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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-02-2018

Uruguay
Lo que est en juego con el 23 enero

Luis E. Sabini Fernndez
Rebelin


Detonante

Como era inevitable los reclamos planteados en Durazno alrededor de la cuestin agropecuaria han disparado enfrentamientos ya conocidos y rastreables a travs de los partidos polticos.

Aunque sea con otros enroques, es indudable que se ha manifestado la puja interpartidaria. Hay incluso pasajes del documento final (Un solo Uruguay. Proclama y propuesta) que la abona, como referirse a ideologas absurdas o a razones ideolgicas de otros tiempos en obvia referencia al entramado ideolgico del Frente Amplio Encuentro Progresista Nueva Mayora (en adelante FAEPNM). En ese aspecto, un cierto apoyo de Unidad Popular al encuentro rompe tales simetras porque ese agrupamiento, escindido del FAEPNM, se reivindica an ms puro heredero de esa ideologa de otros tiempos

Pero no es la puja ni la chicana poltico-partidaria lo que importa de lo acontecido el 23 de enero en Durazno.

A mi modo de ver, lo sustantivo es en primer trmino el afloramiento social de una crtica a la poltica del gobierno, algo sin precedentes, socialmente hablando con el FAEPNM y lo ms relevante− no tanto la crtica que ha salido a la luz sino el perfil de la crtica ausente. Porque de los Reclamos solo queda claro que los movilizados del 23/1 han percibido el achique de sus ingresos y ganancias. Los que la hacan con pala advierten baja en la tasa de ganancias; los que pelechaban con lo justo, estn cada vez ms ahorcados, pasndola insoportablemente mal.

El documento final centra su crtica en el estado manirroto e ineficiente con que cuenta el Uruguay, y cmo esos rasgos se habran acentuado, precisamente con el FAEPNM que se supone vena a no repetir los desgobiernos blanquicolorados sino a ejercer un gobierno ms racional, tcnico y ms justiciero y con mejor tonicidad democrtica.

Los sucesivos gobiernos frenteamplistas han cometido demasiados errores para no percibirlos como una poltica. Como sus aciertos. Ha habido, por ejemplo, una persistente poltica de inclusin social, que ha permitido mejorar niveles de vida de algn sector de la poblacin; para lo que se ha valido de blanquear ingresos, lo que ha permitido, con lo recaudado extender prestaciones. Buena parte de los aciertos de esa poltica ha sido fruto de una coyuntura de buenos precios para commodities producidas en el pas.1 Pero esa bonanza que desde 2014 se ha ido haciendo cada vez ms precaria y reversible, ha sido acompaada por su contracara. Como todo pacto con Mefistfeles, tena un reverso: creciente satelizacin de la economa del pas, creciente contaminacin, creciente extranjerizacin de la tierra, creciente expulsin de poblacin rural, aumento sostenido de empleos pblicos como reiteracin de una trama cultural del pas; la de hacer la fcil. Por algo Benedetti design a nuestro pas como la primera oficina pblica elevada al rango de repblica. En este aspecto, el FAEPNM apenas continu al batllismo, en todo caso superando sus marcas.

Entendemos que los grandes fiascos de SOYP-FRIPUR, PLUNA, la gasificadora, Aratir, para mencionar apenas las ms recientes, ms la hipoteca de soberana que significa la entrega de zonas francas o la concesin a papeleras, no hacen sino proseguir una poltica que nos viene de afuera, que no inici el FAEPNM, pero que continu y acentu. Una poltica pautada desde el centro planetario ante el cual hemos sido sumisos y sin chistar (algo que podra parecer paradjico pensando en el origen del FAEPNM. Pero solo parecer).

Por algo el Financial Times hace pocos aos design al ministro Danilo Astori como el mejor ministro de Hacienda del mundo entero. Ms all de lo llamativo que semejante designacin se la lleve el ministro de un estado con las dimensiones econmicas mnimas del Uruguay, lo cierto es que eso revela lo conforme que ha estado el gran capital globalizador2 (en adelante, globocolonizador) con nuestro pas y el papel modlico que le asigna.

Sin negar que la queja del 23/1 contra el estado despilfarrador sea comprensible y correcta, lo que falta es la crtica, no a la superestructura estatal sino a la poltica econmica. Que sigue punto por punto lo que decide e impulsa el consorcio globocolonizador.

Ese poder mundializado opera con redes transnacionales asesoras y lazarillos como el BM, la OMC, el FMI, la USAID.3 Y los estados nacionales ms acordes o ms integrados con esa globocolonizacin y los que con su legislacin la llevan adelante, constituyen, a nuestro entender, un eje supracontinental; EE.UU., Reino Unido e Israel. Todo ese conglomerado de fuerzas, estrictamente organizadas, tiene diversas entidades operativas, como el USDA (Dpto. de Agricultura de EE.UU.), la FDA y la EPA, entidades reguladoras de ese mismo origen, y la red de laboratorios que han pasado a ser primordiales en los nuevos modelos agrcolas, como Monsanto, Bayer, Syngenta, Nidera y pocos ms.

Las herramientas del enemigo no permiten hacer camino amigo

El llamado del 23 de enero arrastra una dificultad originaria y es elaborar un planteo, crtico, con las ideas contra las que precisamente, al menos algunos, quieren rebelarse. Pensar con categoras prestadas justamente del pensamiento globocolonizador. Algo que inevitablemente embarulla (claro que eso puede responder a motivos muy diversos, contradictorios entre s: algunos bien pudieran querer seguir usando el diccionario de la agroindustria rampante porque no tienen ningn inters en abandonarla y toda la friccin proviene de ver menguada su otrora altsima rentabilidad que reclaman recuperar; otros, en cambio estn movidos por el endeudamiento y la desesperacin).

Vayamos a ejemplos para evaluar estas escaramuzas semnticas. El uso del concepto de "agricultura inteligente". Es una consigna acuada por la agroindustria y los emporios del "ltimo grito tecnolgico" con el que se quiere significar, aunque no se lo diga expresamente, que la agricultura, que lleva milenios, ha sido hecha por gente no inteligente. Campesinos.

Como si el campesinado no hubiese tenido inteligencia. Como si hubiera podido desarrollar la agricultura que conocimos hasta mediados del siglo XX sin inteligencia. Como si los injertos, las rotaciones, los cruzamientos, el control biolgico de plagas, el conocimiento de siembras, cultivos y cosechas, el de las fases lunares, el ciclo de las estaciones, se pudiera haber hecho tontamente, sin conocimiento, sin racionalidad, sin ciencia, en suma.

Hay un desprecio tcito hacia el conocimiento campesino en las cocinas ideolgicas del actual centro planetario. Por eso prosigue una campaa y un empeo campesinicida, en nuestro tiempo. Aterciopelado en la modalidad uruguaya, mucho ms rstico y militarizado en el Paraguay, y en muchas regiones africanas o del sudeste asitico.4

Mencionar algo tan atroz, como un campesinicidio merece una explicacin. Aunque no se diga la verdadera razn, el motivo del gran cambio en los usos y costumbres agrcolas y ganaderos que caracteriza nuestra contemporaneidad −que nos permite decir que hay ms diferencias en su ejercicio entre lo que se haca un siglo atrs y hoy que lo que se haca en milenios anteriores hasta hace menos de cien aos− obedece no tanto al alegado progreso y superacin de ignorancias que toda propaganda institucional nos insufla, sino a la autonoma rural, sa que permite que un ser humano pueda alimentarse por s mismo o con intercambios locales. Una autonoma que conspira contra el mercado global a travs de las gndolas, articulado con los desarrollos tecnocientficos.5

Otro ejemplo: cuando se alcanza la capacidad tecnocientfica para reconocer y operar e incidir en genes con diferentes agentes modificadores, se habl, lgicamente, de "ingeniera gentica". Es lo que fue prosperando entre las dcadas del '70 y del '90, cuando finalmente esta disciplina arriba a los alimentos. Entonces, se advierte la resonancia seca, rechazable, de lo ingenieril aplicado a alimentos, a vegetales o animales que habrn de ser presentados, y embellecidos, en las gndolas.

Y con los debidos asesoramientos de Public Relations se rebautiza la ingeniera gentica como biotecnologa. Aunque su significado sea mucho menos exacto. Porque la humanidad se vala de recursos biotecnolgicos desde tiempo inmemorial: todos los fermentos, los hongos, las levaduras, los mohos con que la humanidad aprendi a hacer vinos, panes, cervezas, quesos, como el roquefort, emplean procesos biotecnolgicos. Pero no transgnicos, claro.

Pero el USDA, Monsanto y dems piezas del conglomerado globocolonizador usurparon esa denominacin como propia, por cuestiones de imagen.

La agroindustria no nos lleva al paraso sino al despeadero planetario

Lo que hay que entender es que los titulares de la autoproclamada "agricultura inteligente", los partidarios del uso de biotecnologa (biotech) son los titulares de la "agroindustria".

La agroindustria pretende ser una forma de "modernizar" la agricultura. Ostenta lo que brilla, no su contracara. Escamotea que hay una cierta irreductibilidad entre lo industrial, fabricacin de productos inertes, y el cuidado de seres vivos. No es lo mismo atender ladrillos que peces o tomates. Hay semejanzas, claro, pero la calidad de viviente es una diferencia cualitativa para tener en cuenta.

Con la agroindustria se acenta lo industrial y languidece lo agrcola o agricultural.

Sobre qu basa su fuerza de persuasin lo agroindustrial? En los rendimientos a gran escala. El primer diseo de ingeniera gentica para alimentos programada por el USDA (mediados de los 90) fue para las praderas norteamericanas y las pampas argentinas (textual, en el Hudson Institute).6

La agroindustria se basa en dos aspectos decisivos e ntimamente relacionados: 1) ahorro de mano de obra y 2) uso irrestricto de plaguicidas y de fertilizantes qumicos (que justamente por su uso intensivo devienen tambin agrotxicos; las aguas de nuestros ros son el ms claro aunque mudo testigo.)

En este punto se revela la sabidura de los tercos campesinos de la India de la dcada de los 60 que reseamos en la nota 1. Cuando Rachel Carson, biloga estadounidense, escribe Primavera silenciosa (1962), estaba advirtiendo, finalmente, el resultado de soluciones sobre la base de muertes generalizadas: la de los pjaros (y de la minifauna que los nutra).

Luego de ese sucinto recorrido planetario, volvamos al Reclamo del 23 de enero.

Significado de la supresion moderna de la mano de obra

En Uruguay se habla de pequeos productores agrarios como titulares de, pongamos, 500 ha. Es la ms feroz comprobacin que ms all de las chcharas campesinistas del FAEPNM (como las de la vicepresidenta Luca Topolansky), estamos inmersos en la agroindustria. Que se va comiendo a los productores pequeos, a los campesinos. Que en el mejor de los casos los renta y en el peor, los despoja y arrumba en los cordones perifricos urbanos.

El proceso de agroindustrializacin es un proceso donde el pez grande se come al chico. Porque basa su rentabilidad en los grandes nmeros. Las grandes extensiones uniformizables (el campo uruguayo, acuchillado, no se presta por cierto tanto como las pampas argentinas, pero igual, algo se logra).

Ese aumento de escala y de aparente productividad externaliza los verdaderos costos planetarios, ambientales: la contaminacin, cada vez ms generalizada. El pattico asunto de nuestras aguas debera ser un buen punto de referencia. Y eso que todava no hemos entrado en la espiral de contaminacin progresiva e incontenible con la tercera celulosera!

Por qu el Uruguay tiene los ndices ms altos de cncer en el continente americano? Junto con EE.UU. y Canad (en ese pattico primer grupo estn, fuera de las Tres Amricas, prcticamente toda Europa Occidental y Australia). Esa franja primera se constituye con pases que tienen ms de 243 enfermos por cada cien mil habitantes por ao. Una segunda franja, constituida en Amrica por Argentina y Brasil y que tiene otros pases como Rusia y Polonia, se establece con quienes tienen una tasa de cnceres entre 172 y 243 casos por cada cien mil hab.

Sin embargo, en los ndices de mortalidad por cncer la situacin de Uruguay empeora: en el grupo con los ndices ms altos solo queda un pas americano: Uruguay (junto con Rusia, Polonia, Turqua y otros, por encima de 116 muertos anuales por cada cien mil habitantes). Los otros dos pases americanos que sealbamos con la mayor tasa de casos de cncer, se sitan un escaln ms bajo, junto con Argentina y Brasil; entre 100 y 116 muertos por cada cien mil habitantes. Hay otras franjas con tasas de mortalidad menores: una con muertes entre 90 y 100, donde se sita Bolivia, Suecia, Noruega, Australia, etctera. Y otra franja de menor tasa de mortalidad (entre 73 y 90) donde se sita Venezuela y Finlandia, por ejemplo.7

Ms grave, si cabe: Por qu Uruguay tiene la tasa de suicidios ms alta de las Amricas (a la par de Cuba)? En tablas mundiales anda por el vigsimo puesto entre los cien estados que declaran cifras al respecto. Existen estudios que asocian suicidios con ciertos grados de contaminacin por agrotxicos que afectan nuestros cerebros. Otra hiptesis sombra: la plombemia, reconocida en un sector tan amplio de la poblacin uruguaya, tambin podra estar relacionada.

La escala y la disponiblidad territorial

Los commodities, como eje productivo, necesitan de grandes extensiones. As mirada, Argentina o Brasil tienen potencialidades (aunque tambin en esos casos, los costos y pasivos ambientales aumenten proporcionalmente).

Pero no es el caso nuestro. En ese sentido, la apuesta a la agroindustria tiene, para nuestro pas, patas cortas. Porque no slo se contaminan los suelos y todos los seres vivos que sobre (o dentro de) l vivimos, y lo hace con relativa velocidad, sino porque el suelo del Uruguay es limitado 16 millones de ha.

Por eso, una apuesta que procure ser realmente inteligente tendera a lo que en economa hoy se llaman specialities y no commodities.

Porque las specialities s tienen un mercado seguro, creciente y bien pago. As como ha ido entrando en crisis la comida chatarra, la comida rpida y dems versiones gastronmicas made in USA, anloga y correspondientemente crece un movimiento a favor de la comida saludable (p. ej. bsqueda de dietas sanas, demanda por alimentos orgnicos, la moda del slow food). Europa est vida de esos alimentos. Y no slo Europa (la salud, diramos, est vida).

Y Uruguay tiene, al menos tena, uno de los territorios mejor irrigados del planeta. Con lo cual, si evitramos descalabros y atrocidades como las producidas por la contaminacin agroindustrial, tendramos potencialidades ptimas.

Ya lo explic el agrario orgnico Csar Vega, que plantando ajos en apenas una centsima del rea que se usa para commodities se poda obtener ms dinero (y mejores cultivos). Pero, para ello, hay que trabajar. Y sa es una dificultad para un pas adormecido con dlares y electrodomsticos, reales o ilusorios.

Papel ausente del estado

Como algo lacerante tenemos el episodio en la cuenca del Caneln Chico de hace un ao, en Sauce: un agroindustrial derramando ponzoa por toda la regin, arruinando cultivos para el consumo local. Y cmo esos agroindustriales, que probablemente en su pas de origen pudieran tener alguna dificultad para seguir contaminando, aqu con el estado bobo que deja y deja y deja hacer, no tienen problema en reincidir: acaba de ser denunciado un segundo episodio con similares caractersticas, con los mismos actores haciendo el dao, con los mismos agrotxicos; slo se han renovado las vctimas y apenas el escenario; ahora en Mangang, Tala (informe de Tania Ferreira y Betania Nuez).

El nervio motor que une a la agroindustria con la contaminacin y la difusin fuera de control de enfermedades graves pasa por la difusin de agrotxicos y por la escala.

Con la gran escala, se pierden los cuidados, se pierde la nocin de los tachos con agrotxicos (o con restos de), por ejemplo, se hace muy difcil cuidar los desechos con respeto (Mae-Wan Ho), reabsorberlos cuando son reabsorbibles, hacerse cargo de lo irrecuperable y darle un destino aceptable.

La gran escala constituye una escuela de irresponsabilidad, de pagadis; que la naturaleza se haga cargo. Sabemos que no es cierto. Que eso significa lisa y llanamente contaminarnos.

Cmo afrontar los mensajes masivos que nos invitan al consumo inmediato y permanente, como si el dinero fuera man?

Apostar a las specialities significa trabajar. Trabajar con las manos, con empeo. Pero, sobre todo, con conocimiento. Reemprender el cuidado de los suelos implica recuperar los estudios agronmicos que muestran qu plaga es espantada por cul aroma, qu especie es predador benfico de plagas nuestras Sobre todo eso hay mucha cultura acumulada (hoy en da en vas de desaparicin, porque los laboratorios resuelven todos los problemas con agentes qumicos, salvo los problemas que ellos han generado: enfermedades nuevas, debilitamiento de la riqueza biolgica de los suelos, extincin masiva de especies, prdida de biodiversidad, alteraciones climticas, malformaciones congnitas.

Nuestra apuesta, pensamos, debera ser, contar con menos dlares y aprender a vivir con menos enfermedades. Preparados como sociedad− no estamos. Dispuestos?


Notas

1 Pese al rechazo terminante de todo parentesco entre kirchnerismo y vazque-mujiquismo que se observa en Uruguay, los recientes gobiernos simultneos del Plata han aprovechado la misma coyuntura de buenos precios internacionales de commodities, impulsados desde el centro planetario, para sus respectivas polticas distribucionistas coincidentes.

2 En francs a la modalidad econmica actual, dominante, se la denomina mondialisation. Entendemos que el ajuste semntico de Frei Betto mejora la comprensin del fenmeno: globocolonizacin.

3 En la periferia los anlisis suelen distinguir organizaciones supranacionales como la OMC o el BM de organizaciones directamente estadounidenses como USAID. Pero los manuales del centro planetario no hacen tan innecesarios distingos.

4 En la dcada del 60, cuando irrumpen los plaguicidas qumicos, los grandes laboratorios lderes enfilaron sus bateras hacia la India, uno de los pases con mayor cantidad de campesinos de todo el mundo. Y se tropezaron con inesperada dificultad para colocar sus soluciones maravillosas: que los campesinos, se negaban a querer matar a los insectos que predaban sus cultivos. Un 10% de lo que producimos es para ellos, alegaban. Los promotores de la solucin txica a la presencia de insectos y plagas en general trataban de persuadir que lo mejor era quedarse tambin con ese 10%. Claro que no tomaban en cuenta para esa ganancia extra, el costo que habra de salirle a los campesinos la compra y la administracin de tales venenos. Ni hablar del costo social, sanitario, ambiental, que hace medio siglo no estimaban ni los laboratorios ni el estado ni los polticos (cit. p. Frances Moore Lapp y Joseph Collins, Lindustrie de la faim, 1977).

5 Que tiene por cierto su contracara; el consabido y opresivo peso de lo tradicional. Esa difcil dialctica que nos permite ver a la vez lo progresivo y lo regresivo en una misma situacin.

6 Al capital mundializado le importa poco diferencias nacionales, fronteras de soberana y esa batera de leyes nacionales obsoletas Por eso disearon un modelo agrcola para simultneamente− EE.UU. y Argentina. Que entonces hubiera un presidente argentino partidario de las relaciones carnales facilitaba, claro, el ensamble

7 http://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/02/160203_cancer_graficos_impacto_men


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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