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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-12-2018

A desalambrar la lucha popular

Aram Aharonian
Rebelin


Cada fin de ao uno se siente compelido a escribir sobre lo que pas en el ao que pas y lo que supone que va a pasar en el que llega sin invitacin. Este fin de ao, desde el campo nacional-popular latinoamericano, tenemos poco para festejar y, entonces, nuestras miradas se centran en el 2019, en el que depositamos nuestras expectativas de cambio.

Es noche, la ciudad est en calma, mientras los indigentes vuelven a sus refugios en las recovas y las ollas populares solidarias garantizan al menos una comida caliente para miles de desempleados. Desde los estantes de mi miniblioteca me espan la vieja Underwood de mis inicios periodsticos, la carcaza de una antigua teletipo, varias lneas de linotipo, que son testigos del esfuerzo anual de escribir sobre lo que pas y lo que vendr. Hora de anlisis y de especulaciones, de recordar algn triunfo y otras derrotas.

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Nos quedamos sin referentes cuando ms los necesitamos

Vivimos momentos en los que a nuestra regin retornan el neofascismo, la xenofobia, la misoginia, la homofobia, el racismo, de la mano de gobiernos de ultraderecha, mientras a las amodorradas fuerzas populares (progresistas, de izquierda?) les cuesta reelaborar el pensamiento crtico y apelan a una nostalgia inmovilizadora y acrtica, mostrando la fragmentacin de la lucha, la falta de unidad y tambin de proyectos.

La sensacin de inseguridad respecto al progreso y la estabilidad econmica de sus sociedades, adems de la corrupcin, figuran entre las causas de la prdida de confianza en la democracia de varios pases de la regin. El 2018 fue un annus horribilis, con un incremento de opiniones que valoran ms la autoridad, el orden y la seguridad, por encima de las libertades y los derechos asociados con la democracia en el mundo.

Es una tendencia hacia los autoritarismos que se da no slo en Latinoamrica, sino en Amrica como continente, as como en Europa y Asia, y justamente en pases donde la democracia se encontraba en pleno avance hace un par de dcadas. El fin de la tercera ola de democracias? Slo el 65% del promedio latinoamericano considera que esa es la mejor forma de gobierno, mientras 14% cree que no vive en una democracia, segn Latinobarmetro.

Como vemos, no se trata slo de derrotas electorales, polticas, sino de una derrota cultural. Ya no se habla al menos desde el poder- de igualdad, justicia social y de sociedades de derechos, ni del buen vivir, democratizacin de la comunicacin, de democracia participativa. Lo que tienen en comn las ultraderechas actuales americanas, europeas- es haberse librado de los complejos e inhibiciones democrticas posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

Ya no hacen falta golpes de Estado, tanques, soldados, bayonetas, muertos y desaparecidos para imponer el modelo, basta el control de los medios masivos de comunicacin y las llamadas redes digitales para imponer los imaginarios colectivos, basados en la repeticin de mentiras, en golpes blandos gracias a la corrupcin de los sistemas judicial, parlamentario, policial que, en el caso de nuestra regin, los gobiernos progresistas no lograron cambiar, quiz porque jams tuvieron realmente el poder.

Hoy, la desobediencia en las calles- parece ser el arma de los libres, Son los movimientos y los grupos de izquierda los que se proponen, nuevamente, construir la nueva resistencia, la nueva alternativa, conformando espacios ms amplios, redes de dilogo y articulacin. Y desde all consensuar una agenda de lucha con propuestas concretas, lejos de la diatriba de talibanes virtuales que solo ayudan al enemigo

Llevamos ms de 500 aos de resistencia y de desarrollismo subdesarrollado al servicio de las elites, empeadas en terminar con la poltica externa independiente de nuestros pases y con los procesos de integracin, privatizar los recursos naturales, las empresas estatales y los bancos pblicos, adems de vender las tierras a extranjeros y multinacionales, comprometiendo la produccin nacional de alimentos, la soberana alimenticia y el control sobre las aguas.

Esta pluralidad progresista es la que tiene la misin de hacer un balance sincero, sin sectarismo, de lo actuado en los ltimos tres lustros, reivindicando aciertos pero tambin sealando los lmites de un proyecto que no supo y/o pudo realizar los cambios estructurales, las profundas transformaciones, involucrndose, incluso, en escndalos de corrupcin, que sirvieron de municin de grueso calibre para el proceso de criminalizacin de los gobiernos populares.

Cuando el progresismo supere la fragmentacin y desorientacin poltica, tendr la gran responsabilidad de planificar colectivamente otro desenlace. Mientras, habra que ensayar rumbos alternativos para evitar que, una vez ms, sean otros quienes recojan los frutos de la lucha. Hoy, la insumisin de las mujeres parece estar anunciando el futuro, conmoviendo el presente. Pero es un fragmento del todo.

En el progresismo, cada quien cree que la lucha se limita a su temtica: gnero, defensa del ambiente, derechos laborales, democratizacin del conocimiento y la educacin (y en general busca apoyos de fundaciones u ONG extranjeras, que tienen sus propios intereses). No hay una agenda general que deje en claro que la lucha es contra el sistema capitalista, causa de nuestros males pasados, presentes y futuros.

En realidad la izquierda ha sido incapaz de responder de manera efectiva a los diferentes ciclos de crisis financiera, y estas actitudes generan descontento y desconfianza en los sectores populares, y estimulan de alguna medida la agresividad de la derecha, que se comporta y gobierna de acuerdo a su ideologa, asume el desprecio por las clases trabajadoras y a las ventajas concedidas al capital.

En varios pases de nuestra regin es palpable el malestar y una atmsfera que suele preceder a furiosos estallidos sociales, como el Caracazo de 1989 o aquel que se vayan todos del 2001 argentino.

Pero, lamentablemente, tambin se van apagando los faros, y nos vamos quedando sin referentes como Fidel, el Che, Allende, Chvez, Galeano. Mientras otros se reciclan ahogndose en el pragmatismo del fin de las ideologas y la simbiosis de derecha e izquierda.

Vivimos tiempos de negacin; tiempos de empresarios y de cnicos, de emprendedores exitosos. Tiempos de democracia dolorosa. Vienen a escarmentarnos, a quitarnos la pica. No slo la contempornea sino tambin la ms lejana, la de los hroes escolares que habran tenido culpa de ser revolucionarios", sealaba recientemente el bilogo molecular argentino Alberto Kornblihtt.

Vivimos tiempos de delacin y de banalidad televisiva, de gatopardismo explcito, en que conservadores se renen en un partido con nombre de cambio, para no cambiar nada que no sea retroceder. Tiempos que buscan monocordia. Quien no acepte la conciliacin de clases es culpable de ahondar una grieta que daa el entusiasmo y el optimismo necesarios para adormecer conciencias, aade.

Habr una luz al final del tnel? En el ao que se nos viene, el 2019, se vislumbra un pequeo haz de luz; con el gobierno del centroizquierdista Andrs Manuel Lpez Obrador en Mxico, con la factible reeleccin de Evo Morales en Bolivia, con la continuidad de un desdibujado Frente Amplio en Uruguay, con un triunfo antimacrista en Argentina, con las elecciones en El Salvador y Panam

Pero para ver esa luz, el progresismo debe desprenderse de su peor atadura, su propio temor a autocriticarse, refugindose en un conformismo intelectual y poltico, anclado a escenarios y discursos ya perimidos por la realidad, sin interpelar permanentemente a la derecha. Debe abandonar de una vez por todas, la denunciologa y el lloriqueo, y adelantar propuestas sobre una agenda propia de los acuciantes temas actuales.

La derecha intenta cambiar la relacin de fuerzas entre las clases y a insertar a nuestros pases en la geopoltica estadounidense, abaratando y flexibilizando al mximo la mano de obra, acordando con el FMI, profundizando la exportacin de bienes primarios (minera, agro, petrleo) o apenas industrializados. Intenta imponer una transformacin educativa y cultural profunda, junto con el desarrollo de un gran aparato represivo adiestrado por expertos militares estadounidenses e israeles, para terminar con la combatividad del pueblo.

Ms all del tema de gnero y el empoderamiento de las mujeres, un plan de lucha debiera incluir la reforma constitucional y reestructura del Estado, la problemtica de seguridad y defensa, la fase actual transnacional, global, virtual, concentrada del capitalismo, la integracin regional soberana y las herramientas de la nueva gobernanza global, las nuevas tecnologas y el futuro del trabajo, el neocolonialismo y la dependencia que propone el FMI.

Es necesario volver a la Latinoamrica y el Caribe como territorio de paz, analizar las nuevas formas de trabajo esclavo, la mercantilizacin del conocimiento y la educacin; proyectar un cambio de las estructuras sociales. Y de pensar otra comunicacin y otra democracia, participativa, acorde a las necesidad de una mayor organizacin popular.

Esto significa construir una agenda propia y no quedar atrapados en ser reactivos a la agenda del enemigo. Para eso, hay que comenzar por vernos con nuestros propios ojos y no con los ojos del enemigo (los eternos vendedores de espejitos de colores), de los neocolonizadores, de nuestros verdugos, para poder dar la batalla por los sentidos.

Es mucho ms difcil construir que resistir: hay que juntarse, poner hombro con hombro, levantar paredes ladrillo a ladrillo (a veces se caen y hay que volver a levantarlas). S, claro, la construccin se hace desde abajo, porque lo nico que se construye desde arriba, es un pozo.

La izquierda, el progresismo, debe analizar las causas de las derrotas electorales, pero tambin de las derrotas culturales: la agenda la sigue imponiendo la derecha, el relato lo sigue escribiendo ellos. La tarea pendiente es el esfuerzo planificado para transformar y revolucionar ininterrumpidamente las pautas del sentido comn establecido, y es por ello que muchos ciudadanos que salieron de la pobreza en los gobiernos progresistas, votan por sus verdugos, en contra de los que los beneficiaron.

lvaro Garca Linera present el neoliberalismo zombie, que slo moviliza odios y resentimientos. El odio al pobre, al sindicato, a la mujer liberada, al trabajador alzado, implica un rechazo emotivo de corto plazo. Repite viejas recetas que fracasaron y mientras hablan de abrir fronteras, desde EE.UU. los liberales cierran sus fronteras.

El extractivismo ideolgico-poltico

Est desapareciendo la cultura de lo nacional en nuestros pases, en virtud del incremento de su dependencia de las grandes potencias industrializadas, la extranjerizacin de sus economas, la prdida de sus recursos naturales, la erosin de su soberana, el bombardeo permanente del terrorismo meditico y el incremento de la injerencia y la intervencin fornea.

La avalancha ideolgica neoliberal ejerce una influencia determinante en la produccin terica y en la prctica poltica de diversos sectores de la izquierda, que asumen quiz por comodidad- que la revolucin social es irrealizable, por lo que hay que adaptarse a las reglas del capitalismo y tomar distancia del lenguaje y los programas radicales, de cambios estructurales.

Algunos renunciaron hace ya mucho tiempo al socialismo, mientras que otros diluyen su esencia y lo convierten en una especie de capitalismo idlico, argumentando que a lo que ms se puede aspirar es a moderar los excesos de las polticas antipopulares y que los oprimidos deben seguir cediendo, porque corren el riesgo de perderlo todo.

A lo largo de la historia la fragmentacin ha sido el objetivo de los imperios sobre los pases colonizados basta recordar nuestra historia- y tambin la del neoliberalismo sobre los pueblos, en su objetivo de desmontar las construcciones sociales de los estados de bienestar y justicia social, que afectan los intereses de los sectores concentrados del poder, al propender a la distribucin de las riquezas.

A desalambrar: la lucha es una sola

En los primeros aos del siglo comenzamos la campaa para desalambrar los latifundios mediticos, indispensable para la democratizacin de la comunicacin y la informacin. Hoy, intentamos desalambrar los pequeos fundos de las luchas populares para convertirla en una gran lucha, sin desviaciones, contra el enemigo: el capitalismo y sus consecuencias.

La oportunidad y necesidad obliga a la izquierda a repensarse; obliga a miradas autocrticas y debates sinceros, porque gran parte cambi el protagonismo popular por el de los aparatos polticos tradicionales. Cambiaron los actores, pero no se busca politizar la lucha social sino dar la pelea a travs de partidos e instituciones, donde tambin presionan socialdemcratas europeos y el Vaticano para evitar un estallido social.

El capitalismo neoliberal acentu su carcter colonial y depredador para apropiarse de las riquezas naturales de nuestros pases, pero, lamentablemente, no existe confluencia entre los aparatos sindicales y las asambleas ambientalistas que se reproducen desde Oaxaca a Tierra del Fuego. Las respuestas dese el campo popular son fragmentadas, y la lucha se sigue haciendo con viejas y perimidas herramientas, obviamente insuficientes.

En estas guerras de quinta generacin, no podemos pelear contra la inteligencia artificial y el big data, con arcos y flechas.

La izquierda de nuestro continente debe prepararse para volver a tomar el gobierno en los prximos aos, reconociendo errores y virtudes, como la incapacidad de gestionar exitosamente la economa y la carencia de proyectos de desarrollo que compatibilicen el crecimiento econmico sin desigualdad social, y con el cuidado de la naturaleza.

Volver? Hay que tener en claro para qu se quiere retornar al poder, dejando de lado la nostalgia y teniendo conciencia de que el mundo no es igual que a principios del milenio. El retorno debiera ser para poner al ciudadano como sujeto de poltica, empoderar a los pobres dndoles acceso a la educacin, la salud, la alimentacin.

Debiera ser para promover la inyeccin de instancias plebiscitarias de la democracia participativa en los mecanismos de la democracia representativa (lo que supone no cooptar para el gobierno a los referentes de los movimientos sociales que hoy ganan la calle), y disputar la idea de patria, de la soberana nacional, para no dejarla en manos de la derecha. Reinstalar el concepto de patria grande, de unidad latinoamericana.

Ya lo deca el premonitorio filsofo rural Martn Fierro: Los hermanos sean unidos , porque esa es la ley primera. Tengan unin verdadera, en cualquier tiempo que sea. Porque si entre ellos pelean, los devoran los de afuera.

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Es medianoche, sentado en mi miniblioteca, mientras los minutos corren por mi reloj del sur (cuyas manecillas se mueven hacia la izquierda), mientras Daniel Viglietti canta su "Milonga de andar lejos": Yo quiero romper la vida,/ cmo cambiarla quisiera,/ aydeme compaero;/ aydeme, no demore, /que una gota con ser poco/con otra se hace aguacero. Y en seguida arremete con su A desalambrar, para recordarnos que la tierra (y la lucha) es ma, tuya y de aquel, de Pedro, Mara, Juana y Jos

Sobre eso, precisamente, estuve tratando de escribir, sobre la necesidad de entender que la lucha es una sola y no se vende ni alquila por pedazos ni en cmodas cuotas, que la lucha es contra el capitalismo y por la defensa de un futuro para la humanidad. La pelea es entonces simultneamente anticapitalista, anticolonial y antipatriarcal, en todos los mbitos de la vida colectiva.

Me sirvo otro caf, mientras la Negra Mercedes Sosa, con su vozarrn me interpela: Quin dijo que todo est perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazn.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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