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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-09-2018

Crnica de un curso de verano
El barco, los puentes, las terapias y la memoria

Vocesenlucha
Rebelin


Desde la sucia y ardiente ciudad de Madrid de un mircoles cualquiera de un julio cercano tomamos rumbo hacia un pueblito de vila, cuyo nombre en breve recordaremos, dispuestos a encontrarnos con la historia y la memoria para, como si de una moderna terapia antiamnsica se tratara, ensayar algunos remedios contra el olvido en forma de palabras.

Sobre el rocn flaco de Vocesenlucha troteamos a ritmo templado, alejndonos del mundanal ruido, por esos caminos del presente al que llamamos carreteras. Cmara y pluma al hombro como aldarga antigua y lanza en astillero, nos sale al encuentro el primero de los dilemas polticos a los que se enfrenta cada da todo sujeto de aspiraciones revolucionarias en medio de la vorgine neoliberal: pagamos un peaje inslito por usar unas carreteras construidas con el dinero de todos o atravesamos el puerto de Somosierra? Resignados tomamos rumbo a las alturas de la sierra de Madrid, no para `rutear ni escuchar pajaritos bajo un rbol, ni siquiera para enfrentar gigantes como molinos de viento, sino para curvear a lomos de este viejo rocinante apellidado 206. Ya por las llanuras de la vieja Castilla, esa que nunca recorriera el Quijote, nos envuelven los abrasados campos de amarillo `trigueante. Despus de unas horas, bajo el sol del medioda llegamos al pueblo de nuestro destino cuyo nombre, ahora s, nos viene a la memoria: El Barco de vila.

Esta tarde comienza el curso de verano de la UNED Justicia y memoria democrtica. Tres das donde, de la mano de algunas hermosas cabezas pensantes, bucearemos en el pasado, en las memorias, en las impunidades de la historia, en los crmenes de la infamia, en las justicias del maana. Entramos a El Barco buscando un lugar adecuado donde dar reposo a nuestro rocinante del siglo XX, sobreviviente en el siglo XXI, y almorzar algo bajo una sombra imprescindible. El pueblo est desierto en este medioda bajo un `sol de injusticia, que puede que algo tenga que ver con el sol al que cada maana daban cara con la sonrisa puesta algunos seres no tan anacrnicos de nuestra historia. Es por eso que no nos extraa el vaciamiento generalizado de las calles. Sobre ellas avanzamos esquivando el centro y llegamos hasta las orillas del ro Tormes. Para cruzarlo nos da la bienvenida un puente que fue construido por los romanos no se sabe cundo y luego reconstruido con estilo romnico. Dudamos si atravesarlo con este invento de la modernidad con el cual, por mucho que venga del pasado siglo, nos parece un ultraje pisar semejante reliquia histrica. Como usurpando los territorios de la memoria y el pasado, atravesamos este puente enmendado en el siglo XII. No hay remedio. El presente camina sobre el pasado. En ocasiones se olvida su huella. Aun as, la huella siempre queda, aunque no sea de piedra ni tome forma de puente romnico.

Metindonos por fin en harina, ya con nuestras cmaras a punto, en la tarde de este mircoles cualquiera de un reciente julio, inaugura el curso el siempre fino analista Joan Garcs, que, siguiendo con los puentes, y en su estimulante costumbre de vincular pasado con presente, traza uno que conecta la impunidad en la guerra de Espaa con la forma en que se est enfocando la crisis constitucional en relacin con Catalua, no sin antes sealar la brutalidad de la represin franquista, de carcter generalizado y sistemtico, y la impunidad absoluta que esa represin tuvo durante y despus de la guerra en Espaa. Una guerra a la que se niega a llamar guerra civil por la dimensin internacional del conflicto, donde las potencias fascistas italiana y alemana estn involucradas desde el minuto uno y donde acaba implicndose (tarde) la Unin Sovitica en apoyo al gobierno legtimo despus de que ste recurriera en primer trmino a Francia e Inglaterra, quienes se lavaron las manos en el vergonzoso pacto de no intervencin bajo la excusa de tratarse, dijeron, de un conflicto interno. De ah, cuenta Garcs, nace el trmino guerra civil, pretendiendo obviar su carcter internacional. Sin embargo, el gobierno de la Repblica siempre habl de guerra de Espaa, afirma. El mismo Garcs nos resuelve el misterio del porqu desde la llegada de la democracia al Estado espaol se materializa el deseo de algunas potencias, que tenan mucho inters en que no se hablara en Espaa sobre lo ocurrido desde el 36 hasta el 45, los aos de la represin ms sistemtica. Quizs podamos entender algo si atendemos a cmo se desarroll nuestra Transicin. Para graficarlo recurre Garcs al General Monzn Altoaguirre, miembro de los servicios secretos del almirante Carrero Blanco, quien afirma que la Transicin se hizo antes de que Adolfo Surez fuera nombrado presidente del gobierno, las pautas de la Transicin estaban hechas de antemano con los servicios secretos de Carrero, con la colaboracin muy directa de los servicios secretos alemanes y coordinados por EEUU. Quien quiera profundizar en estos hechos, y rastrear, entre otras cosas, el papel del PSOE, Felipe Gonzlez y otros amiguetes sevillanos como Alfonso Guerra, antes, durante y despus de la Transicin, desde informacin de archivos nada menos que de la CIA, desclasificados en EEUU, nada mejor que acudir a un libro de cabecera como Soberanos e Intervenidos.

Hablando de soberanos e intervenidos, Garcs nos recuerda un artculo suyo de 2016 llamado El derecho a decidir de los espaoles, donde explica, de nuevo trazando puentes en la historia, la conexin entre el nombramiento de Franco como jefe de Estado en 1936, la coronacin de Juan Carlos I como rey de Espaa en 1975 y la proclamacin de Felipe VI en 2014 como nuevo rey ante la abdicacin de su padre. El material que une los tres hitos es que antes de ser proclamados jefes de Estado, los tres son nombrados previamente jefes de las Fuerzas Armadas. Franco por la Junta Militar que diriga la sublevacin contra Repblica, Juan Carlos I por las rdenes dictadas por el mismo Franco, recientemente fallecido, y Felipe VI ante la presencia de los jefes militares de los tres cuerpos del ejrcito. Es despus de ese acto en el Palacio Real que Felipe se traslada a las Cortes, donde es proclamado rey. Esto, segn Garcs, es de una carga simblica y constitucional extraordinaria, y es una violacin de la Constitucin vigente, puesto que literalmente dice nuestra Constitucin que el Jefe de las Fuerzas Armadas es el rey, es decir, es en la medida que es hecho rey que es jefe de las Fuerzas Armadas, y no al revs. De modo que ese histrico 19 de junio de 2014 Felipe VI presta juramento para cumplir unas funciones constitucionales que acaba de vulnerar. En los tres casos, el mando supremo de las Fuerzas Armadas se transmite al margen de la soberana popular, de la representacin nacional y de la Constitucin en vigor, afirmaba en el artculo. Lo ms deprimente para m contina Garcs hoy es ver en televisin a todos los cuerpos constituidos de Espaa, desde el presidente del Tribunal Constitucional hasta la Corte del Tribunal Supremo, pasando por todos los senadores y parlamentarios, todos los grupos representativos de la soberana espaola en esas Cortes aplaudiendo un acto que estaba en desafo a la lgica de una Constitucin democrtica. Con estos antecedentes, no es de extraar lo que vendra despus; nos referimos al papel del rey respecto a los hechos en Catalunya.

Del primero de los conversatorios, y ya que podemos echar mano de esa hermosa trampa del relato que son los puentes en la historia, sin pretender evadir el tema cataln saltaremos ahora hasta el ltimo de los expositores. Si la harina con la que inauguramos este pan de la memoria era de fuerza, no le queda a la zaga la pltica de quien cierra el curso, el filsofo Reyes Mate, quien despliega un brillante anlisis filosfico en torno a la memoria y la justicia y nos plantea cuestiones tales como el de las visiones regionales de la justicia y el problema de cmo universalizar ese concepto de justicia. Qu es la justicia, el reparto equitativo de la libertad, como pretenden las teoras modernas, propias de sociedades del bienestar o el reparto equitativo del pan, como defienden las teoras latinoamericanas, propias de pases con profundas desigualdades? Efectivamente, la idea de justica es relativa, contextual y mltiple. Y as las teoras de la justica, que quedan quebradas cuando aparece en escena la memoria, novedad que sacude todas las teoras de justicia, sostiene. La memoria es un deber a partir de un momento, antes slo era conocimiento. El deber de memora aparece cuando los campos de concentracin nazis son liberados. Esto no puede repetirse ms. La humanidad no se lo puede permitir. Hay que repensar la historia para que no se repita. Sorprende que para las vctimas la memoria tuviera tanta importancia [Durante el III Reich] sucedi algo impensable. Qu pasa cuando lo impensable ocurre? Ah nace el deber de memoria. Hay que partir de lo que el hombre ha hecho aunque no seamos capaces de imaginarlo Repensar la memoria a partir de la experiencia de la barbarie. Extraordinario.

Sin embargo, la charla de Reyes Mate nos deja un halo de preocupacin que nos cuesta arrancarnos de otra forma que no sea echando mano a la terapia dialctica de las palabras. Nos inquieta la importancia que Mate le otorga a un concepto como el de perdn, un trmino de gran ambigedad que ha sido utilizado hasta la saciedad por aquellos que quieren convertir la voluntad de la humanidad en un remanso de agua inofensivo. Para nada creemos que el filsofo otorgue a ese concepto tal significado. No por nada apoya su posicin en una filsofa y luchadora por los derechos humanos como Hannah Arendt, quien afirm aquello de que el perdn es la clave para la accin y la libertad. No obstante, y a pesar de lo impoluto de su argumentacin, no terminamos de sacarnos de encima esa intranquilidad al pensar cul puede ser el significado ltimo del concepto perdn, tan manipulado por los dueos de verdades oficiales, y la consecuencia de tal actitud extendida a nivel social. Algo que acaso no padecemos ya a da de hoy? Si todo es perdonable, no favorecemos la lectura hoy impuesta de dos bandos iguales? Iguales en responsabilidades. Iguales en lo tico. Iguales en la infamia. Nos queda la inquietud del peligro de prescindir del anlisis del histrico conflicto entre clases que se recrudece en suelo espaol desde el levantamiento del 18 de julio del 36. Una batalla poltica llevada al ms terrible de los extremos, el del horror, el de la guerra. Una batalla entre dos fuerzas que encarnaron esa confrontacin histrica que nos gusta caracterizar, cuasi infantilmente, sin miedo de ser tildados de moralistas, como las fuerzas del mal y las fuerzas del bien, representantes de esos valores universales que igualmente sintetizamos en la infamia o la dignidad. Ms all de que en nombre de esos entes universales, y apartndose de ellos, se hayan cometido de manera minoritaria, no representativa ni generalizada, los ms horribles y censurables crmenes desde un lado o las ms bellas muestras de amor a la humanidad desde el otro. Son esas dos fuerzas, esos dos valores, los que se enfrentaron en la guerra de Espaa. Venci el mal, como bien sabemos. Y cuando la infamia vence, es implacable. Y fue implacable. El mismo Reyes Mate seala una diferencia, que no puede minimizarse, respecto los crmenes horrendos de ambas fuerzas enfrentadas, ms all de la puramente matemtica, que es sustancial: mientras por el lado republicano esos crmenes fueron ilegales, no tolerados y censurados por el gobierno legtimo y popular, los crmenes del lado de la infamia sin embargo se llevaron a cabo por prescripcin institucional, de esa institucional paralela e ilegal que fundaron los sublevados. No es balad que ms all del fin de la guerra, esos crmenes contra la humanidad se convirtieran en orden dentro de la nueva legalidad impuesta a sangre y fuego. Es por eso que el poeta Marcos Ana, el preso poltico que ms aos pas en crceles franquistas, afirm: Una guerra civil es siempre una tragedia nacional, que sufrimos todas y todos; pero no se puede establecer un juicio salomnico y equiparar tres meses de descontrol (agosto-octubre, de 1936, en el rea republicana) con un genocidio fro y sistemtico que dur casi cuarenta aos (desde 1936 hasta 1975 bajo el franquismo). Sin olvidar que no es igual luchar contra la libertad que defenderla.

Hay otro hecho fundamental en este asunto, que tiene que ver con las vctimas en sentido amplio, incluyendo a las que quedan tanto o ms como a las que se fueron. Mientras las vctimas y familiares de los crmenes perpetrados por las tan ruidosas como amplificadas notas sueltas del lado republicano tuvieron reconocimiento, honor y gloria durante ms de medio siglo por parte de una legalidad institucional todava hoy en estado de continuidad, las vctimas producidas por el lado de la infamia nunca jams han gozado de tal reconocimiento oficial, y muchas de ellas yacen an perdidas y desaparecidas en las cunetas del olvido. Se puede bajo estas circunstancias perdonar? Ms all de la inquietud, no tenemos una respuesta clara. Volveremos a ello.

Detrs de los panelistas de la sala de conferencias donde se inaugura el curso, que nos ser arrebatada por otro curso de temtica ms de moda en estos das del cual luego hablaremos, nos mira un colorido cuadro con la estampa de El Barco de vila. Ah est el ro Tormes, y ah est, observndonos, el viejo puente romnico recordndonos un pasado donde burros, bueyes, campesinas y campesinos, habitaban un tiempo que ya no existe, un tiempo muerto en la historia. Una mancha emborronada en el pasado que no vemos cegados por las luces de nen de la modernidad. Ah est el pasado con sus piedras y sus burros y sus puentes y sus campesinas y la tierra que nos grita para que la miremos agonizante. Ah est el pasado gritndonos. Estoy vivo en el presente! Y nosotros, ms burros que los burros, slo viendo presente. Inmaculado, plano, hueco, vaco, impreciso, ansioso, perdido, desubicado.

La mesa redonda Memoria y represin en la provincia de vila nos aterriza en el terror concreto, en lo grfico de la memoria a pie de calle, de olor a pueblo, plvora, e ignominia. Como la que sufri la provincia de vila, que qued dividida en dos. Al norte, la infamia, al sur, la dignidad. En la ciudad de vila se fusila al ltimo gobernador civil, se clausura Correos, Telgrafos y la Casa del Pueblo, donde se queman libros. vila vive una pequea guerra, casi de guerrillas, nos relata Mara del Mar Gonzlez de la Pea, nieta de desaparecido por los crmenes del franquismo que expone un relato estremecedor. Desde el primer momento se fusil por ser sospechoso de ser republicano. Para el derecho penal franquista, la simple defensa de determinadas ideas era punible. Como Hitler, la polica te detiene antes de cometer el delito. Una guerra total. Guerra total que se proyecta hacia el futuro. Es por eso, que esta compaera bibliotecaria afirma categrica: todos, incluso los nacidos en democracia, somos vctimas del franquismo. Si Mara del Mar hablaba de quema de libros, el siguiente ponente, Rafael Snchez Gutirrez, nos habla, como maestro que es, de la grave represin que sufri el mundo de los maestros y maestras. La provincia de vila es, despus de Len, donde ms maestros fueron asesinados. Por qu esa persecucin al maestro?. La Repblica emprendi grandes reformas educativas. Construccin de escuelas, universalizacin de la enseanza, modelo laico, democratizacin del sistema educativo, Algo que la infamia nunca puede tolerar. Muchos maestros abulenses estaban sindicados para luchar por la escuela nacional y pblica. Los maestros que quedan en la zona nacional sufren el terror. De julio a noviembre, nos cuenta Rafael, se desata el llamado Terror caliente, cuando se asesina a maestros con juicios sumarios realizados por dos falangistas y un cura. Las cruces en las listas son sealadas por el Obispo de vila. Bruno Coca Arenas, del Foro por la Memora de vila, cierra esta mesa, que comienza describiendo cmo alrededor de 1.000 personas fueron asesinadas en la provincia de vila. Una represin que se ensa con alcaldes, concejales y tambin jornaleros del Frente Popular. Algunos curas se enfundaron el mono azul [de los falangistas] y mataron. Se practicaron enterramientos vivos. Algunos patronos mataron a segadores para no pagarles los jornales. Curiosamente, hace unos das, caminando por Navaluenga, un pueblito de vila junto al ro Alberche, nos topamos con Isaac, un campesino que vende sus productos de la huerta en un puestito, que devuelve a la tierra lo que la tierra le da y conversa con los rboles como buen poeta campesino que es. Al padre de Isaac y otros ocho compaeros se los llevaron unos falangistas porque el patrn no quera pagarles y les acus de comunistas. Ya frente al paredn, a punto de ser fusilados, uno de los guardias civiles reconoce a uno de los jornaleros y les dice: estos son los comunistas que vais a matar?. Gracias a semejante azar, pudieron seguir respirando.

Emilio Silva, Presidente de la Asociacin para la Recuperacin de la Memoria Histrica (ARMH), nos habla, entre otras cosas, de la represin y la impunidad econmica. Durante el franquismo, se aprueba un decreto que se reserva el 80% de las plazas pblicas a aquellos que limpiaron de marxistas Espaa. La gente tena que ser insignificante. No se podan significar. Podemos hablar de un apartheid espaol, donde los recursos y oportunidades eran slo para los vencedores. Se llevaron por delante la vida de 55.000 personas. 9.700 republicanos espaoles fueron deportados a los campos de concentracin. Poco se cuenta en estas tierras desmemoriadas de los esclavos del franquismo. Como poco se cuenta de la Transicin que nos vendieron, donde se aprobaron leyes vergonzosas como la Ley de Amnista del 77. Ley de amnista y de amnesia colectiva, debera llamarse. El intento de golpe de Estado del 23-F tuvo un efecto psicosocial tremendo. Se hizo para ser visto. No es casualidad que las cmaras siguieran conectadas. De aquellos polvos, estos lodos. No es casualidad tampoco que todos los gobiernos permitan la existencia de la Fundacin Francisco Franco. Todos condecoraron a Billy el Nio. No existe un reconocimiento pblico a las personas que lucharon contra el fascismo. La memoria desdibujada deja rastro en la ciudad. Por eso el Arco de la Victoria, que celebra la victoria de los fascistas en la ciudad de Madrid, sigue siendo un espacio de exaltacin reaccionaria y no de sealamiento de la infamia. Como el actual Valle de los Cados, tan presente en los medios estos das en que pone el grito en el cielo el franquismo explcito y el sociolgico ante una decisin como trasladar a Franco de ese mausoleo construido por esclavos republicanos. Tristes tiempos estos, en que hay que luchar por lo evidente. A quin beneficia este escenario? A la memoria de la dignidad?

A da de hoy, nos recuerda la magistrada Begoa Lpez Anguita, no existe una condena real y efectiva a la dictadura franquista. Existe un pacto de olvido. Hasta el ao 2002, no llega la primera proposicin no de ley para instar al gobierno a hacer algo. Sin embargo, se trata de algo puramente simblico, una declaracin de principios. No existe un censo de los desaparecidos por desaparicin forzada en Espaa, pero se calcula que hablamos de 114.000 desaparecidos. El Estado es responsable de esos crmenes contra la humanidad. El Estado emprendi acciones para eliminar a un enemigo poltico. Reconocer eso es una cuestin de voluntad poltica. Existe hoy realmente, ms all de las bombas de humo?, nos preguntamos. Parece que ahora la hay, afirma Begoa.

Cruzamos, esta vez caminando, el viejo puente romnico junto al profesor Marcos Roitman. Hoy ese puente no est vaco. Un campesino con dos bueyes que parece congelado ah desde hace cinco siglos pasa junto a nosotros constatando el ultraje que ayer cometimos al atravesar este puente con ese vestigio motorizado de la modernidad llamado 206 y confirmando que definitivamente vivimos en el pasado y que el presente es como una caja de pandora que contiene una nica historia y muchas memorias. A pesar de que, sin embargo, cada vez recordemos menos y cada vez veamos en nuestros pueblos menos campesinos con bueyes congelados en el tiempo.

Siguiendo con los puentes, y regresando a la harina de los contenidos, volvamos a Garcs y retomemos aquel puente que, dibujndolo, no acabamos de transitar. En esa mana suya de conectar los hitos de la historia recordndonos la importancia del pasado para comprender el presente, Garcs pone el dedo en los paralelismos que se pueden trazar entre los hechos histricos del 36 y los de hoy, en concreto en relacin a la actual crisis constitucional espaola, que, afirma, sera reductivo pensar que est exclusivamente referida a la situacin en Catalua. No. Es anterior. Y arranca de nuevo por la impunidad en relacin con no poder o no querer abrir los ojos para preguntarse qu pas en este pas entre el 36 y el 39. El puente que conecta el 36 con la crisis en Catalua no es otro que el delito de rebelin. Un delito en procesamiento actualmente en el Tribunal Supremo para el caso cataln que nunca ha sido si quiera admitido a trmite para el caso de la sublevacin del 36. Ese procedimiento jurdico en relacin a la impunidad de los crmenes del franquismo lo inici Joan Garcs en el ao 2008 en la Audiencia Nacional. Fue rechazado aludiendo que se trataba de delito de Rebelin, algo que nunca haba sido competencia de la Audiencia Nacional. S lo fue sin embargo para esa misma sala de lo penal unos aos despus cuando surge el problema de Catalua, que admite a trmite la querella presentada por la el fiscal general del Estado, Jos Manuel Maza, por delito de rebelin, lo que llev al encarcelamiento de los polticos catalanes, hoy en prisin. Algo que los jueces en Europa se niegan a entender que es rebelin. Para que haya delito de rebelin es necesario que haya violencia. Sacar un milln de personas a la calle donde no se rompe una papelera no es violencia, sino derecho a la manifestacin. Un milln de personas que no rompen una farola no doblegan a un gobierno, de modo que ese gobierno no est en riesgo, insiste Garcs. Despus de la negativa en 2008 por parte de la Audiencia Nacional, quien fuera amigo personal de Salvador Allende, le acompaara en La Moneda el fatdico 11 de septiembre del 73 y lograra aos despus sentar a Pinochet en el banquillo, no se da por vencido: llev la pelea contra esa resolucin ante el Tribunal Supremo, que consider que no era una cuestin constitucional, y lo llev al Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo, y es muy interesante la respuesta de ste: no se toca el asunto espaol.

Y cul es ese asunto espaol que no se toca? No otro que el de los crmenes de la infamia, el asunto de la memoria, el que se encarg de dilapidar una transicin pactada cuyo modelo se export luego a Amrica Latina. Cmo se puede mantener un relato, una versin de la historia que impida a la gente hablar de lo que pas hace tan poco tiempo?, se pregunta el magistrado Luis Carlos Nieto. Segn ste, es fundamental el miedo que gener la represin, un miedo tan brutal que paraliz las posibilidades de hablar durante varias generaciones. El miedo paraliza y entierra el relato democrtico en nuestro pas. Es por eso que cuando Luis estuvo en el Comisionado de la Verdad de Honduras, en las movilizaciones contra el golpe de estado, una persona gritaba, Quin dijo miedo? Y el grupo de manifestantes contestaba: Nadie! Era esta una forma de conjurarse contra el pnico que haba porque la represin era brutal. Ese, nos recuerda el profesor Roitman, era el propsito de dictaduras como la chilena, donde uno de sus elementos clave fue poner los centros de tortura en sitios visibles para articularlo en el miedo, el miedo colectivo que genera el reconocimiento social de los sitios donde se asesina, se mata o se tortura. Los torturados eran torturados una, dos, tres, cinco, diez, veinte veces pero despus se les dejaba libres para que contaran su historia. Es el elemento de la psicologa del miedo.

Esa psicologa del miedo perdura en los cuerpos como perdura en la psique colectiva de los pueblos. La parrilla cultural democrtica y la sociedad de consumo despolitiza las conciencias, entumece los cuerpos y prescribe un silencio ayer impuesto, hoy consentido. La memoria se desdibuja, se manipula, se hace aicos. El poder la recompone a su antojo. Sin embargo, el miedo permanece en cuerpos y cabezas. Es por eso que proliferan las terapias del siglo XXI. La psicologa o el Tarot pierden adeptos y crecen las nuevas tcnicas de liberacin y bsqueda del mundo feliz. Para muestra, un botn. Durante este curso de memoria histrica compartimos las instalaciones con otro curso de verano de la UNED. Su ttulo habla por s solo: Talleres y tcnicas de crecimiento personal. T y yo primero: La re-evolucin del altruismo. Quedamos noqueados. La memoria entra en estado de shock.

Una suerte de pandemia colectiva recorre las calles, invade las canchas, las boutiques, los escaos, las empresas y hasta las escuelas. Una ensalada de misticismo oriental, meditacin, naturismo de consumo y mrquetin nos amenaza. Los cursos de autoayuda o coaching se proyectan como las nuevas religiones del mundo empresa, del mundo yo. Desmemoriados, los cuerpos se liberan bailando la danza de la posmodernidad. Como una metfora de mal gusto, el ruido de los pies de cuerpos desinhibidos ensordece la construccin de otros relatos. De manera literal. Durante la exposicin de Luis Carlos Nieto, una vez relegados a un aula comn, una planta ms abajo, comienza sobre nosotros un golpeteo de pies estrepitoso y eterno. Arriba muchos yos liberan su miedo en una clase llamada Bailamos? Cooperacin en movimiento, impartida por un bioenergista. Comprensibles ganas de movimiento, dado que llegan de otra dinmica: Qu es el trauma? Un acercamiento biolgico, emocional y relacional.

Para traumas, los vividos por los pueblos de Amrica Latina y el Caribe. La mesa redonda Memoria, violencia poltica e impunidad en Amrica Latina la abre Marcos Roitman, que con su verbo de metralleta destaca la importancia del contexto histrico en que se desarrolla cada proceso, y cmo la estructura social y de poder especfica de cada pas determina a dichos procesos de lucha por la emancipacin y por la memoria. Por ello Marcos abre el fuego de las palabras disparando al concepto mismo de memoria: No es que no haya memoria, dice, se impone una memoria. Hay una memoria, una memoria dominante, hegemnica, que construye y que define, que determina cul es el papel de unos y otros. Es para construir esa memoria que el poder ataca siempre al refugio de la memoria, los libros, los archivos de la memoria, los centros de la memoria como museos o bibliotecas. Fueron esos los primeros objetivos en la guerra de Irak, en Chile, en Argentina o en Espaa, nos recuerda. Por eso mismo, aade, un libro como Soberanos e Intervenidos no se ensea en las universidades, porque se enmarca en la lgica del pensamiento subversivo, se criminaliza el pensamiento. La memoria y aqu viene la definicin- es la relacin viva del presente con el pasado. Siempre estamos interpretando y reinterpretando el pasado. El pasado y el presente se juntan en el mbito de un relato histrico que se construye principalmente a partir de esa memoria. Por eso la memoria es un hecho vivo. Distinto de la historia, que es una representacin del pasado. () Lo que se ha hecho es intentar romper la memoria colectiva, lo que se ha construido es una memoria parcial, desde el hecho hegemnico, que no identifica la lgica colectiva de los pueblos, y eso pasa en Amrica Latina. Jess Gonzlez Pazos, de la asociacin Mugarik Gabe, radicada en Euskal Herria, nos recuerda los estudios de Paco Etxeberria, de la Universidad del Pas Vasco, junto al Instituto de Criminologa Vasco, que demuestran ms de 4.000 casos de torturas entre 1960 y 2014 sufridas por el pueblo vasco. Esta es la impunidad de la democracia. Buen conocedor de Amrica Latina, seala que los pueblos indgenas distinguen entre la memora corta y la memora larga. Respecto a la memoria corta, en Bolivia hablaban de las dos ltimas dcadas del siglo XX, la poca del neoliberalismo ms ortodoxo. La memoria larga para los pueblos indgenas habla de 200 aos, no de repblica, sino de colonialismo interno, dado que las independencias para ellos fueron criollas. El colonialismo -cuenta Jess- sigue siendo sufrido por la prctica totalidad de los pueblos indgenas. En algunos casos, con exterminio y desaparicin, como es el caso de los mapuches en Chile y Argentina, continuando con las mismas dinmicas que haban sido aplicadas, siguiendo con la memoria larga, los 300 aos anteriores de colonizacin sobre todo espaola. Guillermo Granado, del Instituto de Iberoamrica, rastrea la alargada sombra de un caso tan terrible como real, nico en Amrica Latina: el del grupo armado peruano Sendero Luminoso, una de las experiencias, junto al terrorismo de estado, ms traumticas y lamentables de la regin y que requiere un anlisis de gran delicadeza. A ello ha dedicado su tesis este joven. Pone el broche final a esta mesa Alejandro Lerena, abogado colaborador en la Querella argentina, quien nos habla de esta querella contra los crmenes del franquismo investigada por la jueza Mara Servini en Argentina, que a da de hoy ha recibido alrededor de 350 querellas a travs de los consulados. Cuenta Alejandro cmo el trabajo desde Argentina est siendo entorpecido por las autoridades espaolas, por ejemplo con los conocidos casos como el torturador Billy el Nio o Jess Muecas o las rdenes de extradicin contra Rodolfo Martn Villa o Jos Utrera, peticiones entorpecidas de todas las maneras posibles. Sin embargo, tambin seala los logros: visibilizacin, presencia en la agenda poltica espaola, uso del discurso de los Derechos Humanos o reconocimiento del estatus legal de vctima, al incluir a las vctimas como parte del procedimiento.

Para cerrar el nutrido segundo da de curso, se proyecta el documental Nos estn matando, que aborda la compleja realidad colombiana, donde cada ao se asesinan impunemente a manos del paramilitarismo y el narcoestado a cientos de lderes sociales populares o campesinos. Un protagonista del documental es Feliciano Valencia, a quien pudimos conocer personalmente a nuestro paso por los territorios del pueblo Nasa en el Norte del Cauca, Colombia, donde han conseguido tal autonoma y soberana de sus territorios como para no permitir en ellos ninguna actividad extractiva. Feliciano es un referente de ese pueblo que sufre en sus carnes un proceso de judicializacin que lo llev a entrar en prisin y que hoy le mantiene en un estricto rgimen de prisin domiciliaria. Persecucin al movimiento social. Criminalizacin del pensamiento.

Hablando de Colombia y de criminalizacin del pensamiento, a raz de la difusin de los vdeos de estas charlas, nos escriba desde la prisin de Bellavista, en Medelln, un preso poltico colombiano del Movimiento de Presos Polticos Camilo Torres Restrepo, del ELN. Cuando Jairo nos escribe, sentimos que nuestro trabajo ya ha valido la pena porque llega all donde ms se necesita. Pero en realidad no es as, porque compaeros como Jairo son los que menos necesitan recuperar la memoria dado que nunca jams la perdieron. En fin, que nos comentaba a raz de la visualizacin del conversatorio del magistrado Luis Carlos Nieto, que le confirmaba todo lo que ya se sabe sobre las tcticas de las oligarquas mundiales, dictaduras o "democracias", para mantenerse en el poder mediante el miedo y la tergiversacin de la historia. La memoria por lo tanto es fundamental para que tales hechos no se repitan y los responsables se vean obligados a asumirla, no necesariamente con castigos retaliativos, sino con la verdad que se debe conservar en la historia. Sin embargo, considero que la humanidad no se siente afectada con tales crmenes, ms all de los familiares, amigos y unas cuantas personas conscientes que entienden que as no hayan sido vctimas directas, los mismos no pueden caer en el olvido. Desafortunadamente aada nuestro amigo Jairo-, en la mayora de los casos la historia queda como relato, pero no como experiencia. Sus palabras nos dejaron pensativos. Qu quieres decir con eso de que queda como relato y no como experiencia?, le preguntamos. Cuando nos acercamos a hechos como los de los crmenes nazis, los vemos como relatos pero no nos sentimos impresionados con toda la barbarie cometida. Es ah cuando digo que la historia queda como relato, pero no como experiencia, mxime cuando los mismos hechos se repiten ahora en Palestina, Siria, Sudn, El Mediterrneo, Estados Unidos o Colombia, sin que se haya aprendido de esos hechos tan nefastos en la historia. Cuando de la historia no se saca la experiencia, sta queda como simple ancdota. Para reflexionar.

Siempre que un grupo o una sociedad intenta tejer y construir otra realidad posible, y puede construir otra realidad posible, el poder dueo de las cartas histricas de la infamia ejerce su terror implacable utilizando todas las estrategias de la guerra: convencional, no convencional, de baja intensidad, psicolgica. Una guerra que invade todos los mbitos de la sociedad. Lo vemos hoy en Colombia pero tambin en la Venezuela bolivariana, como lo vimos ayer en el Chile de Allende y la Unidad Popular, como lo vimos antes en la Espaa republicana y como lo vemos hoy igualmente, de distinta forma, en Catalunya. Para que no se nos acuse de esquivar el problema cataln, retomamos de nuevo a Garcs, que se pregunta sobre cul fue la reaccin de los poderes del Estado espaol en Catalua? La reaccin es en cierto modo hoy la que se intent y no se pudo en el ao 31. Se refiere a los das previos a la proclamacin de la Repblica, concretamente al 12 de abril, cuando el director general de seguridad, el general Mola (posteriormente cerebro del golpe del 36), ante la movilizacin popular, responde al jefe del estado diciendo que no haba fuerza suficiente para controlar las calles. As nace la II Repblica el 14 de abril de 1931. No ocurre as en 2017, cuando en una decisin alentada por una declaracin pblica del rey, se ordena restablecer el orden constitucional con el despliegue de las fuerzas de seguridad en Catalua, es decir, mediante la represin de ciudadanos pacficos que el 1 de octubre de 2017 introducen papeletas en las urnas durante un referndum censurado desde Madrid, donde el Gobierno no paraba de repetir que era ilegal pero sin embargo necesit, para escndalo internacional, emplear la estaca. Quizs, para mantener Lestaca a la que se refiriera Llus Llach en su ya mtica cancin. Los hechos actuales preocupan soberanamente a Garcs, dado que todo lo que est pasando hoy, hunde sus races en el pasado prximo.

Ah radica la urgencia de rescatar la memoria de las fauces de la infamia. Cmo recuperar este relato, esa construccin de mundo?, se pregunta Luis Carlos Nieto. Como herramienta para tal fin, subraya la importancia de la utilizacin de las fuentes orales para la reconstruccin del relato de la historia reciente, en contra de la opinin de algunos historiadores. Las fuentes orales, sobre todo en perodos de gran miedo, son esenciales. El no reconocer la idea de fuente al testimonio oral es como decirnos a los jueces que no utilicemos los testigos, sostiene. El espacio de memoria es reparador y es fundamental.

El ltimo da de curso llega el turno de Andrs Sorel y del ya nombrado Reyes Mate. Deja el hombre de ser humano cuando comete acciones tan perversas como la tortura? Sobre esto se cuestiona Sorel: Son bestias esos hombres que torturan y a veces gozan torturando? No, es la evolucin del ser humano, que no ha perdido sus instintos animales, aunque los animales no son tan malos como los hombres porque ellos matan cuando tienen hambre o para defenderse, pero no por placer, aclara Sorel. Si no fuera por la memoria, las injusticias es como si no hubieran existido seala Reyes Mate-. Sin memoria no hay injusticia y por tanto tampoco justicia. Sin embargo, aade ms adelante: la memoria no se puede construir sin el perdn y la reconciliacin.

Ni olvido ni perdn. Reparacin!, hemos gritado acompaando a los viejos republicanos de la ronda de la dignidad en Sol, de todos los jueves. Ni olvido ni perdn ni reconciliacin!, hemos gritado acompaando a las Madres de Plaza de Mayo en Argentina, de todos los jueves. Como siempre, llegan los filsofos para cuestionarnos sobre el uso de las palabras, sobre lo apropiado de los conceptos. Llega un Reyes Mate y nos dice que no, que hay que perdonar. Y para ello se basa nada ms y nada menos que en Hannah Arent. El dilema poltico es ahora de mayor complejidad. Ya no se trata de elegir entre pagar un peaje injusto o subir un puerto. Ahora se trata de perdn s o perdn no.

Hay una parte del concepto perdn que nos preocupa, y es la que tiene que ver con la posibilidad de tolerancia hacia cualquier cosa. Y no todo puede ser tolerable. No se puede tolerar la tirana. No se puede tolerar la infamia. No se puede tolerar aquello que nos roba la dignidad. Es por eso que nos preguntamos, si todo se puede perdonar, todo se puede tolerar? Una sociedad capaz de perdonar todo es una sociedad capaz de tolerarlo todo?

Hay otra parte del concepto perdn que nos seduce y que afirma: cuando se puede perdonar, abrimos una puerta al cambio, una oportunidad a la transformacin. Si visualizramos la humanidad como un ente con un nico cerebro, un mismo sistema nervioso y una sola voluntad, y lo condenramos por sus acciones bajo una tradicin protestante donde, a diferencia de la catlica, no se acepta el perdn, la humanidad hace tiempo que estara condenada a arder en el infierno. Sin embargo, si asumimos la culpa y la perdonamos, de acuerdo a nuestra tradicin catlica, albergaremos un margen de esperanza en el cambio, en la redencin, en el aprendizaje hacia el camino de la nobleza de la humanidad, ese que persiguiera el Cristo revolucionario. La pregunta es, se tratar en tal caso de perdonar a la humanidad, de exculparla de tan horrendos crmenes, o de entender ese ente como un ser moldeable con capacidad para ser reconducido pero no por ello exculpado de sus acciones pasadas? Hay debate para rato y preguntas para largo.

Hace unos das falleci la abuela argentina Chicha Mariani, una mujer que dijo que no poda darse el lujo de morirse porque tena que encontrar a su nieta. Con ella tuvimos el placer de compartir mesa, te y merienda en su casa de La Plata. En el juicio contra el genocida Miguel Etchecolatz, director de Investigaciones de la Polica de Buenos Aires durante la dictadura, testific: lo veo ah, comisario y polica Etchecolatz, con el rosario, y yo quisiera pedir que en vez de rezar el rosario, alivie su conciencia diciendo dnde est Clara Anah, porque l lo sabe.

La negacin a perdonar tiene algo de rebelda ante lo injusto, de inconformidad, de no tolerancia de cualquier tipo de injusticia. El perdn, en casos como el de los familiares de las vctimas del terrorismo de Estado franquista, significa una suerte de descanso, una especie de paz, de tranquilidad. Sin duda reconfortante, aliviador. Sin embargo, hay descanso sin reparacin? Se puede perdonar aquello que no se ha reparado? Se puede perdonar a aquellos cuyos crmenes no han sido si quiera juzgados? Se puede perdonar a aquellos que siguen sembrando el mundo de infamia, de dolor, de injusticia? Se puede perdonar a aquellos que secuestran y maniatan la dignidad de los pueblos? No ser esa bsqueda de tranquilidad la que nos ha llevado al olvido? No ser la evasin del conflicto producto de los traumas que deja una guerra como la que asol a los pueblos de Espaa la que nos separa de la necesaria exigencia colectiva de la recuperacin de la memoria?

Que nos disculpe Reyes Mate, dado que su exposicin fue tan brillante como compleja. Simplemente, sus palabras nos dejaron pensativos y queramos compartirlo para provocar la reflexin y el debate ms que para cerrarlo. Por otra parte, el perdn al que se refiere Mate nada tiene que ver con la apata y la no peticin de responsabilidades ante los crmenes contra la humanidad. Todo lo contrario. Por eso afirma que el juicio escenifica pblicamente una experiencia traumtica con un gran valor pedaggico y educativo. Al llegar a los campos de concentracin nazis, lo primero que se deca a los presos era: aqu no se pueden hacer preguntas. En un juicio, sin embargo, las vctimas pueden hacer preguntas. Una vez resuelta la justicia legal, se puede pasar a lo dems, afirma, y contina: la memora es un proceso. Incluye la justicia, pero va mucho ms all de la justicia. El objetivo de la memoria es la paz o reconciliacin.

No hay paz para Marcos Roitman, quien sigue disparando su verbo, ahora contra el concepto de la razn cultural de Occidente al preguntarse por los 500 aos de olvido que fueron 500 aos de violencia contra los pueblos originarios americanos, a los cuales se pretendi borrar su historia, las costumbres, la cultura, la lengua, los mitos, los ritos, los elementos que definan su propia concepcin del mundo, convirtindolos en pueblos sin historia. Algo saben efectivamente sobre usurpacin de la memoria e injusticia los pueblos originarios, hoy vctimas de las nuevas formas de colonizacin, como la econmica que sealaba Jess Gonzlez Pazos, la de las transnacionales, administradoras de esa actual forma del capitalismo llamada neoliberalismo. De nuevo con Mara del Mar, la democracia sin memoria es mucho ms frgil ante el neofascismo que se esconde en el eufemismo del neoliberalismo.

Vivimos en los tiempos del todo vale, en los tiempos del olvido. Yo no creo que la sociedad est enferma. No creo que la gente padezca de Alzheimer, nos comenta Roitman mientras pasamos por el puente romnico. Con razn. Sin embargo, nunca cotiz tan alto la falta de respeto a la memoria, a la historia, al pasado en definitiva. Y por tanto, al presente, que viene a ser el hijo legtimo de ese pasado al que los amantes de la infamia pretenden convertir en hijo bastardo. Tendr esa falta de respeto algo que ver con el resultado de aquella guerra a la que Garcs se niega a llamar civil? Cada vez dedicamos menos tiempo a construir memoria, a entender el pasado, que volviendo a la poesa podramos definir como el padre del ahora. Vivimos tiempos desmemoriados, o cada sociedad construye su memoria a imagen y semejanza del sentido comn hegemnico?

Hablando de sentidos comunes, sobre nosotros contina el zapateo liberador de la desmemoria. Las alumnas y alumnos del curso de crecimiento personal, ya en su xtasis final, se afanan contra el suelo: nuestro techo. Sus golpes resuenan en el aula como tambores de guerra. Afinamos nuestros odos y sacamos punta a los micros de nuestras cmaras para intentar no emborronar la memoria, harta ya de tanta guerra. Sin embargo, el ruido avanza.

En el terreno del pensamiento, sobran hoy los Reyes Mate, los Garcs y los Roitman. En el terreno de la espiritualidad, sobran ya hasta las iglesias, las cruces, los altares, las sotanas. Faltan en cambio libros de coaching, cursos de crecimiento, clases de yo. Queremos vivir en cuerpos desinhibidos, expresivos, no traumados, bajo un sentido comn desmemoriado. Sin embargo, crecen las enfermedades mentales y depresivas al mismo ritmo que los estantes de autoayuda en los modernos mercados del libro.

Llevado al terreno de la esttica, nada para graficarlo como la frase del Nobel de medicina y onclogo brasileo Drauzio Varella: En el mundo actual, se est invirtiendo cinco veces ms en medicamentos para la virilidad masculina y silicona para mujeres, que en la cura del Alzheimer. De aqu a algunos aos, tendremos viejas de grandes tetas y viejos con el pene duro, pero ninguno de ellos se acordar para qu sirven.

Durante la exposicin de Andrs Sorel, el alumnado de esa otra realidad paralela de una planta ms arriba asiste a la clase Meditacin Monstica de la Atencin Amorosa: Descubrir que amar al otro forma parte de m. Es ms urgente que nunca recuperar el elemento fundamental en que Sorel basa su exposicin: la imprescindible relacin entre tica y memoria histrica. Si algo ha faltado en Espaa y falta en el mundo, precisamente es la tica, el respeto al ser humano por encima de todas las violencias, afirma Sorel justo antes de traernos las palabras de Martin Luther King que dicen: yo no ataco a los canallas, yo ataco a los que quedan en silencio o miran para otra parte, y aade de nuevo Andrs: el silencio ha sido una marca consustancial en la historia, el silencio que afecta no solo a los intelectuales, sino tambin al pueblo. Es lo que define como la banalidad del mal, que se resume en estas lapidarias palabras: el hitlerismo no era Hitler, o Goebbels, el hitlerismo, el nazismo, eran catedrticos, arquitectos, profesores, escritores, y la poblacin. El terror consentido.

Sin educacin tica, sin una formacin tica y popular acompaada de una minuciosa labor de recuperacin de la memoria histrica, de las memorias colectivas, de la experiencia colectiva, que dira nuestro amigo Jairo, estamos condenados al eterno silencio cmplice, a mirar para otro lado, al estrabismo social, a la tolerancia de la infamia. Para esa educacin, para esa formacin popular, es fundamental recuperar instrumentos divulgativos y creadores de conciencia y de sentido comn como son los medios de comunicacin, esos que, nos explica Rafael Guerrero, estuvieron intervenidos durante el franquismo, pero no solo. Resalta este periodista director de un programa de memoria en el Canal Sur andaluz, lo difcil que resultaba hacer comunicacin durante la Transicin, lo difcil de posicionar un relato sensato sobre la memoria histrica antes, durante y despus de la Transicin. Ahora hay otro tipo de censura, resalta Sorel, a quien el ministro de Propaganda de Franco, Fraga Iribarne, le censur varios libros. Ahora no prohben los libros. Ahora lo que hay es una censura del ninguneo. La censura del silencio.

El mismo silencio de ese pensamiento eurocntrico que mira para otro lado mientras el desastre nos salpica en forma de pateras, de mujeres, hombres y nios que huyen de las guerras que no solo toleramos, sino impulsamos mediante esa alianza del terror y la infamia llamada OTAN. El Mediterrneo hoy se ha convertido en una gran fosa comn, afirma el magistrado Luis Carlos Nieto. Sin embargo, ese nuevo gobierno del PSOE, emula las polticas migratorias de su compaero democrtico en el poder: el Partido Popular. Donde dije digo, digo Diego. Ya habitual, tratndose del PSOE, partido sobre el que queda elaborar un nuevo relato colectivo que rescate esas otras memorias sobre su papel histrico desde su XIII Congreso, Suresnes, 1974.

Es imprescindible entender, volviendo a la definicin de Roitman, la memoria como parte de la lucha poltica, una lucha que es desigual, asimtrica, entre quienes tienen el poder y pueden construir el relato hegemnico y quienes no lo tienen. Pero si la lucha por la memoria es parte de la lucha poltica, es imprescindible la lucha por la apropiacin del lenguaje, de la realidad, de la construccin de mundo. Sin embargo, contina, podemos tener jueces muy buenos, pero si no tenemos capacidad poltica para cambiar del parlamento la legislacin, si no tenemos ese poder desde el punto de vista de la transformacin del orden, de modificar el espacio de accin de esa memoria, no sirve. Eso implica construir formas de acceso a cotas de poder institucional hoy copadas por aquellos que administraron impunidades y recetaron el miedo, la amnesia, el silencio. Eso implica otro debate imprescindible. El eterno qu hacer? Es hoy una tarea ineludible desde todos los espacios, organizaciones y movimientos sociales de horizonte emancipador, abordar la tarea de construccin de nuevos relatos histricos que edifiquen a su vez un nuevo sentido comn hegemnico. Hoy estamos lejos de eso, pero necesitamos seguir caminando.

El curso finaliza a la vez que el otro paralelo, de tcnicas de crecimiento personal. Recogemos nuestras cmaras, guardamos el trpode y pensamos que, como suele pasar, nos vamos con muchas respuestas pero ms preguntas. Y, aunque satisfechos por el extraordinario nivel del curso y los ponentes, igualmente nos llevamos ms desazones que felicidades. Y pensamos que no les pasar igual a nuestros vecinos, quienes quedarn felices despus de su semana de crecimiento del yo y el espritu. Mucho ms despus de su ltima materia: Mindfulness y Compasin: la prctica de la empata y el altruismo. Y nos preguntamos por qu avatares del destino acabamos nosotros en un curso de memoria histrica y no en uno de tcnicas de crecimiento personal con el apndice: T y yo primero ofertado por una universidad pblica del Estado. Acaso porque somos mejores que estas compaeras y compaeros en busca de algo tan digno como vivir mejor? No lo creemos. Ms bien los anmalos somos nosotros, casuales merodeadores de relatos minoritarios. Todo es cuestin de sentidos comunes, que dira nuestro amigo Gramsci.

Dado que habitamos el tiempo de la bsqueda infinita de la felicidad, nada como ir concluyendo con otra frase de Hannah Arendt: nadie puede ser feliz sin participar en la felicidad pblica, nadie puede ser libre sin la experiencia de la libertad pblica, y nadie, finalmente, puede ser feliz o libre sin implicarse y formar parte del poder poltico.

Ya que este texto est plagado de remedios antiamnsicos en forma de citas y citas de citas, no queremos cerrarlo sin aadir un remedio ms, esta vez de cosecha propia, para intentar enmendar un poco la plana a tan vasta usurpacin de las palabras de otros, si acaso las palabras le pertenecieran a alguien ms que al comn de la humanidad: El olvido es como una mancha en la historia de donde brota la infamia del presente.

Bajo otro sol, que esperamos sea esta vez de justicia, abandonamos El Barco en nuestro viejo rocinante temiendo que las carreteras que nos conectan con la realidad desmemoriada de la gran ciudad sean como ocanos de olvido y que disipen quijotes y oculten lo dicho y lo recordado en este Barco de la Memoria. Para eso estas palabras y para eso nuestra cmara. Para no olvidar lo que all se dijo. Para recordarlo siempre.

Vocesenlucha. Espacio de comunicacin social sobre las luchas de Amrica Latina y el Caribe y el Estado espaol

Todas las conferencias de este curso de verano de la UNED podrn visualizarse en el siguiente enlace: http://vocesenlucha.com/2018/08/07/curso-justicia-y-memoria-democratica/

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Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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