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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-03-2019

notas sobre el problema de los plazos en la divulgacin del Peak Oil
Futuro pospuesto

Emilio Santiago Muio
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La historia modula las previsiones, pero no hace que se vuelvan ms exactas. En 1972, el llamamiento fue a evitar la translimitacin. Y la fecha preferida para fijar plazos era entonces el ao 2000. En 2012, se reclama actuar a fin de eludir el colapso. Y la fecha de referencia es frecuentemente 2050. La retrica ama las cifras redondas. (Ernest Garca).

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En 2010 escrib junto con Duarte Artabe una cancin de rap que versaba sobre el peak oil y sus efectos. La cancin fue grabada en 2013 y se hizo pblica en 2017. Como se ve, en el campo musical la velocidad no es mi punto fuerte. Su ttulo, Apagn Energtico 201X. Para quien no soporte el rap que dira Sabina, la transcripcin de algunos versos puede ayudar a comprender su sentido: capitalismo descarrila y no hay salida de emergencia, el petrleo ha puesto al mundo visto para sentencia; el caos ser el producto estrella de las navidades de final de dcada; ya lo creo, casi saborendolo, ya no queda tanto, por eso se estn armando, encargos de gas lacrimgeno en los presupuestos del Estado; por el te prefiero muerto que jubilado ya no hay petrleo para celebrarlo. Con apenas un ao de circulacin, parece que el ttulo de la cancin, con esa incgnita a despejar sobre el ao de la presenta dcada en que se volvera evidente un parteaguas energtico de grandes proporciones, va a quedar sbitamente desmentido por los hechos. Nonato todava y anciano ya, invirtiendo el orden de trminos del bonito poemario de Jorge Riechmann sobre el socialismo real en Cuba y la RDA.

Otra ancdota parecida. Dentro del proyecto Ser una vez Mstoles 2030 nos atrevimos a especular sobre una lnea de tiempo coherente (local y nacional-internacional), trazada hacia el futuro durante 15 aos, que nos sirviera de teln de fondo para repensar en clave utpica la transicin ecosocial. Segn este ejercicio de futurologa popular, en septiembre de 2018 deberamos haber conocido (diez aos ms tarde de la crisis de 2008, porque se ve que nos gusta que la historia rime) una gran hecatombe financiera (crack burstil, guerra de divisas) que fuera expresin del descenso de energa neta circulando por nuestro metabolismo social. Y que en apenas dos aos (2020) nos tendra que llevar a una manifestacin clara, en trminos de precio de mercado, del segundo gran golpe de ese shock petrolfero a cmara lenta en el que estamos instalados desde el peak oil [del petrleo] convencional de 2005-2006. Aunque el alza del coste del barril Brent en septiembre hasta los 80 dlares pareci confirmar nuestros plpitos, estos han quedado desmentidos con la bajada producida durante el ltimo trimestre del ao [2018]. La segunda cada del rebote del gato muerto civilizatorio (ampliando esta idea de la jerga financiera) tendr que esperar al menos otro ao ms.

Un ltimo apunte para ir situndonos: en este ao 2019, concretamente en julio, se cumplir ese lustro que el manifiesto ltima Llamada daba a la sociedad para generar un debate amplio y transversal sobre los lmites del crecimiento, y para construir democrticamente alternativas ecolgicas y energticas que sean a la vez rigurosas y viables. La cifra del lustro se haba introducido en el texto en base a un artculo de James Hansen, Assessing Dangerous Climate Change', que en aquellos meses estaba conmocionando el mbito de la climatologa. Salvo que en el invierno-primavera de 2019 vivamos un milagro poltico, en verano los promotores del manifiesto estaremos este ao obligados a algn tipo de posicionamiento pblico que o, bien nos obligue a reafirmarnos en nuestras premisas, lo que implicar declarar cerrado el horizonte de una transicin ecosocial esperanzadora, o bien nos exija alguna rectificacin de los presupuestos de partida.

Estas tres situaciones me interpelan mucho. Lo hacen porque he dedicado y sigo dedicando una parte sustancial de mi vida tanto a la divulgacin sobre el declive energtico que nuestras sociedades van a enfrentar en el siglo XXI como, sobre todo, a la accin poltica preventiva para adaptarnos liberadoramente a este nuevo escenario antropolgico. No creo que sea el nico interpelado: quien ms quien menos, dentro de nuestro universo ecologista, habr visto lo difcil que se ha vuelto sensibilizar sobre el pico del petrleo en un contexto empeado en llevarnos parcialmente la contraria. Dos son las realidades que vuelven nuestro discurso especialmente contraintuitivo a ojos de las mayoras: (a) el precio del petrleo est relativamente bajo, en comparacin con las cifras estratosfricas de antes de 2014, y (b) la economa mundial sigue creciendo, aunque lo haga a costa de acumular contradicciones en una demencial huida financiera hacia delante. Es obvio que este lustro de recuperacin macroeconmica (que no se ha traducido de modo proporcional en recuperacin microeconmica, pero tampoco podemos pensar que la situacin cotidiana es hoy en Espaa igual al 2011) es un espejismo que tiene muchas trampas. No lo discuto: el pico del petrleo no implica precios del petrleo permanentemente altos sino voltiles, expresin de la espiral de destruccin de oferta y demanda que ha analizado Antonio Turiel; incluso estos precios bajos son al menos el doble que el promedio de precios de la belle epoque de los noventa; el fracking que ha permitido sustentar esta prrroga es una ruina energtica y ms que probablemente una ruina econmica; la economa mundial ha vuelto a crecer s, pero a costa de dos formas de doping sistmico muy peligrosas: un incremento colosal de la deuda y un enorme proceso de exclusin del acceso de amplias mayoras a la riqueza social y la seguridad material mediante un ataque sin cuartel a los derechos laborales y sociales conquistados durante el siglo XX, que est siendo polticamente muy desestabilizador; y por ltimo, el pico del petrleo se est manifestando a travs del pico de uno de sus productos derivados, el diesel, generando una enorme tensin social que s que ha propiciado un clima muy favorable para que nuestras tesis sean escuchadas. Prueba de ello es el enorme impacto del post de Turiel sobre el disel. O de un hilo mo en Twitter, que conectando el problema del diesel y los chalecos amarillos se hizo viral en pocas horas (este hilo fue convertido en el artculo Impuestos verdes, chalecos amarillos con la colaboracin de Hctor Tejero de Contra el Diluvio).

Precisamente porque en el 2019 nos encontramos en un momento clave para tener un impacto comunicativo de mucho alcance, creo que es importante no caer en la autocomplacencia. No basta con desvelar los trucos que sostienen la magia de esta recuperacin con pies de barro. Quiz tambin tenemos que hacer autocrtica, porque es posible que nuestra estrategia comunicativa incurra en errores de superficie que estn comprometiendo para mal la recepcin prctica de nuestra verdad de fondo. En este texto apunto solo uno: la cuestin de enunciar fechas exactas y plazos cerrados. Espero sacar tiempo pronto para exponer otros en un segundo texto.

Centrndonos en la cuestin de las fechas y plazos: Antonio Turiel abri hace un ao sus predicciones de 2018 apuntando, con mucho mayor rigor cientfico que nuestros juegos especulativos, un escenario parecido al que hacamos en Ser una vez Mstoles 2030: subida vertiginosa de precios del petrleo, y recesin consecuente, antes de final de ao:

Considero bastante probable que el precio del petrleo crudo, por culpa del declive productivo ya anunciado, llegue a mximos no vistos desde 2008. No s si llegaremos a tocar un precio tan elevado como los 150 dlares por barril de aquel ao (aunque no es descartable que esta vez fuera incluso mayor), pero en todo caso asumo que el precio superar la barrera de los 120 dlares por barril, lo ms probable hacia el mes de julio y en todo caso antes de cerrar el ao, para luego precipitarse a precios mucho ms bajos en medio de la grave crisis econmica que desencadenar.

Aunque al mismo tiempo Turiel nos previene con honestidad cientfica que le caracteriza que lleva desde 2014 avanzando, de modo fallido, una recesin provocada por una nueva subida de precios del crudo:

Llevo desde 2014 avanzando esta recesin y este ao tampoco ha llegado. Previsin completamente fallida.

Una de las premisas que no debemos olvidar es que por muchas razones (para m, magistralmente expuestas en un libro que recomiendo mucho leer, La sociedad del espectculo, del pensador francs Guy Debord, y la ampliacin del mismo que hizo veinte aos despus en sus Comentarios a la sociedad del espectculo), hoy nuestras mentalidades colectivas son extremadamente poco consistentes. Mucho menos que en otras pocas histricas. Y adems a ello se suma, por influencia de condicionamientos culturales profundos que adquieren sobre la poblacin dimensiones religiosas, que nuestras sociedades van a estar mayoritariamente predispuestas a agarrarse a cualquier clavo ardiente (especialmente tcnico) que prometa la continuidad de la vida moderna. Por ello que un espacio de tanta importancia para la clarificacin de nuestro presente como The Oil Crash falle en sus predicciones durante varios aos seguidos es problemtico. Y abre la siguiente pregunta clave: Son las predicciones con fechas una apuesta que nos beneficia a nos perjudica en nuestras tareas divulgativas? Esencialmente cuando seguramente aadan poco al grueso del mensaje slido, y extremadamente bien armado, que un blog como The Oil Crash socializa. Y que es un referente para miles de personas entre las cuales me incluyo.

Responder a esta inquietud sobre la idoneidad o no de construir discursos pblicos en torno a plazos concretos a la hora de enfrentar la crisis ecosocial en general, y el peak oil en particular, y exponerlo a discusin colectiva es el objetivo de estas notas. Inquietud por cierto que ya han expresado antes por otras vas en Juan Carlos Barba, Antonio Garca Olivares o Vicent Cucarella. Que conste como deca Cucarella que yo tambin me considero turielista. Y que en ningn caso estas notas suponen una crtica al trabajo excelente de muchos compaeros, sino una inquietud sobre un detalle muy concreto, pero de enorme relevancia, de su estrategia exposicin pblica.

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Ante la gravedad de la extralimitacin en marcha, y el efecto explosivo de la aceleracin de los crecimientos exponenciales, en los ltimos aos tanto el ecologismo activista como el cientfico nos hemos vuelto adictos a la anticipacin concreta y muy urgente en trminos histricos. Por poner algunos ejemplos:

En mis libros he manejado arcos temporales similares: entre el presente y el 2030 el mundo puede enfrentarse al pico conjunto de la produccin de los tres grandes combustibles fsiles [Santiago Muo, Emilio (2015) No es una estafa, es una crisis de civilizacin , Madrid: Enclave, pg. 136].

Ninguna de estas fechas es arbitraria o gratuita. Todas ellas estn enunciadas desde un conocimiento cientfico fundamentado. Sin embargo, al mismo tiempo, son predicciones problemticas. Porque fundamentado no puede significar certero o predictivo. Y el margen de error es alto porque la incertidumbre tambin lo es. Prueba de ello es que todas participan de un diagnstico que hemos tendido a expresar (yo el primero) en un tono de urgencia que, pasada la primera dcada de esta crisis que no acabar nunca, para buena parte de la ciudadana ha podido sonar exagerado.

Hablo en primera persona que es ms sencillo, ms justo y generar menos equvocos. Un par de aos atrs, haciendo balance de nuestra actividad militante con mi amigo Jose Iniesta del Instituto de Transicin Rompe el Crculo, con quien comparto esta aventura desde el principio, llegamos a una conclusin que tiene repercusiones epistemolgicas: las cosas van mucho ms despacio de lo que habamos previsto. En 2003, cuando supimos gracias a una charla de Pedro Prieto en la facultad de ciencias polticas del peak oil y los planteamientos de Hubbert, nos pareca imposible llegar a 2019 con este nivel de continuidad esencial en la forma de vida moderna. En consecuencia, durante un tiempo nos estuvimos preparando en cdigos parecidos a los que hoy se repiten todava en muchos crculos ecologistas y decrecentistas. Que dan por hecho el inminente colapso del sistema econmico y poltico y plantean que la tarea prioritaria es organizar balsas de emergencia. Esto inclua desde el obligatorio rito de paso de la recuperacin de autonoma material comunitaria en el huerto (quiz nuestra nica medida anticipatoria que no fue un fracaso intil, aunque la autarqua alimentaria de nuestra comunidad est a aos luz de ser viable, pues bsicamente mantenemos un huerto testimonial en la azotea de un museo) hasta debates sobre cmo autogestionar ambulatorios pblicos tras el desmoronamiento del Estado, clculos sobre despensas viables ante segn que catstrofes, fantasas varias de autodefensa comunal y discusiones un poco esotricas sobre cul podra ser el metal refugio de nuestros miserables ahorros ante la inminente debacle bancaria (oro o plata). Para nosotros sigue siendo indudable que estamos instalados en una situacin de empantanamiento general y progresivo deterioro de nuestro esquema civilizatorio. Pero nuestras previsiones de colapso, que eran mucho ms disruptivas, no se han cumplido.

Visto lo visto, quiz nos equivoquemos, en el Instituto de Transicin Rompe el Crculo nos sirve mucho ms pensar nuestra civilizacin en clave de lenta enfermedad degenerativa que de sncope sbito (lo que cambia radicalmente las estrategias polticas ante el colapso, pues creo que si la cosa va lenta pierden parte de esa fatalidad libertaria que piensa voy a caricaturizar tesis mucho ms complejas- algo parecido a esto: puesto que el Estado va a desaparecer por falta de energa, no te preocupes demasiado por l). Y aquellos aos de actividad anticipatoria colapsista hoy nos suenan como una especie de loca juventud prepper a la que entregamos un buen puado de tardes de domingo. Por si no se conoce, prepper es el trmino como se denomina en Estados Unidos al supervivencialismo, un autntico movimiento de masas que ha calado mucho por all. Seguramente por particularidades culturales e histricas ligadas a la combinacin de individualismo protestante y ser una nacin forjada por pioneros en una frontera en desplazamiento genocida. Por cierto, un detalle que no es menor y no debemos olvidar: en nuestro caso la hiptesis de colapso fuerte y sbito nos condujo a una forma de activismo extravagante para una ciudad como Mstoles. Pero para alguna gente esta hiptesis se tradujo en apuestas vitales mucho mayores y con un mayor coste biogrfico: por ejemplo proyectos neorurrales de espritu colapsista. Y por tanto con una vocacin muy autrquica y resiliente, que ha resultado profundamente desadaptativa y paradjicamente poco resilientes en un mundo rural que sigue, en el umbral de 2020, integrado en una economa capitalista globalizada que, contra nuestros pronsticos de hace una dcada, sigue funcionando. Aunque sea de modo renqueante.

Qu ha fallado? Creo que hubo dos equvocos, uno menor y otro mayor. El menor es haber tomado por absolutamente certero el estado de la cuestin energtica del presente. Donde sin duda tenemos seguridad cientfica para hablar de tendencias. Pero todava no se conoce lo suficiente como para aventurarnos, como hicimos, a realizar clculos prospectivos tan ambiciosos como para sealar fechas. El segundo tiene que ver con instalarnos en anlisis muy unilaterales y muy unifactoriales sobre el papel de la energa en la evolucin social. La conexin entre el pico de petrleo convencional de 2005 y el crack de 2008 aliment nuestras ilusiones de estar en lo cierto. Pero como la energa no era ni muchos menos el nico factor que explicaba el crack econmico, aunque tuviera un peso que los economistas convencionales nunca quisieron admitir, la gestin poltica de otros muchos factores ha ayudado a prolongar la normalidad incluso abrir espacio para el crecimiento (a un costo social y ambientalmente oneroso claro, pero funcional al fin y al cabo para las lgicas del capital). Y esto, sin duda, volver a pasar.

El gran problema de fondo es que, por muchas razones, nuestra mejor ciencia emprica es y ser altamente imperfecta para predecir con exactitud procesos socionaturales. Lo que implica un enorme obstculo cuando adems se pretende hacer poltica anticipatoria con mrgenes de incertidumbre tan amplios. En este sentido, tenemos precedentes que hay que revisitar. La famosa apuesta entre Ehrlich y Simon sobre el encarecimiento de algunos productos naturales provocados por su escasez ha sido explotada hasta la saciedad por neoliberales para deslegitimar los vaticinios ecologistas. Y esto es fundamental: en poltica por desgracia no importa tanto la verdad sino el uso de las percepciones sociales. Si ya partimos de una enorme desventaja cultural a la hora de ser escuchados como efecto de la tecnolatra, no podemos ponrselo tan fcil el enemigo cayendo en la trampa de una soberbia epistemolgica donde tenemos siempre mucho ms que perder que de ganar.

Pero podemos ir ms atrs: occidente ya ha conocido muchos otros movimientos anticipatorios ante turbulencias sociales en gestacin pero todava no visibles. El catastrofismo socialista en los trnsitos entre los siglos XIX y XX, que predeca la inminencia de un colapso socioeconmico del capitalismo provocado por sus contradicciones internas, ha sido un laboratorio antropolgico interesante del que el ecologismo puede aprender algunas cosas que se hicieron mal. Con una diferencia fundamental: para el socialismo, el desastre del capitalismo, y el sufrimiento consecuente, eran la antesala de una culminacin feliz de la historia del gnero humano. Todo se iba a hundir para renacer en un orden social superior, ms pleno y ms justo. La certeza de la catstrofe iba unida a la promesa de la salvacin. Nuestra certeza de ir a peor solo va acompaada de dudas inconfesables. Lo cual todava complica an ms nuestra tarea (aunque esto es otra cuestin, relacionada con la polaridad optimismo-pesimismo que intentar tratar en otras notas).

Lo que aqu me ocupa es la siguiente idea: a los proyectos polticos contrahegemnicos (y por tanto que despiertan pocas simpatas en el sentido comn instaurado), como es el pack que engloba la nube de palabras transicin ecosocial-decrecimiento-ecosocialismo, les sienta muy mal que el tiempo los desmienta. Si acertamos en alguna prediccin, quiz consigamos reforzar en la opinin pblica un poco nuestro diagnstico (como pas, y lo cuenta Pedro Prieto con su fino sentido del humor, con el inters despertado por la Conferencia de ASPO en Barcelona en 2008, que coincidi con un precio del petrleo estratosfrico). Pero en ningn caso este acierto implica que se acepte necesariamente nuestra interpretacin de cmo solucionar el problema. Pero si fallamos en un pronstico, en una sociedad que no quiere ornos y que va a exagerar cualquiera de los errores que sin duda cometeremos, nos desacredita todo el discurso en su conjunto (diagnstico-soluciones). Creo que es una lgica muy arriesgada en la que se pierde mucho ms de lo que se gana. Por eso quiz es mejor no jugrsela con el tiempo, al menos no de modo tan preciso.

Adems insisto, aunque esto exige una reflexin diferente en la que no puede entrar ahora: sacrificar el presente, aun a costa de un futuro mejor, es algo para lo que seguramente estamos bioculturalmente muy mal predispuestos. Y mucho ms la gente socializada en el capitalismo neoliberal. Solo se consigue cuando la amenaza es absolutamente indiscutible y la solucin sacrificial se gestiona en tiempos cortos. Por ello, al hecho de que nuestras posibilidades de fallar son muy altas cuando hacemos este tipo de usos de las fechas futuras, se une que estos recursos comunicativos son parte de una estrategia polticamente problemtica: salvo situaciones muy extremas, la mayora de la gente prefiere la mediocridad de un reformismo gradual que no comprometa demasiado su vida cotidiana que la llamada a la gran heroicidad colectiva a la que invitamos los ecologistas con plazos tan ajustados.

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Otra cuestin fundamental: creo que es indudable que el peak oil genera un consenso cientfico menor que otras expresiones de nuestra extralimitacin ambiental, como el cambio climtico o el holocausto de biodiversidad. Y esto es importante porque la transicin ecosocial, si quiere ser intervencin poltica de mayoras, necesariamente se mueve en la pista de baile que demarca la legitimidad cientfica. Resulta significativo, y tambin problemtico, que figuras importantes ligadas a la investigacin y difusin del peak oil en la primera dcada del 2000 hoy hayan abandonado su antiguo pesimismo energtico. Por ejemplo Mariano Marzo, que parece dar al fracking el estatuto de una revolucin, y no comparte las tesis de que se parece ms a una fiesta de jubilacin de la industria petrolera. As El Peridico recoga unas declaraciones suyas en 2017 que afirmaban que el fracking haba cambiado en solo seis aos el equilibrio geopoltico del mundo. Aunque los pesimistas geolgicos ganaron la batalla del cnit del petrleo convencional, parece que en el debate sobre el petrleo no convencional los optimistas todava se sienten cmodos: en muy poco tiempo, Estados Unidos puede superar la produccin histrica mxima de su pico del petrleo de 1970, dibujando una curva en forma de N mayscula. Y aunque sabemos, y nos cansaremos de repetir, que Estados Unidos tiene condiciones absolutamente privilegiadas para la explotacin del fracking, desde su tupida red de carreteras hasta un marco legal que hace de los recursos del subsuelo propiedad privada, o las posibilidades de magia financiera y barra libre de deuda que ofrece emitir la moneda imperial de reserva internacional, es fcil instalar en la opinin pblica una idea superficial de que la experiencia del fracking estadounidense es extrapolable a yacimientos similares en Canad, Argentina, Mxico, Oriente Medio, frica del norte o Siberia Occidental. El caso de Mariano Marzo es el ms llamativo, pero hay otros muchos. Muchas otras grandes figuras que combinan investigacin y divulgacin sobre el declive energtico, incluso cercanas a nuestras tesis, discrepan cientficamente sobre aspectos importantes que generan mrgenes de variabilidad importantes en los plazos de sus previsiones. Pienso en la famosa polmica de Antonio Garca Olivares con Pedro Prieto y Carlos de Castro. O el optimismo que refleja Ugo Bardi con el vehculo elctrico. O las posiciones de Juan Carlos Barba, que tan bien expres en su reciente visita a Mstoles.

Las guerras cientficas son complejas porque estn cruzadas por muchos intereses y motivaciones. Y entre estos intereses, la verdad es solo uno. Y es adems el ms difcil de certificar. No es este momento de hacer un mapa clasificatorio de cmo se han movido las posiciones en el mundo geolgico en los ltimos aos o que argumentos moviliza cada bando en el debate sobre la disponibilidad energtica futura de la humanidad. Baste aqu con certificar que el hecho de que haya debate, de que no se trate de un asunto concluido, es tremendamente importante a la hora de hacer divulgacin con vistas a la transformacin social.

Mi posicin al respecto, que es necesariamente una apuesta de segundo grado porque no soy gelogo, en la que combino mi seguimiento de los expertos que tratan el tema e intuiciones sociolgicas (que se pueden rastrear en comportamientos econmicos o geopolticos globales), es que el fracking ha abierto una prrroga ms larga de lo esperado. Y si bien sigo pensando que hay argumentos ms que fundamentados para sospechar que se trata de una burbuja que se pinchar pronto, y que su aporte no podr cimentar dcadas de expansin econmica sostenida, es decir, que ya no pueden existir jams unos nuevos treinta gloriosos, quiz s pueda mantener una mediocre continuidad de lo existente en trminos generales, con un alto nivel de degradacin social y ambiental, durante ms tiempo del que preveamos hace 15 aos. En otras palabras, sospecho que hemos entrado en el escenario tecnomarrn de Holmgren: atenuacin a corto plazo del problema energtico a costa de intensificar a medio plazo el problema del cambio climtico. Pero quiz est equivocado. De todas formas, creo que lo importante es admitir que estar acertado o equivocado en esto es secundario.

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Ernest Garca, en un texto de 2013 que recomiendo mucho leer y del que extraigo la cita de estas notas, titulado Car le temps est proche: la crise cologique et lapocalypse terme, que fue publicado en francs en la revista Socio-Antrhopologie, defiende que las relaciones metablicas entre naturaleza y sociedad son esencialmente indeterministas. Y que estn sometidas a demasiadas incertidumbres, como para que la especulacin con las fechas no sea un ejercicio de nulo valor en trminos cientficos y completamente intil en trminos polticos. Adems, revela un deje muy propio de la ilusin tecnocrtica que debemos dejar atrs si queremos desprendernos de algunos de los rasgos de la modernidad que peor nos adaptan a la escasez en ciernes. Extraigo algunos fragmentos:

A la hora de valorar la cientificidad de los estudios que advierten de la gravedad de la situacin, el tema de los plazos me parece secundario. Es innegable que muchos de esos estudios son cientficos. El consenso que en torno a ellos se articula, adems, es cada da ms slido (Union of Concerned Scientists, 1992; Cook et al, 2013) (), pero las trazas de la argumentacin vienen de lejos (). El consenso no es una prueba, claro, pero no por ello deja de ser cierto que la informacin acumulada sobre estas cosas ha ido hacindose ms abundante, ms consistente y ms precisa en la definicin y en la medida. A veces, lo nico que no es cientfico en los documentos de referencia es precisamente esa clusula: an hay remedio pero queda poco tiempo (). No se sabe, ni se puede saber, si el inicio de la translimitacin se produjo en 1970, en 1984, ayer o todava maana. No se sabe, ni se puede saber, si hay an veinte aos disponibles para tratar de evitar el colapso o si todos los plazos se han agotado ya. En realidad da lo mismo. La mejor informacin disponible indica que, all por la mitad del siglo XX, la civilizacin industrial entr a toda velocidad en una trayectoria de muerte; y que ha seguido hasta un punto en que ningn milagro, ni tcnico ni poltico, podr alargar sustancialmente su camino. El cambio de sentido no requiere jalones, sino criterios. Desacelerar, desglobalizar, desengrandecer, democratizar, relocalizar, cooperar No importa si se trata de prevencin o de mitigacin, no importa si el objetivo es navegar el ocano de la translimitacin o mantenerse en sus orillas, no importa si se trata de practicar un decrecimiento convivial o simplemente de minimizar los impactos del colapso. La obsesin con el calendario del apocalipsis es uno de los ltimos residuos del delirio tecnocrtico, de la vana ilusin de que an podramos estar al mando.

Es decir, en la relacin sociedad-naturaleza, que es una relacin a su vez mediada por las relaciones de la sociedad entre sus diferentes partes constitutivas y de las sociedades polticas que conforman el sistema mundo entre s, las variables que entran en juego son demasiadas para poder ajustar tanto las predicciones. Incluso aceptando el postulado de que no habr irrupcin tecnolgica milagrosa que permita un salto hacia delante que nos salve del descenso energtico, sealo algunas de estas variables genricas, tremendamente importantes, que van a modularse en funcin de miles de coyunturas concretas imprevisibles y que de he hecho ya estn operando: explotacin de recursos marginales con rendimientos decrecientes pero todava rentables desde la lgica econmica imperante (que es ecolgicamente perversa pero socialmente funcional); conflicto social que facilite acaparar energa y recursos a costa de la desposesin de otros, y que se darn tanto dentro de los marcos estatales como internacionalmente; mejoras significativas en materia de eficiencia y diseo tcnico que aumenten los mrgenes de maniobra; transformaciones selectivas en el sistema socioeconmico pero compatibles con sus dinmicas esenciales (tipo desautomovilizacin privada en ciudades o navegacin a vela) que sirvan para minimizar la presin sobre los recursos naturales y los sumideros; cambios en el sistema poltico para posibilitar mayores nivel de sostenibilidad de los comportamientos colectivos (que pueden ser voluntarios o bajo coaccin); cambios en el modelo antropolgico para suscitar mutaciones de la estructura cultural de los deseos que interiorice la austeridad y la renuncia; cambios en las mentalidades y las expectativas de futuro que contribuyan a reducir la friccin de la poblacin ante el empobrecimiento progresivo de sus condiciones materiales de existencia.

Todo esto se dar adems de modo parcial y fragmentario: no todos los elementos del Sistema-mundo, por llamarlo a la manera de Wallerstein, estn interconectados con el mismo grado de intensidad y cohesin. Y por tanto ste es susceptible de desarrollos evolutivos y adaptaciones que se articulen y combinen de modo extremadamente desigual. Creo que ah radica una de nuestras fuentes ms perennes de errores: pensar instalados en esa categora de filosofa inconsciente que el marxismo llamaba totalidad. Una cosa es el pensamiento holstico, extremadamente necesario como metodologa de anlisis de los procesos sistmicos. Y otra es dar a esa unidad del sistema (que es una hiptesis metodolgica) un estatuto de esencia real a desvelar, que significara que en el mundo social, como sucede en la biosfera, todo est unido con todo. Es decir, que el colapso va por barrios es una intuicin tan cierta que puede llegar incluso a comprometer la idea de colapso tal y como la manejamos: no es descartable que unas partes de la sociedad mundial se libren del colapso a costa de hacer colapsar ms a otras, o incluso a costa de exterminarlas (el ecocidio que traer consigo el genocidio, que dice Jorge Riechmann en otros de sus aforismos magistrales).

Las sociedades humanas son el arquetipo ideal de un sistema complejo pero parcialmente fragmentado por su extrema pluralidad. Por tanto dinmico, no lineal, con elementos entrelazados donde predominan relaciones de retroalimentacin, con un comportamiento condicionado por su propia historia, flexibles, evolutivos, donde las relaciones causa-efecto nunca pueden estar bien definidas. Pero que adems presenta discontinuidades internas y por tanto comportamientos diferenciales entre sus partes. Por todas estas razones, a lo mximo que podemos aspirar desde un anlisis social riguroso es a modelizar escenarios y tendencias verosmiles, dibujando rangos de variabilidad dentro de un arco de posibilidades que por supuesto no es infinito, lo cual ya es significativo. Pero nunca a la prediccin mecnica de acontecimientos. El matrimonio Meadows y Jrgen Randers lo expusieron de modo muy sencillo pero muy eficaz en cada una de sus revisiones de Los lmites del crecimiento:

Si se tira una pelota al aire, uno sabe lo suficiente para prever su comportamiento general, no para saber en qu punto exacto del espacio caer () World 3 maneja el tipo de informacin sobre las pelotas que se tiran al aire, y no la necesaria para describir la trayectoria de la pelota dada. (Meadows et al, 1994: 144).

Termino: creo que es mucho ms razonable que en nuestras exposiciones pblicas manejemos el tipo de informacin sobre las pelotas que se tiran al aire que el tipo de informacin que describe anticipadamente la trayectoria de la pelota y el momento exacto de la cada. Comentaba Pedro Prieto en una comunicacin dentro de una lista de correo lo siguiente, que comparto al 100%, aunque quiero destacar una idea:

Con la misma indiferencia con que vieron subir a los cielos los precios del petrleo en aquellos das, se arrojaron con enorme furia e ira meditica sobre los pacficos y desarmados miembros de ASPO con todas las armas posibles, para desacreditar que el pico no se haba producido en 2010, como predijeron sus fundadores, como si esa maldita fecha (el dedo, la luna y el tonto) hubiese sido el principal mensaje de Campbell y Laherrre y no el concepto mismo de una inminente llegada al cenit del recurso ms valioso del capitalismo, sea una dcada ms tarde o ms temprano, sea en forma de pico nico o en forma de meseta ondulante, sea convencional (cheap oil, dijeron, con claridad meridiana y en sus bases de datos ya apareca como petrleo convencional y saban que haba otros, incluidos el shale).

Es absolutamente cierto. La cura que debemos impulsar es tan inmensa que una dcada arriba-abajo en nuestra lectura de los sntomas de la enfermedad y su evolucin es bastante irrelevante. Pero siguiendo la analoga del proverbio atribuido a Confucio, creo que nuestro mensaje (la luna) es de un calado histrico y social de tal magnitud que poco favor nos hacemos si adems agitamos el dedo de la maldita fecha de la misma forma tan llamativa que al menos yo llevo haciendo mucho timpo. Y menos an contribuimos a ello si nos conformamos, y reconfortamos, con instalarnos en una posicin de sabios frente al necio tecnlatra de derechas o de izquierdas. Y es que una sociedad no se la transforma juzgndola o regandola. Se la transforma primero comprendindola. Para despus tirar de los hilos de sensatez y de anhelo de cambio que cuelgan de ese nudo gordiano que es el sentido comn perverso en que la gente vivimos atrapada.

En resumen: precisamente porque intuyo que se nos abre una interesantsima ventana de oportunidad comunicativa en 2019 para afrontar pblicamente el debate de la extralimitacin, creo que es importantsimo afinar bien nuestras estrategias de divulgacin, y quiz no apostar demasiado a fechas concretas. Hay otros asuntos ms all de los plazos igual de importantes, como son la sobredimensin que hacemos al efecto movilizador de la verdad, las posibilidades para la reapropiacin y resignificacin de trminos inconsistentes pero socialmente instalados, el papel de la esperanza y del pesimismo, la tradicin autocomplaciente de la izquierda (tambin la ecologista) con la superioridad moral como experiencia esttica e identitaria y la confusin de los niveles fro-cientfico y clido-poltico del cambio social. Pero estos temas requieren un tratamiento propio que desborda las posibilidades de estas notas.

Comentarios de los lectores:

1. Jorge Riechmann

A. Lo esencial de mi discrepancia: la cosa va lenta?. Slo se puede afirmar algo as intramuros: encastillados tras los muros de la ciudad humana, ciegos a lo que est ocurriendo en el mundo natural. Las cosas no van mucho ms despacio de lo que habamos previsto. En cuanto uno mira por encima de los muros de la ciudad, es al revs: el ritmo del calentamiento global, la muerte de los arrecifes de coral, el desplome del fitoplancton, la hecatombe de los insectos, la destruccin del mundo vivo en general todo va ms rpido que (casi) en nuestras peores previsiones. El ritmo del cambio climtico, por ejemplo, es de una rapidez que corta el aliento si la referencia son los cambios climticos anteriores que ya han acaecido en el planeta Tierra. Si nuestro marco de referencia, ms all de Mstoles o Cercedilla y la Comunidad de Madrid, es Gaia.

Nuestro antropocentrismo nos ciega y nos pierde

B. Al final de su artculo Emilio se refiere a otros problemas de tctica poltica, entre ellos la sobredimensin que hacemos al efecto movilizador de la verdad. Aguardo con impaciencia su reflexin al respecto. En mi caso, y no creo ser el nico en verlo as, el racionalismo no tiene que ver con semejante sobredimensionamiento: soy desde hace tiempo consciente de lo poco que mueve la verdad a los seres humanos (desde los aos noventa me han interesado mucho los estudios, primero de psicologa social y moral, y luego de psicologa cognitiva y neurociencias, sobre la irracionalidad bsica de Homo sapiens) y esa consciencia se ha agudizado en los ltimos aos. No sobredimensiono el efecto movilizador de la verdad, sino que aprecio el valor de la verdad como nuestra posibilidad mejor (aunque la probabilidad de que sigamos esa va ilustrada en sentido amplio- resulte insignificante, siendo el anthropos, y su vida social, lo que de hecho es).

2. Carles Porcel.

Excelente artculo. Al igual que las palabras de Ernest Garcia sobre querer controlar la incertidumbre.
Por cierto, hay un informe de Climate Outreach muy tiles sobre cmo comunicar la ineludible incertidumbre de las consecuencias del cambio climtico https://www.climateoutreach.org/download/5990. En unos meses estar disponible en castellano

3. Ins

Querido Emilio, en mi opinin, el problema es el de la retrica de los datos, versus los hechos.
Los cientficos, llegamos al punto de las grficas que estamos analizando.

Tambin nos salimos de esos temas ( picos de sto y de lo otro) e intentamos meter en discusin otros aspectos que jam sse salen de los objetivos pero que se analizan desde una perspectiva que no afecta slo a lo micro o a lo macro de nuestros estudios, sino que proyecta sobre futuros.

Pero el ojo lo ponemos en la hiptesis de nuestro trabajo, basada no slo en antecedentes, tambin en aquellos que an no ha sido probado o aceptado pero que vemos.

Pues el sujeto cientfico no puede aislarse ni del social ni del vivencial, ni de su metabolismo ni de su cortex, ni de sus tripas.

Es real y evidente que esos escenarios que se proyectan de colapso, son desiguales segn las zonas y en muchos de ellos hay ya amplias zonas naturales colapsadas y practicamente irrecuperables: La mitad de la poblacin humana est colapsada frente a la otra mitad, s que eso lo compartes.

Pero si en esa mitad partida por el gnero incluimos partes partidas por la raza, otras partidas por la desigualdad social..otras por la matanza y expolio deliverado de sus hbitats, ..nos quedamos con que aproximadamente y sin hacer clculos, creo no equivocarme mucho si afirmo que actualmente slo un 20% de los humanos vivimos ( otros no viven auque les lata el corazn), y, adems, de ese 20% hay al menos la mitad que slo sobrevive.

Somos 8.000 millones si hacemos un clculo nos quedamos muy pocos.

Insuficientes para liderar cualquier causa que empodere, la inmensa mayora de la poblacin humana est huyendo de la violencia y est siendo levantada de sus hbitats.

Eso en cuanto a humanos que se acerca mucho a los nmeros del 80% de desaparicin de insectos, es causal o casual? que curioso que concuerden los porcentajes, cuando ellos son billones ms que nosotros, no?

Sobramos o estamos limitados por la extincin ms del 80% de los seres vivos ,la excepcin est en las plantas, hongos y bacterias, ni siquiera los habitantes marinos se escapan de la extincin y/o mutacin y/o enfermedad masiva.

Este mundo de ahora y de aqu, que ya ha colapsado, nos afecta a todos los seres vivientes, pero tambin afecta a aquellos que no consideramos con vida,; afecta a minerales, afecta a movimientos del subsuelo, de las aguas, de los aires y del mismo magma.

Parecera que todo sto es una sensacin sino fuera porque es real y porque lo vemos en imgenes todos los das.

A partir de aqu ms o menos fracking slo supone inicios de guerra en pases con negro ms puro como lo que con dolor estamos viendo de guerras por los pozos y ahora lo ya pergreado que intentan con Venezuela. aunque las peores guerras que quedn por venir pero que ya se dan no son por el petrleo son por el agua y an no conozco insistencias ni llamadas a se respecto.

El pico del petrleo, y el clima, entendido como Co2, cada vez nos ahoga ms porque nos sigue ofeciendo una versin muy reduccionista, la gente se cree que lo nico qe tenemos que hacer es reducir el porcentaje de emisin de CO2 y eso se me hace bola. cada vez ms Pues: las polticas progresistas de cambios de modelos energticos a ms o menos renovables suponen violaciones a la soberana de las tierras aguas y subsuelos de todos los habitantes de un territorio

As es que ms o menos picks, con todo el respeto, nos da lo mismo! Ya hemos colapsado, tenemos que restaurar ste colapso.

No podemos hacerlo por vas judiciales ni polticas, es un verdadero espectculo de terror ver cmo se retuercen las leyes, como ellos, los patriarcas (tengan el gnero que tengan) pasan absolutamente de colapso, pasan de picos mucho ms importantes que los del petrleo o de los del carbono, y negocian con la muerte del mismo porcentaje (80% de la Gaia muerta) y el 20% restante para los que queden despus de la gran extincin.

Si queremos hacer algo para cambiar los picos, hay que irse ya de los ncleos que no son autosuficientes, organizarse y ampliar las zonas de compensacin de los ciclos de carbono, nitrgeno y fsfro fundamentalmente. Regenerando materia vegetal adaptada y autctona, sustraemos Co2, aportamos xgeno, atraemos las nubes, las lluvias limpian los suelos, con esa cubierta vegetal vuelven las flores y con ellas los insectos y con ellos la diversidad, la belleza y el verdadero alimento, o al menos una muerte mucho ms dulce.

La muerte dulce o en paz no es balad ni fruto de delirios, es algo que nos deberamos plantear desde ya pues el otro tipo de muerte, queda en la memoria de los que siguen vivos.

Los picos se estn volviendo locos, ya no son globales ni predecibles son sujetos a movimientos rpidos y acelerados a los que jams se ajustar ningn modelo terico ni matemtico.( No mientras no se restablezcan los equilibrios mnimos.)

4. scar Peas

Muy importante esta reflexin, yo tambin estoy de acuerdo en que dar fechas concretas es completamente contraproducente.

Quera resaltar un par de textos, el primero del propio Turiel, un articulo llamado Apocalipsis No (http://crashoil.blogspot.com/2013/08/apocalipsis-no.html), y el segundo del maestro John Michael Greer que desarrolla el tema del colapso civilizatorio en profundidad en su libro The Long Descent: The decline of a civilization is rarely anything like so sudden for those who live through it, its a much slower and more complex transformation than the sudden catastrophes imagined by many social critics today.

Emilio Santiago Muio es doctor en antropologa social, activista del Instituto de Transicin Rompe el Crculo, de Mstoles, y miembro del Grupo Surrealista de Madrid y del Grupo de Investigacin Transdisciplinar sobre Transiciones Socio-ecolgicas. Su tesis doctoral analiza la adaptacin cubana a la escasez de petrleo tras la cada de la URSS y ha sido publicada en forma de libro con el ttulo de Opcin Cero: el reverdecimiento forzoso de la Revolucin cubana. Actualmente es Director de Medioambiente en el ayuntamiento de Mstoles.

 

Fuente: https://www.15-15-15.org/webzine/2019/03/02/futuro-pospuesto-notas-sobre-el-problema-de-los-plazos-en-la-divulgacion-del-peak-oil/ 



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