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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-09-2018

La psicopoltica del espantapjaros

Jorge Majfud
Rebelin


El presidente Donald Trump acaba de anunciar que, para contestar la interminable lista de libros que lo critican (sobre todo libros escritos por sus ex amigos y ex hombres de confianza, que a esta altura son casi todos), la Casa Blanca publicar un libro real, un libro verdadero (a real book). Obviamente, no lo escribir l, aunque, en nuestro tiempo, no tendra nada de absurdo que una persona que nunca lee libros publique un libro.

Tampoco es casualidad que su cuenta de Twitter (que es el principal medio donde el presidente de la mayor potencia del mundo anuncia las decisiones que afectarn al resto del mundo y donde expresa su estado de nimo segn la hora del da) sea @realDonaldTrump, al tiempo que repite, obsesivamente, que el resto del mundo es fake. El mundo es fake, excepto yo, que soy real.

El patrn psicolgico es consistente y revela un oscuro sentimiento inverso, similar al de la homofobia de algunos hombres que se excitan mirando imgenes de hombres (segn pruebas de laboratorio), similar al consumo, por parte de una mayora de mujeres, de pornografa donde se ejerce violencia contra las mujeres (segn los ltimos anlisis de Big Data), o el estricto y puritano celibato pblico de curas violadores.

Tampoco podra ser casualidad que, en su etimologa y en alguno de sus usos arcaicos, la palabra trump significa fake, falso, invencin, el ruido que produce el elefante (obviemos que el elefante es el smbolo del partido Republicano) con su trompa, una especie de pedo o ruido trombtico sin contenido, o un acto infantil. Claro que esto ltimo podra ser una sobre interpretacin, ya que estamos hablando de un individuo y no de toda una tradicin lingstica donde los patrones no dejan mucho lugar a dudas. Al menos que el joven, que el nio Donald haya tenido alguna informacin sobre su maravilloso apellido, tanta como sus propias lecturas infantiles.

Tampoco debe ser casualidad que su hijo ms joven se llame Baron Trump, exactamente como el personaje de las novelas para nios que Ingersoll Lockwood escribi a finales del siglo XIX sobre un personaje alemn (su padre era un inmigrante ilegal alemn) llamado Baron Trump. El personaje, adems de iniciar sus aventuras en Rusia, de ser camorrero y aficionado a insultar a cada individuo que se le cruzaba por el camino, presume de su propia inteligencia.

Demasiadas casualidades, como sacarse la lotera cuatro veces.

Tampoco es casualidad que haya sido Trump quien puso de moda el trmino fake news. Por accin o por omisin, los grandes medios de comunicacin siempre han manipulado la realidad, por lo menos desde el siglo XIX (ya nos hemos detenido sobre el caso de Edward Bernays y muchos otros) pero el poder siempre encuentra una forma de disipar las dudas burlndose de sus propios mtodos cuando stos llegan a un punto de mxima sospecha. En 1996, la voz narrativa de mi primera novela dijo algo con lo que estoy de acuerdo: No existe mejor estrategia contra un rumor verdadero que inventar otro falso que pretenda confirmarlo. La lgica de la distraccin diseada es la misma (aunque, en este caso, entiendo que no es intencional sino parte de la inevitable naturaleza darwiniana del poder): inventa un enemigo visible del poder, que se parezca al verdadero poder y que sea de tal forma que hasta los mismos crticos del poder terminen por defender los medios del poder. En palabras ms simples: disea un buen espantapjaros, distrae; a lo fake llmale real y a lo real, fake.

Esta lgica se confirma trgicamente hoy: los medios masivos siempre han sido reales en sus noticias y fake en la realidad creada. Por la forma y por la seleccin de los hechos reales, siempre han manipulado y continan manipulando, la realidad, aunque ahora parezcan los paladines del pueblo, de los pueblos, de la verdad y la justicia. Pero que, de repente, lo diga un presidente fake, un personaje ridculo como un espantapjaros, alguien que lleg a ser presidente del pas ms poderoso del mundo con menos votos que su adversario, gracias a un sistema electoral heredado de los tiempos de la esclavitud, con un discurso medieval, hace que la gente decente y razonable tome partido por lo contrario, es decir, por defender a los medios tradicionales del poder real, ahora bajo ataque, esos mismos que hasta no hace mucho defendan, apoyaban o, por lo menos, no criticaron nunca acciones criminales como la guerra de Iraq o como tantas otras invasiones y complots secretos por todas partes. Con honrosas y valientes excepciones, est de ms decir, porque en todo rebao hay ovejas negras.

El poder ni siquiera necesita pensar para ser genial. Es parte de su naturaleza.

Cuando alguien obsesivamente se llama a s mismo real y a todo lo dems fake, es porque est, obsesivamente, tratando de ocultar un sentimiento dolorosamente contrario: una conciencia reprimida de no ser real, de ser fake, de ser Trump. De otra forma, no hay necesidad de un hbito consistentemente obsesivo. Pero Trump es apenas un espantapjaros del poder. Pattico, un peligroso amplificador de los miedos y de los traumas populares, s, pero no mucho ms que eso.

A los poderes tradicionales (los dueos de los capitales decisivos, de las finanzas, de los negocios de la guerra y de la paz de los cementerios, de la explotacin fsica y moral de los de abajo), toda esa confusin, toda esa perfecta inversin de roles le viene como anillo al dedo. Como si existiera una lgica darwiniana en la escenificacin y en la narrativa del poder que permanentemente se adapta para sobrevivir. Incluso, poniendo un espantapjaros en el poder de la mayor potencia del mundo para que cuervos y gaviotas por igual se mantengan estresados con un artefacto que insiste en que es lo nico real en un mundo fake.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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