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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-07-2019

Uruguay
Construcciones colectivas, heladeras y personalismos

Emilio Cafassi
Rebelin


La integracin de la frmula con la candidatura de Graciela Villar por Frente Amplio uruguayo (FA), a instancias del candidato electo en las primarias, Daniel Martnez, ha disparado diversas expresiones de sorpresa y, en algunos casos, malestares. Ambas manifestaciones reflejan un vaco procedimental y en algunos casos no pocas dudas sobre el grado de democraticidad de la decisin, aunque sea el Plenario Nacional la instancia que la convalide.

Varias contradicciones -no necesariamente dilemticas o irreconciliables- se ponen en juego en esta movida, cualquiera sea la opinin sobre la postulacin concreta. Intentar exponerlas brevemente, considerando que su explicitacin no debera debilitar en modo alguno el apoyo irrestricto al FA y sus candidaturas, el entusiasmo militante y el vigor de los esfuerzos por la obtencin del 4 gobierno, algo que en el contexto internacional se torna dramticamente imperativo. El objetivo estratgico de esta coyuntura es el triunfo electoral. Todo el resto, incluyendo las candidaturas, tan slo medios para alcanzar este fin.

La primera -y menos significativa- contradiccin refiere a los tiempos de la definicin. Un conjunto de compaeros y sectores consideran que si la principal amenaza, el Partido Nacional, defini su frmula la misma noche del escrutinio, el FA debera hacer lo propio con la mayor celeridad. Un fundamento tcito los apuntala en la dinmica meditico-publicitaria dominante. Me cuento entre los que creemos que el apuro no debera sustituir al anlisis de la repercusin en la campaa (mucho ms que la experiencia parlamentaria o de gestin) como expuse aqu el viernes pasado. Y si bien el nfasis deber ponerse en el retorno a los mtodos ms tradicionales de la interaccin militante cara a cara, casa por casa y lugares de trabajo, no debera dejar de complementarse con focus groups y posteriores estrategias de difusin masiva de los resultados por todos los medios posibles. Se juega en la cancha de los poderosos, no en nuestro potrero. Por lo dems, si se creyera en la importancia de la celeridad, bien podran haberse hecho consultas previamente, ms an considerando la predictibilidad de los resultados, evitando de este modo la apresurada improvisacin reciente.

Un segundo par de tensin es el grado de mayor o menor conocimiento de la candidata en la ciudadana. Una importante proporcin de dirigentes y militantes (entre los que me incluyo) desconocan su trayectoria. Ya expuesta, se reconoce como una exponente ms de los mejores perfiles frentistas. Pero la informacin a la que podemos acceder en medios militantes o intensamente politizados, an fuera de Uruguay, no necesariamente se distribuye entre la ciudadana, ni sta se orienta exclusivamente por trayectorias, sino que requiere de un conocimiento ms personalizado y cierta sensacin de proximidad. Unos aos atrs, Sendic lanz una irona sobre la abrumadora diferencia que por entonces tena el FA en Montevideo (y que lamentablemente viene perdiendo, sin que suenen las debidas alarmas) diciendo que se ganara an si la candidatura fuera una heladera. Dejando de lado la cuestin estrictamente electoral y el contexto del dicente, la referencia llama a la explicitacin de una tercera contradiccin entre el sujeto y la estructura o ms ampliamente, entre el carisma y la despersonalizacin basada en la organizacin colectiva, la disciplina y los mandatos.

Ninguna organizacin poltica, ni an el FA que resulta un ejemplo de firme unidad en una complejsima convergencia plural, puede uniformar personalidades, talentos y liderazgos pero puede mediante normativas y prcticas morigerar la tendencia hacia la concentracin del poder implcita en las seducciones carismticas, aunque menos donde an residen las peores formas de manipulacin publicitaria, fake news y emocionalidades . La hegemona comunicacional y por lo tanto los hbitos poltico-culturales, estn en manos de las derechas que no slo conviven acrticamente con la autonoma de los dirigentes-candidatos sino que expanden la atraccin caudillista que debilita hasta la propia nocin de militancia en una estructura clientelstica. El tipo de afiliado de los partidos tradicionales es, antes bien, un simpatizante. En el conjunto clientelstico, el militante es una verdadera minora y cuando se lo encuentra es por lo general en las juventudes. El camino de los adultos est ms cerca de la profesionalizacin o del desinvolucramiento, salvo el de la votacin en las internas.

Suponer que el FA goza de inmunidad frente a estas formas fiduciarias de la democracia representativa y de las influencias determinantes de los liderazgos resulta una ingenuidad, tanto como suponer que esta decisin de Martnez no se emparente con el dedo amiguista de los conservadores. Obviamente nuestro FA es un complejo colectivo en el que las decisiones colegiadas morigeran parcialmente la concentracin personalista del poder, pero los liderazgos han jugado un rol importante y nada hace prever que dejen de jugarlo aunque estemos en presencia de cierta renovacin generacional. La separacin entre dirigentes y bases est lejos de ser superada.

No se trata de liderazgos transferibles, sino de exclusivo ejercicio personal. Recordemos que Mujica no logr transferir su influencia ni en la ltima eleccin departamental de Montevideo, ni en las pasadas internas. Tampoco lo logr Tabar Vzquez con su apoyo al referndum contra la ley de aborto. Cuando Cosse dice no entender en conferencia de prensa por qu no fue elegida para la postulacin junto a Martnez, se hace indispensable invertir la pregunta. Por qu lo sera si Astori no lo fue cuando compiti con Tabar, ni Constanza cuando tambin lo enfrent? Martnez cumpli con su promesa de frmula paritaria. No es poco. Nosotros debemos luchar para que nos conduzca al triunfo.

Sin heladera alguna.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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