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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-11-2019

El Joker del capitalismo

Alexander Escobar
Rebelin


Estado llamo yo al lugar donde todos, buenos y malos, son bebedores de venenos: Estado, al lugar en que todos, buenos y malos, se pierden a s mismos: Estado, al lugar donde el lento suicidio de todos se llama la vida. Friedrich NIetzsche, As habl Zaratustra

La sociedad est hecha de monstruos edificados para devorarse a s misma. Son monstruosidades creadas a semejanza de masacres selectivas del pensamiento y el alma que mantienen el orden de la poltica neoliberal, cuya economa se sostiene engendrando la descomposicin humana en todos sus niveles, en todos los espacios de la vida para privilegiar estructuras dominantes del poder.

El andamiaje de la opresin imperial no se ha levantado solo a base de injusticias, aparatos militares paramilitares, mafias y dictaduras. Su veneno es de mayor alcance y cubre hasta los espacios ms ntimos y cotidianos de la sociedad.

Ignorancia, odio, desesperanza y resignacin son algunas de las inyecciones letales que incautos e inocentes beben de democracias que nacieron jubiladas, fachadas de la dominacin, donde traidores y arrodillados interpretan el papel de enfermeros de la infamia que se encargan de suministrar la dosis constante de sumisin y control social.

Las sociedades capitalistas secuestran la dignidad y generan un tipo de odio controlado, teledirigido a mantener poblaciones enfrentadas entre s, a provocar angustias y frustraciones del espritu, o enfocado a volver al grueso de la sociedad contra contradictores del sistema que representan una minora en las calles.

No es extrao entonces que Joker, pelcula de Todd Phillips, genere preocupacin. Porque en Joker el control est perdido, provocando que el odio engendrado por el sistema termine traspasando las fronteras del cuerpo y el pensamiento que controla el capitalismo.

En Joker encontramos a Joaquin Phoenix interpretando a Arthur Fleck, personaje emocionalmente devastado que recrea soledades, violencias, frustraciones y necesidades no atendidas del alma. Pero su dolor no encaja, no es importante para una sociedad que premia la individualidad por encima de los abrazos, el compartir y la solidaridad, que desdibuja y rompe vnculos afectivos, que impone la acumulacin de capital, la depredacin a todo nivel, sin importar a qu o quin haya que sacrificar para sostener privilegios de una clase dominante.

Bajo el influjo del capitalismo el espritu de lucha y la pasin por la vida terminan corrodas. Porque estamos a merced de un sistema que impone la competencia, el destruir al otro como quien somete a un enemigo derrotado en la guerra, hasta fragmentar los hilos afectivos que tejen solidaridad, procesos de trabajo colectivo y movilizacin social organizada, para finalmente dejar poblaciones invadidas por odios y frustraciones que aprenden a destrozarse a s mismas y a atacar a quienes tratan de impedirlo.

As el sistema moldea su Joker, haciendo que el rostro de Arthur Fleck termine en posesin del maquillaje que expone la mscara de la violencia capitalista, una violencia que empieza matando a los engendros del sistema que han abusado de l en distintos espacios de su vida, incluido el familiar.

El maquillaje del capitalismo invade trayendo muerte. Los rostros posedos por su mscara son el Joker donde ya no media solucin alguna ms que el asesinato, el borrar al otro, el sobrevivir sin importar cmo ni a quin se pisotea, del mismo modo que acta la competencia anulando a quienes se oponen a los intereses de una clase privilegiada: esas son las enseanzas, el libreto del sistema que el Joker termina reproduciendo.

Asistimos de esta forma a una funcin que presenta la barbarie sin ropajes, al desnudo. Situacin insoportable que deja la pelcula a merced de ataques y crticas. Algo que no es nuevo. Ya lo haba vivido George Romero en 1968 cuando sus zombis fueron espejo de putrefaccin, de mutilacin y sangre de la guerra de Vietnam, y de cmo una sociedad puede caminar sin voluntad propia; y lo haba vivido tambin, y la lista no termina, Stanley Kubrick en 1971 con Clockwork Orange desnudando un sistema que vomita demonios, pero los niega, para luego vender represin y control social como nica cura.

Se escudan calificando la pelcula de violenta para agredirla. Sin embargo, lo cierto es que los guardianes de la moral no atacan a Joker por la violencia que expone la pelcula. La atacan, aunque no lo digan, y sin sentir la ms mnima vergenza, porque presenciamos una sociedad incapaz de pensar por cuenta propia, carente de autonoma, pero capacitada para ser influenciada por cualquier discurso sin sentido, violento, como el que llev a Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos: misgino y fascista.

Las palabras de Todd Phillips nos sumergen en un viaje donde muere cualquier intento de desviar la atencin, desconociendo discusiones de fondo, que pretende responsabilizar a una pelcula del fracaso que somos como sociedad. Para Phillips todo es ms claro, revelador, al saber que no podemos culpar al cine por un mundo que est tan jodido que cualquier cosa lo puede destruir, un mundo, debemos aadir, deshumanizado y corrodo por el sistema capitalista.

Queda al descubierto que al sistema no le preocupa la violencia en s. Su preocupacin, su angustia, radica en que la violencia se vuelva contra los privilegios de una clase social; le intranquiliza que el odio, los vacos del alma, el secuestro de las condiciones materiales de existencia, vuelvan su enojo contra quienes produjeron la injusticia, la iniquidad.

Ese Joker fuera del control capitalista es su real preocupacin, se que ha dejado de devorarse a s mismo y a quienes comparten su enojo para levantarse contra la normalidad del statu quo.

Todd Phillips nos ha trado con el Joker una esttica de la violencia donde aprendemos a disfrutar de las bellas escenas compuestas de sangre, muerte, odio y enojo, sin que ello nos convierta en seres enfermizos que disfrutamos del asesinato y la sangre derramada. El disfrute de esta barbarie est reservado para los engendros regurgitados por el sistema capitalista cuyo alimento es la muerte, el desangre, el sufrimiento y la explotacin humana.

Y gracias al cine el Joker continuar su danza. Su cuerpo seguir balancendose al comps de las calles encendidas, mientras HAL 9000 le contemplar desde el espacio soando con el crujir liberador del fuego. Sus pasos bordearn los precipicios y lmites del alma, y no se detendrn hasta recoger las cenizas de un sistema que habr muerto a manos de cada pueblo rebelado.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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