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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-12-2006

Entender a Foucault? Chomsky, la izquierda y el disparate tico

Josu Cristbal De-Gregorio
Rebelin



En un artculo publicado en Rebelin el pasado 27 de noviembre con el sugestivo ttulo "Chomsky contra Foucault, 35 aos despus", su autor, Darwin Palermo, nos trae a la memoria un interesante debate que tuvo lugar en 1971 en la televisin holandesa entre el lingista estadounidense Noam Chomsky y el filsofo francs Michel Foucault.

Concretamente encabeza dicho artculo con estas palabras de Chomsky pronunciadas veinte aos despus del debate: Nunca he conocido a nadie que fuera tan completamente amoral. Generalmente cuando se habla con alguien, uno da por sentado que se comparte algn territorio moral. Con l me sent, sin embargo, como si estuviera hablando con alguien que no habitara el mismo universo moral. Personalmente me result simptico. Pero no pude entenderlo, como si fuera de otra especie o algo as.

Creo comprender la sensacin que todava en aquella poca le produjeron a Chomsky las posturas radicales de Foucault, ya que efectivamente los dos pensadores habitaban universos ticos distintos. Pero con ser interesante esta cuestin, en lo que sigue me voy a referir al contenido del artculo del Sr. Palermo, ya que en el mismo se vierten, de forma ciertamente simplista, una serie de opiniones sobre el filsofo francs que, en el mejor de los casos, parecen producto de una autntica ignorancia. Opiniones que, por cierto, se unen a la moda existente entre ciertos sectores de la izquierda, de descalificar in toto el pensamiento filosfico francs parisino, diran algunos- de la segunda mitad del siglo pasado.

Intentando resumir las posiciones enfrentadas en el debate, Darwin Palermo acaba convirtiendo al bueno de Chomsky en una mala caricatura de s mismo, con posturas que suscribira hasta Benedicto XVI o el mismsimo George W. Bush: Chomsky mantena posiciones ilustradas razonablemente sensatas (matar y oprimir est mal, la igualdad y la libertad estn bien cosas as). Aqu termina la contribucin al anlisis de la figura del lingista norteamericano, pues, como se ver a continuacin, lo que le interesa de verdad es disparar sobre Foucault. En efecto, si tremendamente simplista es la interpretacin sobre las palabras de Chomsky, directamente delirante es la interpretacin que sobre la postura de Foucault vierte en su artculo, buscando con ello demostrar que la posicin poltica del pensador francs, al contrario de las razonadamente ilustradas, es un autntico disparate tico. Dice as: El encuentro tiene inters porque pone de manifiesto la enorme distancia moral que separa a dos autores que supuestamente se movan en espacios ideolgicos cercanos o, en otras palabras, muestra hasta qu punto las posiciones polticas de izquierdas no estn reidas con el ms puro disparate tico. Ya va quedando claro el campo de batalla: el razonablemente ilustrado Chomsky vs. el disparatado y chalado populista Michel Foucault (no lo digo yo, lo dice el autor: Foucault se desmarcaba con ramalazos de chaladura populista). Pues bien, entrando en el asunto, confieso que mi primera impresin fue que el Sr. Palermo no haba entendido nada del debate en cuestin, pero tras revisar su artculo ms bien parece que ni siquiera lo ha ledo. Ruego que me disculpe por este atrevimiento, pero si no es as cmo se explica que fundamente sus argumentos en una sola frase sacada del contexto del debate sin atender en ningn momento al desarrollo del mismo? La frase en cuestin era la siguiente: MF: El proletariado no hace la guerra contra la clase dominante porque crea que esa guerra es justa sino porque, por primera vez en la historia, quiere hacerse con el poder (). Cuando el proletariado toma el poder es perfectamente posible que ejerza sobre las clases que ha derrotado un poder violento, dictatorial e incluso sanguinario. Y no veo qu objecin se puede hacer a eso.

En primer lugar y esto va para los bienpensantes-, parece claro que Foucault no expresa deseo alguno de que eso ocurra, ya que se limita a decir que es perfectamente posible, lo cual nadie puede negar absolutamente. Concretamente lo que se pregunta Foucault es si la posibilidad ciertamente pensable- de la accin violenta, deslegitimara la idea de Revolucin. En segundo lugar, y ms importante, si el Sr. Palermo hubiera prestado ms atencin al contexto del debate no le habra sido difcil percibir que la frase se enmarca dentro de la controversia ms amplia que los dos pensadores mantuvieron respecto a los conceptos de naturaleza humana, justicia y revolucin. En efecto, Chomsky, desde una posicin ilustrada y humanista, defiende, con indudable buena fe, que toda visin de una futura sociedad justa debe estar fundamentada en un slido concepto de la esencia de la naturaleza humana, concepto que proporciona su verdadera dimensin a la libertad y la dignidad. Por tanto deben de existir piensa- ciertas cualidades humanas fundamentales sobre las que fundar una verdadera nocin de justicia. Y es por ello que la nica razn para desear la Revolucin es creer, con razn o equivocadamente, que determinados valores humanos fundamentales podran enriquecerse con este cambio de poder.

Foucault, mucho ms escptico y nominalista, mucho ms crtico con los proyectos ilustrados humanistas, se muestra incapaz de proponer un modelo de funcionamiento social ideal, y advierte del riesgo de utilizar una definicin de naturaleza humana o de justicia en trminos retomados de nuestra sociedad o civilizacin. Para el pensador francs, estas nociones de naturaleza humana, de justicia, de realizacin de la esencia humana, son nociones y conceptos que se formaron en el interior de nuestra civilizacin , en el interior de nuestro tipo de saber y de nuestro modo de filosofar, y, en consecuencia, forman parte de nuestro sistema de clases, y no podemos por tanto, por muy lamentable que esto resulte, servirnos de estas nociones para describir o justificar un combate que debera que debe en principio- dar la vuelta completamente a los fundamentos mismos de nuestra sociedad. Se tratara entonces de interpretar las luchas en trminos de poder y no en trminos de justicia, que pueden correr el riesgo de neutralizarlas. Lo cual no quiere decir en absoluto como es posible que se piense.- que el sentido de las acciones no importe, sino que son stas las que darn en cada momento y lugar la medida de la justicia de las luchas. Ms que pensar en la lucha social en trminos de justicia, hay que poner el acento en la justicia en trminos de lucha social. Este es, en mi opinin, el sentido del debate que, como se podr comprobar, tiene mucho que ver con las actuales controversias entre modernidad y postmodernidad.

Pues bien, lo que le molesta al Sr. Palermo -y me temo que a muchos otros- es que Foucault se niegue a entrar en el juego de la definicin de las esencias, de la libertad, de la justicia, y prefiera hablar de la inmanencia de las luchas y las resistencias. Tanto le molesta que cree salvarnos a todos del peligro, convirtiendo a Foucault en un chalado, en algo as como un mero apologeta de la violencia o del asesinato poltico. Por cierto, hasta el mismo Chomsky, en un momento del debate y ante las interpelaciones de Foucault, se ve obligado a reconocer que no es un pacifista contra viento y marea: CH: No afirmo que el recurso a la violencia sea malo en todas las circunstancias. No contento con todo esto, el Sr. Palermo continua disparando sus balas: La cosa no pasara de la mera ancdota si no fuera por el catastrfico efecto que tuvieron las tesis de Foucault y los suyos sobre parte de la izquierda durante los aos ochenta, cuando mucha gente se cans de tener razn sin que el mundo le hiciera el menor caso y prefiri prescindir alegremente del mundo. El resultado fue una autntica debacle relativista que concluy, no poda ser de otra forma, con una desbandada hacia la derecha (sin ir ms lejos, Jimnez Losantos tiene el discutible honor de haber introducido en Espaa la obra de Lyotard a principios de los aos ochenta). Ya tenemos a un culpable del alegre y generalizado desencantamiento del mundo, de la muerte de la accin poltica. Qu ceguera, qu densidad ideolgica o grado de ignorancia- puede llenar la pluma que escribe esas lneas? Foucault neoconservador? Para salir de ese atolladero, al Sr. Palermo le habra bastado quizs con seguir leyendo atentamente otros prrafos del debate:

MF: Su pregunta es: por qu me intereso tanto por la poltica? Para responder de un modo muy simple dira: por qu no debera interesarme por ella? Qu ceguera, qu sordera, qu densidad ideolgica tendran que pesar sobre m para impedir que me interesase por el problema sin duda ms crucial de nuestra existencia, es decir, la sociedad en la que vivimos, las relaciones econmicas con las que funciona, y el sistema que define las formas habituales de relacin, lo que est permitido y lo que est prohibido, que rigen normalmente nuestra conducta? La esencia de nuestra vida est hecha, en ltimo trmino, por el funcionamiento poltico de la sociedad en la que nos encontramos. As pues, no puedo responder a la cuestin de por qu me intereso por la poltica, nicamente puedo responder preguntndome: por qu no debera hacerlo?... Lo que sera un verdadero problema sera no interesarse por la poltica.

Pero la cosa no queda ah. Si pensamos que la intencin del Sr. Palermo, en ltimo extremo, era presentar el pensamiento foucaultiano como la penltima muralla levantada por la burguesa contra las ansias revolucionarias, se entiende mucho mejor entonces que no haga mencin alguna a estas otras palabras: MF: No, no creo en absoluto que nuestra sociedad sea democrtica. Si se entiende por democracia el ejercicio efectivo del poder por parte de una poblacin que no est dividida ni ordenada jerrquicamente en clases, est perfectamente claro que estamos muy alejados de la democracia.

O si quiere convertirlo en un defensor del quietismo poltico, es normal que se olvide de estas otras:

MF: La verdadera tarea poltica, en una sociedad como la nuestra, me parece que es criticar el juego de las instituciones aparentemente neutras e independientes En primer lugar porque el poder poltico cala mucho ms hondo de lo que sospechamos: el poder cuenta con centros y puntos de apoyo invisibles, poco conocidos; su verdadera resistencia, su verdadera solidez se encuentran quizs all donde no se piensa. Quizs no basta con decir que, tras los gobiernos, tras el aparato de Estado se encuentra la clase dominante; es preciso situar los puntos de actividad, los lugares y las formas bajo los cuales se ejerce esta dominacin Si no se es capaz de reconocer estos puntos de apoyo del poder de clase se corre el riesgo de permitirles que continen existiendo y de ver cmo se reconstituye ese poder de clase tras un proceso aparentemente revolucionario.

Continuando con el artculo, resulta sumamente revelador el intento de relacionar a Foucault con el incombustible Jimnez Losantos, por medio de una inestimable e indirecta comparacin con Lyotard. Insisto en que si se interesara un poco ms en el pensamiento del filsofo francs se dara cuenta de que est ms cerca, por ejemplo, de la teora crtica de la primera generacin de la Escuela de Frankfurt que del postmoderno Lyotard, como reconoce el propio Foucault en una de sus entrevistas. La cuestin es meter a todos los herejes en el mismo saco y aqu paz y despus no precisamente gloria.

Pero yendo ms all del debate, si que lo que necesitan algunos para acercarse a los malditos heterodoxos es tranquilizar previamente sus conciencias, sera interesante que dedicaran algn tiempo a hojear otros libros, en los que podran tropezarse con opiniones que mitigaran mucho la tentacin, si es el caso, de convertir al pensador de Poitiers en un furibundo antimarxista a lo Jimnez Losantos. MF: Aun cuando uno admita que Marx est hoy en vas de desaparecer, no hay duda de que volver a aparecer. Es lo que yo deseo []. No tanto la recuperacin, la restitucin de un Marx autntico sino, muy probablemente, el aligeramiento, la liberacin de Marx de los dogmas de partido que durante tanto tiempo lo han aprisionado al mismo tiempo que transmitan y esgriman lo que l dijo.

Hay que reconocer que el pecado de Foucault es haber mantenido actitudes mucho ms radicales en el sentido etimolgico de la palabra- que las de ciertos izquierdismos dogmticos y clarividentes. El pecado ha consistido en atreverse a problematizar nociones como naturaleza humana, justicia, libertad, democracia, construidas siempre desde una cultura o civilizacin determinada en este caso, la sociedad burguesa-. Todo ello con el consiguiente escndalo de todos aquellos que se consideran capaces de pasear todas las maanas por el afuera de nuestra civilizacin capitalista, y desde all dibujar con total nitidez como si de un pincel divino se tratara- los contornos de tales nociones, retornando as de nuevo a nuestro mundo con el rostro de la futura Revolucin perfectamente delineado.

Podra referirme a las miles de pginas que dej escritas. Podra recordar las decenas de imgenes de los aos setenta en las que es posible vislumbrar la calva del filsofo francs -entre otros grandes pensadores como Sartre- encabezando diversas manifestaciones y asambleas a favor de los inmigrantes, los presos, los estudiantes, los trabajadores. Podra hablar de su vida revolucionaria, de su compromiso anticapitalista radical, pero sera demasiado extenso.

En definitiva, un pensamiento complejo, pero sobre todo militante y profundamente comprometido con las vctimas de un mundo enloquecido. Un pensamiento que veinte aos despus sigue inspirando en diferentes sentidos a numerosos movimientos sociales de feministas, homosexuales, anarquistas, presos, enfermos mentales, antiglobalizadores, etc, no merece este pelotn de fusilamiento. Ya sabemos que los pensamientos reaccionarios, incapaces de neutralizarlo, desean verlo morir por las balas de sus mismos compaeros de barricadas. Pero no les hagamos el juego. Las mismas barricadas que, a pesar de los malentendidos, l comparta con Chomsky, y en las que nos hemos encontrado Darwin Palermo y yo. En algo estoy de acuerdo con el autor del artculo. Coincido con l en que toda esta situacin que nos ocupa va ms all de la mera ancdota. Pero no como seala- por los efectos catastrficos que para la izquierda ha tenido el pensamiento de Michel Foucault, sino, muy al contrario, por los desastrosos efectos que se siguen de descalificar un pensamiento crtico revolucionario, por el simple hecho de que no se adapta como un guante a los rgidos marcos de un cierto pensamiento de izquierdas dogmtico y decimonnico. Estoy seguro de que Darwin Palermo y yo nos seguiremos encontrando en aquellas barricadas levantadas contra la estupidez de la moral burguesa y las polticas neoliberales, barricadas como las de Rebelin, dicho sea de paso. Pero espero que sea construyendo en el futuro un pensamiento de izquierdas con mejores y ms abiertos argumentos. Y en ese camino hay grandes pensadores que nos han aportado valiosas herramientas. Olvidar a Foucault? Lo que no se puede olvidar es que para entender a un filsofo hay que tomarse la molestia de leerlo.

* Josu Cristbal De-Gregorio. Profesor de Filosofa del Derecho. UNED

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