Portada :: Cultura :: Cine
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-10-2019

Otra maldita pelcula sobre la Guerra Civil (y II)

Luis E. Pars
CTXT

Seguimos explorando el cine que ha dejado la representacin de la Guerra Civil: ahora, desde la Transicin hasta Mientras dure la guerra


Fotograma de la pelcula Sierra de Teruel (Andr Malraux, 1939)

Franco muri el 20 de noviembre de 1975, y el franquismo lo hizo poco despus, aunque todava dio algunos coletazos. Esto conllev alegras polticas, sobre todo el camino hacia la democracia, pero tambin trajo una noticia negativa: se rompi un sueo. Muerto Franco, el pas se dio cuenta de que haba alimentado una fantasa. Siempre se crey que durante la dictadura todo espaol escriba a escondidas grandes novelas sociales, libros pornogrficos, anlisis profticos del materialismo histrico, comedias mordaces y guiones de un cine comprometido que por fin, en esta nueva etapa, se podran dar a conocer. Todas esas obras demostraran que de manera clandestina Espaa haba estado a la altura de otras revoluciones culturales, aunque fuesen invisibles durante cuarenta aos. Adems, si no hubo un reemplazo en los cuerpos policiales y en el mbito poltico, tampoco lo encontramos entre los intelectuales y los creadores: los que pintaban algo durante la dictadura, seguiran pintndolo durante la transicin. No sera hasta el final de la dcada y principios de los ochenta que se produjo el primer recambio, bsicamente por la entrada en el campo de nuevos jugadores.

El cine tambin puede encuadrarse en este marco. Aunque se abrieron nuevos caminos que poco a poco se transitaron, como la recuperacin de cierta memoria proscrita por ser la derrotada, o el anlisis crudo y desencantado de las imposiciones de los vencedores. Sin embargo, en esos primeros aos de la transicin fueron muy pocos los directores jvenes que miraron hacia la Guerra Civil para rodar ficcin. El mejor cine de la transicin, el ms comprometido, el que hicieron Eloy de la Iglesia, Paulino Viota o Gerardo Garca, prefiri retratar problemas contemporneos, como el terrorismo de extrema derecha o la degradacin de una cierta idea de familia. Adems, con la desaparicin de la censura aparecieron en los cines espaoles pelculas como Sierra de Teruel (Andr Malraux, 1939), Morir en Madrid (Frdric Rossif, 1962) o Canciones para despus de una guerra (Basilio Martn Patino, 1973), lo que en cierto modo daba por cubierta la necesidad de que la Guerra apareciese en nuestras salas. La reflexin sobre la guerra qued relegada al cine documental y al militante, lo que reduca mucho su alcance, pese al inters de muchas de las propuestas. Era como si la Guerra Civil ya no estuviese en el imaginario de los creadores, lo que explicara que muchas de las pelculas que se estrenaron sobre la guerra en esta etapa tuviesen como fuente una obra literaria escrita por generaciones anteriores.

Eso sucede con la primera pelcula que se estren sobre la Guerra tras la muerte de Franco, Retrato de familia (Antonio Gimnez Rico, 1976), adaptacin de la novela de Delibes, Mi idolatrado hijo Sis . La pelcula se centra en un industrial de provincias, digno exponente de esa burguesa que apoy sin miramientos el levantamiento de Franco, obsesionado con que su hijo siguiese sus pasos. Su hijo, sin embargo, es movilizado y muere en el frente. El industrial se dar cuenta ah de que su vida carece de sentido, que ha sido vaciada a pesar de mantener l sus privilegios. Lo que propone la pelcula, y lo que la hace interesantsima, es el primer retrato de un vencedor que sin embargo no tiene nada que celebrar ni que esperar ms que su propia extincin. Era la primera vez que no se haca una apologa del bando vencedor. El tratamiento fotogrfico de la pelcula tiene una tonalidad azul mortecina, deliberadamente buscada por Jos Luis Alcaine, que transmite muy bien esa existencia lgubre de una clase social que sobrevivi a base de negar sus propios impulsos.

Retrato de familia coincidi en cartel con Las largas vacaciones del 36 (Jaime Camino, 1976). La pelcula tena un cierto trasfondo familiar, pues Camino se basaba en los testimonios orales que escuch en su infancia sobre cmo se haba vivido la guerra en el pueblo donde veraneaba, Glida. El punto de vista era atractivo, ya que mostraba por primera vez la visin de los vencidos, ese sector de la burguesa catalana que se encontr en tierra de nadie, ya que eran demasiado conservadores para el bando republicano y demasiado catalanistas para el nacional. Esto llev a que fuese una pelcula coral, con muchos personajes, casi todos con matices que los diferenciaban a la vez que los hacan reconocibles. El industrial al que colectivizan la fbrica, el maestro desengaado y amante de Machado, el mdico que se inhibe de sus compromisos cvicos, la familia fascista que puede seguir comiendo porque tiene joyas que empear, o los nios con unas vacaciones gozosamente prolongadas, componen un friso interesante, aunque la pelcula se estren con cortes de censura. Pese a que fue un hito en su momento, cuesta rescatarla hoy en da, pues lo conservador de su puesta en escena ha acabado prevaleciendo sobre su audacia poltica.

En esos aos, se empez a pensar tambin que siguiendo el ejemplo italiano quiz se pudiese hacer comedia con la Guerra Civil de fondo. La primera fue Tengamos la guerra en paz (Eugenio Martn, 1976) una indescriptible pelcula del destape sobre un desertor que se tiene que casar con la hija del alcalde para no volver a filas. La pelcula no es destacable pero s su voluntad de hacer rer.

Hubo que esperar hasta 1978 para que se estrenase una de las grandes pelculas de la dcada: Soldados de Alfonso Ungra, quiz la pelcula que con ms ambicin encar en esos aos el conflicto. Ungra provena del cine independiente y tena en su haber dos pelculas que no se haban estrenado pero que ya se haban convertido en mticas: El hombre oculto (1970) y Tirarse al monte (1972). Soldados era su cuarta pelcula y era un encargo de adaptar Las buenas intenciones de Max Aub. Ungra decidi romper con la estructura lineal de la novela y crear continuos saltos en el tiempo que hiciesen entender las decisiones de los personajes. La pelcula empieza con las imgenes de unos soldados republicanos, destruidos y desesperanzados, dirigindose la puerto de Alicante. Y se rememora cmo han podido llegar hasta ah. Esta eleccin tiene algo de ideolgico al mostrarnos la guerra como consecuencia de numerosas situaciones lmites, ya sean de pobreza, ya sean de humillacin, que conllevaron un clima de tensin que desemboc en el enfrentamiento y en la represin. De esta forma, se nos ensea los condicionamientos sociales de todos los perdedores, eso s, sin convertirlos en hroes ni justificarlos. La fuerza de la pelcula radica en que muestra el comportamiento de los personajes como fruto de unas tensiones sociales vividas, que tuvieron su paralelismo en las relaciones sentimentales, casi siempre fallidas. Es como si Ungra nos dijese que durante la guerra se am, s, pero se am mal, lo cual era una novedad absoluta y una ruptura con los melodramas romnticos del final del franquismo. Soldados marcaba un camino para el cine espaol sobre la Guerra Civil que no fue seguido.

No lo sigui por ejemplo Companys, procs a Catalunya (Josep Maria Forn, 1979) que tena un objetivo distinto al de Soldados : la reivindicacin de la identidad y la cultura catalana, proscrita durante el franquismo. Todo en la pelcula parece estar enfocado a eso, lo que se vio refrendado por el xito comercial en Catalua. La pelcula estructurada en flash backs concluye con el fusilamiento de Companys. Sin embargo se abre con un rtulo que adverta de que aunque los hechos que se narraban se fundamentaban en la realidad histrica, en la pelcula algunos hechos posean un carcter imaginario. Uno de estos caracteres imaginados era el militar franquista honesto que critica la sentencia y discrepa de ella por injusta. No sabemos a qu se debi esta necesidad de humanizar al enemigo, pero cre escuela. Y sin embargo, Companys, procs a Catalunya es una pelcula importante, pues mostr por primera vez en mucho tiempo una identidad cultural perseguida por el rgimen.

Y de repente, pese a los ejemplos comentados, la Guerra Civil desapareci de nuestra ficcin cinematogrfica, no as de la produccin documental, con ttulos como La vieja memoria (Jaime Camino, 1979), Por qu perdimos la guerra? (Diego Santilln, 1977) o Raza, el espritu de Franco (Gonzalo Herralde, 1977). Por ello, incluir Casas viejas (Jos Luis Lpez del Ro, 1983) como canto del cisne del cine sobre la Guerra Civil de la Transicin puede denotar falta de rigor, ya que es sabido que aquellos sucesos tuvieron lugar durante la Repblica y no durante la Guerra. Pero esa pelcula significa el final de la posibilidad de hacer un cine de ficcin poltico que reflexionase sobre nuestro pasado reciente con voluntad de intervenir en el presente. O mejor dicho, de la imposibilidad de todo ello, ya que la pelcula se encontr con todas las dificultades posibles. Rodada en rgimen de cooperativa, con actores no profesionales y con personas del propio pueblo, que recordaban la tragedia o al menos el imaginario familiar sobre ella, es una pelcula nica en el cine espaol. Primero por su ambicin, ya que pretende, partiendo de los artculos de prensa y de la actas de la sesiones parlamentarias, reconstruir detalladamente esos das, el levantamiento naf salvajemente aplacado y la torpeza excusadora del gobierno. Pero lo importante es que lo hizo tomando como referentes a algunos de los santones del cine comprometido de aquellos aos, influencias inditas en el cine espaol, especialmente los Straub con su fuerte influencia brechtiana. Vista hoy, la pelcula nos ayuda a establecer un vnculo imposible con pelculas como La comuna (Peter Watkins, 2000). Sin embargo, una mirada de trabas hicieron que la pelcula no se pudiese acabar y que se estrenase tarde y mal, a pesar de ganar el Premio a Nuevos Directores del festival de San Sebastin. Su efecto subversivo qued anulado por una inexistente exhibicin.

Aos ms tarde, en los noventa, Basilio Martn Patino recuper el tema para un captulo de su serie Andaluca: un siglo de fascinacin , en El grito del sur: Casas viejas (1996). Patino parta del supuesto hallazgo de unas bobinas que mostraban los enfrentamientos. Lo que pretenda era reflexionar sobre cmo los medios han creado la realidad y cmo el espectador habra de estar atento a las manipulaciones. La pelcula era interesantsima, pero lo de menos era nuestro pasado reciente.

En el ao 1982 lleg el Partido Socialista al poder, y con l se cambi de paradigma social y cultural. Espaa pareca haber completado su transicin poltica y ahora haba que iniciar rpidamente una transicin econmica, para incorporarnos a lo que en aquel entonces se llamaba Comunidad Econmica Europea. Esto hizo que en la gestin cultural por parte del gobierno se mezclasen varias cosas, y se quisiese a toda costa crear una industria cultural solvente e instrumentalizar a la cultura para ponerla al servicio de ese proceso de equiparacin a Europa. En cine se quiso cambiar el modelo productivo, que se hiciesen menos pelculas, pero mejores, lo que a priori sonaba bien. El mtodo fue una nueva ley, la Ley Mir. Pero esta Ley tambin cre ndices para valorar lo que eran mejores pelculas, y lo hizo para que se pudiese saber a priori, slo sobre papel, sobre el guin o el presupuesto.

Las consecuencias de la Ley Mir ya fueron comentadas en estas pginas. Su problema es que confundi cine de calidad con buen cine. El cine de calidad se refera a los materiales, a un buen guin, una buena fotografa, buenos actores. Pero todos sabemos que si los materiales brillan mucho, lo que est mal es el conjunto. A partir de la Ley Mir, el cine espaol confundi la factura tcnica con la calidad. Las pelculas fueron hinchando sus presupuestos, lo que conllevaba a veces dificultades de amortizacin en taquilla, lo que conllevaba un lenguaje cada vez ms estandarizado para llegar cada vez a ms gente. En esa pescadilla que se muerde la cola seguimos atrapados, confundiendo lo que es el buen cine con cine bien hecho.

Aunque suene paradjico, para saber qu cine sobre la Guerra Civil quera la Ley Mir hay que coger una pelcula anterior a su aprobacin: La plaza del Diamante (Francesc Betriu, 1982). Adaptacin de la novela de Merc Rodoreda, quiz el mayor clsico de la literatura catalana del siglo XX, fue rodada como una serie para TVE en cuatro captulos de 55 minutos. La novela contaba casi veinte aos de vida de una mujer, Colometa, que vio cmo la Guerra Civil destruy su amor, su juventud y su vida. La serie era ambiciosa, y fue rodada en cataln. Despus se hizo una versin de 117 minutos para cines, que fue estrenada antes que la serie. En la pelcula, el episodio de la Guerra Civil es breve, apenas diez minutos. La Guerra Civil aparece por elipsis, por alusiones, como si el director no se hubiese atrevido a filmarla, o como si no hubiese podido por falta de medios. La pelcula funcionaba como una ilustracin correcta de la novela, ms interesada en reconstruir el barrio de Grcia de aquellos aos que en mostrar el tormento interior de Colometa. Sea como fuere, la pelcula pasaba casi de puntillas por la guerra. Estaba ah, pero no haba que mentarla.

Sin embargo, a pesar del xito de La plaza del Diamante (sobre todo en Catalua), fue Las bicicletas son para el verano (Jaime Chvarri, 1984) la pelcula que se erigi como modelo, tanto en su forma como en su mensaje. Adaptacin de la obra de Fernando Fernn-Gmez, se decidi sin embargo cortar su duracin en su paso al cine. Pero no slo su duracin: tambin las pistas que adscriban a los personajes a una ideologa anarquista. Tambin, para darle un toque aparentemente ms cinematogrfico, se decidi trasladar conversaciones que en la obra original sucedan en un saln a exteriores. De esta forma se le dotaba a la pelcula de una apariencia ambiciosa, debido a la reconstruccin de poca, con tranvas y desfiles. Sin embargo, la pelcula se pierde en esa reconstruccin, reduciendo la trama al despertar sexual y sentimental del protagonista. Tambin a su aprendizaje de la tristeza, pero una tristeza debida a que ve desmoronarse su mundo infantil, no el pas que tiene alrededor. En un momento dado, se recrea la entrada de unas tropas anarquistas en Madrid que cantan A las barricadas!. El personaje de Victoria Abril se acerca a un miliciano, le besa y le coge del brazo. En los ttulos de crditos el personaje de Gabino Diego, que est jugando a la guerra con un amigo, se hace el herido imitando la famosa foto de Robert Capa. En estos breves gestos se renunciaba a la posible reflexin poltica en aras de una historia estandarizada, casi un clich, para todos los pblicos, que todos pudiesen reconocer. Apostaban por un imaginario comn a todos, por unas imgenes tpicas. Fernando Fernn Gmez dijo en una entrevista que la pelcula no le gustaba porque todo lo que poda ser [en la obra] un poco arriesgado, social o polticamente, est suprimido para no perder cantidad de pblico. La pelcula fue un xito enorme, lo cual certificaba que ese camino era el bueno: hacer pelculas accesibles para todos, poltica y estticamente.

Un modelo plstico distinto intent mostrar Rquiem por un campesino espaol (Francesc Betriu, 1985), adaptacin de la novela de Ramn J. Sender. Fue una adaptacin fiel, respetando la estructura del libro, persiguiendo ilustrar el estilo seco y bronco del escritor, an sin conseguirlo del todo y cayendo en un correcto academicismo. Sin embargo, aunque no en su forma, la pelcula s tena la valenta de denunciar, por primera vez en nuestro cine, la complicidad de la Iglesia con la represin. La pelcula fue seleccionada por el Festival de Venecia, pero el Gobierno supedit su apoyo a que se volviese a incluir la palabra espaol en el ttulo provisional de Rquiem por un campesino . En Venecia, sin embargo, un crtico italiano dijo que la pelcula llegaba con retraso. Veinte aos antes nos habra parecido una obra maestra. El cine espaol llegaba tarde a su propia historia, y por ello, llegaba sin mordiente. Esto se ve en otras pelculas interesantes sobre el papel, como La guerra de los locos (Manuel Matji, 1986), donde a partir de historias reales se cuenta la historia de los internos de un manicomio que se escapan en plena guerra incorporndose sin querer al frente en uno de los bandos al que no han elegido conscientemente. La metfora estaba clara, pero la pelcula no consegua articular bien la buscada mezcla de drama y humor. El espectador acababa empatizando con el drama de los locos, claro est, pues no se merecan lo que les ocurra.

La prueba de que el cine espaol todava arrastraba algunos tabes y algunos miedos, era que nadie se haba atrevido a poner en escena a Franco. En Companys, procs a Catalunya se le vea de lejos, y un actor de doblaje intentaba imitar su inconfundible voz en un lacnico Que lo fusilen!. Por ello, en 1985, Jaime Camino decidi poner en escena los preparativos del alzamiento militar, con Juan Diego interpretando al dictador. Pero ante la dificultad evidente de tratar a Franco como un personaje, el director en seguida decidi apostar por esa entelequia llamada objetividad de los hechos. Para ello, se apoy en los historiadores Ian Gibson como asesor y Romn Gubern como coguionista. La narracin reconstruye, con aparentemente minuciosidad los preparativos de la sublevacin del 18 de julio de 1936. El personaje de Franco se muestra cauto, incluso desconfiado, adems de carioso con su hija, lo que humanizaba al dictador, al contrario que a Carmen Polo, a quien se mostraba como autoritaria, e inductora de su marido a unirse a los golpistas. No era esta la nica concesin: se ve a Pau Casals preparar el concierto por la paz, en un montaje paralelo, por ejemplo. Pero la mayor concesin es el inicio: la pelcula empieza con el coito entre un periodista republicano y su amante, partidaria de la sublevacin, en una clara metfora de la reconciliacin. La pelcula es fra y distante, pero no consigue ningn efecto brechtiano por el papel inventado del periodista que indaga y que tuvo en sus manos desarmar el golpe de Estado. Sin embargo, la pelcula fue un xito, lo que se deba entre otras cosas a su estreno el da 17 de julio de 1986, cincuenta aos despus de los hechos que narraba. Otra pelcula que vista hoy, parece quedarse a mitad de camino.

Pero la pelcula que estaba llamada a marcar un antes y un despus en la representacin del conflicto era La vaquilla (Luis Garca Berlanga, 1984), un proyecto que Berlanga acariciaba desde el ao 1949. Su intencin era desacralizar y desmitificar la Guerra Civil como ya haba hecho con los buenos sentimientos en Plcido , el turismo en Viva los novios o el poder en La escopeta nacional . Era una pelcula que abogaba por la reconciliacin, pero una reconciliacin no sublimada sino vulgar, como mostraba la escena en la que se baan todos desnudos en el ro y un miliciano dice: aqu en pelotas, ni enemigos ni nada. En realidad la mirada de Berlanga era muy cruel, pues antepona la picaresca a la ideologa en la eleccin de los bandos, dejando clara la artificiosidad de muchas de las elecciones tomadas. Los odios durante la guerra, vena a decir Berlanga, no se deban a ideales polticos sino a rencillas entre vecinos. Pero la importancia de La vaquilla es que era una comedia, un sainete, casi una astracanada, con situaciones disparatadas, donde la Guerra Civil serva para crear situaciones absurdas que nos retrataban como pas.

Extraamente, slo hubo un director que recogiese el interesante guante dejado por Berlanga, quedndose eso s a aos luz. Ricardo Palacios dirigi Biba la banda en 1987. El argumento era gracioso: una banda dirigida por el comandante Bonaf, tiene que dar un concierto, pero uno de ellos abandona la banda para ir a ayudar a su novia, Encarna, a recoger la cosecha. Uno a uno, el resto de componentes intentan ir a convencerlo de que vuelva pero todos se van quedando por el poder de seduccin de Encarna. El reparto era realmente cmico, con Alfredo Landa (que tambin protagoniz La vaquilla ), scar Ladoire, Manuel Aleixandre, Florinda Chico, pero la pelcula no haca mucha gracia y con eso se perdi la oportunidad de que la Guerra Civil fuese un gnero de comedia ms.

La dcada de los ochenta acab de forma muy parecida a como haba empezado: con TVE produciendo series ambientadas en parte durante la Guerra Civil: La forja de un rebelde (Mario Camus, 1990) y Los jinetes del Alba (Vicente Aranda, 1990). Son series interesantes. La primera reconstruye casi a la perfeccin las calles y el ambiente de los aos treinta; no en vano fue la produccin ms cara de TVE hasta ese momento. Los jinetes del Alba se centraba ms en el universo sexual de los protagonistas, como era habitual en la obra de Aranda. La Guerra Civil como coartada para mostrar otras cosas, ya sea poder de produccin, ya sea trridas escenas.

Por eso, en un principio, la noticia de que Carlos Saura iba a afrontar por primera vez una pelcula sobre la Guerra Civil fue una buena noticia. Haca tiempo que Carlos Saura haba abandonado el lenguaje simblico y crptico y haba optado por pelculas ms ambiciosas a nivel de produccin, contadas con un estilo ms directo. Ay, Carmela (1990) vena precedida adems por el xito de la obra de teatro de Sanchis Sinisterra. Carlos Saura quera contar una historia de picaresca, es decir, de lucha por la supervivencia, interpretada por dos cmicos de La Legua, ms preocupados por cobrar sus canciones sicalpticas que por defender unos ideales. La pelcula tena un perfecto equilibrio entre la astracanada y el ambiente de miseria moral de la guerra. Por eso no se entiende el subrayado final, con el desenlace a cmara lenta, cuando la pelcula funcionaba casi como un reloj, donde no sabas si rer o llorar, si escandalizarte o gozar. El cine espaol es incapaz de no sucumbir al punto lgido, acentuado, pomposo, del que el espectador no se puede escapar. Y ah claudican casi todas las pelculas: en evidenciar, explicitar, vociferar casi, la nica lectura posible que se debe hacer de la trama. En la obra de teatro original, Carmela es simplemente un fantasma que va rememorando sus recuerdos. La diferencia entre un fantasma y un mrtir no se le escapa a nadie.

El largo invierno (Jaime Camino, 1992) fue otra gran promesa, pues su director, Jaime Camino, prometa prolongar Las largas vacaciones del 36 , esta vez con toda la libertad posible. Pero supuso la claudicacin esttica del director. Las pelculas de guerra se haban convertido en superproducciones y se tena que notar. Calles reconstruidas, cientos de figurantes, un reparto internacional encabezado por Vittorio Gassman. El argumento era contar los ltimos das de la Guerra y los primeros de la Victoria desde la ptica de una familia de la alta burguesa barcelonesa, con dos hermanos que pertenecen a bandos distintos. Uno es un catalanista que asiste al hundimiento de su mundo, mientras que el otro espera ansioso la victoria de Franco para mantener sus privilegios. Pero lo importante no es el contraste entre ambos mundos, sino la peripecia del hijo del catalanista, un mdico del Hospital de Sant Pau volcado en sus hijos y amante apasionado de una brigadista, tan comprometido con la vida que es capaz de curar a quintacolumnistas, enfrentndose a los comisarios polticos. Es decir, un hombre casi perfecto. El problema es que El largo invierno volvi a traer algunas de las caractersticas del cine de guerra del franquismo: historia de amor en primer plano, estructura en flashback (desde los recuerdos del mayordomo) y sobre todo la visin sin matices de los buenos y los malos. Esta visin estara bien si hubiese algo debajo que la soportase, pero en El largo invierno slo hay manidas frmulas narrativas, lo que hace que la pelcula caiga con facilidad en la pretenciosidad de apostarlo todo al diseo de produccin.

Mucho ms interesante era la propuesta de Vacas (Julio Medem, 1992), pelcula que funciona como un despliegue del imaginario vasco, con el valle, los aizkolaris, los segadaris y las guerras. De ah la estructura circular, que empieza en las Guerras Carlistas y acaba en la Guerra Civil, con personajes distintos pero representados por los mismos rostros. Medem nos propone una ruptura con la representacin cinematogrfica establecida de la guerra: la reconciliacin es difcil, pues quiz la guerra naci de una violencia intrnseca a nuestra historia, tan ancestral como nuestra relacin con el campo. Vacas fue de las primeras pelculas que trat a la Guerra Civil como un jaln ms de nuestro imaginario. Ms discutible es la aparente apuesta final de la pelcula por la amnesia, pero que es absolutamente coherente con la propuesta narrativa, una especie de mise-en-byme de la historia de Euskadi.

En el ao 1995 se realiz la que est considerada la mejor pelcula sobre la guerra: Tierra y libertad (Ken Loach 1995). El director britnico era reconocidsimo por su cine social, con el que se haba convertido en la conciencia de la Gran Bretaa post-thatcherista. Antes de rodar, Loach hizo muchsimas declaraciones en las que explicaba que la Guerra Civil espaola era un eslabn importante para cualquier persona de izquierdas. Y esa es la perspectiva desde la que est rodada. La pelcula est contada en forma de investigacin, en la que una nieta reconstruye a partir de cartas y diarios la estancia como brigadista de su abuelo en Espaa. El cambio de paradigma respecto al flashback es evidente. Mientras ste muestra la necesidad de recordar porque no te puedes desprender de esos recuerdos, la investigacin muestra la necesidad de saber. El flashback muestra una experiencia individual, la investigacin un deber social.

El protagonista es un britnico que al ver una pelcula anarquista en un cine ingls decide venir a Espaa a luchar en el frente de Aragn con el POUM, donde es herido, por lo que es llevado a Barcelona donde se alista a las Brigadas Internacionales. La pelcula se sita en el conflicto de la regularizacin bajo un nico ejrcito que enfrent a los comunistas con el resto de fuerzas de izquierda. La pelcula muestra claramente su postura partidaria de los anarquistas y del POUM frente al Partido Comunista, monitorizado desde Mosc, lo que se ve en la recreacin de los fets de maig. Pero su ideologa no consiste solamente en mostrar su punto de vista, sino sobre todo en mostrar cmo se vehicula esa ideologa, en la organizacin de la retaguardia. En una escena, Loach plantea una asamblea en la que se discute sobre la colectivizacin y sobre cmo hacer la revolucin a la vez que la guerra. En la pelcula tambin hay una historia de amor y derrota. Pero no es un melodrama, es una pelcula claramente poltica. Lo importante es que nos mostr algo que habamos ledo mil veces pero que nadie haba puesto en escena: los caminos cruzados entre pensamiento y accin.

Prcticamente un ao despus del estreno de Tierra y libertad , se estren Libertarias (Vicente Aranda, 1996), una adaptacin de La monja libertaria de Antonio Rabinad, escrita por el director y el novelista. Por esa coincidencia temporal, se tendi a comparar ambas, siempre en detrimento de la pelcula de Aranda. En efecto, Libertarias es una pelcula fallida, debido a que el director intent meter muchas cosas que no siempre casaban bien: desde un tono pedaggico sobre anarquismo al sainete, pasando por escenas de espectacularizacin gore y alguna otra con contenido ertico. La pelcula fue muy maltratada y la crtica ms habitual fue que era poco rigurosa. Pero ninguna pelcula tiene por qu serlo. Aranda pretenda a partir de un personaje de ficcin (una monja que es adoptada por unas anarquistas) contar un sueo que acab en tragedia. Hay que reivindicar que lo bueno de Libertarias es que es una pelcula que toma partido, que relata una utopa que acab mal. Pero Libertarias no se priva del final dramtico, de encoger el corazn, y eso la lastra. Libertarias es una de esas pelculas que de haberse dirigido ms a la cabeza y menos al corazn, habra llegado ms lejos.

Quiz fue tomando como prototipo el personaje de la monja de Libertarias que el cine espaol descubri un tema que se poda combinar perfectamente con la Guerra Civil: la prdida de la inocencia, en todos sus sentidos, desde el sexual al poltico. En una situacin tan extraordinaria, tan limtrofe, como una guerra, era lgico que se aprendiese a mirar el mundo de otra forma. Una guerra era una causa-efecto irresistible, infalible, y as se empez a tratar. Otra vez la Guerra como melodramtico teln de fondo. En brazos de la mujer madura (Manuel Lombardero, 1996), por ejemplo, habla de la iniciacin sexual de un chico que va buscando a su madre por una Espaa en guerra y lo que se encuentra son mujeres maduras que lo ensean a amar. La pelcula est basada en la novela de Stephen Vizinczey, y cambia la II Guerra Mundial por la Guerra Civil y la posguerra. Intento de superproduccin, con Faye Dunaway entre las protagonistas, al director no le interesaba contar el conflicto sino el despertar sexual que marcar para siempre la vida de un hombre, despertar sexual que por cierto fue con una condesa presa de los anarquistas. En un sentido parecido se sita Marara (Antonio Betancor, 1998). Siguiendo el ejemplo de El paciente ingls (Anthony Minghella, 1996), en lo esttico pero sobre todo en cuanto a pomposo diseo de produccin, cuenta una trgica historia de amor, pasin y celos donde la Guerra Civil es sobre todo, no ya una elipsis, sino un parntesis, algo que no importa, la mejor excusa para contar el antes y despus que lleve al melodrama a su cnit.

Otra prdida de la inocencia fue La hora de los valientes (Antonio Mercero, 1998). La inocencia la encarnaba Gabino Diego, que ya la haba interpretado en Las bicicletas son para el verano e incluso en Ay, Carmela. Aqu es un anarquista que trabaja en el Museo del Prado y que arriesga su vida para proteger el autorretrato de Goya. La pelcula es muy medida, y muy inteligente. Intenta explorar el da a da de un Madrid en guerra, y las situaciones lmites que se daban pero no renuncia al humor, llegando casi a veces al sainete. Es muy difcil conseguir un equilibrio entre humor y drama en una situacin tan extrema como una guerra y por eso, claramente, Mercero opt, con su estilo tierno y transparente por el drama. Al ver la pelcula todos sabamos que ramos ese personaje enamorado de un cuadro y por lo tanto de la cultura. Y en una pelcula sobre la Guerra Civil, tanto amor por el saber no puede acabar bien, pues no puede haber finales felices.

Algo parecido pasaba con La lengua de las mariposas (Jos Luis Cuerda, 1999), con el aadido de que uno de los protagonistas era un nio que estaba empezando a aprender no slo sus primeras letras sino una forma de mirar el mundo, lo que te lleva directamente a la ternura, incluso a la cursilera. Su maestro le va enseando a observar, y a analizar lo que se observa. La relacin entre ellos es preciosa, porque el maestro quiere ensearle el amor a la libertad. Pero estalla el golpe de Estado y el profesor es hecho prisionero porque era, obviamente, republicano. El nio le acaba tirando piedras mientras se lo llevan en el camin. El plano pasa a cmara lenta, sube la msica. No hace falta decir mucho ms: el propsito de hacernos llorar estaba conseguido.

En 2001 se abri sin embargo otra grieta que pudo dar frutos. Guillermo del Toro, en la que era su tercera pelcula, El espinazo del diablo (2001), decidi contar una historia de fantasmas, mezclando no slo el cine de miedo, sino tambin el suspense y el western. Pero sobre todo de fantasmas. Guillermo del Toro se dio cuenta de que la Guerra Civil era un fantasma, porque era algo de lo que todos los espaoles tenamos miedo de encarar, porque en algn momento nos haba dejado una secuela fsica o emocional que no queramos revivir y de la que huamos, haciendo como si no existiese. En un nada disimulado contexto de fantaterror, sin ninguna pretensin de realismo, la pelcula es efectiva al mostrar lo que realmente es la prdida de la inocencia de unos nios que al verse envueltos en el turbio mundo de la guerra y sus viejos rencores, solo reciben heridas y traumas sin curar, es decir, fantasmas.

Podra parecer obvio en un pas que tanto ha transitado el gnero del fantaterror la decisin de hacer pelculas fantsticas sobre la Guerra Civil, y sin embargo, fue Guillermo del Toro el que abri la senda. Tambin fue el siguiente en seguirla, con El laberinto del fauno (2006), ambientada en la posguerra, donde un falangista, ataviado como tal, es un villano casi de cmic de Marvel. Pero esta interesante senda apenas ha sido seguida, y slo encontramos El bosc (scar Aibar, 2012), donde al aspecto fantstico (unas luces que conducen al ms all y que sirven para escapar de las represalias) se le une un tono romntico y melodramtico que no empalaga. Tambin habra que aadir un cortometraje poco conocido: 1939 (Juan Barrero, 2003), una adaptacin del cuento Dilogo de muertos de Francisco Ayala, una de las pocas adaptaciones de escritores exiliados. El cortometraje, formalmente impecable, con un elegante plano secuencia, cuenta el infinito eterno retorno de un fusilamiento.

En el ao 2003, estrenadas con apenas dos meses de diferencia, coinciden dos pelculas en las que la Guerra Civil aparece en forma de investigacin, como en Tierra y libertad . Alguien, en aquel presente, decide investigar la vida de una persona y la Guerra Civil aparece como el momento crucial de esa vida, ese momento donde la heroicidad y la desazn se mezclaron. As sucede en Soldados de Salamina (David Trueba, 2002), donde, tras el intento de establecer la biografa de Rafael Snchez Mazas, se esconde el hallazgo de la grandeza de un soldado annimo, y en La luz prodigiosa (Miguel Hermoso, 2003), donde se fabula con un Lorca que tambin (como Snchez Mazas) sobrevivi a su fusilamiento. En ambas hay un llamamiento a la reconciliacin, y a superar pticas ideologizadas en aras de ms veracidad narrativa.

Ambas pelculas eran adaptaciones de novelas: David Trueba adapt el libro de Javier Cercas, y Miguel Hermoso, el de Fernando Maras. Sin embargo, ambas pelculas, aunque sobre todo la primera, escapaban del conservadurismo que se suele dar en nuestras adaptaciones. Soldados de Salamina , por ejemplo, jugaba a contrastar fotogrficamente los tiempos narrativos e insertaba escenas eminentemente documentales, como la entrevista con Chicho Snchez Ferlosio. Pero pese a esto ejemplos, y sin razn aparente, el cine espaol volvi a caer en el mismo error de los aos ochenta: ir en busca de referentes literarios para contar nuestra guerra y adaptarlos casi al pie de la letra, olvidando que una cosa es adaptar y otra ilustrar.

De este modo empez otra vez un ciclo de pelculas en las que los argumentos literarios daban carta de prestigio a un tema que de esta forma, renunciaba a la bsqueda de formas de expresin ms ajustadas y propicias. Hablamos por ejemplo de Las trece rosas (Emilio Martnez Lzaro, 2007), con un guin original (pero basado en hechos reales) del escritor Ignacio Martnez de Pisn; Los girasoles ciegos (Jos Luis Cuerda, 2008), que adaptaba dos de las historias del libro de Alberto Mndez, o La voz dormida (Benito Zambrano, 2011), a partir de la novela de Dulce Chacn. Este grupo de pelculas tienen muchos puntos en comn. El primero es un lenguaje meramente ilustrativo del original literario. Tambin, olvidarse prcticamente del colectivo y centrarse en un drama personal. Pero, sobre todo, una tendencia al subrayado melodramtico (y su consiguiente subrayado en la puesta en escena), que hace que olvidemos las razones polticas, histricas y sociales que llevaron a los personajes a esa situacin.

En una escena de Los girasoles ciegos , el personaje de Javier Cmara dice: Yo soy el que se est volviendo loco. Me quieren matar por lo que pienso. La mera escucha de esa frase ya denota que hay algo que falla, pues esa frase es obvia y no debera hacer falta. Pero si se dice, se tiene que explicar qu es lo que se piensa. Esto es algo que no se hace en estas pelculas: no explican nada que nos matice las ideologas de los protagonistas, que se dividen as en justos e injustos, buenos y malos, fidedignos o no. As se facilita el trabajo del espectador, que pasa a ser un trabajo pasivo en el que no se analiza ni la conducta de los personajes ni el contexto narrativo ni mucho menos la forma. El cine sobre la Guerra Civil pas a ser, de nuevo, un cine de la identificacin y de la empata en la que un espectador se pone en el lugar de unos protagonistas que sufren porque estn en una situacin agnica. Y si esa situacin agnica ocurri realmente, el reconocimiento en el otro es absoluto.

Esto es extensible a muchas pelculas que no eran adaptaciones literarias, pero que compartan gran parte de los problemas ya expuestos, entre otras cosas cierto academicismo acomodaticio. La buena nueva (Helena Taberna, 2008) era una pelcula interesante, al reducir la vivencia de la Guerra Civil a un enclave que funcionase como caja de resonancia y al recuperar el personaje del sacerdote, en este caso un sacerdote que duda, que se enfrenta, que no comparte la postura de la jerarqua eclesial respecto a la represin. Pero sobre todo, un sacerdote que ama, que desea a una mujer inteligente y comprometida. La buena nueva es una historia de amor imposible en un momento imposible. El final es un montaje paralelo entre la eucarista del desfile de la victoria y una oracin del sacerdote con mujeres que se han quedado viudas por la Guerra. Pero el montaje paralelo lo carga el diablo, y aqu falla por obvio.

Tambin est muy masticada la historia de La mujer del anarquista (Peter Sehr y Marie Nolle, 2008), un intento no ya de crear un melodrama sino de crear un folletn. No hay ningn matiz: los buenos son muy buenos (incluso guapos) y los malos son muy malos. Por eso, incluso en la derrota, en la vejez, se mantiene la dignidad de llorar sin gritos, que es la prueba de la nobleza de espritu. Pasemos por alto que ambientan la Plaza de la Merc de Barcelona para que sea Chamber: en esta pelcula el espectador slo puede identificarse con los protagonistas y compartir sus sentimientos.

En esta lnea est Pjaros de papel (Emilio Aragn, 2010), que se centra en la dura posguerra de persecuciones y censuras. Pero se abre con un escena en la que Jorge, un msico se ha de esconder en un refugio por un ataque areo, y cuando sale ve su casa en ruinas y los cadveres de su familia. Desde el mismo inicio ya sabemos que Jorge es una vctima y que no puede estar de acuerdo con el rgimen de Franco. Toda la pelcula (otra vez con un falso lenguaje transparente, que acenta ms que enuncia) consiste en esperar que pase lo que todos sabemos que va a pasar.

Este lenguaje tiene una excepcin y es Incierta gloria (Agust Villaronga, 2017), que abra otra posibilidad interesante para el cine de sobre la Guerra Civil. Villaronga ya haba sabido romper con las estrecheces del cine de calidad de la Ley Mir realizando la compleja Tras el cristal (1986), y haba hecho Pa negre (2010), un retrato de la miseria humana que trajo la posguerra. Adaptacin de la novela de Joan Sales, otro gran clsico de la literatura catalana, Incierta gloria es un melodrama puro, donde la guerra funciona como localizacin pero no como motor de sentido. Todos los personajes de la pelcula son claroscuros, y esa condicin, esa ambigedad, no les viene dada por el bando en el que luchan, ni por las ideas que defienden. Aqu no hay ideas polticas sino rencores, amores, carios inexplicables y un sentido del deber basado en una moral asimtrica. Villaronga no pretende hablar del contexto poltico, que da por sabido, sino de los efectos que tiene la guerra en una sociedad que ha perdido la orientacin. Lo que nos ensea el director es que si no hace falta deletrear quienes son los buenos y quienes los malos, no hay que hacerlo y hay que ir a otra cosa, a la construccin de psicologas complejas, de integridades carcomidas, de una confusin endmica. Y hay que ir con ambicin en la puesta en escena, intentando crear, no simplemente plasmar lo que pone en un guion.

Pero nadie cogi el testigo de Incierta gloria como nadie cogi en los ochenta el testigo de Tras el cristal . De ah que el cine espaol siguiese los caminos ya trillados. Gernika (Koldo Serra, 2016) intentaba fundir la gran Historia (el bombardeo de la ciudad vasca) con las historias ntimas, personales, sentimentales. Es decir, historias de amor. Si meter una historia de amor bajo los bombardeos ya empieza a ser un clich, poner a la responsable del departamento de prensa del gobierno republicano y a un periodista extranjero ntegro, que slo quiere saber la verdad, lo es tambin. No tardan en enamorarse pese a las desavenencias convencionales. Ese es el hilo de la historia, por supuesto, con subrayados musicales y con envoltorios formales de lujo como travellings , gras, planos areos y complicados movimientos de cmara, como corresponde a una pelcula que quera hacerse un hueco en la cartelera internacional. Pero no funciona. Lo peor de Gernika es que la escena del bombardeo, la que justifica que se pueda contar una historia de amor tan estereotipada bajo ese ttulo, tampoco alcanz la pica que se mereca, como si el director no se hubiese atrevido a poner en escena el verdadero significado del terror y la injusticia. En una entrevista, el director deca: Nos pareca interesante el punto de vista de una persona de fuera, sin hacer hincapi en quines eran de un bando o del otro. El cine espaol sobre la Guerra Civil parece que slo quera entender la pica de los grandes sentimientos. Qu es exactamente lo que propone Mientras dure la guerra (Alejandro Amenbar, 2019).

En una entrevista concedida a ABC tras el estreno, Amenbar comentaba: He intentado no ofender, ser entendido por la izquierda y la derecha. Y es que ah est el problema. La Guerra Civil, como relato inicitico de tantas cosas cuya sombra sigue presente en nuestros das, tiene que seguir generando polmica y puntos de vista porque ningn acuerdo til puede salir de posturas reduccionistas. Si todos tenemos una opinin sobre lo que ocurri en la contienda, pidmosle a las pelculas espaolas que tengan opiniones distintas a las nuestras.

El mensaje de Amenbar es claro: la guerra nos hizo mejores. Est implcitamente inscrito en la pelcula. En montaje paralelo, se unen las figuras de Franco y Unamuno. Mientras uno firma en Salamanca el decreto que lo nombra Generalsimo, el otro firma tambin en Salamanca el Manifiesto de adhesin al Movimiento de la Universidad. Sus destinos estn unidos por el montaje, como dos hermanos siameses pegados por la espalda. La escena siguiente nos presenta a Unamuno hablando con su nieto. Te acuerdas cuando muri tu madre? Poco despus muri mi mujer, que me llamaba hijo, y los dos nos quedamos hurfanos. Pero sabes una cosa? Eso nos hizo ms fuertes, porque nos dio la capacidad de amar. Suena cursi pero es casi literal. Haber sufrido la guerra, y habernos quedado hurfanos de libertad durante cuarenta aos, nos convirti a los espaoles en mejores personas, y por eso, la democracia lleg en 1977, como anuncia el rtulo final. Y somos mejores porque podemos discutir con el otro sin matarnos por nuestras ideas, como hacen acaloradamente Unamuno y Salvador Vila, esos dos personajes con los que el espectador ha empatizado. O por ese plano detalle de las manos de Carmen Polo y Unamuno estrechndose. Los espaoles nos hemos podido equivocar, pero siempre hemos reaccionado. Mientras dure la guerra da una respuesta clara a nuestras dudas sobre el presente: somos mejores que entonces. Que la cmara no se est quieta ni un segundo, haciendo siempre leves movimientos, panormicas o travellings de acercamiento, como si no quisiese que nos parsemos a reflexionar sobre lo que vemos, es otro asunto. Lo importante es que Unamuno no fue ni azul ni rojo: fue espaol.

Pero es difcil creer que alguien como Amenbar haya aceptado deliberadamente complacer los discursos oficiales. Yo tendera a pensar que lo ha hecho de forma inconsciente, sin querer, de forma bienpensante, porque todos tenemos dentro a alguien que quiere caer bien y no dar problemas. Yo mismo he de confesar que viendo la pelcula de Amenbar hubo un amago de lgrima cuando Unamuno abraza a sus hijas y a su nieto. Quiz es que tengamos las pelculas de la guerra que nos merecemos, llenas de tpicos y de clichs, porque sabemos que si salisemos del clich nos bamos a encontrar algo duro, la historia interrumpida de un pas, un retroceso casi secular, el cainita y sanguinario intento de unos por mantener sus privilegios. Quiz es que tantos melodramas romnticos despus, nuestros ojos se han acostumbrado a percibir el tema de esa forma, y necesitamos fijarnos en la figura para no ver el conjunto, que es lo peligroso. Queramos un cine espaol que sirviese de exorcismo y nos hemos conformado con un cine espaol que sirve de analgsico, de placebo. Pero es que se vive muy bien en el tpico.

Primera parte.

Fuente: https://ctxt.es/es/20191009/Culturas/28791/Guerra-Civil-Transicion-Mientras-dure-la-guerra-cine-Amenabar.htm

 



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter