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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-03-2018

Las nuevas dictaduras latinoamericanas

Jorge Beinstein
Rebelin


El ascenso autoritario

La radicalizacin reaccionaria de los gobiernos de pases como Paraguay, Argentina, Brasil, Mxico u Honduras comienza a generar la polmica en torno de su caracterizacin.

Ninguno de esos regmenes ha sido el resultado de golpes de estado militares, en los casos de Brasil, Honduras o Paraguay la destitucin de los presidentes fue realizada (parodia constitucional mediante) por el poder legislativo en combinacin ms o menos fuerte con los poderes judicial y meditico. En Brasil la Presidencia pas a ser ejercida por el vicepresidente Temer (ungido por un golpe parlamentario) cuyo nivel de aceptacin popular segn diversas encuestas rondara apenas el 3 % de los ciudadanos. En Paraguay ocurri lo mismo, y el presidente destituido fue remplazado por el vicepresidente a travs de un procedimiento parlamentario express y luego fueron realizada elecciones presidenciales que consagraron a Horacio Cartes un personaje de ultraderecha claramente vinculado al narcotrfico.

En Honduras se realizaron elecciones presidenciales en noviembre 20171, la Alianza de Oposicin contra la Dictadura haba ganado claramente pero el gobierno haciendo honor al calificativo con que lo haba marcado la oposicin consum un fraude escandaloso afirmando as la continuidad del dictador Juan Orlando Hernandez.

Un caso por dems curioso es el de Argentina donde se realizaron en 2015 elecciones presidenciales en medio de una avalancha meditica, econmica y judicial sin precedentes contra el gobierno y favorable al candidato derechista Maurizio Macr. El resultado fue la victoria de Macr por escaso margen quien apenas asumi la presidencia avanz sobre los otros poderes del estado logrando al poco tiempo de hecho la suma del poder pblico. Si a esa concentracin de poder le agregamos el control de los medios de comunicacin y del poder econmico nos encontramos ante una pequea camarilla con una capacidad de control propia de una dictadura. Completa el panorama el comportamiento cada vez ms represivo del gobierno que por primera vez desde el fin de la dictadura militar en 1983 ha decidido la intervencin de las Fuerzas Armadas en conflictos internos mediante la constitucin de una fuerza militar de despliegue rpido integrada por efectivos del Ejrcito, la Marina y la Aeronutica y la conformacin de una fuerza operativa conjunta con la DEA utilizando la excusa de la lucha contra el narcotrfico y el terrorismo2. De ese modo Argentina se incorpora a una tendencia regional impuesta por los Estados Unidos de reconversin convergente de las Fuerzas Armadas convencionales, las policas y otras estructuras de seguridad en policias-militares capaces de controlar a las poblaciones de esos pases. No siguiendo el viejo estilo conservador-cuartelario inspirado en la doctrina de seguridad nacional sino estableciendo espacios sociales caticos inmersos en el desastre, precisamente atravesados por el narcotrfico (promovido, manipulado desde arriba) y otras formas de criminalidad disociadora siguiendo la doctrina de la Guerra de Cuarta Generacin.

En Mxico como sabemos se suceden los gobiernos fraudulentos inmersos en una creciente ola de barbarie y en Colombia la abstencin electoral tradicionalmente mayoritaria lleg recientemente a cerca de dos tercios del padrn electoral3 adornada por un muy publicitado proceso de paz que logr la rendicin de las FARC asegurando al mismo tiempo la preservacin de la dinmica de saqueos, asesinatos y concentracin de ingresos que caracteriza tradicionalmente a ese sistema. En estos dos casos no nos encontramos ante algo nuevo sino frente a regmenes relativamente viejos que fueron evolucionando hasta llegar hoy a constituir verdaderos ejemplos exitosos de aplicacin de las tcnicas ms avanzadas de desintegracin social. La tragedia de esos pases muestra el futuro que aguarda a los recin llegados al infierno.

El panorama queda completado con las tentativas de restauracin reaccionaria en Bolivia y Venezuela. En el caso venezolano la intervencin directa de Estados Unidos busca recuperar (recolonizar) la mayor reserva petrolera del mundo en momentos en que el reinado del petro-dolar (fundamento de la hegemona financiera global del Imperio) entra en declinacin rpida ante el ascenso de China (el mayor comprador internacional de petrleo) que busca imponer su propia moneda respaldada por oro (el petro-yuan-oro) en alianza presisamente con Venezuela y otros gigantes del sector energtico como Rusia e Irn.

En Bolivia el aparato de inteligencia imperial realiza una de sus manipulaciones de manual inspirada en la doctrina de la Guerra de Cuarta Generacin. Pone en accin sus apndices mediticos locales y globales intentando desplegar la histeria (en este caso racista) de franjas importantes de las clases medias blancas y mestizas contra el presidente indio. Aqu no solo se trata de barrer a un gobierno progresista sino de apropiarse de las reservas de litio, las mayores del mundo (segn distintas prospecciones Bolivia contara con aproximadamente el 50 % de las reservas de litio del planeta), pieza clave en la futura reconversin energtica global.

Principales caractersticas

Las actuales dictaduras tienen todas la caracterstica de presentar una imagen civil con apariencia de respeto a los preceptos constitucionales, manteniendo un calendario electoral con pluralidad de partidos y dems rasgos de un rgimen democrtico de acuerdo a las reglas occidentales. Por otra parte no nos encontramos ante mecanismos explcitos de censura y aunque marginales o en posiciones muy secundarias se escuchan algunas voces divergentes. Los prisioneros polticos pasan casi siempre por los juzgados donde los jueces los condenan de manera arbitraria pero aparentando apoyarse en las normas legales vigentes. Los asesinatos de opositores son minimizados u ocultados por los medios de comunicacin y quedan por lo general envueltos por mantos de confusin que diluyen las culpas estatales amalgamando de manera sistemtica los crmenes polticos con las violencias policiales contra pobres y pequeos delincuentes sociales y represiones a las protestas populares

Esa mscara democrtica, prolijamente desprolija, resulta ser lo que es: una mscara, cuando constatamos que los medios de comunicacin convertidos en un instrumento de manipulacin total de la poblacin estn controlados por monopolios como el grupo Clarn en Argentina, O Globo en Brasil o Televisa en Mxico cuyos propietarios forman parte del estrecho crculo del Poder. O cuando llegamos a la conclusin de que el sistema judicial est completamente controlado por ese crculo del que participan los principales intereses econmicos (transnacionalizados) manejando a discrecin al aparato policial-militar. Y que en consecuencia los partidos polticos significativos, los medios de comunicacin, las grandes estructuras sindicales y otros espacios de potencial expresin de la sociedad civil estn estratgicamente controlados (ms all de ciertos descontroles tcticos) mediante una embrollada maraa de represiones, chantajes, crmenes selectivos, abusos judiciales, bombardeos mediticos apabullantes disociadores o disciplinadores y fraude electoral ms o menos descarado segn el problema concreto a resolver.

El nuevo panorama ha provocado una notable crisis de percepcin donde la realidad choca con principios ideolgicos, conceptualizaciones y otras componentes de un sentido comn heredado del pasado. No somos vctimas de un rgido encuadramiento de la poblacin con pretensiones totalitarias explcitas anulando toda posibilidad de disenso, buscando integrar al conjunto de la sociedad a un simple esquema militar, sino ante sistemas flexibles, en realidad embrollados, que no intentan disciplinar a todos sino ms bien desarticular, degradar a la sociedad civil convirtindola en una vctima inofensiva, apabullada por la tragedia.

No se presentan proyectos nacionales desmesurados, propios de los militares salvadores de la patria de otros tiempos o imgenes siniestras como la de Pinochet, ni siquiera discursos hiper optimistas como el de los globalistas neoliberales de los aos 1990 o personajes cmicos como Carlos Menem, sino presidentes sin carisma, por lo general torpes, aburridos repetidores de frases banales preparadas por los asesores de imagen que conforman una red regional globalizada de formadores de opinin made in USA.

En suma, las dictaduras blindadas y triunfalistas del pasado parecen haber sido reemplazadas por dictaduras o protodictaduras grises que ofrecen poco y nada montadas sobre aplanadoras mediticas embrutecedoras. Siempre por detrs (en realidad por encima) de estos fenmenos se encuentran el aparato de inteligencia de los Estados Unidos y los de algunos de sus aliados. La CIA, la DEA, el MOSSAD, el M16 segn los casos manipulan los ministerios de seguridad o de defensa, los de relaciones exteriores, las grandes estructuras policiales de esos regmenes vasallos y disean estrategias electorales fraudulentas y represiones puntuales.

Capitalismo de desintegracin

Se forjan as articulaciones complejas, sistemas de dominacin donde convergen lites locales (mediticas, polticas, empresarias, policial-militares, etc.) con aparatos externos integrantes del sistema de poder de los Estados Unidos.

Estas fuerzas dominan sociedades marcadas por lo que podra ser calificado como capitalismo de desintegracin basado en el saqueo de recursos naturales y la especulacin financiera, y la creciente marginacin de poblacin, radicalmente diferente de los viejos capitalismos subdesarrollados estructurados en torno de actividades productivas (agrarias, mineras, industriales). No es que en los viejos sistemas no existiera el saqueo de recursos ni el bandidaje financiero, en algunos momentos y pases ocupaban el centro de la escena pero en el largo plazo y en la mayor parte de los casos quedaban en un segundo plano. La superexplotacin de la mano de obra y el acaparamiento de las ganancias productivas aparecan como los principales objetivos econmicos directos de aquellas dictaduras.

Tampoco es cierto que ahora las lites dominantes se desinteresen de los salarios o de la propiedad de la tierra, por el contrario desarrollan una amplio abanico de estratagemas destinadas a reducir los salarios reales y aduearse de territorios, ya que si en los viejos capitalismos no exista solamente produccin sino tambin especulacin y saqueo, en los actuales la base productiva, en retraccin a causa del pillaje desmesurado, sigue siendo una fuente importantisima de beneficios. Sin embargo su preservacin, su reproduccin en el largo plazo no est en el centro de las preocupaciones cotidianas de las lites atrapadas psicolgicamente por la dinmica parasitaria de la especulacin financiera y su entorno de negocios turbios.

Entre otras cosas porque en el actual imaginario burgus ha desaparecido el largo plazo, sus operaciones ms importantes estn regidos por el corto plazo lumpecapitalista. En el saqueo de recursos naturales a travs de la megaminera a cielo abierto, de la extraccin de gas y petrleo de esquisto o de la agricultura basada en transgnicos, se utilizan tecnologas orientadas por la velocidad del ritmo financiero al servicio de gente que no tiene tiempo ni inters para dedicarse a temas tales como la salud de la poblacin afectada, el equilibrio ambiental y otras reas impactadas por los daos colaterales del xito empresario (financierizacin del cambio tecnolgico, la cultura tcnica dominante como auxiliar del saqueo).

Estos capitalismos de desintegracin son conducidos por lites que pueden ser caracterizadas como lumpenburguesas, burguesas principalmente parasitarias, transnacionalizadas, financierizadas, oscilando entre lo legal y lo ilegal, crecientemente alejadas de la produccin. Son inestables no por accidentes de la coyuntura sino por su esencia decadente. Por encima de ellas se encuentran las grandes potencias y sus lites embarcadas desde hace tiempo en el camino de la degradacin, en un planeta donde los productos financieros derivados representaban a fines de 2017 unas siete veces el Producto Bruto Global, donde la deuda global total (pblica ms privada) era de casi tres veces el Producto Bruto Global, donde solo cinco grandes bancos estadounidenses disponan de activos financieros derivados por unos 250 billones de dlares (13 veces el Producto Bruto Interno de los Estados Unidos), donde sumadas las ocho personas ms ricas del mundo disponen de una riqueza equivalente al 50 % de la poblacin mundial (los ms pobres).

La formacin y encumbramiento de esas lites latinoamericanas son el resultado de prolongados procesos de decadencia estructural y cultural, de un subdesarrollo que incluy hace ya varias dcadas componentes parasitarias que se fueron adueando del sistema, lo fueron carcomiendo, envenenando, pudriendo, siguiendo la lgica sobredeterminante del capitalismo global, no de manera mecnica sino imponiendo especificidades nacionales propias de cada degeneracin social.

Por debajo de esas lites aparecen poblaciones fragmentadas, con trabajadores integrados desde el punto de vista de las normas laborales vigentes separados de los trabajadores informales, precarios. Con masas crecientes de marginales urbanos, de pobres e indigentes estigmatizados por los medios de comunicacin, despreciados por buena parte de las clases integradas que se van achicando en la medida en que avanzan los procesos de concentracin econmica y pillaje de riquezas.

No se trata entonces de espacios sociales estancados, segmentados de manera estable sino de sociedades sometidas a la reproduccin ampliada de la rapia elitista transnacionalizada, a la sucesin interminable de transferencias de ingresos de abajo hacia arriba y hacia el exterior, a la degradacin ascendente de la calidad de vida de las clases bajas pero tambin de porciones crecientes de las capas medias.

Algunos autores se refieren al fenmeno calificndolo de neoliberalismo tardo4, algo as como un regreso a los paradigmas ideolgicos neoliberales que tuvieron su auge en los aos 1990 pero en un contexto global desfavorable a ese retorno (ascenso del proteccionismo comercial, declinacin de la unipolaridad en torno de los Estados Unidos, etc.). Nos encontraramos entonces frente a una aberracin histrica, un contrasentido econmico y geopoltico protagonizado por crculos dirigentes empecinados en su subordinacin al Imperio norteamericano, interrumpiendo la marcha normal, racional, progresista y despolarizante que predominaba en Amrica Latina. Las derechas latinoamericanas se encontraran embarcadas en un proyecto a contramano de la evolucin del mundo.

Pero ocurre que el mundo no se encamina hacia una nueva armona, un nuevo ciclo productivo, sino hacia la profundizacin de una crisis de larga duracin, iniciada hace casi medio siglo. La misma se caracteriza entre otras cosas por la declinacin tendencial de las tasas de crecimiento de las economas capitalistas centrales tradicionales y la hipertrofia financiera (financierizacin de la economa global) impulsando el quiebre de normas, legitimidades institucionales y equilibrios socioculturales que aseguraban la reproduccin de la civilizacin burguesa ms all de las turbulencias polticas o econmicas. La mutacin parasitaria-depredadora del capitalismo tiene como centro a Occidente articulado en torno del Imperio norteamericano pero envuelve al conjunto de la periferia y tambin afecta a potencias emergentes como China o Rusia muy dependientes de sus exportaciones donde los mercados de Europa, Estados Unidos y Japn cumplen un papel decisivo. As es como la tasas de crecimiento del Producto Bruto Interno de China se vienen desacelerando y la economa rusa oscila entre la recesin, el estancamiento y el crecimiento anmico.

Un aspecto esencial de la nueva situacin global es el carcter abiertamente devastador de las dinmicas agrarias, mineras e industriales motorizadas tanto por la potencias tradicionales como por las emergentes, cuyos efectos han dejado de ser una borrosa amenaza futura para convertirse en un desastre presente que se va amplificando ao tras ao.

Todo ello nos debera llevar a la conclusin de que los regmenes reaccionarios de Amrica Latina no tienen nada de tardo, de desactualizado, de desubicacin histrica sino que son la expresin de la podredumbre radical de sus lites, de su mutacin parasitaria enlazada con un fenmeno global que las incluye. Lo que nos permite descubrir no solo la fragilidad histrica, la inestabilidad de esas burguesas, tan prepotentes y voraces como enfermas, sino tambin las vanas ilusiones progresistas negadoras de la realidad, que al calificar de tardo al lumpencapitalismo dominante lo marcan como anormal, anmalo, a destiempo, alentando la esperanza del retorno a la normalidad de un nuevo ciclo de prosperidad en la regin, ms o menos keynesiano, ms o menos productivo, ms o menos democrtico, ms o menos razonable, ni muy derechista ni muy izquierdista, ni tan elitista ni tan populista. El sujeto burgus de ese horizonte burgus fantasioso solo est en su imaginacin, la marcha real del mundo lo ha convertido en un habitante fantasmagrico de la memoria. Mientras tanto los grandes empresarios, los crculos concretos de poder, participan de cuerpo y alma en la orga de la devastacin, tan desinteresados en el largo plazo y el desastre social y ambiental como en la racionalidad progresista (a la que consideran un estorbo, una traba populista al libre funcionamiento del mercado).

Reacciones populares y profundizacin de la crisis

La gran incognita es la que se refiere al futuro comportamiento de las grandes mayoras populares que fueron afectadas tanto desde el punto de vista econmico como cultural por la decadencia del sistema. Las lites pudieron aprovechar la desestructuracin, las irracionalidades sociales generadas por un fenmeno perverso que atraves tanto las etapas derechistas como las progresistas. Durante los perodos de gobiernos de derecha civiles o militares promoviendo y garantizando privilegios y abusos de todo tipo, afirmando un sentido comn egosta, disociador, subestimador de identidades culturales solidarias. Pero cuando llegaron las experiencias progresistas esas lites utilizaron la degradacin social existente, la fragmentacin neoliberal heredada (enlazada en algunos casos con tradiciones de marginacin muy enraizadas) impulsando irrupciones racistas, neofascistas de las capas medias extendidas a veces hasta espacios medio-bajos donde se mezclan el pequeo comerciante con el asalariado integrado (en consecuencia por encima del marginado, del precario).

Vimos as en Brasil, Argentina, Bolivia o Venezuela movilizaciones histricas de clases medias urbanas neofascistas exigiendo las cabezas de los gobernantes populistas, manipuladas por los medios de comunicacin y los poderes econmicos que el progresismo haba respetado como parte de su pertenencia al sistema (admitida abiertamente, silenciada o negada de manera superficial o insuficiente).

Ahora las llamadas restauraciones conservadoras o derechistas no estn restaurando el pasado neoliberal sino instaurando esquemas de devastacin nunca antes vistos. Pudieron triunfar gracias a las limitaciones y desinfles de progresismos acorralados por las crisis de sistemas que ellos pretendan mejorar, reformar o en algunos casos superar de manera indolora, gradual, civilizada.

Pero las crisis nacionales no se detienen, por el contrario son incentivadas por los comportamientos saqueadores de las derechas gobernantes que siguen practicando sus tcticas disociadoras, de embrutecimiento colectivo, buscando generar odio social hacia los pobres. Los medios de comunicacin trabajan a pleno detrs de esos objetivos y como la declinacin econmica avanza empujada por las polticas oficiales y por la marcha de la crisis global, las manipulaciones mediticas comienzan a demostrarse impotentes ante la marea ascendente de protestas populares. La virtualidad del marketing neofascista empieza a ser desbordado por la materialidad de las penurias no solo de los pobres sino tambin de capas medias que se van empobreciendo. Males materiales que al amplificarse les abren la puerta a la rebelda de quienes nunca fueron engaados y de los que han sido embaucados. Es as como en Brasil el repudio popular al gobierno de Temer es abrumador o en Argentina la imagen edulcorada de Macri se va diluyendo velozmente mientras se extienden las protestas populares.

La represin, la militarizacin de los gobiernos de derecha aparece entonces como alternativa de gobernabilidad, las dinmicas dictatoriales de esos regmenes van engendrando dispositivos policial-militares con la esperanza de controlar a los de abajo, van funcionando con cada vez mayor intensidad los mecanismos de cooperacin hemisfrica: operaciones conjuntas con la DEA, suministro de armamento y capacitacin para el control de protestas sociales, multiplicacin de estructuras represivas nacionales y regionales monitoreadas desde los Estados Unidos.

Se trata de un combate con final abierto entre fuerzas sociales que buscan sobrevivir y que al hacerlo pueden llegar a engendrar vastos movimientos de regeneracin nacional, radicalmente antisistmicos y lites degradadas e inestables, dependientes del amo imperial (que se reserva el derecho a la intervencin directa, si las circunstancias lo requieren y permiten), animadas por un nihilismo portador de pulsiones tanticas.

Notas:

1 Hugo No Pino, Cronologa del fraude electoral en Honduras, Criterio.hn. Diciembre 8 de 2017, http://criterio.hn/2017/12/08/cronologia-del-fraude-electoral-honduras/

2 Manuel Gaggero, Argentina. La historia se repite como tragedia, http://www.resumenlatinoamericano.org/2018/02/11/argentina-la-historia-se-repitecomo-tragedia/

3 Ana Patricia Torres Espinosa, Abstencin electoral en Colombia. Desafeccin poltica, violencia poltica y conflicto armado, Cuadernos de Investigacin, Universidad Complutense de Madrid, Facultad de Ciencias Polticas y Sociologa, http://politicasysociologia.ucm.es/data/cont/docs/21-2016-12-21-CI12_W_Ana%20Patricia%20Torres.pdf

Miguel Garca Sanchez, Sobre la baja participacin electoral en Colombia, Semana, 2016-10-18, http://www.semana.com/opinion/articulo/miguel-garcia-sanchez-sobre-la-baja-participacion-electoral-de-colombia/499388

4 El neoliberalismo tardo. Teora y praxis. Documento de Trabajo n 5, Daniel Garca Delgado y Agustina Gradin (compiladores), FLACSO, Argentina 2017.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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