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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-01-2009

Eco-socialismo o barbarie

Luis Martnez Andrade
Rebelin


Desde los primeros Informes para el Desarrollo Humano publicados desde 1997 por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNDU) leamos, en la carta de buenas intenciones para el fin del milenio, algunas recetas para erradicar la pobreza en la que destacaban: igualdad de gnero, crecimiento en beneficio de los pobres, participacin del Estado en la alianza entre la poltica y el mercado, entre otras. Sin embargo la situacin de marginalizacin, desigualdad estructural y exclusin social se ha agudizado. Actualmente en 2008 el PNDU informa que: ms de 1000 millones de seres humanos viven con menos de un dlar al da, que el 20% de la poblacin mundial acapara el 90% de los recursos (todava en 2003 se deca que era el 80%), que las mujeres ganan 25% menos que los hombres en competencias similares, que 30 000 nios de menos de 5 aos mueren al da a causa de enfermedades que pudieron ser evitadas.

El sistema capitalista, actualmente en una crisis estructural sin precedentes[3], no puede seguir paliando sus contradicciones[4], da a da, muestra a travs de gobiernos ilegtimos y de organismos internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organizacin Mundial del Comercio sus mecanismos de exclusin. El libre mercado, al que nuestros polticos rastreros le han apostado, slo ha servido para seguir sumiendo al pueblo en la pobreza. Sin embargo, cuando se trata de rescates bancarios (FOBAPROA, IPAB) o reformas energticas la mano del Estado acta en beneficio de los de arriba.

Por otra parte, el precepto bsico de progreso emanado de una cerrazn evolucionista debe ser erradicado. Su falacia naturalista debe ser increpada por un enfoque historicista y de corte libertario que permita develar los intereses ocultos de las clases dominantes. En otras palabras, necesitamos confrontar terica y polticamente los mitos, las imgenes y las figuras discursivas del poder. De ah que sea fundamental una perspectiva que cuestione radicalmente conceptos y categoras que no slo encubren la explotacin sino que adems consolidan la matriz ideolgica del sistema.

El pecado estructural -llamado as por los telogos de la liberacin- y el grito de la Tierra -para usar la expresin de Boff- deben ser tomados en cuenta de manera radical en todo proyecto poltico, es decir, se debe ir a la raz de los problemas sociales y ambientales. En este sentido, el eco-socialismo es un proyecto emancipatorio que parte de ciertas premisas como son: la exigencia de la propiedad colectiva de los medios de produccin, la satisfaccin de las necesidades sociales en armona con la naturaleza, la complementariedad del principio de responsabilidad (H.Jonas) con el principio de esperanza (E.Bloch) y la ruptura con el paradigma productivista[5].

No faltar quien, por razones ideolgico-polticas, intente ligar socialismo con aparatos represivos, partido nico, Gulags, entre otros, para denostar la carga revolucionaria y emancipatoria que encierra ese proyecto utpico. Indudablemente no se debe confundir el terrorismo de estado practicado por los malogrados gobiernos soviticos (Leszek Kołakowski), como tampoco se debe entender santa inquisicin como sinnimo de cristianismo (Hans Kng) o el crimen sionista como expresin tica del humanismo semita (Enrique Dussel).

La defensa de la naturaleza no puede estar desarticulada sin la lucha contra el capital, ya que slo una actitud revolucionaria puede transformar de manera convincente las secuelas del modelo de civilizacin. Por tanto argimos que el discursillo arribista de nuestros partidos verdes y que los proyectos de eco-desarrollo o eco-turismo enarbolados por las ONGs colonialistas no puedan ser una solucin sino, al contrario, son mecanismos de reificacin de los problemas que padecemos: crisis econmicas, sociales y ecolgicas.

Hoy, ms que nunca, es fundamental un cambio de paradigma y de horizonte civilizatorio. Grupos radicales del movimiento sin tierra en Brasil, de la Confederacin de Nacionalidades Indgenas del Ecuador y del movimiento zapatista en Chiapas siguen nutriendo la puesta en marcha de proyectos comunitarios de autogestin bajo una exigencia tica de liberacin por parte de nuestros pueblos.

Aunque en algunas ocasiones a nuestras buenas consciencias latinoamericanas les guste blanquearse y soslayen nuestro lugar como economas coloniales en el sistema internacional y a ochenta aos de la publicacin de los 7 ensayos de interpretacin de la realidad peruana, sostenemos con Maritegui que: el destino del hombre es la creacin. Y el trabajo es creacin, vale decir liberacin.

[1] Texto publicado en el suplemento Definitivamente Jueves del diario mexicano El columnista el 15 de enero de 2009.

[2] Socilogo mexicano.

[3] Immanuel Wallerstein utiliza los ciclos de Kondratieff para explicar las etapas relativamente largas del sistema-mundo en una fase de expansin y una de concentracin de la economa (fases A y B). La duracin de cada fase es aproximadamente de 25 a 30 aos. Las fases se distinguen notablemente por la primaca del pleno empleo o el desempleo, la preponderancia de la produccin o las inversiones financieras como fuente principal de beneficio, el perfeccionamiento de las tcnicas existentes o la innovacin en la produccin. La transicin en la que se encuentra el sistema-mundo es, quiz, la ms significativa desde hace ms de cinco siglos. Cfr., Despus del liberalismo, Siglo XXI, Mxico,1999.

[4] Indudablemente nos referimos a la inmanente entre capital/trabajo, pero tambin a la analizada por James OConnor que refiere a las condiciones de produccin (tierra, suelo, naturaleza, etc.) demostrando que el capitalismo es un sistema ecocida. Cfr., Natural Causes. Essays in Ecological Marxism, The Guilford Press, New York&London,1998.

[5] Cfr. Michael Lwy, Ecologia y socialismo, Cortez Editora, So Paulo, 2005.



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