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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-11-2019

El odio al indio

lvaro Garca Linera
CELAG

El fascismo, el odio racial, no slo es la expresin de una revolucin fallida sino, paradjicamente tambin en sociedades postcoloniales, el xito de una democratizacin material alcanzada.


Como una espesa niebla nocturna, el odio recorre vorazmente los barrios de las clases medias urbanas tradicionales de Bolivia. Sus ojos rebalsan de ira. No gritan, escupen; no reclaman, imponen. Sus cnticos no son de esperanza ni de hermandad, son de desprecio y discriminacin contra los indios. Se montan en sus motos, se suben a sus camionetas, se agrupan en sus fraternidades carnavaleras y universidades privadas y salen a la caza de indios alzados que se atrevieron a quitarles el poder.

En el caso de Santa Cruz organizan hordas motorizadas 44 con garrote en mano a escarmentar a los indios, a quienes llaman collas, que viven en los barrios marginales y en los mercados. Cantan consignas de que hay que matar collas, y si en el camino se les cruza alguna mujer de pollera la golpean, amenazan y conminan a irse de su territorio. En Cochabamba organizan convoyes para imponer su supremaca racial en la zona sur, donde viven las clases menesterosas, y cargan -como si fuera un destacamento de caballera- sobre miles de mujeres campesinas indefensas que marchan pidiendo paz. Llevan en la mano bates de bisbol, cadenas, granadas de gas; algunos exhiben armas de fuego. La mujer es su vctima preferida; agarran a una alcaldesa de una poblacin campesina, la humillan, la arrastran por la calle, le pegan, la orinan cuando cae al suelo, le cortan el cabello, la amenazan con lincharla, y cuando se dan cuenta de que son filmadas deciden echarle pintura roja simbolizando lo que harn con su sangre.

En La Paz sospechan de sus empleadas y no hablan cuando ellas traen la comida a la mesa. En el fondo les temen, pero tambin las desprecian. Ms tarde salen a las calles a gritar, insultan a Evo y, con l, a todos estos indios que osaron construir democracia intercultural con igualdad. Cuando son muchos, arrastran la Wiphala, la bandera indgena, la escupen, la pisan la cortan, la queman. Es una rabia visceral que se descarga sobre este smbolo de los indios al que quisieran extinguir de la tierra junto con todos los que se reconocen en l.

El odio racial es el lenguaje poltico de esta clase media tradicional. De nada sirven sus ttulos acadmicos, viajes y fe porque, al final, todo se diluye ante el abolengo. En el fondo, la estirpe imaginada es ms fuerte y parece adherida al lenguaje espontneo de la piel que odia, de los gestos viscerales y de su moral corrompida.

Todo explot el domingo 20, cuando Evo Morales gan las elecciones con ms de 10 puntos de distancia sobre el segundo, pero ya no con la inmensa ventaja de antes ni el 51% de los votos. Fue la seal que estaban esperando las fuerzas regresivas agazapadas: desde el timorato candidato opositor liberal, las fuerzas polticas ultraconservadoras, la OEA y la inefable clase media tradicional. Evo haba ganado nuevamente pero ya no tena el 60% del electorado; estaba ms dbil y haba que ir sobre l. El perdedor no reconoci su derrota. La OEA habl de elecciones limpias pero de una victoria menguada y pidi segunda vuelta, aconsejando ir en contra de la Constitucin, que establece que si un candidato tiene ms del 40% de los votos y ms de 10% de votos sobre el segundo es el candidato electo. Y la clase media se lanz a la cacera de los indios. En la noche del lunes 21 se quemaron 5 de los 9 rganos electorales, incluidas papeletas de sufragio. La ciudad de Santa Cruz decret un paro cvico que articul a los habitantes de las zonas centrales de la ciudad, ramificndose el paro a las zonas residenciales de La Paz y Cochabamba. Y entonces se desat el terror.

Bandas paramilitares comenzaron a asediar instituciones, quemar sedes sindicales, a incendiar los domicilios de candidatos y lderes polticos del partido de gobierno. Hasta el propio domicilio privado del presidente fue saqueado; en otros lugares las familias, incluidos hijos, fueron secuestrados y amenazados de ser flagelados y quemados si su padre ministro o dirigente sindical no renunciaba a su cargo. Se haba desatado una dilatada noche de cuchillos largos, y el fascismo asomaba las orejas.

Cuando las fuerzas populares movilizadas para resistir este golpe civil comenzaron a retomar el control territorial de las ciudades con la presencia de obreros, trabajadores mineros, campesinos, indgenas y pobladores urbanos -y el balance de la correlacin de fuerzas se estaba inclinando hacia el lado de las fuerzas populares- vino el motn policial.

Los policas haban mostrado durante semanas una gran indolencia e ineptitud para proteger a la gente humilde cuando era golpeada y perseguida por bandas fascistoides. Pero a partir del viernes, con el desconocimiento del mando civil, muchos de ellos mostraron una extraordinaria habilidad para agredir, detener, torturar y matar a manifestantes populares. Claro, antes haba que contener a los hijos de la clase media y, supuestamente, no tenan capacidad; sin embargo ahora, que se trataba de reprimir a indios revoltosos, el despliegue, la prepotencia y la saa represiva fueron monumentales. Lo mismo sucedi con las Fuerzas Armadas. Durante toda nuestra gestin de gobierno nunca permitimos que salieran a reprimir las manifestaciones civiles, ni siquiera durante el primer golpe de Estado cvico del 2008. Y ahora, en plena convulsin y sin que nosotros les preguntramos nada, plantearon que no tenan elementos antidisturbios, que apenas tenan 8 balas por integrante y que para que se hagan presentes en la calle de manera disuasiva se requera un decreto presidencial. No obstante, no dudaron en pedir/imponer al presidente Evo su renuncia rompiendo el orden constitucional. Hicieron lo posible para intentar secuestrarlo cuando se diriga y estaba en el Chapare; y cuando se consum el golpe salieron a las calles a disparar miles de balas, a militarizar las ciudades, asesinar a campesinos. Y todo ello sin ningn decreto presidencial. Para proteger al indio se requera decreto. Para reprimir y matar indios slo bastaba obedecer lo que el odio racial y clasista ordenaba. Y en slo 5 das ya hay ms de 18 muertos, 120 heridos de bala. Por supuesto, todos ellos indgenas.

La pregunta que todos debemos responder es cmo es que esta clase media tradicional pudo incubar tanto odio y resentimiento hacia el pueblo, llevndola a abrazar un fascismo racializado y centrado en el indio como enemigo?Cmo hizo para irradiar sus frustraciones de clase a la polica y a las FF. AA. y ser la base social de esta fascistizacin, de esta regresin estatal y degeneracin moral?

Ha sido el rechazo a la igualdad, es decir, el rechazo a los fundamentos mismos de una democracia sustancial.

Los ltimos 14 aos de gobierno de los movimientos sociales han tenido como principal caracterstica el proceso de igualacin social, la reduccin abrupta de la extrema pobreza (de 38 al 15%), la ampliacin de derechos para todos (acceso universal a la salud, a educacin y a proteccin social), la indianizacin del Estado (ms del 50% de los funcionarios de la administracin pblica tienen una identidad indgena, nueva narrativa nacional en torno al tronco indgena), la reduccin de las desigualdades econmicas (cada de 130 a 45 la diferencia de ingresos entre los ms ricos y los ms pobres); es decir, la sistemtica democratizacin de la riqueza, del acceso a los bienes pblicos, a las oportunidades y al poder estatal. La economa ha crecido de 9.000 millones de dlares a 42.000, amplindose el mercado y el ahorro interno, lo que ha permitido a mucha gente tener su casa propia y mejorar su actividad laboral.

Pero esto dio lugar a que en una dcada el porcentaje de personas de la llamada clase media, medida en ingresos, haya pasado del 35% al 60%, la mayor parte proveniente de sectores populares, indgenas. Se trata de un proceso de democratizacin de los bienes sociales mediante la construccin de igualdad material pero que, inevitablemente, ha llevado a una rpida devaluacin de los capitales econmicos, educativos y polticos posedos por las clases medias tradicionales. Si antes un apellido notable o el monopolio de los saberes legtimos o el conjunto de vnculos parentales propios de las clases medias tradicionales les permita acceder a puestos en la administracin pblica, obtener crditos, licitaciones de obras o becas, hoy la cantidad de personas que pugnan por el mismo puesto u oportunidad no slo se ha duplicado -reduciendo a la mitad las posibilidades de acceder a esos bienes- sino que, adems, los arribistas, la nueva clase media de origen popular indgena, tiene un conjunto de nuevos capitales (idioma indgena, vnculos sindicales) de mayor valor y reconocimiento estatal para pugnar por los bienes pblicos disponibles.

Se trata, por tanto, de un desplome de lo que era una caracterstica de la sociedad colonial: la etnicidad como capital, es decir, del fundamento imaginado de la superioridad histrica de la clase media por sobre las clases subalternas porque aqu, en Bolivia, la clase social slo es comprensible y se visibiliza bajo la forma de jerarquas raciales. El que los hijos de esta clase media hayan sido la fuerza de choque de la insurgencia reaccionaria es el grito violento de una nueva generacin que ve cmo la herencia del apellido y la piel se desvanece ante la fuerza de la democratizacin de bienes. As, aunque enarbolen banderas de la democracia entendida como voto, en realidad se han sublevado contra la democracia entendida como igualacin y distribucin de riquezas. Por eso el desborde de odio, el derroche de violencia; porque la supremaca racial es algo que no se racionaliza, se vive como impulso primario del cuerpo, como tatuaje de la historia colonial en la piel. De ah que el fascismo no slo sea la expresin de una revolucin fallida sino, paradjicamente tambin en sociedades postcoloniales, el xito de una democratizacin material alcanzada.

Por ello no sorprende que mientras los indios recogen los cuerpos de alrededor de una veintena de muertos asesinados a bala, sus victimarios materiales y morales narran que lo han hecho para salvaguardar la democracia. Pero en realidad saben que lo que han hecho es proteger el privilegio de casta y apellido.

El odio racial solo puede destruir; no es un horizonte, no es ms que una primitiva venganza de una clase histrica y moralmente decadente que demuestra que, detrs de cada mediocre liberal, se agazapa un consumado golpista.

Fuente: http://www.celag.org/el-odio-al-indio/



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