que respalda la violencia desmedida hacia una poblacin pacfica que mete papeletas en una urna hablando de democracia. Soberana? Pero por dios y por el rey!, si Espaa perdi la soberana que le quedaba hace tiempo. Cercenada durante el gobierno de Felipe Gonzlez con la entrada en esa alianza militar promotora de guerras imperialistas que es la OTAN y ultimada ms recientemente con la modificacin a puerta cerrada entre PSOE y PP (durante el gobierno de Zapatero) para someternos al garrote vil del pago de una deuda ilegtima generada por ese mismo mercado que amordaza la soberana del pueblo.

Cmo los mismos poderes que venden al mejor postor la soberana de Espaa van a permitir a otros ser soberanos. Cmo un rey va a permitir que millones de sbditos dejen de serlo as, democrticamente, por las buenas. Lo que el pueblo cataln est planteando es un pulso a la corona. A la monarqua y a todo lo que representa, a esa Espaa amarrada en el 78 por el rgimen genocida anterior. Lo que el pueblo cataln est planteando es un pulso al rey, diciendo precisamente: queremos dejar de ser sbditos para ser ciudadanos.

La responsabilidad de lo que est pasando en Catalunya es colectiva, es nuestra, de no haber parado a tiempo sino por el contrario alentado el odio de hedor fascistoide y partidista creado por los grandes poderes contra Catalua, representados por esa Espaa de charanga y pandereta, cerrado y sacrista, que dijera Antonio Machado. De confundir el amor a una nacin o bien con posiciones egostas, elitistas o chovinistas o bien con razones tnicas o fascistas.

La catalanofobia viene alimentada de bien atrs. Sin irnos al perodo franquista, donde personajes como Serrano Suer, Ministro del Interior y cuado de Franco, afirmaron que el nacionalismo cataln era una enfermedad y como tal la trataron, podemos encontrar la gestacin de la presente catalanofobia en la ltima legislatura del PSOE de Felipe Gonzlez, entre 1993 y 1996, cuando pierde la mayora absoluta y se ve obligado a pactar con el nacionalismo burgus de Catalunya representado por Pujol en un momento de cada en picado del PSOE ante los casos de corrupcin, terrorismo de Estado (caso GAL) y neoliberalizacin de la economa. As lo explica Manuel Vzquez Montalbn en su libro La Aznaridad. Por el imperio hacia Dios o por Dios hacia el imperio. La derecha liderada por el PP desata entonces una campaa anticatalanista brutal. El peridico ABC y la cadena COPE, controlada por la Conferencia Episcopal, se sitan en la vanguardia meditica. Comienzan las descalificaciones xenfobas ms burdas, los insultos y el relato excluyente, ayudado por el enfrentamiento futbolstico. Recordemos aquello de polaco el que no bote coreado en los partidos entre Bara y Real Madrid. Comienza en ese tiempo el boicot a los productos catalanes. No hay que ser adivino para entender que los catalanes ratificaban su impresin histrica de que eran rechazados por el resto de Espaa, al mismo tiempo que explotados como una de las comunidades ms contribuyentes a las recaudaciones de los tesoros nacionales, afirma Montalban. Increblemente, toda esta campaa anticatalanista desaparece en 1996, con la victoria electoral del PP. Adivinan? El Partido Popular para formar legislatura debe pactar con CIU y PNV, los nacionalismos burgueses cataln y vasco. Son los tiempos en los que Jos Mara Aznar habla cataln en la intimidad o dice aquello del Ejrcito Vasco de Liberacin Nacional. Pero los amantes de la catalanofobia, ya sembrada en la poblacin espaola, volveran a la carga. En los ltimos aos hemos asistido a una escalada del rechazo a lo Cataln, una estigmatizacin que va de nuevo desde las campaas de boicot comercial hasta el sealamiento de Catalua como causante de la pobreza de los dems pueblos de Espaa, insolidario con la Espaa pobre. Junto a esto, la reafirmacin y la vindicacin de los peores valores ligados al trmino Espaa. Smbolo que el poder, en este circo mercantilista, maneja como una marca, La marca Espaa, a la vez que insignia chovinista y de raza, recordando los peores tiempos de nuestra historia.

Es recurrente a un lado y otro de los actores del conflicto Catalunya-Estado espaol acudir a argumentos econmicos para justificar sus respectivas posiciones ideolgicas. Este debate lo zanja a nuestro juicio la postura del economista cataln e internacionalista Arcadi Oliveres: Si alguien quiere la independencia por motivos econmicos, son malos independentistas. Los motivos son histricos, polticos, de lengua, de idiosincrasia, de forma de actuar. Al fin y al cabo, el motivo bsico es que Catalunya es una nacin y tiene derecho a la autodeterminacin. La independencia debe estar por encima de balanzas fiscales. Mala tctica es esa que se est usando los ltimos meses, que si Catalunya se independiza saldra seguro beneficiada econmicamente, eso es engaar a la poblacin, aparte de ser una injusticia. Ante la pregunta de cmo afectara la independencia de Catalunya a Espaa argumenta que depende de los trminos que se haga el acuerdo, si es pacfica y amigable, que es lo que yo deseo, no debera haber problema porque la colaboracin con Espaa debera seguir siendo igual que ahora, una colaboracin basada en buenas relaciones comerciales y financieras.

Estos das, al ver a un pueblo luchando por su derecho a decidir y su soberana poltica de manera organizada y pacfica, no podamos menos que quedar sorprendidos y admirados ante esa muestra de dignidad. Pero esta expresin de poder popular contrasta con la vergenza de un Estado represor que enva a sus mercenarios legales, a gente del pueblo, no lo olvidemos, a reprimir al pueblo. Parte del pueblo que cumple rdenes pero a la vez se identifica con su idea de Espaa reprimiendo a otro pueblo identificado con otra idea de Catalunya. Esas ideas ligadas a un territorio estn construidas bajo los mismos fundamentos? Lo simblico acta en condiciones de igualdad? Muchos estos das alegan que s, que se trata de un enfrentamiento por dos trapitos. Pero la realidad es ms compleja y afortunadamente ms rica que esa visin simplista y posmoderna.

La locura espaolista que estamos viviendo nos convierte en espectadores de escenas cotidianas lamentables para un Estado supuestamente democrtico. Hace unos das, caminando por el barrio madrileo de Usera, observbamos una estampa digna de anlisis: un vecino a paso ligero se cruzaba con nosotros en la acera mientras saludaba a un amigo asomado a su balcn. Dnde vas, gritaba el segundo desde cuatro pisos ms arriba. Me voy para Catalunya a matar a unos cuantos catalanes, te vienes?. Esprame, que bajo.

Estamos contemplando a raz de este conflicto las ms lamentables expresiones fascistas. Las agresiones de grupos de extrema derecha han ido en aumento. Pero que nadie se engae. Aparecen porque estn ah. Estas expresiones son la radicalidad consecuente de los cimientos franquistas del rgimen del 78 y del caldo de cultivo generado da a da desde los diferentes poderes. Alimentado da tras da desde nuestros medios de comunicacin, desde nuestros programas educativos, desde la construccin de nuestros smbolos, desde nuestras actitudes como pueblo. Porque no se trata ya de estos grupos fascistas organizados. Se trata de las actitudes excluyentes que la gente supuestamente no politizada despliega sin rubor alguno, arropados por una propaganda ideolgica constante que nos sirve en bandeja sus argumentos antidemocrticos y de esencia fascista, ese fascismo social que anida en la ideologa capitalista y que en muchos momentos de la historia utiliza el fascismo explcito para sus propsitos de pervivencia y acumulacin.

Por todo esto y mucho ms no tenemos la ms remota idea de para quin escribimos. Nos gustara pensar que para las nuestras, para los nuestros, que en principio somos todos aquellos ajenos a altas cotas del poder y centros de decisin poltico, vctimas activas o pasivas de stos, pero siempre, aunque verdugos, vctimas. Lo cierto es que andamos perdidos, desorientados entre tanto basural y tan pocas explicaciones. Quizs estas palabras extraviadas en el ocano de opiniones en el cual vivimos slo sirvan para acallar un llanto. En tal caso, no habr sido tarea menor, aunque s egosta. Por ello esperamos al menos hacer reflexionar a algunas de las nuestras y los nuestros acerca de qu pas queremos construir, si el del sometedor que obliga a un pueblo a mantener una relacin, si no rota, muy debilitada, o el del compaero de viaje que da la libertad al otro de elegir si permanecer o no en el mismo barco, respetando democrticamente la voluntad popular.

Hay muchas ms cosas que discutir y repensar acerca de este conflicto. Seguiremos discutiendo y repensando. Hoy queremos acabar con las palabras del poltico y militar Francesc Maci en su alegato tras fracasar la revuelta armada de Prats de Moll en 1927: Con nuestra libertad, queremos la libertad de todos los otros pueblos de Espaa que, igualmente como nosotros, sufren la esclavitud de la Espaa oficial.

www.vocesenlucha.com. Espacio de Comunicacin sobre movimientos y procesos sociales de Amrica Latina y el Caribe

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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