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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-03-2019

Desechos cotidianos del hogar
Montevideo y la basura

Luis E. Sabini Fernndez
Rebelin


Los desechos cotidianos de hogar, lo que vulgarmente llamamos la basura, parece no slo un problema de antigua data en Montevideo, sino adems un problema en permanente agravamiento.

Basta recorrer las calles para percibirlo.

Y es de tal gravedad econmica, sanitaria, ambiental, sindical, poltica, esttica− que se hace necesario hurgar en sus causas.

Todo intento de solucionar tan espinosa cuestin con equipos especializados, turnos extras y otras medidas por el estilo estn condenadas a naufragar en la problemtica de fondo, que en general ni se la menciona.

Hagamos un punteo preliminar de la sociedad montevideana en el rubro basura.1

La gente se desentiende 

Se desentiende de una cuestin que le atae directamente.

Es como un proceso de escamoteo y desresponsabilizacin. Llamativo. Pongamos un ejemplo, de otra latitud: la sociedad alemana, incluidas sus ciudades, abrumada, hace ya algunas dcadas, por la acumulacin de desechos de origen domiciliario (que se suman a los industriales y generales de la sociedad, que por cierto no son menores) encar una preseleccin domiciliaria de desechos en general y plsticos en particular (divididos, a su vez, los ms comunes, en polietileno, polipropileno, poliestireno, polivinilcloruro, etctera).

Ese solo ejemplo nos muestra dos modelos de comportamiento muy diferenciados, divergentes.

Si hacemos un ligero paneo por pases occidentales (dejamos a Asia aparte porque presenta otra problemtica, desde otras culturas), vamos a ver que los planes de recuperacin de desechos estn ms desarrollados en los pases centrales, y que en los pases perifricos existe mucha mayor laxitud sobre el tema (o en todo caso, intentos de recuperacin mucho ms embrionarios o parciales). Entendemos que esto tiene que ver con que las exigencias laborales; sus jornadas son mucho ms altas en la periferia planetaria que en sus centros.

Pero sin descartar esa desigualdad bsica, material, de la vida cotidiana en los centros planetarios y en sus arrabales, tenemos otros motivos tambin fuertes enraizados en el propio devenir histrico: los pases industrializados han recibido antes el problema, que de alguna manera les pertenece, lo han ido percibiendo a medida que surga y han encarado as, mal que bien algn tipo de solucin; una de las ms significativas que no los ennoblece, ciertamente− es el trasiego de desechos del centro planetario a la periferia: ese comercio, a menudo apenas piratera, nos ha agregado en la periferia planetaria otro problema de basura encima del que ya tenamos.

Cmo se gesta la cuestin, cada vez ms crtica, de los desechos en nuestras sociedades perifricas? Incorporando casi todos los paquetes tecnolgicos procesados en el Primer Mundo y que nos llegan ms o menos de golpe, sin transicin y, sobre todo, en sus ltimos desarrollos tecnolgicos, conociendo poco y mal sus pasos previos, procesados precisamente en los pases pioneros, por ejemplo en nuestro tema, con el tratamiento de la basura (vase el recuadro).

Volvamos a nuestro entorno: tradicionalmente, cualquier ciudad, como Montevideo, contaba con recuperadores; el botellero, el papelero Clasificadores: envases de vidrio (incoloros o coloreados, con distinto valor), papeles (blancos o impresos, tambin con distinto valor de mercado), hojalata y metales (cotizaciones diversas para bronce, plomo, estao), grasas y huesos vacunos, ramaje (materia prima excelente −biomasa− para engendrar energa, que se usa intensamente en poblaciones pequeas, por ejemplo en Suecia, pero que en nuestro pas est totalmente desaprovechada).

Ejemplos de diferencias centro/periferia:

cuando el centro acaba con la vida til de camiones, maquinarias diversas, aviones, se los suele remitir a la periferia como novedad tecnolgica de cuasi ltima generacin. Aunque estn totalmente amortizados en el Primer Mundo, en el Tercero los pagaremos como nuevos.

el centro planetario tiene hoy depuradoras; la periferia sigue tirando, como hace siglos, los detritus industriales, generalmente muy txicos, a las corrientes de agua. Las depuradoras, estn apenas irrumpiendo y lo hacen, para las zonas bacanas mucho ms que para las industriales.

Lo mismo pasa con las aguas cloacales. En Asia se usaron, tradicionalmente, las excretas humanas como abono. Lo cual es qumicamente correcto. Porque los componentes minerales bsicos de los cuerpos vivos −potasio, nitrgeno, fsforo− son los mismos de las excretas. Pero en los 80 los suecos, que pensaban hacer lo mismo con sus propias deposiciones, filtradas y retenidas en las depuradoras, no pudieron. Porque observaron que los lodos cloacales humanos de Estocolmo, por ejemplo, tenan, amn de N, P y K, una serie temible de otros metales adversos a la vida humana (y a la vida en general): mercurio, plomo, cadmio, nquel, zinc, arsnico, aluminio, plata. La caca nuestra rioplatense, por el alto grado de urbanizacin, es ms bien como la sueca, no como la bengal o la india de hace unas dcadas. As miradas las cosas, no podemos aprovechar ni siquiera nuestra propia mierda. Suecia, por ejemplo, deposita sus lodos cloacales en diques de cola entre montaas, igual que los detritus altamente txicos de la extraccin minera..

Como ejemplo del abismo que, pese a la globalizacin, separa al centro de la periferia planetaria, mientras en nuestras latitudes lidiamos con los enormes depsitos de desechos, inclasificables y fuente de todo tipo de contaminacin, algunos estados centrales como los nrdicos, Noruega y Suecia, estn dedicados a la recuperacin energtica de los desechos, aprovechando su combustin. Este abordaje libera al mundo empresario de toda idea de lmite puesto que la rentabilidad aumenta con la mayor produccin de desechos.

La idea motriz de semejante solucin a la cuestin de los desechos funcionara en un mundo infinito. En una especie de rueda perpetua de uso y recuperacin. Pero semejante solucin la de un tecnooptimismo radical− choca con dos inconvenientes: la ley de la entropa (no existe la recuperacin energtica perfecta) y, pequeo detalle, la condicin finita de nuestro planeta y consiguientemente de nuestro universo.

Entendemos que un aprovechamiento energtico de los desechos profundiza el foso al cual un desarrollo tecnolgico desbocado nos est llevando a todos.

Aquella recuperacin, relativa, −que no podemos idealizar porque se trataba de tareas residuales con un proletariado aun ms excluido− fue perdiendo pie a medida que los desechos hogareos y urbanos se fueron ampliando, sobre todo cuando el estilo de use y tire fue imponiendo una cultura del derroche, no ya del ahorro.

A mediados del siglo pasado el american way of life se abre paso impetuosamente. Primero en los pases centrales, industrializados, colonialistas o neocolonialistas, adelantados, subdesarrollantes elija el lector el calificativo ms certero−. Y los primeros en seguir ese nuevo modelo, seremos muchos pases de los mal llamados latinoamericanos.

All, nosotros. Los mismos que supimos importar autos baratos, los colachatas de posguerra Mercury 1947, Buick 1948, Cadillac 1950− cuando todava no habamos aprendido a cuidarlos para que no se desvencijaran en tan poco tiempo.

El material plstico (flexible, los llamados termoplsticos) fue el falaz protagonista de esa revolucin del consumo que se expande desde mediados del s XX.

En tiempos ms recientes, con la conciencia ecolgica golpeando a la puerta, la recuperacin de materiales empez, sin embargo, a estar ms trabada en Montevideo. Las autoridades sanitarias y municipales fueron regulando para limitar la actividad privada y espontnea de los recuperadores, cada vez ms indigentes, buscando la desaparicin de la basura una desaparicin esttica, no material−, primero en contenedores y luego a travs de un circuito de recoleccin, en inmensos enterraderos de desechos. El grito caracterstico del botelleeero ya se haba perdido en la modernidad galopante

Como el elemento ms nocivo de la montaa de basura porque ya no alcanza con enterrar la basura− son los plsticos (aunque tambin los desechos qumicos son una, otra, bomba de tiempo), se fue generando en muchas ciudades de los pases centrales una poltica restrictiva para su uso y un celo cada vez mayor para su reciclaje. El ejemplo que dimos de Alemania. En nuestra tierra, sigui por dcadas la fiesta del plstico a toda hora. Luego de dcadas de sordera, parecera estar llegando la hora de la verdad plstica a Montevideo

Anlogamente, a medida que se empez a hacer conciencia de los ciclos de recuperacin biolgica, en diversas ciudades y pueblos de los pases centrales se fue generando un movimiento en favor del compostado, que en nuestro pas y en nuestra capital resulta apenas visible, aunque empiezan a aparecer ensayos, intentos

Vamos viendo la problematicidad pluricausal de esa molestia que tan a menudo campea en calles montevideanas.

Podramos creer que la responsabilidad recae sobre la poblacin. Por cierto, que existe una responsabilidad individual, que nos atae a todos, pero el abordaje de tan compleja cuestin nos deriva hacia otros actores sociales:

▪ La proliferacin del plstico, el abandono de los reciclajes clsicos son polticas.

▪ Polticas emprendidas por el sistema empresario (que se regula a s mismo siguiendo la rentabilidad propia, la empresaria; jams la social o ambiental) y/o por el sistema poltico que nos gobierna o deja que nos gobierne el mundo empresario.

As que la acumulacin insensata de basura es responsabilidad sistmica. Y no (slo) responsablidad individual, sa que las maestras en los parvularios procuran despertar.

Plsticos entre nosotros 

Montevideo se ha caracterizado por una sobrepresencia de plsticos en los supermercados. La bolsita o el folie como un separador higinico, se va superponiendo con nuevos productos y envoltorios, de tal modo que un producto cualquiera puede llegar al hogar recubierto con tres o cuatro coberturas plsticas (el queso fue recubierto en un folie, alojado en una bolsita de la seccin lcteos, y re-ubicado a una bolsa de plstico, p. ej., y as sucesivamente.

La respuesta del comerciante ante el porqu de tanto plstico es terminante: −es lo ms barato (la ms comn; puede sobrevenir la elegante: es lo ms higinico).

Lo grave es cuando el poltico tiene la misma respuesta. Porque el precio de compra de un producto poco suele tener que ver con el costo, social, material, ambiental, de ese mismo producto.

Porque el poltico tiene que optar, por hacer una poltica, considerando tales factores o considerar apenas el mero precio de compra comercial de un producto.

Pero la situacin es ms grave. No slo tantos polticos calculan como tenderos, al decir de Marx; tambin investigadores, intelectuales caen en la misma, falaz nocin de costos. Fernando Gonella, Julia Muoz y Carol Wallace en una investigacin universitaria2 entienden como una desventaja para el uso del vidrio para envases que sea hoy en da [] uno de los materiales ms costosos dentro de los usados para envases. Se ha tornado caro tanto en su produccin, distribucin y recuperacin."

Los autores han adoptado la nocin de costo vigente, sin distancia crtica; es la nocin que le interesa a los fabricantes de termoplsticos, que calculan un costo jibarizado sobre su propia produccin sin considerar el verdadero costo ambiental de los envases plsticos.

Recuperacin biolgica de los desechos vegetales

Casi la mitad en peso de la basura hogarea es compostable. Poner los residuos orgnicos en la bolsa de residuos nicamente aumenta el mal olor, la putrefaccin (sobre todo en verano) y el desperdicio biolgico. Hay ciudades donde han ido prosperando las huertas en balcones, en terrazas, en techos. Donde la poblacin ha empezado a recuperar tierra. Porque los desechos alimentarios, compostados, constituyen tierra. Y qu tierra! Y con la tierra son plantables las aromticas, primero, pero suma y sigue, verduras de hoja, morrones, tomates

Estamos hablando de recuperar algo que cualquier barrio fuera del centro sola tener, y que sus habitantes solan hacer naturalmente. Pequeas huertas, por ejemplo.

Nuestro pas se ha desquiciado como consecuencia de nuestra ubicacin geopoltica (una poltica globalista que ayuda a los pases enriquecidos y empobrece a la periferia), pero tambin como resultado de otra poltica, otros polticos empeados en acompaar el desafo de la Cuba socialista al patrn de la vereda continental, que ha significado exilio, destierro y muerte para una parte de la sociedad uruguaya. Y emigracin, promovida por quienes se aferraron al status quo proclamando malo o djalo. As, hemos llegado a una situacin de enorme vulnerabilidad, de la cual estamos reponindonos lentamente.

Y como sociedad nos estamos debatiendo en una serie de situaciones cruciales; la basura no es sino un emergente de nuestra crisis.

No se trata de pelearse por la enorme montaa de desperdicios que nos desquicia; se trata de ir achicando el dao.

Notas:

1 Vase, ya casi como inquietud paleontolgica, mi nota Con la basura, qu hacemos?, Brecha, Montevideo, 25 mayo 1989.Tengo muchas otras notas sobre esta cuestin, posteriores. Por ejemplo, Basura nuestra de cada da, Vera Donna, no. 14, Montevideo, abr. 2001.

2 Anlisis y evolucin del negocio del vidrio hueco para envases en el Uruguay, UDELAR, 2009.

Fuente: http://revistafuturos.noblogs.org/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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