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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-11-2018

El asesinato pedaggico de Jamal Khashoggi

Luis E. Sabini Fernndez
Rebelin


Analizando el asesinato de Jamal Khashoggi, recuerda Daniel Shapiro [1] cmo fue considerado otro asesinato poltico ordenado a su vez por Napolen Bonaparte: Algo peor que un crimen; un error.

Shapiro analiza las consecuencias de lo acontecido por orden del prncipe heredero saud Mohammed bin Salman, sobre la poltica de EE.UU. e Israel.

Y nos muestra cmo funciona la estrecha alianza entre la direccin poltico-militar estadounidense y la saud (y la israel, jugando en todas las bazas).

Shapiro se alarma acerca de la infiltracin, imparable, de los detalles del asesinato, digno de una novela nrdica de los ltimos tiempos con lesiones previas a la muerte, atrocidades varias, dedos seccionados estando todava vivo y corte final de cabeza para darle otro destino que al tronco de lo que fuera Khashoggi, al parecer competidor en el marco de la realeza, periodista, espa y/o contraespa, vaya uno a saber al servicio de qu servicio.

Sabemos que lo acontecido en territorio turco no cont con la complicidad de las autoridades anfitrionas que, por el contrario, hicieron todo lo posible para desnudar el affaire.

Shapiro nos dice que este strip-tease macabro malogra una provechosa alianza de dcadas entre EE.UU. y Arabia saud por un lado e Israel y EE.UU. por otro (y por encima o por debajo, la misma curiosa alianza entre dos estados hiperconfesionales; Israel y Arabia saud).

Shapiro entiende que Mohammad bin Salman no calibr el efecto de este tipo de asesinato haciendo trizas todo margen de aceptabilidad para el pblico estadounidense y para todo el elenco de ambos partidos en el Congreso. [2] Pone como ejemplo que congresales tan de derecha como Marco Rubio hayan puesto el grito en el cielo.

Estamos entonces −cada vez importa menos la muerte por asesinato− ante la atencin a brindar a la pudorosa opinin pblica estadounidense. El alma del ciudadano norteamericano no puede or, sin estremecerse, la peripecia vivida por Khashoggi.

Shapiro lo dice sin pelos en la lengua: La represin saud no es algo nuevo y probablemente el sistema poltico de EE.UU. podra acomodarse si mantenemos un cierto nivel bajo de visibilidad. [sic]

Bin Salman no advirti el efecto en el alma norteamericana de hacer lo que se le hizo a un periodista del establishment (Khashoggi era redactor habitual de Washington Post).

Shapiro, abundando sobre el efecto devastador de la imagen de tamao asesinato sobre el pblico norteamericano y transitivamente sobre las decisiones polticas, nos confiesa que el terremoto obligar −observe el lector el abismo que se abre− a vender algunas menos armas a Arabia saud, que generalmente se ha provisto ms que generosamente de los avances de la industria militar estadounidense.

Shapiro considera que tal vez el fallo mayor del asesinato de Khashoggi proviene de la obsesin de ben Salman por silenciar a sus crticos, con lo cual se pierde fuerza en el intento de construir un consenso internacional para presionar a Irn.

Es decir, a Shapiro le preocupa no el mtodo empleado para eliminar a Khashoggi, y menos todava la cuestin misma de la eliminacin de competidores; apenas los dlares (millones) que no pasarn de las arcas saudes a las estadounidenses o que debilita la presin para desmantelar a Irn.

Todo se instrumentaliza. En rigor, volviendo a la ancdota con Napolen, no se trata de asesinar menos, se trata de que se note menos. La opinin pblica, en tal caso, no ofrecer dificultades y las correas de transmisin funcionarn fluidamente.

No hay que herir los odos de gente sensible. Hay que hacer las cosas a la chita callando. Por qu esa obsesin por deshacer un ser humano en vida y registrarlo? Hay un aspecto, fabril, de dejar constancia y confirmar la calidad de un trabajo, es cierto, pero si eso llega a manos indebidas, nos perjudica.

 

Shapiro replantea, sin decirlo, lo que pas con E. Snowden, con B. Manning, con J. Assange, para mencionar apenas a los tres ms famosos violadores de obediencia debida ms recientes. Ellos revelaron consciente y voluntariamente lo que el cuerpo mutilado de Khashoggi una vez ms nos muestra. Por eso, lo que tememos con Snowden, Manning, Assange, y ellos tambin, es que quieran matarlos (o pudrirlos en la crcel).

Porque lo malo no es hacer algo malo. Lo malo es que se sepa. Y cierto estilo sdico, afiebrado, patoteril, grupal como por lo visto es el de MBS (el apodo o sigla con que se conoce a Mohammad bin Salman), tiene mayor riesgo de filtraciones.

La mezcla en Shapiro de lucidez y amoralidad, de pragmatismo, en suma, es tal vez ms aterradora que el terrorismo expreso (que a veces es torpe).

Bueno es advertir que esto es lo que tenemos como diseo de la cosa poltica hoy enfrente nuestro (y por encima y a nuestras espaldas por doquier).

Tendremos que agradecer a la patota sagrada e imbcil de los sunnitas ms fanticos de ese estado que es de una familia, llegar a otear la sordidez de nuestro presente.

La bsqueda de la verdad era el viejo motto de periodistas, y antes, de filsofos.

Aunque cueste pensarlo o se sienta uno pasado de moda, sigue siendo la cuestin clave, ardua, casi inalcanzable.

Podramos transformar la vieja consigna que se atribuye a Pompeyo para arengar a los marineros temerosos ante la tormenta, navigare necesse est, afirmando: veritas necesse est.


Notas

[1] Daniel B. Shapiro, Why Khashoggi Murder is a Disaster for Israel, Haaretz, Tel-Aviv, 21 oct. 2018. Como puede advertir el lector, ya en el ttulo Shapiro expresa lo que le importa; no la vida sino los perjuicios (para Israel).

[2] Ibd.

Blog del autor: http://revistafuturos.noblogs.org/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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