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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-03-2018

El Capital de Marx y las luchas actuales en Amrica Latina

Rafael Agacino
Rebelin


Para Tamara Sol Faras Vergara, joven militante cautiva cuya vida encarcelada sintetiza todo el poder represor y castigador del capitalismo chileno. Como exigen sus abuelos, Luisa Toledo y Manuel Vergara, su madre Anita Vergara Toledo y quienes an profesan la solidaridad como disposicin prctica: Tamara Sol a la calle! (8 de marzo 2018).

Cul es la principal enseanza que los movimientos revolucionarios en Amrica Latina pueden rescatar hoy de El Capital? [2]

Es una pregunta difcil porque los movimientos revolucionarios se conectan ms con los anlisis polticos de Marx que con El Capital ; como actores polticos dialogan mejor con las dimensiones estratgicas que con las leyes que rigen la sociedad moderna, el objeto de El Capital . Todo ello sin contar con el hecho que las apreciaciones de Marx sobre los movimientos independentistas de Amrica Latina fueron superficiales y alejadas de su foco de anlisis principal: Europa y su periferia [3] .

No obstante, podemos reenfocar la pregunta considerando que el capitalismo se ha vuelto dominante y en el nico modo de vida realmente existente. En estas circunstancias histricas, una pregunta adecuada sera: Qu puede extraerse de El Capital en la perspectiva de las luchas estratgicas por la emancipacin humana?

A este respecto, lo primero que debe relevarse es la categora misma de capital y su desarrollo, ms all incluso de lo que el propio Marx alcanz a presentar en el tomo I de su obra. Esto suena abstracto pero no hay nada ms concreto que el capital y su dinmica. El capital no es una cosa inanimada ni tampoco una con cuerpo y alma, y sin embargo existe. Pero cmo existe si no se toca ni se ve, no se huele ni se sabe o escucha? Pues como relacin social; una relacin objetiva cul si fuera cosa porque impone conexiones forzosas entre los individuos y entre stos y la naturaleza, y que se repite da tras da como si fuera un orden natural, un orden que siempre ha existido. Esta categora capital ha pasado por muchas fases en el transcurso del capitalismo, pero es en sta precisa poca histrica, que se vuelve una categora letal, una mquina de moler carne humana y trituradora de materia natural que funciona sin ningn control. Paradojalmente, no ha sido el Estado el que se ha vuelto el verdadero Leviatn, sino el capital. Y esto claramente lo prev Marx en el captulo I de la obra citada, tanto en sus borradores como en sus sucesivas variantes.

Desde de este punto de vista y a contrapunto de las luchas del XX- ahora la humanidad est obligada a desacoplarse tanto del cuerpo como del espritu (razn) de este Leviatn total que es el capital y que la ha vuelto enemiga de s misma. El orden sin control del capital est destruyendo no slo las bases naturales de la existencia social sino antes tambin, las bases comunitarias e incluso las bases cognitivas que hacen posible inteligencia humana [4] .

Por ello, mirando el mundo de hoy no puedo sino responder la pregunta argumentando que la tarea de los revolucionarios es advertir, explicar y oponerse activamente al camino de inmolacin por el cual la humanidad est siendo conducida bajo una irracionalidad hecha sentido comn. Desde el punto de vista de las posibilidades actuales, los revolucionarios de hoy deben levantar una lnea de resistencia global y local contra la fatal lgica del capital. Es imprescindible construir una fuerza social capaz de enarbolar un Programa de Resistencia y Autodefensa, lo cual dicho sea de paso, implica una oposicin radical a las tendencias fundamentalistas, fascistas y maniacas que seducen a una sociedad disminuida por la fragmentacin, la ignorancia, la lumpenizacin y la guerra [5] . Slo en el curso de esas luchas es plausible reponer e imaginar los valores de un proyecto emancipador, o dicho de otro modo: no hay posibilidad de un proyecto emancipador sino se levanta desde ya una poltica de autodefensa estratgica frente a los efectos letales de la dinmica descontrolada del capital. La humanidad tiene derecho a defenderse y a disponer de todos los medios para ello, ms cuando se ha cruzado un cierto umbral crtico que pone en juego la vida misma. Llevando ms all una idea seminal de Marx, podramos afirmar que el fetichismo de la mercanca se consuma a la misma velocidad en que la vida colectiva muere. Y frente a ello, no hay ms que anteponer una voluntad radical contra ese modo de vida fetichizado. Hemos arribado a la poca en que la Revolucin se ha vuelto una cuestin de vida o muerte. Qu otro mensaje ms potente puede deducirse de El Capital ledo en este umbral de la historia?

Cree que en la actualidad hay espacio en Amrica Latina para reivindicaciones democrtico-burguesas que presenten potencialidades de transformacin revolucionaria del capitalismo? De haberlas, cules seran y quines seran los actores llamados a llevarlas a cabo?

No; y paradojalmente es el capital el que clausura esta posibilidad e impone frente a la barbarie la necesidad de la revolucin. Por ello urge la convergencia de las luchas, la convergencia social y programtica de las fuerzas anticapitalistas. Y esto lo digo en un sentido mucho ms amplio de cmo se concibieron las alianzas en el siglo XX.

En las ltimas dcadas constatamos desplazamientos en los escenarios, actores y contenidos de las luchas sociales. En los pases en que el capitalismo tom la forma de desarrollismo industrial, la clase obrera clsica del siglo XX se ha reducido y prcticamente desaparecido de la escena social y poltica, mientras la nueva clase trabajadora nace con dificultades y no logra an constituirse. Los casos de Argentina, Brasil, Uruguay y Chile sirven de ejemplo. En paralelo, sin embargo, el campesinado y/o las comunidades indgenas rurales, irrumpen contra el capital desde los campos impactando la poltica y los centros urbanos de poder. Son los campesinos del Cauca colombiano, los pueblos amaznicos de Bolivia, Per y Brasil, los pueblos originarios del sur chileno y de la pampa argentina, etc., los que emergen en cientos de conflictos a lo largo del continente. Y si bien se enfrentan frontalmente a las transnacionales hoy la personificacin del capital- la razn argumentativa de sus demandas y sus fuentes de inspiracin organizativa, se fundan en recursos subjetivos muy diferentes a los que solidificaron la conciencia de clase del obrero y el sindicalismo clsicos. No argumentan la justeza de sus luchas a partir explotacin de la fuerza de trabajo (la extraccin de plusvala), ni sus fuentes inspiradoras de organizacin son la estructura ocupacional (oficios) o industrial (ramas) como fue con la antigua clase obrera. No; sus razones evocan la memoria histrica pre capitalista e incluso pre colonial como sucede con los pueblos originarios; y sus fuentes inspiradoras de lucha y organizacin, se arraigan a sus espacios vitales: la comunidad y su orden sociopoltico, y el hbitat y su modo de habitarlo. Es evidente que la profundidad histrica de estas razones y fuentes, ambas constitutivas del sujeto como fuerza socio-cultural, explica con mucho su mayor resistencia a las radicales transformaciones impulsadas por las contrarrevoluciones neoliberales. No as con la clase obrera clsica que, atacada por las nuevas formas de organizacin industrial (fragmentacin productiva) y la flexibilizacin del mercado de trabajo (con precariedad laboral), rpidamente se desestructura. Sus formas de lucha y organizacin son ms inefectivas y sus recursos subjetivos menos slidos pues apelan a un capitalismo que mut: el oficio/profesin, el empleo, la empresa o la rama industrial, tpicos del industrialismo, se han vuelto fuentes difusas y febles de subjetividad social. Toda la conciencia de clase configurada en referencia a los grandes complejos industriales, al empleo ms o menos formal y al Estado regulador, se disipa hasta confundirse con la subjetividad de las nuevas y vulgares capas medias integradas que caracterizan las sociedades urbanas modernas de Latinoamrica.

Lo inverso ha sucedido con los pueblos originarios. Sus referentes culturales ancestrales pre capitalistas y pre coloniales, reemergieron con todo su sentido, primero, superando el lugar en que los coloc la izquierda del siglo XX la tesis del campesinado- y luego, enfrentando desde la comunidad y el hbitat, la guerra ideolgica y material declarada por el neoliberalismo. As, mientras en las ciudades el movimiento de trabajadores entra en un largo ciclo de desconstitucin objetiva y subjetiva, desde los poros rurales y los campos, emergen las resistencias de pueblos originarios enarbolando un nuevo discurso contra el capital transnacionalizado. Y este discurso no clama por la reduccin de la tasa de explotacin o por una mejor distribucin del ingreso, sino por el acceso a recursos naturales, la defensa del hbitat, la autonoma y el autogobierno, la identidad cultural y la recuperacin de un modo de vida propio. Incluso en algunos casos, sobre la base de un llamando a refundar los modos de vida y produccin acorde a otros valores y concepciones de lo comn, ponen en circulacin un discurso de alcance ms general como lo fue antes el de la clase obrera que hizo coincidir sus intereses histricos con el inters comn de la humanidad. La lucha de las organizaciones indgenas y campesinas, asumen hoy un carcter ms universal pues su resistencia se asocia directamente a la defensa de las condiciones que hacen posible la vida misma. Sus demandas se empinan estratgicamente por encima de las luchas puramente redistributivas de la clase obrera y movimientos populares urbanos y a la vez que enfrentan radicalmente el descontrol del capital, inauguran posibilidades de autodefensa para una humanidad crecientemente acorralada.

Pero estas luchas no completan el mosaico actual de Amrica Latina. No podemos obviar el antiimperialismo y su forma ms reciente y original: el bolivarianismo. El antiimperialismo del siglo XX fue una reedicin - bajo nuevas condiciones- de las luchas independentistas del siglo anterior cuya fuerza se bas en las franjas criollas anti peninsulares, los artesanos y trabajadores blancos y mestizos, y la poblacin afrodescendiente esclava de las plantaciones. En los lugares en que se configur este tipo de bloque anti colonial, las luchas independentistas tomaron un tinte transversal, y ms tarde proveyeron una base poli clasista, intertnica y popular a las luchas antiimperialistas de los estados nacionales del siglo XX. Este fue el antecedente de la fuerte conciencia nacional popular que permitira en el siglo pasado y el actual, la emergencia de las corrientes populares de diverso tipo, incluida la bolivariana. Lo que logr Fidel en Cuba al fundir el antiimperialismo con socialismo, lo reeditara Chvez en Venezuela al dotar al movimiento popular emergente de un discurso que fusion, en la imagen de Bolvar, los idearios de la segunda independencia y el socialismo [6] .

Sin embargo, el bolivarianismo - as como otras corrientes ms cercanas a un nacional populismo - enfrenta fricciones cada vez ms frecuentes con las luchas indgenas y campesinas. El discurso antimperialista y nacionalista que reclama inversin y crecimiento para garantizar el desarrollo y la independencia, no convoca a los nuevos movimientos indgenas. Y esto tiene antecedentes histricos largos: las propias luchas por la independencia no contaron con la presencia decisiva de los pueblos originarios porque aquellos que lograron resistir la guerra colonial y no fueron exterminados, consiguieron un cierto orden de coexistencia con los peninsulares. Un caso paradigmtico es el acuerdo entre mapuche y espaoles el Parlamento de Quiln de 1641- que fij fronteras y autonoma poltico-cultural, manteniendo el comercio y el trnsito bajo ciertas reglas [7] . En este sentido por qu los mapuche habran aliarse con las fuerzas de San Martn y OHiggins y romper con la corona, si los independentistas reclamaban los mismos territorios que tras siglos de guerra, el rey haba sido forzado a reconocer como tierras indgena?

La realidad continental del siglo XIX naci preada de una contradiccin de base: a fin de cuentas, criollos o peninsulares, por ms que se enfrentaran a muerte en las guerras de independencia, se disputaban la soberana sobre territorios que los pueblos indgenas consideraban propios y de los cuales haban sido expulsados. Esta misma contradiccin originaria emerge nuevamente hoy entre el nacionalismo neo desarrollista y los pueblos indgenas resistentes a la dinmica del capital sea ste nacional o transnacional, estatal o privado, estadunidense, europeo o chino [8] . Y dicho al pasar, esta no apareci en el imaginario afrodescendiente que no reclam propiedad alguna sobre esta tierra de esclavitud y muerte; su aoranza estaba allende los mares y su idea radical fue la libertad y el retorno. As, no es extrao que la alianza de los independentistas con afrodescendientes, bajo la promesa de la abolicin de la esclavitud, fuera mucho ms extendida y slida que la alianza con los pueblos originarios pues, para stos, ni la abolicin de la encomienda ni el prometido estatus de ciudadano en los nuevos estados, sustitua la necesidad de recuperar sus tierras y su historia pre colonial.

Estas experiencias histricas diversas permiten entender la configuracin social y subjetiva de las luchas actuales en Amrica Latina y develar los lmites de los gobiernos progresistas o bolivarianos.

Desde el ltimo tercio del siglo pasado hasta hoy, el continente ha marchado al paso de una contra revolucin neoliberal mundial. Y si bien los procesos nacionales de contra revolucin discurrieron con tiempos y profundidades dispares, incluyendo aquellos como Venezuela en que la oleada popular chavista conjur su puesta en escena u otros que intentaron una senda capitalista menos neoliberal, en ninguno de aquellos las medidas democrtico burguesas, de resistencia o acomodo, han abierto posibilidades revolucionarias. O si lo hicieron, no hubo quien las aprovechara pues la izquierda del siglo XX desaparece, el sindicalismo clsico desfallece y la nueva clase trabajadora an no se constituye como tal. Unos carecen de independencia poltica y se muestran estriles para enunciar una hiptesis estratgica para Amrica Latina que incluya tales matices; y la nueva clase trabajadora, que podra aprovecharlas incluyendo de paso otras luchas como la anti patriarcal, el antirracismo y la sustentabilidad eco-social, recin asoma en el nuevo siglo. Mirado desde otro ngulo, esta impotencia es la otra cara del fracaso de los gobiernos progresistas que han capitulado frente al neoliberalismo el Brasil de Lula o la Argentina de Cristina- o que, entrampados en un nacional desarrollismo imposible, como Venezuela o Bolivia, son apalancados por el nuevo imperialismo asitico, el futuro gran hermano de Latinoamrica: China. Y no poda ser de otro modo pues sin sujeto no hay posibilidad de realizar lo que pudo estar en potencia. En este largo ciclo de luchas, las contra revoluciones neoliberales finalmente han predominado sobre los progresismos de toda laya, aumentando el desarme de las franjas obreras y populares [9] .

Marx entendi el socialismo como una "asociacin de hombres y mujeres libres que emplean conscientemente medios de produccin colectivos". Qu ocurri que los intentos de construccin de sociedades socialistas se alej tanto de esta idea? Qu mecanismos deberan estar presentes para evitar transitar por los mismos caminos del siglo XX?

Responder requerira una larga reflexin que no puedo hacer. En subsidio, sugiero la lectura de dos textos del economista canadiense Michael Lebowitz: Las contradicciones del socialismo real. El dirigente y los dirigidos , que tradujimos con Pedro Landsberger para LOM (en prensa), y La Alternativa socialista. El verdadero desarrollo humano , publicado por Escaparate el ao 2012. Encontrarn all un detallado anlisis del fracaso del socialismo real y las lneas matrices de una alternativa socialista.

No obstante, aprovecho de insistir en una idea inicial: la urgencia de levantar una poltica por la autodefensa de la humanidad y contra el descontrol del capital que nos conduce al suicidio. Esta lnea, aparentemente de pura resistencia, contiene en potencia una propuesta estratgica y programtica, pues la defensa de la vida slo puede hacerse concibiendo otro modo de vida, un modo que posibilite la soberana sobre las necesidades colectivas. Hoy nuestras necesidades son aquellas que el capital impone alimentacin basura, salud basura, educacin basura, etc.-, para satisfacer su irrefrenable necesidad de acumular. Es hora qu la humanidad debata sobre sus necesidades genuinas, por su sobrevida y por su emancipacin respecto del orden fetichizado del capital. Es hora qu imagine un nuevo arreglo social para responder colectivamente aquellas preguntas que nos formularon en la escuela: qu, quin y cmo producir; una sociedad capaz de decidir cmo y con qu fines utilizar el trabajo social colectivo, el talento creativo del cual dispone en cuanto especie.

El autor es Profesor universitario e investigador independiente chileno.

Notas:

[2] Una versin resumida y sin notas de una entrevista que aparecer publicada en la edicin Nro. 894 (marzo 2018) de la revista Punto Final.

[3] Conocidos son los irnicos y adversos comentarios de Marx respecto de Simn Bolvar y sus batallas por la independencia. Al respecto vanse artculo Bolvar y Ponte y cartas De Marx a Engels en K. Marx y F. Engels: Materiales para la historia de Amrica Latina , Argentina, Cuadernos PyP Nro. 30, 1972, pp. 76-94. Una explicacin de este desacierto de Marx que se distancia de las acusaciones de eurocentrismo o de la simple ignorancia de fuentes, la proporciona J. Aric: Marx y Amrica Latina , Argentina, FCE, 2010, Captulo VIII y Apndice Nota VI.

[4] Mszros, ya desde mediados de la dcada de los noventa, caracterizaba la ascensin histrica del rgimen del capital bajo la forma de capitalismo, como un excepcional momento en que ste opera sin condiciones la incontrolabilidad- salvo sus propios lmites absolutos a los cules se acerca ya aceleradamente. Vase I. Mszros: Ms all del Capital , Caracas, Vadell Hermanos Editores, 2006, Parte I.

[5] Jappe va ms all y constata una verdadera regresin antropolgica, una infantilizacin masiva de los miembros de la sociedad, como resultado directo de la exacerbacin del narcicismo en el capitalismo actual. A. Jappe: Crdito a muerte. La descomposicin del capitalismo y sus crticos , Espaa, Pepitas de calabaza, 2011, p. 232.

[6] Fernando Martnez, investigador social e historiador cubano, caracteriza el proceso cubano como una revolucin socialista de liberacin nacional que combina la lucha de clases anti capitalista y la de liberacin Nacional; y Amlcar Figueroa, historiador venezolano y miembro del Parlatino, releva el rbol de las tres ricez evocando a Simn Rodriguez, Simn Bolvar y Ezequiel Zamora, como las fuentes inspiradoras de la revolucin bolivariana de Venezuela. Al respecto vanse: F. Martnez H.: El corrimiento hacia el rojo , La Habana, Letras cubanas, 2001, pgs. 45-66; y A. Figueroa S.: Reforma o revolucin en Amrica Latina? El proceso venezolano , Mxico DF, Ocean Sur, 2009, pgs. 3 y 28.

[7] Bengoa, investigando en los archivos de la Biblioteca Nacional de Espaa, dio con el Tratado de Quiln; un hallazgo notable, pues, como seala, ste fue incluido en la Coleccin de Tratados de paz, alianza, neutralidad, garantas, etc., etc ., acordados por la corona espaola con sus similares europeas y con los pueblos de otras partes del mundo. Su inclusin all otorga a los acuerdos entre mapuches y espaoles un carcter jurdico al amparo del derecho internacional pblico, utilizando el lxico actual. Vase J. Bengoa: El tratado de Quiln , Santiago de Chile, Catalonia, 2007.

[8] Un ejemplo es el Manifiesto Junio 22 en que disidentes del MAS denuncian, en junio de 2011, que el proceso de cambio en Bolivia ha dado un giro a la derecha, al autoritarismo, la sordera y la sumisin a intereses transnacionales. Garca Lineras, vicepresidente de Bolivia, en respuesta public en julio del mismo ao el texto Oenegismo, enfermedad infantil del derechismo, el cual a su vez fue replicado airosamente por el mismo colectivo disidente. El Manifiesto y otros artculos de los autores originales se reunieron en un libro editado en Bolivia y Argentina. Vase Colectivo Manifiesto Junio 22: La MAScarada del poder, Buenos Aires, Herramienta Ediciones, 2012.

[9] Esto contrasta con el optimismo que inundaba a la izquierda en la dcada pasada y que llev a intelectuales y dirigentes sociales a hablar incluso de una primavera democrtica en Amrica Latina. Franck Gaudichaud, aunque advierte la posibilidad de nubes negras", recoge esta atmsfera en una seleccin de artculos que refieren a la situacin de Venezuela, Bolivia, Ecuador, Cuba, Brasil, Argentina, Chile, Mxico y Colombia. Vase F. Gaudichaud: El volcn latinoamericano. Izquierdas, movimientos sociales y neoliberalismo al sur del Rio Bravo , Santiago de Chile, Ediciones Escaparate, 2011, Segunda y Tercera Parte.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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