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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-05-2018

La izquierda al servicio de la derecha en Uruguay?
Ironas de la historia

Luis E. Sabini Fernndez
Rebelin


Quin habra imaginado a comienzos de los 60 que muchos de los ms radicalizados de la izquierda uruguaya iban a defender a represores institucionales? Quin habra de imaginar en esa poca de insurgencia estudiantil y de abordajes a la utopa, que muchos de sus titulares iban a defender un golpe de estado o aceptar instituciones de la seguridad nacional auspiciada por los represores del estado burgus?

Ningn uruguayo, ningn oriental, espontneamente, podra haber aceptado semejantes maridajes.

Sin embargo, conociendo un poco de historia no habra sido tan increble. El papel de mucha izquierda en la Revolucin Rusa y en su consolidacin estalinista; en la llamada Revolucin Espaola y su descaecimiento; en el ascenso del nazismo en Alemania, ha sido se. Innegable aunque haya sido tan escamoteado en la prensa generalmente progre o de izquierda (a lo largo de casi todo el siglo XX!). Al punto que hasta se podran rastrear razones no explcitas (dejando de lado los casos de provocadores, infiltrados y soplones, que tambin han cumplido su lastimoso papel al respecto). Pero no es el momento de rastrear esas curiosas y significativas metamorfosis de la historia en tantos sitios. Limitmonos a un episodio uruguayo, uruguaysimo.

Tomemos el galimatas jurdico de la Ley de Caducidad de la Pretensin Punitiva del Estado. Julio Sanguinetti, figura clave en la elaboracin de dicha ley, hizo su jugada maestra mediante un gambito, iniciado el 8 de marzo de 1985, con ley de amnista que amparaba a los tupamaros que acababan de cumplir 13 aos de prisin (aunque alcanzaba ─y aqu est la frutilla de la torta─ tambin a quienes haban evitado la crcel e incluso a quienes haban sido reclamados por delitos de sangre y haban huido fuera de fronteras). Con amnista o con conmutacin de penas, todo el mundo tupamaro, los integrantes del MLN (y de organizacin menores) quedaron libres de culpa y cargo.

En 1986 ─estbamos viviendo los reacomodos del pas tras el brutal cimbronazo de la crisis, la violencia guerrillera y la represin indiscriminadora del terror pblico, estatal─, los artfices polticos del momento, creen llegado el momento de cumplir con los militares las promesas del Pacto del Club Naval y, a travs de la influencia clave de Julio M. Sanguinetti y Wilson Ferreira Aldunate, anudan la Ley de Caducidad.

Algo que no se poda aprobar simultneamente en 1984, cuando la liberacin de los presos polticos, porque la huella odiosa de la dictadura estaba fresca y la prisin de tantos aos (de tupamaros y otros luchadores polticos) patentizaba su rol de vctimas.

Haba que dejar pasar un tiempo, para hacer semejante juego de la mosqueta.

La accin guerrillera haba recado sobre actores sociales muy precisos; empresarios expropiados, policas desarmados, cuerpos represivos golpeados e incluso asesinados (aunque por el estilo o el mtodo empleado, sobrevinieron tambin varios daos colaterales sobre habitantes totalmente inocentes o ajenos). Pero la accin represiva oficial generaliz el terror sobre buena parte de la poblacin y da y mat mucha poblacin porque la intencin fue, precisamente, postrar a la sociedad en general, bajo el terror. Algo ajeno a la estrategia guerrillera, al menos en esa etapa, de subversin. [1]

As que toda equivalencia entre la amnista y la caducidad est viciada de origen. La amnista amparaba a quienes haban actuado puntualmente; la caducidad amparaba a quienes haban maltratado a toda o casi toda una sociedad.

Y aqu viene el punto: la izquierda, fundamentalmente la izquierda tupamara, acept el trapicheo, reconoci un inters comn en la defensa de amnistas y caducidades. Con representantes conspicuos de esa alianza, como Eleuterio Fernndez Huidobro. El tristemente ms destacado, pero no el nico. En esa estela, han navegado, navegan, M. Rosencof, J. Mujica, J. Marenales, D. Cmpora y muchas otras acrisoladas figuras sobre todo de la llamada direccin. Si nos dejamos llevar por las consideraciones de refractarios al pacto y a la poltica de EFH, tendramos que inferir que la mayora o una buena parte de la camada tupamara acept el trapicheo que venimos sealando.

Esto no significa desconocer u olvidar todos los militantes y combatientes, a menudo esforzados, que han pagado con crcel, exilio o la misma vida el sostenimiento de sus convicciones. Que podemos compartir o no.

Porque una cosa es la revolucin (siempre bastante mitificada) y otra es conseguir mejores jubilaciones con pocos aos de trabajo (ms otros, a veces muy duros, es cierto, de crcel) en tanto que laburantes que han trabajado 35 o 40 aos en el pas cobran un mendrugo; una cosa es reconocer o respetar a los poqusimos militares que han actuado correctamente y otra proteger a militares asesinos o cmplices de asesinatos, como el de un asesor de Pinochet, por ms que el susodicho, E. Berros, fuera un investigador cientfico deleznable

En general, haber sido contemporizador o cmplice con las movidas militares del 9 de febrero o del 27 de junio de 1973, como sucedi con casi toda la izquierda incluyendo las dos principales organizaciones, tupamaros y tapamuros (comunistas) [2] es lo que se expresar aos despus, con la recuperacin democrtica en el Pacto del Club Naval, en la amnista general e irrestricta, en el engendro de la Caducidad.

Aquellos polvos trajeron estos lodos. Nada distinto poda depararnos lo que se tipifica como derecha; est para defender lo estatuido, la injusticia dominante. Pero quienes han acarreado buena parte de nuestra lastimosa herencia han sido los que suelen considerarse de izquierda.


Nota

[1] Hubo un episodio, en 1970, que dio pistas para lo que podra pasar una vez obtenido el triunfo guerrillero. El MLN, previa inteligencia, cop instalaciones de Nybroplast para dar a conocer a su personal una proclama; operativos que hizo el MLN con frecuencia, buscando darse a conocer, socializando sus objetivos. El copamiento fue defectuoso: mientras dialogaban con el personal, un sereno que no haba sido advertido se comunic telefnicamente con la polica. Cuando los guerrilleros abandonaban las instalaciones en vehculos, los del primero ni siquiera advirtieron dificultades, pero los siguientes debieron enfrentar el cerco. No hubo muertos, pero s varios detenidos.

La direccin tupamara evalu el operativo; no s si hubo crticas a los defectos del copamiento, pero s se resolvi ajusticiar al sereno. Suponemos que por buchn. Sin embargo, el sereno haba apenas cumplido con su deber. El mensaje entonces fue: si ests de acuerdo aplaud, si ests en contra, obedec!

Pensemos por un instante lo que sera esa poltica dentro de toda una sociedad: recibe el nombre de totalitaria.

[2] Hubo honrosas excepciones. En febrero, dentro del FA apenas la figura aislada de Carlos Quijano y seguramente otros miembros de su agrupacin, ANDS. Fuera del FA, los exanarcos de ROE-OPR y los llamados prochinos. Hubo tambin otros objetores; colorados como A. Vasconcellos, y W. Ferreira Aldunate y su agrupacin del PN. En junio, hay para todos los gustos: el PC prosigui con su antibordaberrismo excluyente, apoyando a los militares torturadores como en febrero, pero empujado a la clandestinidad, pocos das despus del 27/6 pas a ser crtico acrrimo de este golpe de estado; el PS que en la secuela de febrero brind con su lder V. Tras apoyo al peruanismo qued, en junio proscrito por la dictadura; Seregni, prescindente en febrero fue en julio de 1973 degradado y puesto en prisin durante 9 aos.

Blog del autor: http://revistafuturos.noblogs.org/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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