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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-01-2018

La filosofa no dicha de Alejandro Nario
La aprobacin de nuevos transgnicos fue "un error importante"

Luis E. Sabini Fernndez
Rebelin


El director de DINAMA, Alejandro Nario, ha lamentado la aprobacin de algunos nuevas variedades transgnicas sin aplicar el principio precautorio, sin atender necesidades propias del pas, como p. ej. en el caso de la aprobacin de un maz que se sembrar solo para atender un mercado exterior, que poco y nada dejar al Uruguay, salvo, eso s, los residuos qumicos propios de los cultivos agroindustriales.

Nario lamenta pero aclara, apresurado, que l no est en contra de los transgnicos. Anloga actitud cuando habla de la calidad del agua, por ejemplo en el ro Negro, ante el uso proyectado de UPM de esa corriente; quiere estar atento a la calidad del agua, y aclara que lo hace porque se trata de una corriente pequea, que si se tratara de una celulosera al borde del Atlntico, no le importara −lo dice risueamente− que vertiera al ocano la cantidad de txicos sin preocuparse de ello.

Nario nos aclara as que no es ecologista ni lo quiere ser. Y que es, en cambio, un partidario de los desarrollos de la agroindustria. Acepta dicho desarrollo pero lo quiere hacer con cierta prolijidad. Sus fundamentos ideolgicos, los del FA, no le permiten ni vislumbrar la trampa ecolgica en que la tecnoindustria, sa s fundamentalista, nos ha ido encajonando a prcticamente a toda la humanidad y muy particularmente a nuestro pas.

Ni se le pasa por las mientes que la catstrofe ambiental que el planeta est viviendo, con una prdida de biodiversidad planetaria ya muy perceptible, que el dao generalizado al mar ocano que todos los investigadores y oceangrafos testimonian con dolor y desesperacin,1 con todos los trastornos climticos (como que nieve en el Sahara y que el casquete polar rtico est a punto de desaparecer), que todo el aumento de radiactividad que est afectando a todos los seres biolgicos, incluidos los humanos; que la aparicin de enfermedades nuevas o la expansin de otra no nuevas; que la ya comprobada crisis de fertilidad de incontables especies incluida la humana, no son bendiciones bblicas como algn optimista quisiera creer, tampoco son todas medidas arbitrables y dominables mediante los avances tecnolgicos (que existen, ciertamente, y mejoran muchos aspectos, pero que son totalmente insuficientes y hasta contraproducentes ante otros).

Nuestro hombre quiere mejorar los procedimientos productivos. Pero en rigor, sus recaudos no resultan sino una coartada para poder aceptar con elegancia la ofensiva de la agroindustria. Que no es por cierto, local; proviene del centro planetario.

Concretamente los cultivos transgnicos se implantan a mediados de los 902 y eso se lleva a cabo por el USDA, el Ministerio de Agricultura de EE.UU. (con su gerente de tareas, Monsanto). Y desde all se difunde la orientacin general, universal. Desde esa red de organizaciones tecnocientficas surgir la cantidad de papers suficientes para atiborrar los recaudos de Nario.

Un buen ejemplo es lo que ha pasado con cierta toxicidad del glifosato, el herbicida ms usado del mundo entero. Durante aos, desde fines del s. XX, diversos investigadores han estado advirtiendo sobre su toxicidad, carcter cancergeno incluido. Finalmente, en marzo de 2015 el IARC (Agencia Internacional para la Investigacin sobre Cncer, por su sigla en ingls) que es un ente asesor de la OMS, declara: que el glifosato es probablemente cancergeno. Con esa medida observacin se le quita al glifosato su aura de inocuidad tan cuidadosamente cultivada por Monsanto y el USDA durante tantos aos.

Para qu! Monsanto sali de inmediato pese a que se ha comprobado judicialmente que varias de sus aserciones han resultado falsas o ms bien fraudulentas− con el comentario que el glifosato era menos peligroso que el alcohol (una curiosa manera de hablar de su inocuidad).

Observe el lector: la OMS acept tipificar al glifosato como peligroso luego de ms de 15 aos de reclamos fundamentados en diversas investigaciones. Un ao ms tarde apenas uno− la OMS da marcha atrs con su dictamen.

Cmo es posible? Porque en los meses posteriores a la bendita declaracin de no inocuidad, un Comit Conjunto sobre Residuos de Pesticidas (JMPR, por su sigla en ingls), que tambin es un ente asesor de la OMS, desech el dictamen de IARC.

Pero qu es el JMPR? Un ente reconocido por la OMS, constituido por tcnicos a ttulo personal, que se dedican a recomendar lmites mximos para residuos de plaguicidas [sic]. Reparemos en cun lejos estamos de una agricultura que promueva la salud: el JMPR se limita a promover, en todo caso, el menor envenenamiento posible.

JMPR es la coartada que tiene la industria para contaminar legalmente. De ella se vale, ciertamente Monsanto (y tantos otros consorcios con envenenamiento bajo control). Con tcnicos reconocidos institucionalmente pero designados por su inters o posicin personal.

No podemos dudar de su funcionalidad. Y de la fineza auditiva del USDA para remolonear con las crticas al glifosato y tener tanta presteza ante los sobreseimientos

Con el avance de la globalizacin, que reconoci un fuerte empuje con el colapso sovitico, la orientacin general y las particulares de cada estado nacional han quedado cada vez ms incluidas, o sumidas, en lo que algunos llamamos globocolonizacin.

Basta ver cmo los alimentos transgnicos entraron manu militari en Paraguay o en Brasil para reconocer la escasa autonoma poltica que hemos tenido en la periferia para decidir. El llamado a la modernizacin, a la tecnificacin, a la integracin, implica el pasaje de una agricultura de pequea o mediana escala a una de grandes dimensiones. Y el apuro para esa conversin ha sido tanto que, por ejemplo, en Argentina, en 1996, se aprueban los primeros eventos transgnicos en idioma ingls, aunque el idioma oficial del pas segua siendo oh maravilla− el castellano.3

La agroindustria, el fruto ms ponderado de la modernizacin, fue concebida en trminos econmicos acordes con las necesidades de una sociedad de grandes dimensiones y con muchos intereses fuera de fronteras (lo que en lenguaje tradicional se denominaba, imperiales). Consiste en la aplicacin de grandes bateras de mquinas de gran porte, que cosechan y separan los granos; que requieren de grandes llanuras (el modelo fue diseado en EE.UU. pensando precisamente, en las praderas norteamericanas y las pampas argentinas).4

En un pas ondulado, como el nuestro, los rendimientos de tal modelo bajan sensiblemente (por eso el gobierno uruguayo se aviene a recibir sojeros agroindustriales argentinos y los tratan con guante de seda, para que no pierdan tanto de sus draconianas ganancias lo hacen regalando nuestra tierra y agua, a precio vil). Es la misma razn por la cual los campos de concentracin para vacunos que se han popularizado en Argentina (con el nombre, ingls, claro, de feed-lot) no han prosperado tanto en Uruguay.

Nuestro pas podra lograr grandes rendimientos no adoptando la modalidad de escala de la agroindustria sino adaptndonos a nuestras propias dimensiones, apostando ms a establecimientos ms pequeos y con cuidados ms personalizados. Transformando la consigna turstica Uruguay natural en un objetivo socioeconmico (y poltico, cultural y, sobre todo ambientalmente amigable).

El ejemplo de lo acontecido en 2017 en Caneln Chico, Canelones, donde un productor agroindustrial contamin haciendo uso de sus herbicidas una corriente de agua que envenen a todos los agricultores de medio porte aguas abajo, dedicados a la produccin local de alimentos debera funcionar de contraejemplo para nosotros.

Qu sentido tiene apostar en Uruguay a commodities que Argentina o Brasil pueden decuplicar o centuplicar respecto de nuestros volmenes casi sin esfuerzo? Apostar en cambio a specialities nos facilitara los rendimientos, la calidad alimentaria y nos asegurara un mercado sabiendo que, por empezar, todo el mercado europeo est muy sensibilizado ante la contaminacin alimentaria, y que pagan de muy buena gana precios mucho ms altos con alimentos ms sanos.

Claro que para eso, tendramos que recuperar la calidad del agua que tenamos antes del ingreso al mercado global, cuando el agua en nuestro pas era de buena calidad y el suelo uruguayo era uno de los territorios mejor irrigados del planeta (Uruguay tiene un porcentaje de fertilidad de la tierra entre un 84% y un 93%, segn estimaciones; uno de los ms altos del mundo; pensemos que a China se le atribuye un 10%).

La irrigacin todava, grosso modo, la tenemos. Pero, ya sabemos, no alcanza.

Apostar a las specialities no nos permitir recibir los dlares que abundan, pero que en rigor suelen recaer en yates puntaesteos, en apartamentos neoyorquinos. Porque a la inmensa mayora, apenas si nos llegan.

Dejar de beneficiar a la agroindustria es no apostar a que el dinero trabaje por nos, apostando al trabajo y de pequea escala. Claro que eso nos impele al trabajo de calidad y, paso previo, a la formacin profesional correspondiente.5

El precio poltico, cultural, que significa la apuesta a la agroindustria masiva es la satelizacin que, como sociedad uruguaya, sufrimos. No es en absoluto un fenmeno o un rasgo particular nuestro; es caracterstico de las economas perifricas u subalternas.

La pregunta es si con el modelo globocolonial, podemos mejorar la calidad de vida de la mayora, es decir de todos nosotros, los uruguayos. Si cada vez vivimos mejor, nos expresamos mejor, comemos mejor, tenemos mejor asistencia sanitaria.

O si por el contrario, se ensancha la brecha y estamos construyendo una sociedad con hiperricos y privilegiados (que son, cada vez ms extranjeros) y una creciente porcin de la poblacin cada vez ms segregada o excluida, con bajos ingresos, aun entre los que tienen trabajo

Ya vimos que por lo visto, no bebemos mejor.


Notas

1 Julia Whitty, oceangrafa estadounidense, The Fate of the Ocean.

2 En los 70 en EE.UU. se inicia experimentacin transgnica pero inicialmente para producir medicamentos en gran escala.

3 Argentina tiene el dudoso privilegio de haber sido el nico estado nacional que acompa a EE.UU. en la produccin de alimentos transgnicos en el siglo XX.

4 Dennis Avery, Salvando el planeta con plsticos y plaguicidas, Hudson Institute. El ttulo no encierra la menor irona.

5 El primer censo universitario del pas, 1968, revel una estructura profesional e intelectual que es suicida para un pas integrado: Uruguay dispona entonces de 8000 estudiantes de abogaca (el ejercicio profesional daba trabajo a una octava o dcima parte) y 300 estudiantes de agronoma, que era entonces, como ahora y tal vez ms, el eje de nuestra actividad econmica.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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